Carlos González, el zuliano que no traicionó al beisbol

Tony Cittadino (Mallorca).- Carlos González siempre supo que lo suyo era el beisbol. Desde muy pequeño su convicción fue tan sólida, que ni las incursiones en la natación y el judo en su Maracaibo natal pudieron alejarlo del sueño y de la promesa de actuar en las Grandes Ligas hecha a su madre, quien al principio lo que deseaba era verlo graduado en la universidad.

Según contó la señora Lucila de González en un trabajo publicado en el diario TalCual en 2010, el pelotero zurdo siempre amó la pelota. Tanto así, que el campeón bate de la Liga Nacional con los Rockies de Colorado en 2010, comenzó a los 5 años a jugar en el equipo El Taco de la Pequeña Liga Coquivacoa. Entrenaba hasta dos veces al día y llegó a conformar la selección regional.

“Casi que vivía en el estadio, pero nunca descuidó los estudios en el liceo Udon Pérez. Hubo un momento en el que el beisbol le quitó todo el tiempo, porque cada vez le gustaba más. Recuerdo cuando me decía que soñaba con jugar en las mayores y aquí estar en un Juego de La Chinita con un estadio lleno y mucha gaita”, explicó.

González es el menor de tres hermanos: dos varones y una hembra. Su madre dice que siempre ha sido una persona alegre y extrovertida, pero muy centrado en lo que quiere. “Cuando lo metí en natación fue casi que obligado, porque iba a la piscina y se lanzaba en trampolín sin saber nadar. Me daba miedo que se ahogara. También estuvo en judo, pero terminó abandonando todo por el beisbol”, añadió su orgullosa progenitora.

Reguetonero pero amante de la gaita por razones obvias, de un buen sancocho y del arroz, siempre fue fanático de las Águilas del Zulia, a pesar de que por admirar a Bob Abreu estuvo a punto de convertirse en caraquista. “Lo de Abreu fue tal que me pidió que le comprara una camisa del Caracas con el número 53. Aquí nos molestamos echándole broma, pero no le hacía caso. Salía con su camisa puesta y hasta recibió un premio así”, contó entre risas la señora Lucila.

Solo en la distancia

Como todo pelotero, el camino hacia las mayores está lleno de obstáculos. No es al primero ni al último que le sucede. Es dormir y comer mal y, en ocasiones, sentirse solo. En el caso de González, su mayor problema fue la distancia. En 2003 fue firmado por los Cascabeles de Arizona y, tras culminar el bachillerato, se marchó a Estados Unidos con 17 años para jugar en las ligas menores.

En su primer año estuvo en el ranking de los 30 mejores prospectos de la organización, según la destacada publicación de Baseball America. “A veces se desesperaba, pero siempre contó con nuestro apoyo. Hablábamos todos los días y me decía que quería regresarse. Tenía un manager que no valoraba su trabajo y se deprimía, porque aunque lo hiciera bien no le reconocía las cosas”, dijo su mamá.

En 2005 fue el Jugador Más Valioso y Prospecto del Año en Clase A. Terminó segundo en hits (158) y bases alcanzadas (252), lo que le valió un año más tarde el ascenso a Doble A y en 2007 a Triple A, temporada en la que se convirtió en el prospecto número uno de Arizona.

La señora Lucila recuerda emocionada como su hijo tuvo que sufrir para alcanzar la meta. “Cuando lo subieron a las Grandes Ligas fue el día de mi cumpleaños. Esa noche luego de la llamada que nos hizo no dormimos y al día siguiente todos seguimos el juego por la laptop, porque no lo pasaron por televisión”. La madre del flamante campeón bate, que desde el miércoles en la noche disfruta de la presencia de su “Carlitos” en casa, tiene para él un consejo permanente: que siempre mantenga la humildad y que no se desvíe, porque así puede seguir llegando lejos.

Sueño cumplido

El año de la graduación en las Grandes Ligas para Carlos González llegó en 2008, cuando fue cambiado por los Cascabeles de Arizona a los Atléticos de Oakland por el lanzador Dan Haren. Su debut fue el 30 de mayo ante los Rangers de Texas.

En su primera zafra implantó un récord de dobles para un novato (22). En 2009 pasó en un cambio a los Rockies de Colorado por Matt Holliday. El resto de la historia se encargó de escribirla a punta de batazos. Ese año jugó la postemporada y fue el mejor bateador de los playoffs con .588 de promedio. En la temporada 2010, hizo los ajustes con el coach de bateo Don Baylor, el mismo que llevó a Andrés Galarraga a ganar la corona de los toleteros en 1993.

Con el equipo de Colorado disputó 10 temporadas y dejó un promedio de .290 (4.586-1.330), con 749 carreras impulsadas y 769 anotadas. Conectó 227 jonrones en 1.247 juegos. En total, ganó un título de bateo (2010), participó en tres Juego de Estrellas (2012, 2013 y 2016) y fue tres veces ganador del Guante de Oro en la Liga Nacional (2010, 2012 y 2013). También coleccionó dos Bate de Plata (2010 y 2015).

Las lesiones fueron mermando su condición física y en 2018 fue agente libre. Fue tomado por los Indios de Cleveland, equipo de la Liga Americana con el que disputó apenas 30 juegos y bateó para .210. La tribu lo dejó libre a finales de mayo de 2019 y fue tomado en junio por los Cachorros de Chicago, club con el que apenas jugó 15 partidos y bateó para .175.

 

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