Tony Cittadino (Madrid).- Han pasado un par de horas desde que Venezuela ganó el Clásico Mundial de Beisbol y la alegría es inmensa. No cabe en el pecho y no paramos de llorar con cada video. Las lágrimas salen solas. Parece mentira que sucedió, pero vaya que nos hacía falta. Sin dudas., es el logro deportivo más importante del país, que será recordado por generaciones.
Venezuela llegó a esta sexta edición con un equipo sólido en bateo, pero con bajas importantes en el pitcheo, como las de Pablo López o Jesús Luzardo, que sembraban dudas del rendimiento que se podría alcanzar. Sin embargo, los lanzadores sacaron la casta, logrando un balance perfecto, en especial, los relevistas.
Los dirigidos por Omar López, a nuestro juicio, eran cuartos en el orden de favoritos, después de Japón, Estados Unidos y República Dominicana y, aún así, terminaron venciendo a dos de los tres candidatos en juego de eliminación directa. Un sueño.
El trabajo de López, dio frutos. Criticado desde el juego contra Estados Unidos en 2023 y por dejar a Salvador Pérez batear ante los dominicanos el pasado viernes, en lugar de poner a Eugenio Suárez, terminó demostrando que el plan de trabajo funcionó.
Se rodeó en el cuerpo técnico con ex jugadores como Miguel Cabrera o Johan Santana, dando un plus de experiencia, siempre tan necesario en eventos cortos y entraron por la grande a la historia del deporte nacional..
Venezuela no tenía un trabuco como en las ediciones de 2006 y 2009, pero sí un roster muy competitivo, dando el beneficio de la duda a que no tener nombres tan consagrados ayudaría a unificar más el grupo y que, en lugar de una debilidad, fuera una fortaleza.
Lo cierto, es que en las ediciones anteriores no logramos ganar con jugadores como Omar Vizquel, Bob Abreu, Félix Hernández Cabrera o Santana. Lo más cerca de la gloria fue la semifinal ante Corea del Sur en 2009.
En cambio, aquí hubo un roster más balanceado y sin nada que envidiar, en el que se impusieron los Ronald Acuña Jr., Javier Sanoja, Wilyer Abreu o Maikel García, quien terminó como Jugador Más Valioso al batear para un explosivo promedio de .385, con un jonrón y siete carreras impulsadas. Amén de jugadores experimentados como Pérez o Suárez, quien dio el batazo que selló el triunfo ante Estados Unidos con un doble a la izquierda.
El beisbol siempre vivió con la deuda eterna de ser una potencia, pero no lograr nada en colectivo como selección. Tenemos un Hall de la Fama y otros van en camino, un triple coronado en bateo, Cy Young, Bates de Plata, Guantes de Oro, campeones de bateo, récord individuales importantes y un largo etcétera, pero hasta ahí.
Ganamos Series del Caribe, pero faltaba algo. Los Héroes del 41 ya eran una referencia muy lejana. Había una sed de triunfo, que finalmente fue saciada y de qué manera: vencieron a Japón, tricampeón del torneo y hasta el viernes, monarca defensor, que nunca había sido eliminado antes de la semifinal.
En la final, doblegaron a Estados Unidos: el dueño del negocio, el país anfitrión, el inventor del juego y el que llevó la pelota a nuestro país a comienzos de 1900, gracias al boom petrolero.
República Dominicana fue la piedra en el zapato, en un juego en el que ya ambas novenas estaban clasificadas en la fase de grupos tras vencer a Países Bajos y Nicaragua, pero estaba en juego el honor. Ya en la semifinal, derrotaron con oficio y remontando ante la sorprendente Italia del manager Francisco Cervelli y logrando el boleto a la primera final de la historia.
Pero, el discurso vacío de logros deportivos importantes en colectivo, también aplica para el país, salvo algunas excepciones del baloncesto. A nivel individual, hay mucho para contar. Medallistas olìmpicos, en esgrima, natación, boxeo, halterofilia, taekwondo y atletismo; pilotos de moto y Fórmula Uno y futbolistas que rindieron en el exterior, pero con la Vinotinto nos quedamos a las puertas del repechaje al Mundial 2026, al caer ante Colombia en la última fecha en casa, siendo el mayor fracaso del deporte venezolano. Lo que hubiera sido este mes para Venezuela…
Esta selección venezolana, que además dejó de usar el Vinotinto, dio finalmente el golpe en la mesa y es un triunfo que va más allá del mero título. Es una victoria moral, una alegría inmensa que necesitábamos como país y más con el deporte nacional, que a algunos guste o no, sigue siendo el beisbol.
La pelota es un fenómeno deportivo, cultural y social. Un medio de superación para los jugadores que sueñan con llegar a Grandes Ligas y, ahora, también, a querer ganar otro Clásico Mundial. Es un agregado de mucho peso.
El triunfo termina siendo un bálsamo para un país que ha sufrido mucho en el último cuarto de siglo. Ver el estadio en Miami a reventar y animando durante todo el juego, es muestra de nuestra esencia. Beisbol, pasión, bulla, chalequeo y alegría. Era imposible no conectarse emocionalmente y recordar todas las veces en las que fuimos al estadio en Venezuela.
Es más que merecido que celebren a todo pulmón los que siguen dentro del país y, también, los que estamos afuera, aunque sea extraño ver los juegos de madrugada, solos y en silencio en casa. Es un contraste tremendo. Hablando con los amigos por grupos de Whatsapp regados por el mundo, dando lo que fuera por estar anoche en Caracas, todos reunidos y celebrando, como siempre soñamos.
Que esta victoria no sea un punto de llegada, sino de partida. Que ahora, los llamados “Héroes del 26”, sirvan de ejemplo a la generación de relevo, que marque una bonita etapa en el renacimiento democrático del país y que no sea utilizada como instrumento político, como suele hacerse.
También estamos seguros que muchos de los niños que han nacido fuera de Venezuela verán lo que pasó y tendrán doble nacionalidad, pero, ahora, el proceso será a la inversa de cómo nos sucedió a muchos de nosotros.
Con el proceso migratorio más grande del continente, con 9 millones de venezolanos fuera del país, esa segunda generación podrían ser los Scutaro o Cervelli nacidos en España, Italia, Chile, Perú, Colombia, Estados Unidos o Argentina. El tiempo y la historia nos darán luces de la noche histórica que se vivió en Miami, tal como sucedió en 1941.
Finalmente, es momento de celebrar. Ha llegado la hora. Por los que seguimos amando el país y el beisbol, por los que ya no están y por aquellos que han llegado a nuestras vidas, porque nos tocará contarles que el 17 de marzo de 2026 el beisbol venezolano dio la tan esperada campanada y besó la gloria.
¡Venezuela, somos campeones del Clásico Mundial de Beisbol!
Foto: MLB