Tony Cittadino (Madrid).- La crisis del fútbol italiano no sólo se refleja en los resultados en la cancha de los clubes en competiciones nacionales e internacionales y la selección nacional absoluta, que se ha perdido las últimas tres Copas del Mundo. También tiene el aspecto económico, que ha llevado a que el 50% de sus dueños en la Serie A sean extranjeros o tengan algún tipo de acción importante en las empresas.
La última década y media ha ido cambiando el modelo de gestión de los clubes en Italia. Atrás quedaron los sellos italianos de la Roma de la familia Sensi, el Inter de Massimo Moratti, el Milan de Silvio Berlusconi o la Fiorentina de la familia Della Valle.
A duras penas, continúa resistiendo la Juventus de la familia Agnelli, con más de un siglo de propiedad de la Vecchia Signora, la Lazio de Claudio Lotito, cada vez más cuestionado por la afición y el Napoli de Aurelio De Laurentiis, campeón de Italia en las campañas 2022-2023 y 2024-2025, quien sigue nadando contra la corriente y uno de los más críticos del sistema europeo e italiano.
Estos cambios económicos, que a fin cuentas sostienen la industria del fútbol italiano, que, es una empresa como todas, ha cambiado el panorama de lo que un día fue: dueños con orgullo y sentido de pertenencia, que, a su vez, también tenían intereses en contar con la mayor cantidad de italianos de calidad en la plantilla y que nutrieran a la Nazionale: un ejemplo por décadas fue el «blocco Juve o el blocco Milan».
Eso, ya no existe. Hoy, el fútbol italiano que, repetimos, es un negocio como cualquier otro, se maneja diferente. Al menos, ya sin el sello del producto italiano al que estábamos acostumbrados. Los dueños han cambiado a manos extranjeras total o parcialmente, reflejando una política distinta. Se busca facturar y resolver con lo que hay, intentando mantener el negocio y hacerlo más lucrativo, fichando a una mayor cantidad de jugadores extranjeros para hacer atractivo el club y la propia liga.
La nueva composición del calcio tiene al 50% de los clubes en manos extranjeras total o parcialmente y la lista no es corta: el grupo chino Suning Holdings Group es dueño del Inter y los americanos RedBird Capital Partners llevan el mando del Milan, al igual que The Friedkin Group con la Roma, el grupo 777 Partners con el Genoa y Kyle Krause con el Parma, sólo por nombrar algunos.
Hay casos como la Atalanta, en sociedad mixta de Stephen Pagliuca, copropietario de los Boston Celtics y la familia ítalo americana Percassi, al igual que la Fiore con el fallecido Rocco Commisso y el Bologna del canadiense Joey Saputo.
La situación en LaLiga es más estable, porque cuenta con más clubes de socios y una menor cantidad de inversión extranjera (35%), mientras que la Premier League cuenta con una mayor cantidad de ingresos y fondos extranjeros (cerca del 70%), pero con un modelo de gestión y de derechos de televisión que ha sido sustentable para todo el sistema.
Gennaro Gattuso pidió a la Serie A parar la competición el fin anterior al repechaje rumbo al Mundial, pero la solicitud fue negada y eso no es algo nuevo. Antonio Conte, técnico de Italia entre 2014 y 2016 y que, pareciera, ser candidato para volver al banquillo azzurro en una lista de aspirantes que también tiene a Roberto Mancini y Max Allegri, también se quejaba por la falta de apoyo y considerar que la selección es una carga para el sistema.
Puede entenderse que existan acuerdos comerciales con la televisión, pero, en cambio, no ha habido problemas parar buscar fechas alternativas y llevarse la Supercopa de Italia a Arabia Saudita a fuerza de petrodólares, pero con un rotundo fracaso en las tribunas. Las prioridades, son otras.
¿ACEPTARÁN LAS REFORMAS?
La Serie A cuenta con 20 equipos y una plantilla de 25 jugadores cada uno, de los cuales 500 son italianos (55%) y 225 foráneos (45%). Sin embargo, sólo el 30% de los jugadores titulares son italianos, pero, ¿cuántos son realmente convocables para la selección y cuántos tiene un nivel alto o medio alto?
Además, de ese 70% de futbolistas extranjeros titulares, ¿cuántos son realmente jugadores top, como lo fueron en una época Maradona, Platini, Ronaldo, Nedved, Batistuta y compañía o más recientemente Higuaín, Dybala, Pogba, Cavani, Ibrahimovic o Pjanic, por citar algunos?
No hay comparación posible, si bien Cristiano Ronaldo llegó a la Juve en 2018, pero reventando el mercado y las propias cuentas de la entidad bianconera, que, todavía paga las consecuencias de la gestión, afectando unos balances que tienen de por medio la pandemia.
De hecho, la Juve (16) es el club con más extranjeros en plantilla, pero muy modestos y nada que ver con antaño, seguido de Inter (15), Milan (14) y Roma (13), mientras que Sassuolo (15), Bologna (14) y Atalanta (14) son los que más italianos acumulan.
Hoy, el delantero argentino Lautaro Martínez del Inter, es el jugador más caro de la Serie A con un valor de 85 millones. Luka Modric va a retirarse al Milan y Jamie Vardy a la Cremonese. Dusan Vlahovic, que, en su momento con la Fiorentina, tenía una alta cuota de goles como Erling Haaland, se ha desinflado en la Juve y el Como, con dos años en la Serie A, tras 21 de ausencia, pelea por entrar a la Champions League con un fútbol vistoso de la mano de Cesc Fábregas, pero con sólo cinco italianos en la plantilla, pero ninguno en el once inicial de cada fin de semana.
La entidad suma seis españoles, tres franceses, tres croatas y dos argentinos, pero tampoco es muy diferente al resto de los equipos grandes, que salvo Francesco Pio Esposito con el Inter, no tienen delanteros en la selección. Ahora los atacantes, de acuerdo a la última convocatoria, son de equipos medios: Moise Kean (Fiorentina), Matteo Politano (Napoli), Giacomo Raspadori (Atalanta), Mateo Retegui (argentino y naturalizado italiano del Al-Qadsiah) y Gianluca Scamacca (Atalanta).
¿Le interesa a los actuales dueños dar espacio a los nuevos talentos italianos, tener paciencia, formarlos y que puedan ganar minutos, como en su momento se hizo en la Serie A con los Totti, Maldini, Del Piero y Baggio? Los resultados indican que, evidentemente, no. O, al menos, no hay señales.
El caso del Como, en manos del Grupo Djarum de Indonesia, considerados por ‘Forbes’ entre las 100 mayores fortunas del mundo, es definido en Italia «como un falso equipo pequeño». En el mercado de invierno gastó cerca de 50 millones de euros y tiene jugadores experimentados como el español Álvaro Morata.
De acuerdo a la app italiana Kickest, antes del parón de selecciones de marzo, Fábregas sólo había dado 14 minutos a un jugador italiano: el defensa Edoardo Goldaniga. El estratega español justifica su decisión, diciendo que para su estilo de juego no encuentra a los jugadores apropiados.
La diferencia, es notable, el segundo equipo con menos minutos es el Verona con 4.137. El que más minutos ofrece a los nativos es el Cagliari con 18.868, escoltado por Cremonese (16.212) y la Fiore (14.873) ¿y los grandes? Napoli (9.269), Inter (8.711), Juve (8.657), Roma (8.474) y Milan (4.924).
«Entre un joven español y un italiano, siempre elegiría a uno de los suyos… ¡pero no hay! Personalmente he intentado traer a tantos italianos como ha sido posible. Se los juro: analizamos, vimos qué jugadores podíamos traer para elevar el nivel del equipo, incluso jóvenes. Fue un esfuerzo increíble. Pero, los mejores jugadores italianos juegan en el Inter o en la Juve y acceder a ese nivel es más difícil para nosotros», dijo a comienzos de temporada.
El próximo 22 de junio, se elegirá al próximo presidente de la Federación Italiana de Fútbol y, todo pareciera indicar, que el ex presidente del CONI, Giovanni Malagò, es el que goza de mayor reputación para salvar al fútbol italiano, que pide a gritos reformas desde hace más de una década, pero van tarde.
Italia necesita volver a las bases. No sólo en el estilo de juego, de jerarquía, amor propio y responsabilidad, sino también en la formación y gestión de los nuevos talentos. Las categorías sub-17 y sub-19 ganaron los respectivos torneos europeos en 2024 y 2023 y la sub-20 fue finalista en 2023, pero el talento se pierde por el camino.
Los jugadores no tienen espacio en la Serie A: en el mejor de los casos, terminan formándose en la Serie B, cedidos o sin espacio o continuidad en los clubes. El sistema debe verse obligado a crear algún tipo de ley para que un determinado número de italianos sean titulares, de lo contrario será difícil que talentos como Francesco Camarda, Samuele Inacio, Matteo Cocchi, Michael Kayode, Cesare Casadei, Tommaso Baldanzi o Simone Pafundi, puedan tener el roce nacional e internacional necesario para tomar el relevo y no ser uno más del montón.
Todo esto, sin tener en cuenta que los estadios son otro dolor de cabeza y salvo el de la Juventus (Allianz Stadium), que es el único en propiedad para un club, y el de Udinese (Stadio Friuli), son aptos para albergar la Euro 2032, en la que compartirán la sede con Turquía.
Claro, está, siempre y cuando aceleren los trabajos de modernización y no le arrebaten la sede, algo que ya ha asomado el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin.
«La Eurocopa 2032 está en el programa y se celebrará según lo previsto. Espero que la infraestructura esté lista. De lo contrario, el torneo no se disputará en Italia. Quizás sean los políticos italianos quienes deberían preguntarse por qué Italia tiene una de las peores infraestructuras futbolísticas de Europa», dijo la semana pasada en una entrevista al diario La Gazzetta dello Sport.
La situación del fútbol italiano es grave y pareciera no tener solución ni a corto, ni a mediano plazo, a menos que aceleren el paso, trabajen de verdad y ocurra un milagro, porque no hay más tiempo que perder.