El Barcelona derrotó con contundencia al Osasuna

AS.- Como previa a las elecciones que deben de marcar el inicio de una nueva era en el Barça, el equipo blaugrana sumó una victoria que abre un nuevo horizonte para los culés. El triunfo por 0-2 contra Osasuna (que supone la octava victoria consecutiva del Barça fuera de casa, la decimosexta jornada sin perder en LaLiga y el cuarto partido dejando la portería a cero) permitirá al Barça ver el derbi entre Atlético y Real relajado y con palomitas. El Barça completó una semana fantástica en la que se ha clasificado para la final de Copa con remontada ante el Sevilla y duerme segundo a dos puntos del Atlético y dejando al Real Madrid a tres.

Enganchado al momento anímico que vive su equipo, Koeman, que llegó a Pamplona con tres centrales, apostó de nuevo por la defensa de tres y compuso una zaga con Mingueza, Lenglet y Umtiti, una línea defensiva que su cardiólogo le tiene más prohibida que el tabaco.

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Ya de entrada, Osasuna le puso las cosas claras al Barcelona. Los navarros iban a explotar la intensidad de su juego convirtiendo cada palmo de El Sadar en un campo de minas. A ímpetu, el equipo de Koeman, que llegó al partido cansado, no tenía nada que hacer más que apelar a la calidad de sus jugadores y tratar de aprovechar los espacios que podía dejar Osasuna a su espalda en los momentos de asedio a la defensa catalana.

Y nadie como Messi para leer este tipo de cosas. El argentino diagnostica los partido como nadie y viendo que se perdían todos los duelos individuales, retrasó su posición para lanzar a sus compañeros cuando los rojillos se destaparan. Gracias a un pase del argentino a Alba, el Barça se adelantó en el marcador con un gol del lateral que rompió por su banda. De esta forma el Barça tomaba ventaja en un partido en el que Osasuna estaba haciéndole sufrir y en el que sobrevivía gracias a la actuación de Ter Stegen. El portero alemán se lució ante un disparo a la escuadra de Barja primero y repitió milagro ante Rubén García para evitar el empate. El marcador era del Barça, pero el partido era de Osasuna.

Con Umtiti amonestado, Koeman afrontó la segunda parte cambiando su dibujo. Umtiti se quedó en el vestuario y salió a jugar Dembélé. Tampoco es lo que recomendaría el cardiólogo, pero es que es lo que hay.

Para tranquilidad del técnico culé, el Barça salió en la segunda parte con la idea de conservar más la pelota aferrado a un Pedri escandaloso, que con 18 años soluciona situaciones de peligro con una normalidad impropia de su edad. Ya puestos a confiar en los jóvenes, Koeman apostó por Ilaix, que volvió a pasar por delante de Riqui por tercer partido consecutivo. También ingresó Braithwaite por Griezmann, que tras tres suplencias de inicio volvió a desaprovechar otra oportunidad para reivindicarse.

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La insistencia es una exigencia para Osasuna, que en el tramo final del partido acorraló al Barcelona a base de saques de esquina y faltas laterales, donde Calleri y Budimir, que entró por el argentino, fueron un dolor de muelas constante para la zaga culé.

El Barça, que no estaba fino, supo sufrir en esos minutos de asedio navarro y a falta de siete minutos cerró el partido en una jugada en la que dos adolescentes, Pedri e Ilaix, se asociaron con Messi. Robó Pedri, que habilitó a Messi, el argentino se asoció con Ilaix, que con la calma de un veterano se cambió el balón de pierna para batir a Herrera y estrenarse como goleador en LaLiga.

En el Barça, renace la esperanza y el equipo se punta a un cambio de era que mañana debe de confirmarse en las urnas.

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El Atlético se aferra al liderato

AS.- El Atlético recuperó la senda de los triunfos. Lo hizo ante el Vilarreal en un partido donde el líder tuvo que emplearse a fondo, apretar los dientes y sufrir en unos últimos diez minutos donde el conjunto local le tuvo contra las cuerdas. Pero los del Cholo no encajaron (pese a que el Villarreal tiró 19 veces a portería) y se llevaron tres puntos muy importantes en la lucha por el título. El balón parado le dio una alegría al Atlético en el primer gol y João Félix, que salió tras el descanso, marcó el segundo tanto. Tras un mes de febrero muy malo, los rojiblancos respiran y llegan al derbi rearmados.

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Simeone estuvo especialmente activo en el entrenamiento del viernes en las acciones a balón parado. Más de tres cuartos de hora dedicó el técnico argentino a ensayar faltas laterales, frontales, saques de esquina… Una y otra vez. Y corrigiendo cada golpeo de sus futbolistas. El conjunto madrileño ha tenido problemas con el gol en los últimos partidos y la estrategia puede solucionar esas carencias en momentos determinados. Ante el Levante, en el doble enfrentamiento liguero, el Atlético bombardeó la portería rival y marcó un gol. Frente al Villarreal, en el primer tiempo, tuvo dos llegadas e hizo un gol: un disparo de Saúl y el remate de Savic, con gol en propia puerta de Pedraza, el tanto que supuso el 0-1. Lemar, que tiene un guante en su pierna, se la puso a Savic para adelantar al Atlético. Dos llegadas y un gol. Cosas del fútbol.

El Villarreal dominó el primer tiempo, con Chukwueze creando muchos problemas a la zaga rojiblanca. El Atlético empezó con una defensa de cinco, pero a los veinte minutos cambió y Saúl pasó al centro del campo para ayudar a Koke. El conjunto de Emery tocó muy bien la pelota, la mimó y la sacó bien jugada pese a la presión de los hombres de Simeone, quienes no dudaron en apretar a su rival arriba en cuanto pudieron. Pero atrás el conjunto madrileño ofreció pocas fisuras, con Lemar ayudando por la izquierda y Correa por la derecha. Todos intentaron cerrar filas cuando Chukwueze tuvo la pelota e inició sus desbordes. Un Atlético que ha encajado gol en sus últimos ocho partidos se defendió con seriedad, bien posicionado, muy bien colocado. No salió mucho el Atlético al ataque y lo hizo siempre por la banda de Marcos Llorente, quien sigue siendo un quebradero de cabeza para sus rivales. Luis Suárez tuvo una presencia testimonial, pues apenas le llegó balones.

Tampoco pudo participar mucho Gerard, bien controlado por los zagueros rojiblancos. Pudo empatar en una jugada a balón parado, pero entre Oblak y la defensa visitante sacaron el balón cuando ya se colaba.

En el segundo tiempo Simeone quitó a Lemar, con amarilla y con molestias, y saltó al campo João Félix, por lo que el conjunto madrileño volvió a defensa de cinco, con Saúl metido en la izquierda. Lo pasó mal el rojiblanco, puesto que Chukwueze siguió muy activo, ganando por velocidad a los defensores del líder. Un quebradero de cabeza. Pero estaba casi solo contra un Atleti especialmente concentrado atrás. El equipo de Simeone sabe que si recupera su nivel defensivo, ganará muchos partidos. Tuvo unos buenos minutos el Atlético, con una gran ocasión de Luis Suárez, gracias a la presión de Correa, y paradón de Asenjo.

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El Villarreal encerró en su área a su rival, pero no llegó a inquietarle de verdad. Sus mejores intentos fueron a balón parado, en lanzamientos desde la esquina. Pero Savic, Felipe y Hermoso no dieron opción a Gerard. Cuando peor lo estaba pasando el Atlético llegó el 0-2, un buen gol de João Félix, a quien Pau Torres le hizo un regalo. Y el portugués no lo desaprovechó. Su remate pegado al palo le puso la puntilla a un encuentro en el que el Atlético sacó su casta, su personalidad.

João Félix hizo un gesto tras su gol como queriendo reivindicar algo. Tras el 0-2 el Villarreal ya no tuvo más opción que irse más arriba, con Bacca y Gerard atentos a las dejadas de Chukwueze. El último intento del Villarreal fue de Baena, cuyo tiro se marchó rozando el palo. Y a renglón seguido Oblak sacó una mano milagrosa cuando el balón se colaba. El Atlético tuvo que sufrir y padecer en unos minutos que se le hicieron muy largos al conjunto madrileño. Pero celebraron a lo grande un triunfo que moralmente es muy importante.

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El Barcelona igualó con el Cádiz y sigue sin rumbo

MARCA.- Es lo que tiene no cerrar los partidos. De sumar tres puntos que hubieran sido merecidos y que acercaban al Barcelona a la cabeza de LaLiga, a quedarte con uno solo después de que en una jugada aislada a falta de dos minutos un absurdo penalti de Lenglet sobre Sobrino le diera al Cádiz la oportunidad de empatar en su único remate a puerta. Este Barcelona no gana para sustos y no acaba de darse una alegría. Con la Champions casi perdida y la Copa muy complicada los pinchazos del Atlético le habían abierto una vía en LaLiga pero tampoco han sabido aprovecharla. No es normal que un equipo como el Barcelona sólo le marque un gol al Cádiz y de penalti después de cerca de 25 llegadas y tampoco es normal ser tan inocente como Lenglet para meter el pie dentro del área en una jugada sin aparente peligro. Pero no es la temporada del Barcelona, eso parece claro.

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La visita del Cádiz era propicia para olvidar -si es posible algo así- la derrota del PSG y centrarse en LaLiga, pero una vez más la falta de definición azulgrana le penalizó. Los gaditanos, como el equipo más goleado de LaLIga, se atrincheraron desde el inicio sobre el área de Ledesma con una línea de cuatro y otra de cinco dejando solo a Negredo en punta. Koeman sacó el mismo once que salió goleado por Mbappé y compañía el pasado martes. No era un escarmiento, es que este debería ser el once titular en condiciones normales -con Sergi Roberto en el lateral derecho- pero las lesiones le han impedido tener continuidad.

Este tipo de partidos son algo habituales para el Barça.Cuando un equipo se encierra en el Camp Nou como hizo el Cádiz suele perder en el 99% de las ocasiones. Era un encuentro para que Dembélé, Pedri o el propio Messi lo rompieran con regates que derribaran las líneas cadistas. Y el partido se rompió a la media hora. Robo de Jordi Alba, el balón llega a Pedri y penalti de Iza. Messi no falló y marcó su primer gol al Cádiz, que pasa a ser el club número 38 al que marca el argentino en Liga.

El Cádiz, que apenas había pasado del medio del campo hasta el 1-0, tuvo opción de empatar un minuto después. Centro de Salvi que despejó Piqué en corto y el balón le llegó a Sobrino que no se lo esperaba y no pudo dirigir su remate forzado hacía la portería de Ter Stegen. Fue un espejismo porque en la primera mitad sólo hubo un equipo pese al corto marcador con el que se llegó al descanso. Trece llegadas, dos goles anulados por fuera de juego, pero el Cádiz seguía en el partido.

Era de esperar que el Cádiz adelantara líneas tras la reanudación. Y así fue. Fali tuvo una ocasión en una jugada a balón parado que quedó anulada por falta previa de Garrido. En los cinco primeros minutos ya habían pisado el campo contrario más veces que en toda la primera parte. Pero el partido seguía siendo un monólogo del Barcelona. Al cuarto de hora Cervera hizo un triple cambio y sacó a Lozano, Alex y José Mari. El partido seguía abierto porque Ledesma salvó el 2-0 a un remate desde muy cerca de Griezmann.

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Koeman estaba de los nervios viendo como los suyos perdonaban una y otra vez el gol que sentenciara un partido que cada vez estaba más descontrolado y el Cádiz más suelto sobre el campo. Dembélé también tuvo una clara pero remató demasiado cruzado… Salieron Braithwaite y Pjanic para dar el relevo a Griezmann y Busquets. A falta de un cuarto de hora salió Trincao por Pedri, por lo que se acabó la conexión del canario con Messi, lo que mejor estaba funcionando. También salió Riqui Puig, que tuvo el 2-0 en un remate ajustado al palo.

En los últimos minutos el Cádiz se quitó el corsé y descuidó la defensa buscando una acción aislada o un fallo rival para intentar el empate. No consiguieron inquietar a Ter Stegen y parecía que se iban a ir de vacío cuando una inocente acción de Lenglet ante Sobrino les puso en bandeja el empate. Penalti absurdo y gol de Alex Fernández para un Cádiz que ni se creía que iba a sumar un punto ante el Barcelona. Que son cuatro si sumamos la ida. Los cinco minutos de añadido se les hicieron eternos al Cádiz, pero no pasaron apuros. El Barcelona tiene este miércoles ante el Elche otro partido parecido a este. Koeman deberá leerles la cartilla para evitar que se repita algo así si quieren intentar lucha por LaLiga.

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Haaland y el Dortmund arrasaron al Sevilla

AS.- El Sevilla sucumbió ante el Borussia Dortmund, o mejor dicho, ante un Erling Haaland que pone en chino las posibilidades de clasificación de los de Lopetegui. Una asistencia y dos goles del noruego destrozaron a los locales en una primera parte en la que no aparecieron en ningún momento las señas de identidad sevillistas.

Sólo habían pasado nueve minutos y lo que debería haber supuesto un golpe a la moral de un equipo tan irregular este curso como el Borussia Dortmund, no lo fue ni por asomo. Los de Terzic siguieron mostrándose mucho más cómodo con el balón, asomándose al área de Bono y, ahora sí, apareciendo Haaland. Porque el empate llevó la firma de Dahoud con un bellísimo disparo a la escuadra desde fuera del área, pero el balón llegó a sus pies gracias a la potencia del noruego, al que ni Escudero ni Jordán lograron detener.

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Cada equipo acumulaba un tiro a puerta y un gol. La efectividad no iba a variar, para desgracia de un Sevilla que no sabía como parar a Haaland. En esta segunda ocasión, el ariete cogió el balón en el centro del campo, se fue sin que nadie pudiera o supiera detenerlo, hizo la pared con Sancho y batió a Bono. Las caritas de los jugadores del Sevilla eran un poema, Lopetegui se desgañitaba y la película pintaba muy negra.

Y peor se iba a poner, puesto que el partido pareció venirle grande a demasiados futbolistas del Sevilla. Lo sorprendente es que dos de los más señalados fueran dos veteranos como Rakitic y Papu Gómez, protagonistas de una pérdida absurda en el centro del campo que dejó a Haaland, de nuevo, solo delante de Bono. Y como es costumbre en él, sumó otro gol a su cuenta. Makkelie pitaba el descanso y el marcador señalaba un 1-3 tan justo para el Borussia como sonrojante para el Sevilla.

La sensación era de que la eliminatoria le había venido tremendamente grande al conjunto nervionense. Desordenado, sin saber cómo ir a la presión y con fallos inauditos a la hora de combinar. Había que hacer algo y la decisión de Lopetegui fue la de meter cemento en el centro del campo dando entrada a Gudelj por un tremendamente desacertado Rakitic. Fernando retrasó su posición para cambiar a un dibujo de tres centrales y centrar la posición del Papu Gómez. La mejor muestra del escaso éxito de dicha apuesta es que diez minutos después se realizaba un triple cambio que daba entrada en el césped a De Jong, Munir y Óliver en lugar de En Nesyri, Suso y Papu Gómez.

Pasó a entonarse algo más el Sevilla, en parte por el brío que metió Óliver, pero principalmente porque los alemanes renunciaron a la posesión para intentar sentenciar, más si cabe, a la contra. Y pudo hacerlo, pero la ocasión más clara la iba a tener Óscar, último cambio de Lopetegui, con una falta que se estrelló en el palo a falta de un cuarto de hora.

El balón parado del ex del Leganés fue el principal argumento sevillista en los minutos finales y de sus botas iba a nacer el gol que mantiene mínimamente viva la llama de la ilusión. Un centro con música llegó hasta De Jong, que definió a un toque. Tembló el Borussia pero en Nervión faltaba el aliento de una grada que otras noches hubiera llevado en volandas a los suyos hasta la remontada. No fue así. Haaland fue demasiado para el Sevilla.

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El Barcelona goleó al Alavés con dobletes de Messi y Trincão

SPORT.- Koeman hizo rotaciones. Las hizo a su manera, un día después de explicar en rueda de prensa que tampoco había muchas opciones de cambiar. Pero así fue porque De Jong arrancó como central y los interiores se los dio a Ilaix y Riqui Puig. También Trincao, que entró en el noventa en la Copa, entró en el once. Dembélé, Pedri y Alba, al banquillo, mientras Busquets parece insustituible. Muchos cambios, todos hechos pensando en el PSG, al que el Barça envió un mensaje meridiano porque el equipo llega fresco, hambriento y con ganas de demostrarse a sí mismo que en Europa el escudo blaugrana siempre es favorito.

El equipo salió intenso, moviendo el balón con velocidad, consciente de que sería la única manera de desordenar a un Alavés que llegó al Camp Nou con un plan explícito: cerrarse atrás, bien juntitos, e intentar salir a la contra con Joselu y Lucas Pérez. Los vitorianos interpretaron mejor su estrategia porque destruir siempre cuesta más que construir. Es la vida. Así que pasaron pocas cosas y Pacheco vivía tranquilo. El portero solo se vio amenazado en el primer minuto, con un disparo de Griezmann que rechazó la defensa y con una llegada de Messi demasiado escorado. El Alavés tampoco hizo mucho para animar el partido: un centro de Edgar que Lucas remató muy mal y un disparo desde la frontal de Battaglia.

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Hasta que apareció Trincao. El portugués aprovechó una dejada atrás de Ilaix para, de primeras, superar a Pacheco. Fue la primera vez que la defensa del Alavés se desordenó y el Barça no perdonó. El portugués, tras estrenarse ante el Betis, juega ligero. El segundo lo marcó Messi aprovechando un rechaze tras remate de Griezmann. El VAR lo anuló por un fuera de juego del francés que solo puede ser señalado desde el absoluto desconocimiento del espíritu de la norma, el fútbol convertido en una hoja de cálculo.

Harto de tanta burocracia, Messi agarró un balón en la esquina del área, recortó hacia fuera y, seco y preciso, colocó el balón en la base del palo para hacer el segundo. Sin dar a opción a revisiones artificiales que hacen al fútbol más pequeño, el Barça se fue al descanso con el trabajo medio hecho.

Koeman hizo descansar a Busquets y entró Umtiti para que De Jong subiera al centro del campo. Abelardo metió a Laguardia y a Rioja, que ofreció gratis una lección de vida para Ilaix. El canterano erró un pase claro que el futbolista del Alavés aprovechó para colarse entre los dos centrales para superar a Ter Stegen. La Primera no perdona y el Barça no podía dar nada por hecho. Trincao tuvo un mano a mano con Pacheco imperdonable poco después. Todo cuesta en un equipo que vive al límite y sin margen de error, pero que ha aprendido a disfrutar y reaccionar a los golpes de la vida. Una asistencia de Messi la envió por poco fuera Griezmann. El juego del Barça merece menos sufrimiento, pero no hay día en el que sus errores no cuesten goles.

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La entrada de Pedri aireó el centro del campo y un pase en profundidad suyo dejó a Messi solo ante Pacheco, que frenó al argentino pero no la llegada de Trincao, que aprovechó el rechace y completó su doblete. Al cabo de un minuto, Leo Messi sentenció con una rosca desde fuera del área cuya firma es inconfundible. Imposible llegar mejor al duelo ante el PSG. El ’10’, en modo exhibición, se la puso picada a Griezmann, que cedió para que Junior hiciera el quinto. Trincao vio cómo Figueroa Vázquez anulaba su ‘hat-trick’, pero el portugués destrozó de una patada la losa que le impedía ser él. Todos crecen y lo hacen cuando ya no hay sitio para la duda.

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El Madrid superó al Getafe con lo justo

AS.- Primer apunte: la mitad del Madrid es mucho mejor que todo el Getafe. Segundo: Marcelo, con tres centrales, aún está en buen uso. Tercero: no hay peligro de cantericidio por darle cancha a los jóvenes. Esas conclusiones quedaron en un partido en el que el equipo de Zidane se dio por aludido con el empate del Celta en el Wanda y tejió con paciencia e inteligencia su victoria. Este largometraje tuvo menos suspense de lo habitual por su trabajo y por el derrumbe del Getafe, hace tiempo dentista y hoy sin dientes.

Hubo un tiempo no tan lejano en que Isco fue alguien en la Selección. Y en el Madrid llegó sentar a Bale, esa cepa británica que mutó a inofensiva demasiado pronto, cuando Zidane aún se atrevía a hablar de innegociables. Ahora es farolillo rojo. Con nueve ausentes y Odegaard en Londres, Zidane le puso por delante a Marvin, como le había puesto por delante a Arribas ante el Mönchengladbach o el Levante. Su suplencia de este martes le cuelga el cartel de caso perdido. Y es que para evitarle tuvo que dar un paso más en su reciente papel de arreglista: Mendy de central izquierdo en una línea de tres con Nacho y Varane; Marcelo, de carrilero; Modric, de pivote, Asensio, de mediapunta… Una sacudida en toda regla.

El Getafe, en cambio, regresó a su vieja fórmula, ese 4-4-2 que tanto molestaba al de enfrente. Su partido es que el rival no tenga partido. Y ahí sobraban Kubo y Aleñá. Así que el Getafe se volvió clásico sin conseguirlo. No le va hacerse el simpático; presiona, incordia, aburre y en sus buenos días mata con dos buenos puntas. Esta vez ni eso. Ese plan ha pinchado ante los grandes porque para escapar de él se necesitan futbolistas de un pie muy fino y entre los equipos alfa abundan. Y tampoco ha colado esta temporada ante otros de menor tamaño porque falla el segundo acto: meter goles.

La conclusión es que ni Madrid ni Getafe están a la altura de sus mejores días. El equipo de Zidane huye de los espacios, se repite en el juego al pie, no le da marcha a los partidos. Queda la sensación de que está demasiado visto, de que a este ritmo su recorrido será corto. Así que pone casi todo el foco en el balón parado. Ahí encontró sus dos primeras oportunidades: una pelota perdida en el área de esas que siempre buscan a Casemiro y un cabezazo de Benzema en un córner. El brasileño desaprovechó su magnetismo en la zona con un disparo a la décima fila de asientos y el francés topó con el larguero, del que se ha hecho íntimo enemigo.

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Y mientras, el Getafe, de salida, incumplió sus dos grandes mandamientos: robar muy arriba y hacer de la segunda jugada su primera jugada. Pero sumando las imperfecciones de uno y otro estuvo muy por encima el Madrid. Marcelo, con gente a su espalda, vive más tranquilo y se suelta. Y Modric no está investigado en el proceso: sigue jugando como cuando levantó el Balón de Oro. También él tuvo el gol, en un remate sin oposición desde el borde del área que rechazó, en postura estrafalaria, David Soria con una rodilla.

A otros no les fue tan bien en la primera parte. Vinicius es tigre enjaulado, Benzema resulta demasiado esporádico y Asensio baja a menudo el volumen en muchas fases del partido.

El Getafe no pasó de bachear el encuentro en campo propio sin la agresividad de otros tiempos, se sintió extraño ante el cambio de dibujo del Madrid y no tuvo ninguna presencia ante Courtois en los primeros 45 minutos. Fue un equipo resistente en el peor sentido del término: ultradefensivo y sin respuesta.

El descanso cambió el clima (llovió con ganas) pero no el paisaje. El Madrid siguió encogiendo al Getafe y perdiendo ocasiones. La primera de Benzema, cuyo remate sin oposición sacó con mano rápida David Soria. Así, al equipo de Zidane no le convenía al resultado ni al de Bordalás la dinámica. El Getafe cargó munición con Kubo, Aleña y Mata, sus dos fichajes de invierno y su nueve de gala. El Madrid cambió canterano por canterano, Arribas por Marvin, que no son lo mismo. Isco lo contempló con el cuerpo y la moral congelados en la grada. Más fantasía, menos velocidad y un papel nuevo para Vinicius: carrilero derecho. Una decisión de riesgo máximo con un buen principio. El primer centro del brasileño desde su nueva finca lo mandó a la red Benzema con la cabeza, la mejor arma ahora mismo de un compositor concienciado como rematador. El chollo que se prometía Cucurella acababa siendo la llave maestra del Madrid.

Aún quedaban por ver más fenómenos paranormales. Arribas, que lo primero que hizo en su debut europeo fue tirarle un caño a un defensa del Gladbach, abrió a Marcelo en la izquierda y su centro al primer palo lo remató como un ariete… ¡Mendy! Extrañan ya pocas cosas en un equipo tan golpeado por las lesiones que ha tenido cinco laterales en poco más de cuatro meses. Sólo entonces, con el partido archivado, entró Isco. Sus días parecen contados. Tiene sólo 28 años y su magia blanca se ha vuelto negra.

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El Barcelona derrotó sobre la hora al Betis

AS.- El Barça sigue abonado a la épica y el Betis al infortunio. En un nuevo partido de infarto, los barcelonistas lograron su sexta victoria consecutiva en LaLiga ganando por 2-3 al Betis tras remontar de nuevo un partido que parecía visto para sentencia hasta que llegó el arreón final que se gestó contra viento y marea y que cambió en cuanto Messi entró en juego y que se solventó gracias a un gol definitivo de Trincāo, el héroe inesperado del día. Otra cosa no será el Barça, pero divertido, este equipo lo es un rato.

Koeman planteó el partido como un autónomo afronta los gastos de fin de mes: esto es lo que hay, esto es lo que tengo y esto es lo que me viene. Y ante esta tesitura optó por salir con más cambios de los que cualquiera hubiera imaginado. Una alineación de autor sin Messi, De Jong ni Pedri.

Seguramente, el técnico blaugrana planteara por un lado que había que reservar a os jugadores clave de cara a una competición como la Copa y por otro lado pensó que si las cosas se torcían, como así fue, ya habría tiempo de solventar el lance en el último tramo del partido. Acertó en la segunda opción, donde un poco de Messi es mucho.

Dejando a un lado que la puesta en escena de ambos equipos dejó claro que los dos contendientes  llevaban plomo en las piernas, al Barça se le acumularon los problemas desde el inicio. Araújo, que parecía uno de los señalados para descansar, se lesionó en el minuto 8 dejando la zaga blaugrana tiritando más de lo habitual. El plan de un Barcelona en el que Riqui era incapaz de mandar, Pjanic jugaba a ritmo de veterano y en el que Braithwaite se peleaba más con el balón que con su marcador no auguraba nada bueno.

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El Betis tampoco estaban para mucha fiesta, pero por lo menos detectaron que apretando un poco se podía hacer mucho daño al Barça. Lo intentaron los verdiblancos de inicio por la banda de Mingueza, pero encontraron petróleo por la de Alba cuando Emerson lideró una contra iniciada por Fekir que culminó Borja Iglesias ante la pasividad de los centrales y de un Busquets más pendiente del asistente que del delantero.

Si Koeman había previsto los descansos en previsión de ir a por el partido en el segundo acto, había llegado el momento de demostrarlo. Pedri salió por Braithwaite, más auto de choque que jugador. Messi, de momento, sólo calentaba mientras que la gran novedad del partido era que el Barça cometía, De Jong mediante, su primera falta del partido en la segunda parte, lo que da una idea de la intensidad de los barcelonistas en la primera mitad.

La partitura del partido cambió en cuanto entró Messi en el campo. Su aparición no es que cambiara el duelo, es que pareció que se empezara a jugar a otra cosa. Salió el argentino a unas revoluciones inalcanzables para el resto de los mortales. En dos minutos tocó cuatro balones y el cuarto, lo alojó en la red anotando el empate. Sembró el pánico en el Betis de una manera absolutamente intimidatoria que culminó con un pase delicioso a Alba que sirvió para que el Barça anotara el segundo tras pifia de Griezmann y Víctor Ruiz marcara en propia puerta.

El central verdiblanco tuvo la oportunidad de desquitarse seis minutos después explotando el boquete que tiene el Barça en el balón parado. Con el empate a dos tras un partido loco, sólo podía suceder lo inesperado. Y en esa, apareció Trincāo para marcar un golazo que confirma que este Barça se ha abonado a la épica incluso en sus peores días.

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El Barcelona derrotó al Elche con oficio

AS.- Sin brillantez, pero con oficio, el Barça sacó adelante su visita al campo del Elche ganando por 0-2 un partido que asienta al Barça en la zona Champions después de sumar su quinta victoria seguida fuera de casa, algo que no pasaba desde hace tres años. Los goles de De Jong y de Riqui Puig, que aprovechó los cuatro minutos que le dio Koeman, son una inyección de confianza para un equipo que andaba justito de amor propio tras la Supercopa.

Consciente de que el equipo blaugrana no estaba físicamente para muchos alardes, Koeman decidió no arriesgar con Dest y dar descanso a Lenglet, por lo que Mingueza se mantuvo en un equipo titular en el que se alineó Umtiti.

Como era también de esperar, al partido le costó coger el ritmo, con un Elche muy pendiente de defender el marco de Edgar Badia y un Barça que no acababa de entrar en el partido, que amenazaba con hacerse bola y que no hubiera quien lo pudiera digerir.

Otro de los peligros era que el equipo blaugrana, que ante la diferencia de calidad con el rival veía el encuentro al alcance de la mano, dejara pasar los minutos, con lo que el Elche podía ir creciendo en su fe.


Al Barça le costó encontrar la manera de crear peligro en la portería local. Primero lo intentó a base de jugadas a balón parado, donde Araújo y Griezmann conectaron unos remates demasiado inocentes, que Badia atrapó fácilmente. Luego optó por los disparos de lejos, pero el de Busquets fue manso a las manos del portero ilicitano y los de Alba y Pedri se fueron desviados. Otra opción era la de utilizar la carta Dembélé, que por un momento se erigió en el líder del ataque blaugrana e interpretó un ‘yo contra el mundo’ que tampoco dio resultado.

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El premio legó en una de las pocas circulaciones rápidas del Barça. Pedri habilitó a Braithwaite al espacio como extremo, que centró al área buscando el remate de Griezmann, Diego González en su intento de evitar el remate desvió la pelota hacia su portería superando a su propio guardameta y antes de que la pelota rebasara por completo la línea de gol, De Jong la remachó con rabia a la red.

El Barça había conseguido lo más difícil por partida doble: se había adelantado en el marcador y en el consiguiente y habitual despiste tras marcar, Ter Stegen blocó un disparo de Josean tras un resbalón de Umtiti. El primer patinazo de la tarde estaba superado justo antes de llegar al descanso.

Nada más empezar la segunda parte llegó el segundo resbalón, mucho más grave que el primero cuando Mingueza perdió el balón ante Rigoni, que se plantó ante Ter Stegen, que se lució para evitar el tanto del empate.

Esa jugada abrió el partido y el Elche empezó a subir la velocidad al partido ante un Barça que a medida que pasaban los minutos se le iba haciendo más cuesta arriba a un Barça al que ya le empezaban a pesar las tres prórrogas consecutivas.


El equipo de Koeman logró controlar el partido y llevarlo a un escenario donde no pasaban demasiadas cosas, pero el marcador seguía siendo de mínima ventaja y a medida que se acercaba el final, la posibilidad de que cualquier accidente resultara fatal aumentaba exponencialmente. Si el Barça no lograba el segundo, el partido llevaba camino de acabar con los catalanes pidiendo la hora. Para acrecentar la tensión ny buscar la épica, Almirón sacó al campo a Nino.

Pero el que resultó decisivo en los minutos finales fue Riqui Puig, que ingresó en e campo a falta de tres minutos y logró cerrar el encuentro con un cabezazo tras rematar una excelente jugada de De Jong. El Barça continua con su gira lejos del Camp Nou resistiéndose a dejarse ir. Sumando puntos y buscando la regularidad que le ha faltado. Lo de la brillantez, ya llegará.

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El Madrid se sacudió y volvió a la victoria

AS.- Difícilmente se encontrará en el fútbol un índice de supervivencia más alto que el de Zidane. Su Madrid va y viene. Pero casi siempre vuelve. Sucedió en Mendizorroza, con algunos apuntes optimistas: Benzema vuelve a estar armado, Modric y Kroos explotan su veteranía, Militao se ofreció como aprovechable y Hazard dio sus primeros pasos en ese viaje de jugador de compañía a jugador motriz. El mensaje que mandó el equipo es que sigue en carrera. El Alavés defendió mal al principio y aquello ya no tuvo remedio.

Descontados los confinados, los condenados, los deprimidos y los fugados, quedan en el Madrid los de Vitoria. No está claro si fue antes el huevo o la gallina, si media plantilla se desconectó por no jugar o dejó de jugar porque se desconectó, pero lo cierto es que Zidane se ha quedado con doce (los de Mendizorroza, menos Militao, más Ramos y Carvajal). El oprobio de Alcoy vino a reafirmarle. Y el partido de Mendizorroza aún más.

Aunque el asunto no comenzó por ahí. Porque Bettoni, desde su marrón provisional, contempló una salida enérgica del Alavés, que soplaba en familia las velas de sus cien primeros años. ‘Alta la frente’, fue el himno compuesto para la ocasión por el navarro Izal. Un himno que habla de esfuerzo, sudor, bravura, memoria y honor. Eso quiso ser el Alavés y no le alcanzó.

Un minuto de gloria

Intimidó al Madrid de salida en su presión e incluso tuvo dos buenas ocasiones. Un cabezazo de Joselu, que remata hasta los satélites, y un disparo franco de Martín. Un esfuerzo notable y una puesta en escena muy digna arruinada por un minuto de gloria del Madrid. Benzema se traspapeló dos veces y estrelló dos remates claros contra Pacheco y el palo, pero en el córner en que derivó el tumulto, Casemiro metió su cabeza por encima de la de Lejeune en envío preciso de Kroos y puso por delante a los blancos. En pegada, el glorioso sigue siendo el Madrid.

Aquello le bajó el volumen al Centenario y al Alavés y templó al Madrid. O a una parte significativa del Madrid. Militao se creció con sus primeros aciertos y demostró que sus condiciones están por encima de su rendimiento. Mendy dejó en evidencia a Ximo Navarro y, por el mismo precio, a Hazard en su banda. El atrevido debía ser el belga y lo fue el francés. Casemiro puso la ética y Kroos y Modric, la estética. Lucas Vázquez le dio aire a su banda. Y el Madrid empezó a pasárselo bien, que ya es decir en el trance que le ocupa.

Mendy perdió un gol por exceso de generosidad y Hazard otro por falta de efecto en su remate colocado. A la tercera no hubo misericordia, Asensio mandó su pase al borde del área, Hazard dejó pasar la pelota con el tercer ojo, el de la intuición, y Benzema controló y cruzó la pelota a la escuadra. Un supergol previo a otro supergol. Kroos hizo una exhibición de centrocampismo. Presionó, robó y dirigió un gran pase a Hazard, que resolvió con oficio. En contra de la costumbre, un Madrid mandón completaba la obra a buena hora.

Era imposible

Al Alavés sólo le quedaba ya una épica imposible. Así que Abelardo echó el resto (Manu García, Borja Sainz, Lucas Pérez…) y ordenó una presión a todo o nada, más suicida que atrevida, y por momentos al borde del reglamento.

Pero aquel arrebato le llevó a un gol de catálogo: a balón parado (así ha macado el 50% de los tantos el Alavés) y en cabezazo de Joselu. Y así, a la desesperada, sacó al Madrid de su zona de confort. Contribuyó al cambio de viento que el grupo de Bettoni había dado carpetazo al pleito antes de tiempo.

Cuando el asunto se enredó, Zidane retiró a Hazard desde su control remoto, aunque el belga estaba firmando su mejor partido en meses. Y Benzema le puso fin al suspense sin ayuda de nadie: recibió en la izquierda con un control estupendo, fue buscando la rendija y la encontró. Alta joyería, como acostumbra. Y ahí encontró Zidane, vía móvil, ocasión para darle actividad a algunos de los de nunca: Isco y Odriozola. Ese ha sido también parte del problema. Su rehabilitación pasaba por minutos en partidos muertos y el Madrid ha matado muchos demasiado tarde.

Foto: AFP

Barcelona ganó en penales y pasó a la final de la Supercopa de España

Prensa Barcelona.- El Barça jugará el domingo la final de la Supercopa de España. El equipo de Ronald Koeman se ha clasificado tras superar a la Real Sociedad en una igualadísima semifinal resuelta en la tanda de penaltis, en la que un inconmensurable Ter Stegen ha detenido dos de los cinco penaltis del conjunto vasco. Antes, De Jong había avanzado al Barça en un duelo igualado más tarde por Oyarzabal. Ha sido una noche de emociones y gran fútbol, ​​con final feliz para el Barça, que luchará por su 14ª Supercopa contra el ganador del Real Madrid-Athletic Club.

De Jong hace el primero

El duelo en el Nuevo Arcángel ha arrancado con dominio txuri urdin. Sufría el Barça con la alta presión de la Real, que ha generado peligro mediante Portu, Le Normand e Isak, que se ha topado con un decisivo Ter Stegen. Sin Messi, ausente por problemas físicos, el hombre más peligroso en ataque del Barça era Dembélé, que desequilibraba desde la banda derecha.


Han sido prácticamente 25 minutos de incomodidad culé. A partir de entonces, el partido ha cambiado. Con más balón, los de Ronald Koeman han sabido encerrar a la Real en su campo y generar peligro tras largas posesiones. Así ha estado a punto de llegar el gol de Braithwaite de cabeza tras un centro de Mingueza, hoy lateral derecho en detrimento de Dest.

Minutos más tarde llegaría, ahora sí, la jugada del 0-1. Nuevamente Braithwaite ha hecho una gran maniobra hacia Griezmann, que ha teledirigido un suave centro hacia De Jong, que se ha disfrazado de ‘killer’ para hacer el primero con un brillante cabezazo. Golazo antes del descanso.

Empata Oyarzabal

Nada más arrancar la segunda mitad la Real Sociedad se ha encontrado con un penalti a favor tras unas manos de De Jong. No ha perdonado Oyarzabal y la Real Sociedad, tras evitar un segundo gol de De Jong, se ha crecido en busca de la remontada. El partido ha cogido velocidad y ambos equipos se han plantado en el área rival con más asiduidad que en el primer tiempo. La más clara ha sido para Dembélé, que ha enviado su remate desde la frontal a pocos centímetros del palo.


El partido, sin tregua, se ha visto abocado a la prórroga, la primera del Barça desde la final de Copa de 2016 ante el Sevilla. La afrontaban con varios cambios ambos equipos. Koeman ha oxigenado el equipo con Trincão, Pjanic y Riqui Puig pero ha sido nuevamente Dembélé quien ha disfrutado de la mejor ocasión durante el primer parcial de la prórroga. De nuevo, sin suerte. En el segundo tramo de la extra time ha sido Januzaj quien ha estado más cerca de marcar, pero un gigante Ter Stegen ha evitado la derrota culé. De forma inevitable, se llegaba a los penaltis…

Ter Stegen para, Riqui decide

La Real Sociedad ha arrancado la tanda de penaltis disparando… y fallando. Ter Stegen ha detenido el primer lanzamiento de Bautista, antes de que De Jong enviara el suyo al palo. El alemán ha vuelto a exhibirse parando el segundo, a Oyarzabal, que no había fallado ninguna en toda su trayectoria. Dembélé y Pjanic han transformado los suyos, mientras Willian José ha disparado al palo. Con 2-0 a favor y dos penaltis pendientes por cada equipo, Riqui Puig ha acabado decidiendo el triunfo culé tras el error de Griezmann. Con emoción y sufrimiento, Ter Stegen ha conducido al Barça a la final del domingo en Sevilla!

Foto: Prensa Barcelona