El Barcelona goleó con la guía de Messi

Barcelona

AS.- Leo Messi tomó la palabra en el debate sobre el futuro del fútbol. Hay unos que dicen que el fútbol es negocio y otros que es de los fans. Opiniones respetables hasta que empieza el partido y todo depende de los jugadores. Entonces, las dudas se disipan y el fútbol es de ellos, y si entre los elegidos está Messi en modo tiburón, entonces ya no queda duda: el fútbol pertenece a Messi. El argentino fue el factor determinante para que el Barcelona se impusiera por 5-2 al Getafe y siga dependiendo de si mismo para ganar LaLiga en un partido que el equipo blaugrana se complicó de mala manera cuando lo tenía archivado.

La primera parte del argentino ante el Getafe fue una aparición aparte respecto al que jugaban el resto de los contendientes. Para el que viera el partido no hace falta explicar que cada vez que la pelota le llegaba al 10 blaugrana pasaban otras cosas, pero para el que no lo viera y se fíe de los números se puede aportar la fría estadística. En 45 minutos el Barça chutó seis veces, todos los disparos de Messi; dos de esos disparos fueron al palo, de Messi, claro y el tanto que se metió el Getafe en propia puerta llegó tras una presión del argentino. En la segunda, cuando el Barcelona sufría, Leo le puso un regalo a Araújo para que cerrara un partido que iba camino de la taquicardia.

Resumen del partido

Koeman, que no es amigo de cambiar lo que funciona, únicamente introdujo un cambio en su equipo respecto al que ganó la Copa. Sergi Roberto salió por Dest y la opción de hacer jugar a Dembélé quedó descartada en el entrenamiento matinal con la lesión del francés.

Bordalás, por su parte movió el equipo pensando en el duelo ante el Huesca (que hizo lo propio ante el Atlético) y soportó de entrada como pudo el chaparrón de Messi, que a los cuatro minutos ya había disparado al larguero.

El partido se puso a gusto del equipo de Messi a los 8 minutos cuando Leo marcó el 1-0, pero Lenglet, que ya había visto una amarilla a los seis minutos se empeñó en complicar la cosa. El central francés marcó en propia puerta con la mano un centro de Ángel (o era gol o penalti), que leyó a la perfección que el Barça jugaba con uno menos por un golpe de Mingueza.

El duelo se complicaba para los blaugrana, pero Chakla desmontó el intento de los de Bordalás correspondiendo al error de Lenglet con otro gol en propia puerta al hacerse un lío con Soria en la cesión.

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El Barcelona no desaprovechó la invitación a entrar de nuevo en el partido y Messi siguió con su cabalgata. Hasta el punto de inventarse un gol con auto asistencia. Leo chutó al palo con furia, le rebotó el balón tras estrellarse en el poste y recogiendo el rebote, acomodó la pelota con suavidad para marcar el 3-1.

En la reanudación, Koeman retiró a sus centrales y Bordalás empezó a pensar más en el Huesca. Parecía que se firmaba la treguaque Messi había impuesto en la primera parte. Pero la desidia es traidora y cuando parecía que nada iba a pasar, Araújo cometió un penalti al pisar a Unal que el árbitro no vio y que el VAR detectó para que el turco pusiera emoción al partido. 3-2 a falta de 20 minutos y lo que parecía sentenciado entraba en la fase de nervios. Y Koeman, para añadir picante al guiso introdujo a Umtiti por Mingueza, que llevaba seis partidos sin jugar.

Con el Barcelona siendo víctima de sus fantasmas y el Getafe crecido, volvió a aparecer messi para colocar un córner que Araújo remató a gol antes de que Griezmann, ya en el descuento, redondeara el marcador con un gol de penalti que Messi, dueño de todo, le cedió para que maquillara un partido penoso.

Foto: Reuters

El Madrid empató sin goles con el Getafe

Real Madrid

AS.- Lo que queda del Madrid no alcanza. Tres palizas y nueve bajas acaban con cualquiera. Más si en tiempos de coronavirus se permite desplumar la plantilla (Odegaard, Modric, Mayoral…) sobre la marcha. Así que un equipo extenuado, sometido a una cirugía mayor en la alineación y con un adversario necesitado enfrente se dejó parte de la ventaja que le dio el Clásico y se separó del cogote del Atlético. Pudo ser peor sin algún milagro de Courtois. El Getafe tuvo momentos de su edad de oro, pero en puntería estuvo como el resto del curso, a bajo cero.

Resumen del partido

Llegar vivo a mañana. Ese es el largo plazo del Madrid. El partido a partido sin conservantes ni colorantes. La plantilla resulta ahora variadísima: lesionados a tiempo completo (Ramos, Mendy y Lucas), lesionados a tiempo parcial (Carvajal y Hazard), confinados (Varane y Valverde), sancionados (Nacho y Casemiro), exprimidos (Modric, Kroos, Benzema…) y oxidados (Odriozola, Marcelo, Isco, Mariano…). El resumen rápido es que llegó a Getafe con nueve ausentes y Zidane, que tiene a mano los datos de los tres últimos superesfuerzos, añadió dos más de salida: Kroos y Benzema. De ese once con el que soñaría para la final de una Champions sólo quedaron Courtois y Modric. Una rotación extrema de los tiempos del banquillo de oro sin oro en el banquillo. Ahí sólo quedan ahora canteranos enviados a Stalingrado, muchos con 90 minutos con el Castilla el día anterior. Con tales privaciones le quedó a Zidane un once sin más mediocentro que Modric, cuatro mediapuntas y Mariano. Un ensayo clínico que no salió bien.

En el Getafe la crisis es de fe. Y eso resulta aún peor. Sin razón aparente, el presidente deja de creer en el entrenador y el mensaje de este al vestuario, que fue ley, se lo ha llevado el viento. Así que como Bordalás está convencido de que el problema no es de nombres compuso un once poco revolucionario, con Ünal como segundo punta y sin Kubo, que aquí tampoco ha roto en primer espada.

El cabezazo de Mata

En cualquier caso, el grupo parece tener conciencia del peligro y se echó sobre ese Madrid de retales de fuera hacia dentro. Lo mejor del Getafe está en sus bandas, con Aleñá y Cucurella. Y resultan más vistosos si enfrente encuentran laterales sin retorno como Odriozola o Marcelo. En diez minutos llamó tres veces a las puertas de Courtois, aunque el belga sólo fue relevante en un remate forzado de Olivera. Con todo, no fue ese Getafe triunfal que mortificaba con su presión, con su juego interrumpido, con su propensión al balón largo. Un equipo que se hacía pelmazo. Al Madrid también le permitió llegar. De hecho, en esa fase, Mariano marcó un gol en una contra invalidado por un fuera de juego de una uña. Así se lo pareció al asistente y al VAR. El tren pasaría otra vez para él poco después. Y su cabezazo mordido lo salvó sobre la línea Timor tras una salida al viento de David Soria.

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El partido amaneció, pues, con ida y vuelta, una agitación que nunca le fue al Getafe pero lógica vista la abrumadora mayoría de jugadores de toque frente a los de quite en el Madrid. En cualquier caso, tuvo más sustancia el ataque azulón. Un cabezazo picado de Mata topó en palo en esos minutos de paciente ataque de los Bordalás, que apretó de verdad al Madrid con sus dos puntas corpulentos.

El Madrid, como en Liverpool, tuvo poco de insistencia y mucho de resistencia. Quedó la percepción de que pretende que no se le lleve la riada hasta que amaine. Y Modric evidenció por qué era el único titular de verdad e Isco, que aún es futbolista de provecho. Del gol, antes del descanso, sólo estuvo cerca en las dos ocasiones frustradas de Mariano y en un cabezazo franco y sin colocación de Vinicius.

Madrid en blanco

La segunda mitad sacó a flote que Modric, por falta de hábito, arriesga como un mediapunta donde no es aconsejable para un pivote. En dos malas salidas suyas y otra imprudente de Marcelo se vio en el abismo el Madrid. Las dos primeras pasaron de largo. En la tercera, Courtois se vio obligado a la parada del partido en zapatazo de Ünal.

Ante la falta de progresos y una presión más fiera del Getafe, Zidane ya no pudo contenerse. Metió a Benzema y, aunque recluta, a un mediocentro de verdad, Blanco. Un movimiento de doble intención: la de aminorar pérdidas de riesgo en el inicio de las posesiones y la de dar más cancha ofensiva a Modric e Isco. El Madrid no había existido en ataque en la segunda mitad. Su apariencia era la de un equipo exhausto, al límite, por encima de sus posibilidades físicas. Lo vio también Bordalás, que tiró de Ángel, el goleador de segunda instancia. Pronto cogió el hilo del partido. Su primer remate se le fue por un palmo. Luego reclamó un penalti de Militao y Courtois tuvo que sacar su mano para detener a un Getafe entonces claramente superior en ambición y empuje.

Benzema, el fichaje de la última media hora, resultó aún más irrelevante que Mariano. Y así el Madrid se alejó de la cabeza y quedó a distancia de tiro del Barça. Ahora sólo está en manos de sus dolientes rescatadores.

Foto: AS

El Madrid derrotó al Barcelona para tomar la punta

Real Madrid

AS.- Madrid y Barça echaron a pies (¡y qué pies!) quién encabezaría la persecución al Atlético en un partido que empezó recatado y acabó desbocado, agónico, en medio de una tormenta brutal que lo empapó todo de épica. Fue un Clásico extremo, agotador, que alzó al Madrid en líder de la leal oposición. El Barça se quedó la pelota y eso hace tiempo que no basta. Del Madrid fueron el oficio y Vinicius, un proyectil tan impreciso como imparable. Sufrió hasta el final su victoria por no ser concreto en las contras, pero se metió en la cama líder provisional.

Resumen del partido 

Los clásicos producen vértigo. Sobran datos, aunque ese estudio aún esté pendiente de publicación en revistas científicas. Y es que lo que encierran no sólo queda escrito en la clasificación, sino en la memoria: las ‘manitas’ de ida y vuelta, el set de Guardiola, el marcaje de Camacho a Cruyff, el ‘a callar’ de Raúl, el intento de Messi por tender su camiseta en un fondo del Bernabéu, el cochinillo volante, el «puto amo» de Pep, los «¿por qué?» de Mourinho, la sordera de Figo… Así que el peso del partido se lleva por delante hasta lo que funciona. Zidane venía de vapulear al Liverpool con Asensio y recogió cable ante el Barça con Valverde para doblar la guardia sobre Alba, el canal de comunicación preferido de Messi. Acertó.

Y Koeman, que había repetido triunfalmente alineación en cuatro partidos, también recogió velas: Araújo en la troika de centrales (después de amagar con Piqué, que para este evento se apuntaría infiltrado o amputado), De Jong de volante y Griezmann en el banquillo. Ese puntito de extravagancia cuando visitaba al Madrid ya lo trajo de serie el primer Cruyff. Se desconoce si es costumbre holandesa. No le salió.

Tacón de oro

Las cuestiones previas se resolvieron pronto. La presión adelantada fue mutua y la pelota se la quedó el Barça. Su rondo eterno es el principio de la sedación. A veces cuela y a veces no.

El caso es que esa extrema vigilancia en cualquier zona del campo creó una atmósfera agobiante, cerrada, de máxima tensión. Pero entre lo académico siempre acaba colándose lo imprevisto. Y ahí surgió una jugada de otro partido. Valverde rompió, por cilindrada, desde el centro, abrió a Lucas y su envío raso al primer palo lo resolvió Benzema sobre la marcha con un taconazo preciso, con arte y ciencia. Un gol mayúsculo y un premio que hasta entonces no había merecido ninguno. El repertorio del francés se ha vuelto infinito. No hay nueve en el mundo que fuera del área conserve intactas todas sus propiedades.

El partido ya no fue el mismo. El Barça adquirió nuevas obligaciones y sólo las asumió Pedri, un fantástico ‘viejoven’. Y el Madrid cedió más campo en beneficio propio. Aquello era robar y matar. Matar con Vinicius, cuya velocidad desmantelaba a la zaga blaugrana. El brasileño anda suelto. Pregunten a Mingueza. El joven central del Barça sólo pudo parar casi sobre la línea del área uno de esos acelerones. Lo que sucedió después fue mitad fortuna blanca mitad despropósito azulgrana. Kroos golpeó la falta sin demasiada convicción, Dest, a un metro de la barrera, desvió el tiro y Alba, sobre la línea, metió la cabeza sin éxito.

Un final de película

El Barça estaba en un laberinto y el Madrid, en su salsa: dos líneas que balonmanizaban el ataque culé, Benzema de lanzador y Vinicius en versión supersónica. El brasileño volvió a arrancar la moto poco después para cederle un gran pase a Valverde. El remate del uruguayo topó en el palo (el primero de los cuatro que hubo en el duelo). Zidane había metido a Valverde para cegar a Alba y era Alba quien perdía el rastro al charrúa. Quien tenía la pelota no tenía la razón. Con todo, Messi tuvo su minuto explosivo: estuvo al borde del gol olímpico (el larguero lo evitó) en córner inexistente y Courtois le tapó un remate que el VAR habría invalidado por mano previa.

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Con todo perdido, Koeman dio media vuelta. Griezmann por Dest y 4-3-3 ante un Madrid víctima del enésimo contratiempo: la lesión de Lucas Vázquez. Al Barça no le quedaba otra que vivir al filo de lo imposible bajo un huracán. Con dos extremos abiertos y dos laterales de asalto, cualquier contra del Madrid parecía tener veneno. El equipo de Zidane estaba convencido de que era mejor penalizar que mandar. Y el partido le empezaba a ofrecer grandes oportunidades. Dos se le fueron a Benzema antes de que Mingueza cambiara el rumbo del partido al meter la espinilla a un centro de Jordi Alba que pasó ante las barbas de muchos y nadie tocó. Zidane metió entonces a Asensio, visto que el Barça se movía en el alambre. Araujo desvió a su palo un centro de Vinicius. Jordi Alba, que pedía paso en el partido, tuvo el empate, pero Courtois estuvo providencial.

El partido se había agitado mucho y Zidane entendió que el desgaste empezaba a matar a los suyos. Descapitalizó mucho al equipo al retirar a Kroos, Benzema y Vinicius. Koeman metió más madera en el centro del campo con Ilaix. La apuesta final iba a ser física. Aún hubo tiempo para el lío arbitral por un levísimo contacto de Mendy sobre Braithwaite. Koeman montó un circo por un lance que no lo merecía (luego le siguió Piqué, una autoridad en circos). Después Casemiro se buscó dos amarillas en un minuto para hacer más agónico el final para el Madrid. El partido acabó con un remate al larguero de Ilaix y Ter Stegen en el área blanca. Un monumento al fútbol.

Foto: Reuters 

Barcelona ganó sobre la hora con gol de Dembélé

Barcelona

AS.- De nuevo la épica volvió a rescatar al Barcelona, que con su agónico triunfo ante un heroico Valladolid por 1-0 con gol de Dembélé en el minuto 90, se sitúa a un punto del líder y sigue dependiendo de si mismo para ganar LaLiga. Pero la épica y el milagro de Dembélé no tapa que el equipo blaugrana volvió a estar a un milímetro de pegarse un trompazo injustificable.

Resumen del partido

Los tópicos en el fútbol son tan odiosos como ciertos. Y cuando ante un duelo que se adivina plácido para un Barcelona con ínfulas de asaltar el liderato tras el parón de selecciones recibiendo a un Valladolid que comparecía en el Camp Nou con el cartel de víctima propiciatoria y a seis días del Clásico alguien habla de ‘partido trampa’ es por algo. Es una horterada de expresión, pero si se ha instalado en el imaginario futbolero será por algo. Por partidos como el que disputaron Barcelona y Valladolid.

Koeman repitió alineación por cuarto partido consecutivo despreciando el riesgo que suponía alinear a Messi y De Jong, que salieron al campo a jugar con la amenaza de que una amarilla les echaba del Clásico. El arrojo del técnico holandés en la pizarra buscando calcar el equipo que tan buen resultado dio antes del parón fue lo único reconocible respecto al Barça que goleó a la Real. El equipo catalán perpetró una puesta en escena espantosa.

Lento, impreciso, obsesionado por entrar por el centro, donde Dembélé no encontraba espacios, al Barcelona el partido se le hizo bola de entrada. Todo lo contrario que al Valladolid. Sergio ganó de salida la partida táctica y su equipo no sólo se defendió perfectamente sino que además castigaba las constantes pérdidas de balón del Barça. Les faltó puntería, pero en el primer acto siempre dio la sensación de que se jugaba el partido que querían los pucelanos.

Polémica para el Barcelona

Kodro avisó con un remate de cabeza al larguero al los 9 minutos y las llegadas por banda de Olaza, que en la segunda parte tuvo una gran ocasión, y Janko creaban peligro ante un Barça de encefalograma plano que sólo dio señales de vida en el descuento de la primera parte con un disparo lejano de Pedri que Masip tocó lo justo para desviar el balón al poste.

El Barça no encontraba el camino y jugaba con fuego. Koeman estaba obligado a mover algo de cara a la segunda parte, el Valladolid tenía que aguantar el excelente partido que estaba ofreciendo y mejorar únicamente su producción en los metros finales.

No cambió el técnico local jugadores, pero si el dibujo disponiendo un 4-3-3 que llevaba a Dembélé a la banda y a De Jong al centro del campo.

Dembélé en diez minutos como extremo intervino más que en toda la primera parte y a los 59 minutos obligó a Masip a lucirse con un rechace que Griezmann, inédito hasta ese momento, no acertó a embocar de cabeza.

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El Valladolid no se dejó impresionar por la presión barcelonista y respondió al envite con valentía. Los pucelanos reclamaron un penalti por manos de Alba justo antes de que Koeman revolucionara a su equipo dando entrada a Griezmann, Trincāo y Araújo.

El asedio del Barcelona, desesperado, chocó ante un Masip imperial que lideró a un equipo que no se descompuso ni cuando el árbitro expulsó de manera sorprendente a Óscar Plano en el 79. En inferioridad, los de Sergio pelearon como jabatos ante un equipo blaugrana acelerado sin paciencia y luchando desesperadamente contra el crono. Pero, como pasó ante el Rayo o ante el Sevilla, la suerte sonrió al Barça en el último minuto.

Foto: AS

España derrotó a Kosovo pero no convence

España

AS.- No sé qué pensarán Pepe, Manolo o Lucas, los tres aficionados ficticios a los que aludió Luis Enrique en la víspera para justificar sus decisiones, pero seguro que los tres dan su bendición a la inclusión de Dani Olmo y Ferran Torres en el once titular de España. Brillaron ante Kosovo, con un gol cada uno, y han sido lo más brillante que nos ha dejado el arranque de las eliminatorias mundialistas. Ya no habrá más partidos ni experimentos antes de que Luis Enrique dé la lista de 23 jugadores para la Eurocopa. Zipi y Zape estarán en ella, seguro, buena parte del peligro ofensivo de La Roja pasa por sus botas.

Resumen del partido

Ellos fueron quienes mejor supieron leer la defensa que planteaba Kosovo. España generó más peligro en los primeros diez minutos que, por ejemplo, en todo el partido jugado hace una semana contra Grecia. Un disparo de Olmo, una galopada de Ferran que no encontró rematador y otra incursión de Alba dejaron claro que nos encontrábamos ante un paisaje distinto al de los dos anteriores compromisos. Kosovo había ondeado la bandera del buen fútbol, al menos del fútbol ofensivo y sin miedos, en la rueda de prensa del martes. “Aunque seamos un equipo pequeño, tendremos más oportunidades de ganar si tenemos el balón; para mí, especular con un 1-0 o jugar al contraataque no es fútbol”, anunció Bernard Challandes, su seleccionador. Pero esa medicina tiene contraindicaciones, como la de que el equipo se desnude cuando el rival logra romper la primera línea de contención. Challandes apostó de inicio por tres centrales, con doble pivote y una ausencia reseñable, la de Zeneli en la banda. Arriba era Muriqi en quien confiaban todos sus ahorros.

En España, mientras, la noticia en luces de neón era la ausencia de Sergio Ramos. El madridista se encontraba bien físicamente, reconocía el ayudante de Luis Enrique, Jesús Casas, en los micrófonos de RTVE poco antes del pitido inicial. Pues más extraño aún. En el resto del equipo, Marcos Llorente volvió al lateral derecho, como ante Grecia, Koke formaba de nuevo en el centro del campo, mientras que arriba lucía el tridente del partido que abrió las eliminatorias: Ferran, Morata y Olmo. En clave de derbi vasco, que el sábado aguarda la final de la Copa del Rey sobre ese mismo césped de La Cartuja, el Athletic empezaba ganando por 2-0: sus dos internacionales, Unai Simón e Íñigo Martínez, eran titulares, mientras que el único jugador de la Real en la convocatoria, Oyarzabal, descansaba en el banquillo. Aunque bien mirado, perder ahí quizá es ganar. Cualquier minuto de descanso es de agradecer por Marcelino e Imanol.

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España fue madurando poco a poco al rival. El dibujo inicial mutó en varios dibujos, con Koke partiendo en la izquierda y luego virando a la derecha, con Pedri transformándose en uno y mil pedris, una de las cualidades de la joya barcelonista. Sabe tocar rápido cuando los demás se mueven con pereza, sabe jugar lento allí donde todos tienen prisa y la pelota quema. Morata estiraba el equipo, casi siempre recibiendo de espaldas pero dejando espacio para los interiores. En una de esas, Olmo vio espacio extra, se colocó el balón en la derecha y nos regaló una parábola de PlayStation, con el esférico entrando por la misma escuadra. Literal. Lástima que no hubiera aficionados en las gradas para disfrutar de tanta belleza. Pero como no hay Zipi sin Zape, apenas tres minutos después Ferran también reivindicó su minuto de gloria. El del City se internó por la derecha y remató a la base del poste contrario, una acción de manual, dejando desarmado a Samir Ujkani, que vio cómo en dos zarpazos se venía abajo su ilusión de mantener la portería a cero.

Ese gran final de primer tiempo auguraba goles y festín en la reanudación. Pero no fue así. Esta vez Ujkani detuvo los remates españoles, mientras que Kosovo decidió irse arriba en busca de un gol que entrara en los libros de historia. Kastrati fue quien lo tuvo más cerca, pero Llorente e Íñigo Martínez despejaron el peligro. Pero fue un buen aviso a navegantes, porque poco después llegó el crochet de izquierda kosovar. Unai Simón salió en falso y el balón le llegó a Halimi en tres cuartos de ataque, pero pegado casi a la banda. El centrocampista del Sandhausen no se lo pensó dos veces y soltó un zurdazo que no pudo interceptar ningún defensor español. Un golazo y un error de bulto de Simón, que ante Kosovo disputaba su sexto partido consecutivo como titular.

Afortunadamente, La Roja reaccionó antes siquiera de que el miedo a un tropiezo de campeonato rondara por la cabeza. Y el gol no pudo llevar otra firma que la de Gerard Moreno, que había entrado ocho minutos antes en juego en lugar de Morata. Fue la rúbrica a un partido en el que España fue de más a menos y en el que Ramos jugó cinco minutitos más en su carrera por el récord mundial de internacionalidades (180, a cuatro del egipcio Ahmed Hassan). Lo importante, sin embargo, eran los tres puntos, que alivian los escalofríos del duelo con Grecia. Las eliminatorias para Qatar 2022 volverán en septiembre. Antes nos espera una Eurocopa en la que sacudirnos el polvo que nos dejaron los últimos tropiezos internacionales. Ferran, Olmo, Pedri y compañía nos permiten afrontar esta cuenta atrás de dos meses con mejor cara. Me da que Pepe, Manolo y Lucas cenarán hoy más tranquilos.

Foto: AS

España derrotó a Georgia sobre el final

RPP.- En los minutos de descuento, España consiguió un importante triunfo al vencer por 2-1 a Georgia, en el estadio Boris Paichadze, por la segunda jornada del Grupo B de las Eliminatorias Europeas rumbo a Qatar 2022. Dani Olmo apareció con un golazo y selló la victoria de la ‘Furia española’.

El juego

Khvicha Kvaratskhelia abrió el marcador para Georgia al minuto 44, pero Ferrán Torres puso el empate 1-1 (56′) y en el descuento Dani Olmo rescató tres puntos de oro para la ‘Furia Roja’ que se salvó de un discreto resultado de visitante.

España, que había empezado su camino a Qatar el jueves empatando 1-1 con Grecia, reaccionó con sufrimiento este domingo ante una Georgia muy intensa en defensa y peligrosa en sus contraataques.

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España tuvo el dominio del balón, pero le costó encontrar los huecos en el muro defensivo georgiano. En la primera parte, sólo puso a prueba al portero Giorgi Loria en una ocasión con un disparo de Ferrán Torres en el corazón del área, que despejó el guardameta (11′).

Georgia avisó con un cabezazo a la salida de un córner que detuvo Unai Simón yéndose abajo (18), pero tendría que esperar al filo del descanso para batir al portero español. Kvaratskhelia culminó un rápido contraataque con un disparo cruzado poniendo el 1-0, para delirio de los 15.000 aficionados locales.

Segundo tiempo

A la vuelta del descanso, Luis Enrique movió el banquillo y España dio un punto más de velocidad a su juego y a dando más precisión a sus pases. Así encontró el empate cuando Alba penetró por la izquierda para poner un balón al área, donde llegó Ferrán Torres para rematar en boca de gol poniendo el 1-1 en el marcador.

El tanto animó a España que empezó a llegar con más peligro encerrando a Georgia, pero tendría que esperar hasta el 90+2 a que Dani Olmo soltara un disparo lejano, que tocó el meta georgiano sin poder evitar que el balón entrara en la meta, poniendo el 2-1 definitivo para los visitantes.

Foto: EFE.

España no pasó del empate ante Grecia

España

AS.- No es un partido para subir a la nube —lo de la hemeroteca me da que se ha quedado viejo—, todo lo contrario, es un partido para borrar de inmediato porque la Eurocopa está a la vuelta de la esquina y las penas hay que sacudírselas lo antes posible. España tropezó con Grecia y se complica a las primeras de cambio las eliminatorias para el Mundial de Qatar 2022. En cuatro meses hemos pasado del festival ante Alemania al chasco de Granada. Demasiado vaivén, llega ahora el tiempo para el análisis y el debate. Pero debate exprés. El domingo aguarda Georgia y en Tiflis no hay margen de error.

Resumen del partido

El resultado no acompañó, pero el cuadro va tomando forma. Hace nada, apenas unos meses, el casting de Luis Enrique en su segunda etapa como seleccionador nos dejaba algo descolocados. Veíamos las pinceladas, pero debíamos dar un par de pasos atrás para tratar de entender la pintura en su totalidad. Tres porteros con similar pedigrí (Kepa, De Gea y Unai Simón), examen de centrales para acompañar a Ramos (Pau Torres va por nota…), rotación de batutas (Busquets o Rodri) y baile de jugadores y posiciones de medio campo hacia arriba con el falso nueve (Rodrigo, Aspas o Moreno) como canción de moda.

Pero ahora sí que se ve el cuadro, lo abstracto ya es real. Luis Enrique calcó ayer el equipo que el pasado noviembre sacaba los colores a Alemania en La Cartuja (6-0). No pudo hacerlo al cien por cien por las lesiones de Sergi Roberto y Pau Torres, que fueron sustituidos por Marcos Llorente y Eric García. El resto, los mismos jugadores de aquel recital frente a la Mannschaft que nos permite sacar los codos en las casas de apuestas con vistas a la próxima Eurocopa.

Choques

No se abrió de inicio la puerta a los debutantes, pues los cuatro (Robert Sánchez, Pedro Porro, Pedri y Bryan Gil) asistieron al pitido inicial desde el banquillo. Pero no por eso dejó de haber sorpresa en el once inicial. La vista se nos iba irremediablemente al lateral derecho, con Marcos Llorente y sus siete pulmones junto a la cal. Le falta ser árbitro y portero, todo se andará. Ejercía de lateral, pero su tendencia a subir, justo por el mismo carril que unos metros más arriba ocupaba Ferran Torres, hizo que los ataques de España se vencieran hacia ese lado derecho más que al izquierdo, donde Gayà y Olmo formaban pareja de baile.

Grecia defendía en bloque. Oscilaba de izquierda a derecha con Bakasetas como eje central. En principio, el jugador del Trabzonspor debía ser el faro ofensivo escoltado por Masouras y Limnios. John van’t Schip confesaba en la previa que era consciente de que el rival llevaría la iniciativa, aunque que de por sí no iba a renunciar al balón. Pero la cara de póquer le delataba. Frente a España uno sabe, sí o sí, que la pelota no es negociable. Es cierto que esta Grecia no es la del puño cerrado de Rehhagel, aquella que sorprendió a Europa con el título continental en 2004, pero por mucho aperturismo que se proclame le cuesta llevar la iniciativa.

Así que a la selección helena no le quedaba otra que aguantar el asedio de España. Koke protagonizó la primera ocasión de peligro con un doble remate en el minuto 13. La Roja se armaba de paciencia, con Ramos y Eric García iniciando cada uno de los ataques, en ocasiones un plan de vuelo demasiado previsible. España tocaba y tocaba, Grecia aguardaba y al partido era imposible hincarle el diente. Tenía más nervio que un filete de cinco pesetas, que diría nuestro compañero José Antonio Espina. El juego se embarulló a medida que avanzaban los minutos.

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Un par de choques aéreos, como el de Papadopoulos con Morata, balones perdidos, encontronazos como el de Rodri con Bakasetas… en definitiva, una serie de imprecisiones que ralentizaron el ritmo del partido, algo que jugaba descaradamente en nuestra contra. Y estábamos tan narcotizados que de repente, un derechazo de Dani Olmo al larguero casi nos hizo caer de la silla. Fue tal el despertar que sólo un minuto después llegó el segundo dardo, este sí con el gol como premio. Koke recibió en tres cuartos, levantó la cabeza y sirvió un pase gourmet a Morata, que controló el balón con el pecho y remató con la zurda ante un impotente Vlachodimos. A lo Cristiano, vamos, es lo que tiene entrenar y jugar junto al rey del remate.

Control inerte

El gol, eso sí, no alteró ni un ápice la estrategia helena. El equipo siguió anclado atrás, lo que dibujaba un escandaloso reparto en la posesión de balón: 80% para España y 20% para Grecia. Así se llegó al descanso y así se volvió de él. No había novedad en el juego aunque sí en las alineaciones con Siopis y Tzolis al campo en sustitución de Limnios y Mantalos, mientras que en La Roja Ramos cedía su lugar a Íñigo Martínez. Descanso para el de Camas (su cuerpo lo necesita), que suma un partido más al zurrón de internacionalidades: 179, a sólo cinco del récord mundial del egipcio Ahmed Hassan.

Y el central del Athletic no pudo tener peor estreno en el partido pues en el minuto 55 cometió penalti. En las eliminatorias no hay VAR, así que el veredicto del italiano Marco Guida no tuvo vuelta atrás. Debate, lógicamente, sí hubo, porque el central de Ondárroa despeja el balón y en su inercia golpea con los tacos sobre la pierna de Masouras. En mi opinión, Íñigo quizá mantiene en exceso su pierna arriba. No sé. Una falta que podríamos bautizar ya como a lo Modric (similar a la que le señalaron al croata el pasado fin de semana en Balaídos), pero penalti al fin y al cabo, transformado sin contemplaciones por Bakasetas.

Había que cambiar de aire, encontrar una marcha más en un juego demasiado monótono de la Selección. Luis Enrique apostó fuerte, con los versos sueltos de Pedri y Bryan Gil en sustitución de Olmo y Canales. Y poco después con Thiago y Oyarzabal en lugar de Koke y Ferran Torres. Pero el muro griego no cedió. Sólo alguna incursión por la izquierda de Gil amagó con crear una ocasión clara de gol. Pero esa no llegó. Lo único que llegó fue el pitido final de un partido que nos deja en fuera de juego. ¿Cómo se puede jugar tan bien ante Alemania y tan mal ante Grecia?

Foto: EFE

Benzema guió al Madrid para derrotar al Celta

Benzema

AS.- Benzema ha metido ocho goles en los últimos seis partidos. De eso podría vivir sin dar más explicaciones, pero se lo toma sólo como una parte de su trabajo. Capricho de Florentino y Zidane, ha roto en jugador total pasados los treinta. Organizar el equipo en torno a él y darle un rigor defensivo desconocido al grupo mantienen vivo al Madrid de las cuarenta y tantas lesiones, que equivalen como hándicap a unas elecciones presidenciales y a un aval ‘after hours’. Con dos goles del francés, en las maduras, y una defensa sólida, en las duras, el Madrid mantuvo intacta la condición de perseguidor ante un Celta que llegó tarde al partido.

Resumen del partido

La salida de Cristiano y el anochecer de Bale obligaron a la reeducación del Madrid, que ha completado una larga transición del vértigo (cultivado por Mourinho) al reposo. Sin el gol de otros tiempos, el plan es poner los partidos de su parte con los jugadores que lavan más blanco: Kroos y Modric. Cuanto más enfrían el duelo, más le conviene al Madrid. Ese fútbol que entra por la cabeza y sale por los pies que defendía Cruyff. Pregúntenle al Atalanta, incapaz de meter la eliminatoria en ese ida y vuelta que hubiera mareado a un equipo cargado de veteranos.

Para bajar la pulsaciones y que se viaje al ritmo que fortalece al Madrid valen los tres centrales o valen los cuatro centrocampistas, como en Balaídos, con Valverde, que a menudo juega fuera de onda: ni es pivote ni es exterior, pero para hacerse hueco en la industria está obligado a aceptar cualquier papel. Más si para su puesto idóneo tiene por delante a Kroos y Modric, el manual de instrucciones del equipo. El plan le funcionó de salida al Madrid, con Benzema en apoyo de todas las combinaciones, con ese punto de jugador todopoderoso en cualquier zona del campo, área incluida.

Oh là là

El Celta, en el que los de siempre forman también un amplio grupo, es otra cosa. Coudet no le tuvo a miedo a los jugadores de fantasía (Brais, Denis, Nolito, Aspas y Mina) cuando tomó a un equipo vicecolista y con una historia reciente tormentosa. Y tenía en la plantilla a Tapia, un recuperador que paga esta juerga ofensiva. Así que mezcló lo uno y lo otro.

Luego ha sido más inestable. Denis es su futbolista bisagra. Se empareja con Tapia para mejorar la primera circulación y se incorpora luego como rematador de segunda instancia. Pero el primer Madrid tapó todos los puntos ciegos. El ‘cuando se pone se pone’ que un día explicó Zidane para defender el voluntarismo (intermitente) del equipo. Otra cosa es que incluso en sus mejores momentos el Madrid no abruma en el área. Lo suyo es una ocupación tranquila, una caza de ojeo, una espera paciente de la pieza. Así llegó al gol, en una jugada de artesanía: recorte de Kroos, pase de precisión a Benzema y control y remate en milésimas de segundo del francés en una zona en que cualquier retraso mata la oportunidad.

Cumplidos los 33 años, Benzema ha conseguido que cada partido suyo sea mejor que el anterior porque cada día, además, atiende a más cosas. Ahora ‘distefanea’ con asiduidad, construye, filtra, ordena, cabecea, asiste, remata. El jugador total. ¿Dónde estuvo metido este tipo durante nueve años? Luego le regaló un gol a Vinicius, que se encontró la pelota en el pecho y se le marchó la ocasión.

La portería sigue llevándole la contraria pese a sus buenos propósitos. Y antes de la media hora, otro gol de este Madrid sacrificado y coral: robo de Kroos a Tapia producto de la altísima presión y gol de Benzema tras esperar a que se le abriera el cielo. Un calco del que inauguró el marcador ante el Atalanta. A equipos tan bien dotados como el Celta les avergüenza el más mínimo pelotazo y eso les pone en peligro ante los más grandes. Lo dice la aritmética: un punto de 27 contra los siete primeros de la Liga.

Aparece Aspas

Antes del descanso, el equipo de Coudet asomó la cabeza en una jugada a balón parado, que no está en las primeras páginas de su manual. Un centro frontal de Denis Suárez y un cabezazo libre de marca de Santi Mina a la red. Una jugada sin un antes pero que abría un después a los gallegos.

Y así fue. El 1-2 transformó al Celta en un equipo feroz en la presión, agresivo, extremadamente duro en ocasiones. Y desactivó ese juego de seda de los primeros minutos del Madrid. Quedó un partido radicalmente diferente: la pelota paso al Celta y el espacio, al equipo de Zidane. En definitiva, un partido más desmadejado pero aún más divertido. Un escenario mejor para los celestes y para Vinicius, cuya aceleración está fuera del alcance de cualquiera.

Ahí apareció el mejor Denis Suárez, para motorizar al equipo, y dio sus primeras señales de vida Aspas, que obligó a una parada notable de Courtois con un tiro traicionero.

La entrada de Asensio por Kroos le dio otro ala al Madrid y un rol más natural a Valverde. Coudet respondió con otro exterior, Solari, su petición invernal. Aspas tuvo tiempo de estrellar en el palo el saque de una falta que se inventó Melero. Fue el último grito del Celta, la última víctima de Benzema, que aún tuvo tiempo de regalarle un tanto a Asensio, ahora goleador exprés.

Foto: Reuters

Laporta es el nuevo presidente del Barcelona

Mundo Deportivo.- Joan Laporta es el nuevo presidente de la historia del FC Barcelona. El que fuera máximo mandatario del club azulgrana entre 2003 y 2010 se ha impuesto de forma abrumadora en las elecciones por delante de Víctor Font y Toni Freixa. Con 55.611 votos en la segunda mayor participación de la historia por detrás de las de 2010 (57.088), Laporta ha conseguido 34.184 votos (54,28%) superando los 16.679 de Font (29,99%) y los 4.769 de Freixa (8,58%).

Tras marcar territorio desde el momento en que anunció que se presentaba a las elecciones seis años después de perder ante Josep Maria Bartomeu (25.823 votos a 15.615) con el efecto demoledor de la pancarta colgada muy cerca del Santiago Bernabéu, Laporta tomará posesión a finales de esta semana o a inicios de la siguiente una vez deposite en la sede de LaLiga el aval por valor de 124 millones de euros. Será entonces cuando inicie un mandato que acabará el 30 de junio de 2026 ya que el final de la presente temporada cuenta como un año de los seis en total.

Resultados totales 

El triunfo de Laporta simboliza el cambio reclamado en las urnas por los socios rompiendo con el modelo de Josep Maria Bartomeu, que dimitió de su cargo el 27 de octubre pasado después de que más de 20.000 socios firmaran a favor de un voto de censura que ya no llegó a celebrarse.

Las elecciones, inicialmente previstas para el 24 de enero pero aplazadas debido al repunte de la tercera ola de la pandemia y el confinamiento municipal que impedía el máximo sufragio posible, han significado una fiesta para el barcelonismo. La organización de la entidad, con empleados de varias áreas multiplicando esfuerzos, ha sido impecable en un contexto de dificultad por la pandemia y descentralizada (seis sedes) por primera vez en la historia. La fuerza de la masa social blaugrana y la singularidad del club han dado la vuelta al mundo una vez más especialmente con imágenes como la de Leo Messi ejerciendo por primera vez su derecho a voto como socio del Barça junto a su hijo mayor Thiago.

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Atar la continuidad del capitán y mejor futbolista de la historia del FC Barcelona es precisamente el gran reto que se ha impuesto el propio Laporta, convencido en plena campaña de lograr su objetivo: “Sabe que todo lo que le he dicho siempre lo he cumplido, así me lo ha hecho saber.

Empieza una nueva era en el Barça con muchos más desafíos por delante: reducir la deuda y la masa salarial, relanzar el Espai Barça, recuperar los ingresos y devolver al primer equipo de fútbol a lo más alto a nivel europeo. A partir de este lunes hablará ya con Ronald Koeman para trazar el nuevo proyecto con retos muy ambiciosos para demostrar que la “experiencia”, uno de los términos más empleados por Laporta durante la campaña, es el camino para cumplir sus objetivos.

Foto: Mundo Deportivo

Benzema mantiene vivo al Real Madrid ante el Atlético

Marca.- Karim Benzema evitó la eliminación del Real Madrid en LaLiga. Una jugada tejida junto a Casemiro y Lucas, los tres mejores futbolistas blancos del derbi, anuló la ventaja de un Atlético que trabajó la victoria durante 70 minutos, y que perdonó la sentencia con reiteración y alevosía. Fue superior, tuvo más y mejores opciones, pero en el arreón final del Madrid flaqueó la confianza. Hay Liga.

Como es lógico, al Atlético le cayó el empate como un tiro. Marcó pronto con los dos hombres más temidos por los blancos, Llorente y Suárez (Joao fue suplente, asunto también relevante), y perdonó un puñado de ocasiones claras generadas por mayor calidad y ritmo. Pero no remató, y no sirvió el repliegue intensivo al final. El empate, además, restó trascendencia a la polémica mano de Felipe, no pitada por Hernández Hernández tras revisarla el VAR. Motivos para la queja tienen todos. Los que vieron acierto y los que vieron error. Ya no sabe uno a qué carta quedarse.

Resumen del juego

El Atlético no esperó. La alineación del Cholo presumía un equipo versátil, capaz de lanzarse con carrileros o pararse con cuatro atrás según conviniera. Esa apuesta supuso el sacrificio de Joao Félix de salida, ¿y saben qué? Pocos se acordaron de él durante el primer tiempo. Porque el Atlético presionó, mandó, invitó al Madrid a dominar para descubrirse y amenazó siempre con más fundamento que su rival. La presión alta de salida dio resultado al cuarto de hora, en un desajuste blanco aprovechado por Llorente. Se lanzó Mendy al extremo, amarcelado, dejó un páramo a su espalda y Marcos detectó el espacio. Sorteó la entrada de Nacho y lanzó la contra. Aguantó el desmarque de Suárez, que caminó por el alambre del fuera de juego hasta recibir el pase, perfilarse contra natura y meter el exterior, precioso, para superar la salida de Courtois.

Llorente y Suárez son dos piezas que no puso de salida el Real Madrid. Ni el centrocampista potente y llegador ni el ariete profesional y venenoso. No los tiene. Sobre todo gol. Zidane eligió salir con extremos, Asensio y Rodrygo, y aportaron poquísimo. Ni uno ni otro desbordaron, y no compensó el trabajo defnsivo que aportaron. Se jugó a lo que quiso el Atlético, que replegó tras el tanto y respiró sin la bola para preparar la contra. Brilló Lemar, con pelota y en la recuperación, y Koke en el manejo. Comandante en jefe de los ejércitos atléticos.

Los blancos ensayaron desde lejos para disolver la acumulación de defensores rojiblancos. Probó Casemiro, obligando a intervenir a Oblak, y trató de llegar por los costados. Ahí, en un córner desde la izquierda del ataque madridista, llegó la mano de Felipe que Hernández Hernández revisó en el VAR. Conste que era poca cosa para cobrar pena máxima, pero no tienen suerte los blancos con el árbitro canario, que juzgó como lance fortuito lo que otras tardes acabó en penalti. Como Negredo ante la Real.

El segundo acto agrandó las diferencias. Carrasco aprovechó el perfil de Lucas, que bastante hace como lateral, y pudo firmar la sentencia. Error de Varane, servicio inteligente de Suárez y gran parada de Courtois, gigante en el mano a mano. Llorente voleó el rechace junto al larguero. El meta belga tapó otra casi seguida de Suárez, y Correa pudo volear una ocasión clamorosa, solo en el área. Sí, el Madrid iba perdiendo, y en su intento de alcanzar la igualada se destapó atrás.

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Los cambios fueron obligados. Entraron Valverde y Vinícius, que agilizaron el ataque blanco. Menos esperados fueron los relevos del Cholo, especialmente con los hombres retirados: Carrasco y Lemar. Dos tormentos para los blancos, aunque justos de oxígeno. Saúl aportó equilibrio. El caso es que el partido estaba vivo y abierto, expuesto a cualquier falta, centro lateral, error… Y sí, pudo llegar el empate en una concesión de Correa, espeso en el tramo final. Se escapó Vinícius, sirvió un balón extraordinario a Benzema que remató de primeras y Oblak contestó con un milagro. No sólo eso. El esloveno se rehizo, acudió al palo derecho y llegó a tiempo de tapar el segundo tiro a quemarropa de Karim.

Esa oportunidad descubrió la flaqueza rojiblanca en el tramo final. Aunque entró Kondogbia por Correa, el Atlético ya no parecía de granito, y tampoco amenazaba en ataque. A falta de dos minutos, Lucas controló en la derecha, cedió a Benzema para que descubriera el desmarque de ruptura de Casemiro, le metió la bola y el brasileño destapó toda su finura. Amagó el tiro, cedió atrás y Karim anotó a puerta vacía. Un empate trabajado, sin duda, especialmente en el tramo final, y que deja la Liga abierta de par en par. Porque quien ganó en el Metropolitano fue el Barça, que ya echa el aliento a los rivales madrileños.

Foto: Reuters