El «Grande Torino»: un equipo de leyenda que nunca morirá

Tony Cittadino (Madrid).- Hay equipos que se convierten en leyenda y referencia, como el “Grande Torino”. El equipo italiano tuvo un trágico accidente el 4 de mayo de 1949, cuando toda la plantilla perdió la vida al estrellarse el avión en la Basílica de Superga.

Para la época la escuadra fue más que un ejemplo a seguir. Fue la forma de vida de una ciudad que seguía a sus guerreros en el campo, a pesar de que la Juventus siempre fue y es la consentida.

Muestra de ello, es que la crema y nata de la selección italiana bicampeona mundial en 1934 y 1938, tuvo como principales protagonistas a jugadores del Torino. En sus 100 años de historia han ganado siete campeonatos nacionales (1926-1927 revocado), cinco Copas de Italia y tres ligas de plata (Serie “B”).

Nace el Torino FC

Para los fanáticos del Torino su club es una leyenda, un mito, una tradición que es parte de la historia del calcio. Los antecedentes de su creación se remontan a principios de la década de 1890, cuando industriales suizos e ingleses implementaron este deporte en la ciudad. Pero, un año más tarde fue que se creó el primer club llamado “Internazionale Torino”, que en 1894 se dividió y nació el “Football Club Torinese”.

Ya en el año 1900 los clubes vuelven a fusionarse y en 1906 se creó el “Torino Fútbol Club”. La entidad fue formada en un antiguo local por una alianza con ex jugadores de la Juve, guiados por el suizo Alfredo Dick y con Hans Schoenbrod como presidente, quien era un jugador de características modestas y un apasionado dirigente.

Sus primeros pasos los dieron en el “Velódromo Humberto I”, estructura que el 8 de mayo de 1898 fue la cuna del primer campeonato de fútbol italiano. Aunque los antecesores del Torino tenían una vestimenta particular, el equipo decidió tener identidad propia al implementar el color vinotinto en sus uniformes, pues los antiguos clubes utilizaban una camisa con ribetes verticales amarillos y negros.

Dos son las versiones que explican la decisión del color: para algunos el que tuvo la idea fue Dick y para otros fue en honor a Del Duca, presidente honorario, pues fue elegido en honor a la Brigada de Savoia que en 1706 salió victoriosa  en la liberación  de Torino por el asedio de los franceses.

El primer partido oficial fue jugado en la ciudad de Vercelli el 16 de diciembre de 1906, contra el Pro Vercelli, con victoria de tres goles por uno. Asimismo, el primer derby de la ciudad fue el 13 de enero de 1907 y vencieron a la Juve dos por uno. Un mes más tarde los volvieron a derrotar, ahora con goleada (7-1).

Italia de luto

La secuencia triunfal del “Grande Torino” se interrumpió trágicamente el 4 de mayo de 1949, a las 5:05 de la tarde. Los jugadores volvían a casa luego de disputar un amistoso con el Benfica, en Lisoa, acordado previamente por los dos capitanes de los clubes.

Mazzola y Ferreira se habían conocido en una ocasión, tras el juego entre Italia y Portugal jugado en Génova. El portugués le pidió al italiano realizar un cotejo entre ambas oncenas, en ocasión de su retiro del fútbol. El choque se jugó el martes 3 de mayo de 1949, en un estadio con 40 mil personas y el equipo granata cayó derrotado 4-3.

Al día siguiente, toda la escuadra salió de Portugal en el avión I-Elce. El estado del tiempo era pésimo, con nubes bajas y fuertes lluvias. Luego del último contacto con la estación de radio, quizás por causas del mal tiempo o por volar muy bajo, se estrellaron contra la Basílica de Superga.

La tristeza fue el común denominador en el pueblo italiano,  pero el peor momento le tocó a Vittorio Pozzo, al tener que reconocer los cuerpos de sus muchachos. En total perecieron 31 personas entre atletas, dirigentes, periodistas y otros miembros del club.

Los jugadores que murieron fueron: Valerio Bacigalupo, Aldo Ballarin, Dino Ballarin, Emile Bongiorni, Eusebio Castigliano, Rubens Fadini, Guglielmo Gabetto, Ruggero Grava, Giuseppe Grezar, Ezio Loik, Virgilio Maroso, Danilo Martelli, Valentino Mazzola, Romeo Menti, Piero Operto, Franco Ossola, Mario Rigamonti, Giulio Schubert y los entrenadores Egri Erbstein y Leslie Levesley.

La conmoción fue tal, que una larga e ininterrumpida procesión le rindió homenaje en el centro de la ciudad y medio millón de personas participaron en los actos fúnebres el 6 de mayo.

De esa escuadra se salvaron sólo cuatro jugadores, que por diversos motivos no fueron parte en la convocatoria. Renato Gandolfe, Sauro Tomá, Luis Gandolfi y Ferruccio Novo.

La stagione culminó con los equipos juveniles y ganaron todos los choques, terminando el campeonato con 60 puntos, cinco de ventaja sobre el Inter (2do). Sin embargo, fue un triunfo amargo, marcado siempre por el imborrable recuerdo de la tragedia. Entre los múltiples homenajes realizados desde entonces, el Stadio Olímpico de Torino ahora lleva el nombre Stadio Olímpico Grande Torino en honor a un equipo que jamás será olvidado.

 

Roger Cedeño, el veloz outfielder que le agradece su carrera al Caracas (+Video)

Tony Cittadino (Mallorca).- Roger Cedeño recuerda su paso por los Leones del Caracas como los días más importantes y valiosos de su carrera. El otrora jardinero central vistió durante el uniforme melenudo durante 10 temporadas, que considera le ayudaron además a establecerse en las Grandes Ligas.

Cedeño nació en Valencia, estado Carabobo, el 16 de agosto de 1974 y debutó con Leones en la temporada 1992-1993, con apenas 18 años. En esa zafra terminó ganando el premio Novato del Año, luego de batear para .268 (194-52) en 54 juegos, con 13 carreras impulsadas y 26 anotadas. Además se robó 20 bases, en una demostración de velocidad que lo distinguió durante toda su carrera.

“Quien me ayudó en toda mi carrera fue el Caracas, porque me dieron la oportunidad. Tenía 17 años y competí con uno de los mejores como Bob Abreu. Lo mejor es que él no es bueno sólo como jugador, sino como persona. Es mi hermano. Le debo mucho a los Leones y a la afición”, comentó Cedeño, quien había superado al “Comedulce” en la votación para el galardón.

“Entre nosotros nunca hubo competencia, porque estábamos concentrados en jugar y que los números hablaran y fue algo muy bonito que vi de Bobby. Supimos con tan corta edad, manejar la situación. El equipo era primero de los títulos personales, porque sabíamos que eso iba a llegar”, recalcó.

Cedeño se consolidó como uno de los mejores outfielders y primer bate del circuito venezolano. Además de poseer velocidad y contacto, también tenía la habilidad de batear a los dos lados del plato. En la campaña siguiente, tuvo el honor de jugar la primera final entre los “Eternos Rivales”, ante los Navegantes del Magallanes. Los turcos se impusieron en siete dramáticos juegos, algo que todavía recuerda con ganas de revancha.

“Recuerdo todo, porque me marcó mucho. Me hablas de eso y se me eriza la piel, pero hablando muy criollo, todavía estoy picado porque era una serie muy importante. Era como la del 99, cuando con los Mets nos enfrentamos a los Yankees. Ojalá pudiéramos retroceder el tiempo, pero no se puede”, dijo entre risas.

“La Gacela” fue parte de una generación del Caracas muy talentosa en la década de los 90, entre quienes estaban Carlos Hernández, Ugueth Urbina, Carlos Méndez, Omar Vizquel, Omar Daal y Abreu. Los melenudos disputaron su segunda final consecutiva en la campaña 1994-1995, ahora ante las Águilas del Zulia. Fue la famosa serie que Vizquel cambió con su regreso de Estados Unidos y que ganaron bajo la dirección de Pompeyo Davalillo.

Para Cedeño fue otra final especial, porque el Zulia era su equipo de niño. “Yo tenía un arroz con mango, porque mis padres y mis primeros tres hermanos eran del Zulia, aunque yo nací en Valencia. Todos pensaban que yo era magallanero. Esas dos series fueron muy especiales, aunque desde que firmé era de los Leones. Mi familia también se cambió de equipo”, explicó desde su casa en Sarasota, en Estados Unidos.

Cedeño volvió a jugar otra final en la zafra 1996-1997, nuevamente ante Magallanes. Esta vez, los turcos se llevaron el título en cinco juegos. “La oportunidad de ganar era muy bajita. Magallanes se creció ante nosotros y son momentos y emociones que no viviremos nuevamente. Lo tenemos en el corazón como si hubiese pasado ayer”, dijo. En esa final jugó todos los partidos, pero tan sólo dio un hit en 17 turnos.

Regresó a la cueva

Cedeño regresó a los Leones en la zafra 2006-2007, luego de cinco temporadas de ausencia. Para entonces, estaba consagrado en las Grandes Ligas y tenía 32 años de edad. Comenzó la zafra con un equipo que venía de titularse en Venezuela y en la Serie del Caribe con Carlos Subero como manager.

Sin embargo, el estratega fue despedido y su lugar fue tomado por Hernández, el emblemático receptor de la década de los 90. Cedeño contó que fue una experiencia particular, pues habían sido compañeros de equipo en Venezuela y en las Grandes Ligas.

A propósito, recordó una anécdota de un juego ante los turcos, en el que salió como bateador emergente y con fiebre, pero pudo conectar un jonrón. “Carlos entró al club house y yo no valía medio. Cuando salí a batear, no tenía la licra debajo del pantalón y tenía unos zapatos de goma. No estaba ni uniformado, pero quería jugar como sea. Estaba mareado. Siempre tuve en mi mente, que no podía estar debajo en la cuenta por cómo me sentía. Al primer pitcheo, me lanzó una recta alta y le di el jonrón. Cuando iba pasando las bases, era como una película. El estadio estaba cayéndose. Esos momentos valen más que cualquier fortuna. Más cuando es en el país, con el Caracas y contra el Magallanes”, dijo emocionado.

De los managers que tuvo en el Caracas, consideró que Pompeyo fue el mejor. “Me encantaba, porque era una persona muy astuta. No sabías con qué iba a salir y que Dios lo tenga en la gloria. Era muy auténtico. Te podía poner a tocar la bola en pleno turno y no jugaba con el libro. Eso era una de las cosas que me gustaban de él. Hoy cuando te pones a analizar, se están saliendo muchas cosas de lo que se hacía en ese momento. Hoy el primer bate no aguanta tanto strike. Lo dejan batear. Era una de las cosas que me costaba, porque no fui zurdo natural”.

También tuvo palabras para Phil Regan, quien lo dirigió en la zafra 1998-1999 y se reencontraron tras su inicio con los Dodgers de Los Ángeles en las Grandes Ligas. En esa campaña, jugó otra final y la perdió ante Cardenales de Lara. El conjunto crepuscular también le había ganado a los Leones en la zafra anterior.

“Regan fue un mentor para mí. No solamente me ayudó como manager, sino también como persona. Es un manager como Bobby Valentine. Confiaron en mí y me ayudaron a lograr lo logré. Aunque me faltaron muchas cosas, igual hay que ver para adelante”, sostuvo.

Sus conocimientos

Cedeño fue uno de los mejores outfielders de su generación. Tenía alcance, velocidad y buen brazo. Explicó que una de las claves para partirle mejor al batazo, es saber oír el contacto de la bola con el bate y aislar el ruido que existe en el estadio.

“Tienes que tener una gran concentración, porque con el sonido tienes una idea. El sonido es diferente cuando le dan bien, cuando le dan mal, cuando es un elevado o una línea. Luego tienes que dar tres pasos para seguir la pelota y calcular la distancia”.

Su velocidad en las bases también fue otra de sus cualidades. Por ejemplo, en la temporada 1999 de Grandes Ligas, tuvo el récord de 66 bases robadas en 155 juegos con los Mets de Nueva York. En sus 11 años en las mayores, estafó 213 almohadillas.

“La diferencia cuando me hacían out, era de 10 o 15 centímetros. Uno se roba la base en el salón de video. Ahí te dan el primer movimiento del pitcher. La base se roba en el primer paso. Si arrancas bien, tienes chance”, explicó quien tuvo a Iván Rodríguez como uno de los principales receptores rivales para impedir su movimiento en las bases.

“Algo que aprendí de Rickey Henderson y de Mookie Wilson, es que al pitcher zurdo no puedes verle el movimiento para robarle una base. Si lo haces, el 80% de las veces vas a salir tarde y ellos están especializados en lanzar a primera. Yo en los videos veía cuando al zurdo le gustaba lanzar a la primera. Unos lo hacían al primer lanzamiento y otros luego de dos envíos al home”, expresó el tío del grandeliga Yangervis Solarte.

Cedeño dijo que le gustaría desempeñarse como coach con el Caracas. “Ahora tengo más tiempo y me estoy preparando. No descarto la posibilidad y ahora sí me gustaría”, finalizó el mítico 47 del Caracas..

Renny Duarte, el pitcher venezolano que se abrió camino en España (+Video)

Tony Cittadino (Mallorca).- Renny Duarte recuerda con gratitud su paso por la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Su experiencia con cuatro equipos durante 13 años, le sirve ahora para transmitirla a los prospectos y a los jugadores de la selección de beisbol de España, en la que es coach de pitcheo.

“Llegué a España en el año 2003 como jugador y estaba aconsejado por José Miguel Nieves. Su hermano, Juan, estaba en España y me dijo que quería hablar conmigo, porque allí se jugaba beisbol. Estaba con Caribes y no sabía qué hacer. Estaba indeciso”, dijo Duarte en el podcast Deportivísimos que realizamos junto a Luis Martínez.

Explicó que al comienzo adaptarse a la liga española fue difícil. “Cuando llegué y te juro que quería regresarme a la semana. Fue difícil. Siempre cuento la anécdota de que en muchas cosas del beisbol, se usaban las del fútbol. Por ejemplo, para ser expulsado, el árbitro te sacaba una tarjeta roja. No lo cuento como burla, sino para explicar cómo era el beisbol en ese tiempo”.

Sin embargo, considera que el beisbol no sólo ha crecido en España, sino también en Europa, gracias también a la visión global que le ha dado las Grandes Ligas en la última década, en especial con el Clásico Mundial de Beisbol.

“Poco a poco ha ido mejorando, porque muchos jugadores que han ido a jugar se han quedado como residentes o ciudadanos europeos. Le dan interés y nivel a la liga”, recordó. Además dijo que el cambio de ritmo y dinámica para los jugadores es diferentes, por la menor cantidad de juegos a la semana.

“Un abridor lanzaba un juego a la semana y como mínimo lo hacía en siete u ocho innings y podía cubrir lo que podía hacer en dos aperturas. El problema era para un jugador de posición, que estaba acostumbrado a jugar todos los días. Podías jugar sólo dos juegos a la semana y si te fue mal, sabes que tienes que esperar a la semana siguiente”.

Durante su estadía con los Marlins de Tenerife, se fue desempeñando como jugador y coach del equipo y su deseo de querer ayudar y enseñar fue en aumento. “Fue una de las cosas que me ayudó para que fuera coach de pitcheo de la selección española, una vez que me retiré en Venezuela con los Cardenales de Lara”.

Duarte comparte además su trabajo en la novena española con el manager Luis Sojo. “Puse su nombre. Tuve muchas conversaciones con Luis. Lo conozco de hace muchos años y es una persona de tomar retos. La idea es que podamos estar en el Clásico Mundial”. España participó en el torneo en la edición de 2013, pero no pasó de la primera ronda.

“Caímos en un grupo facilito. Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico. Tuvimos juegos de preparación con Orioles y Piratas y fueron un desastre completo, sobre todo a nivel de pitcheo”, dijo entre risas. “Sabíamos que nos estábamos enfrentando a los tres monstruos en el beisbol. No tengo dedos para contar la calidad de los rivales. Pero dejamos un buen sabor”.

 Su experiencia con Leones

Duarte lanzó durante siete temporadas con los Leones del Caracas, equipo con el que debutó en 1996 y alternó funciones de pitcher abridor y relevista. Tuvo dos etapas. La primera desde la campaña 1996-1997 hasta la 2000-2001 y la siguiente, en las zafras 2006-2007 y 2007-2008. El derecho definió su paso por los melenudos como su época dorada en el beisbol.

“Jugar con Leones me ayudó mucho. Phil Regan era el manager y se sabía que no le gustaban los jugadores jóvenes. Decía que era una liga para ganar. Hicimos unos juegos de gira contra el Magallanes y me fue bien. Luego me dijo que haría una excepción conmigo, para ver si podía demostrar algo en el equipo grande. Yo quería aprender y miraba a mi alrededor y veía jugadores que yo veía por televisión”.

En su primera temporada con los melenudos, Duarte lanzó en 13 juegos, todos como relevista. Ganó tres y no perdió, con 1.82 de efectividad en 24 innings y dos tercios de labor. Permitió 11 hits y cinco carreras, todas sucias. Dio ocho boletos y ponchó a cuatro. Fue la temporada de la segunda final entre los “Eternos Rivales”, que perdieron con los Navegantes del Magallanes.

Duarte perteneció a una camada importante de jugadores del conjunto capitalino en la década de los 90, entre los cuales estaban Bob Abreu, Roger Cedeño, Omar Daal, Carlos Hernández, Carlos Méndez y Ugueth Urbina.

“Me hicieron sentir parte del equipo. Al ver que ese muchacho estaba dando el 100%, hizo que me tomaran parte del equipo. Un Carlos Hernández u Omar Daal se portaron súper bien. En esa época, había una gran química en el equipo”, recordó.

Su mejor temporada en Venezuela, fue la 97-98. Ganó siete juegos y perdió uno, con 3.56 de efectividad en 13 juegos, 10 de ellos como abridor. Ponchó a 25 en 68 innings y un tercio. “Estaba peleando el premio Pitcher del Año, con Breiker Graterol que estaba con Cardenales de Lara, organización que tenía un gran equipo. De hecho, jugamos la final. No era solo tener grandes jugadores en tu equipo, sino los rivales. Magallanes y Lara, tenían estrellas. Era un nivel de competencia increíble”, sostuvo el coach de los Piratas de Pittsburgh en la Liga de Verano de República Dominicana.

Lo que más extraña del beisbol es el clásico Caracas-Magallanes. “Es algo que te marca para bien. Te encuentras 25 mil personas en un estadio, en el que no hay silencio por tres horas. Un hielo por aquí. Un vaso por allá y te recuerdan a tu mamá de vez en cuando. El ambiente de esos juegos en Caracas o en Valencia, era de verdad increíble. El público es un jugador más”.

Duarte explicó que el mejor manager que tuvo en su carrera fue Regan. “Fue el que me dio la oportunidad y luego tuvimos más conexión. Su sabiduría del pitcheo está fuera del planeta. El año pasado en el Spring Training tuve la oportunidad de verlo en el complejo de los Mets y tiene una lucidez increíble”.

Los peloteros más difíciles que enfrentó fueron Luis Sojo, Edgardo Alfonzo y Oscar Azocar. “Los tres tenían algo en común. En ese momento que estás en acción te cuesta pensar y lo descubres cuando estás fuera del juego. Podía hacerlo out con el pitcheo más simple y no con el más difícil. Cuando buscaba el pitcheo más difícil, me metía en problemas. Bateaban pitcheos fuera de la zona”.

Su segunda etapa en Leones se dio porque los Tiburones de La Guaira no lo firmaron. Los salados lo invitaron a los entrenamientos, pero no lo atendieron. El mismo día en el estadio Universitario pudo hablar con Carlos Subero (manager) y Julio Franco (coach de pitcheo) y le consiguieron invitarlo a las prácticas.“Recuerdo que en los entrenamientos parecía un muchacho de 17 años, recién firmado. Corría y  sudaba, quería mi trabajo. Faltaba el visto bueno de Oscar Prieto y en un juego de práctica ante La Guaira, lancé dos innings y ponché a cinco bateadores. Cuando me dijeron que el equipo me iba a firmar, llegué al hotel y se me salieron las lágrimas. Ese año me dije yo mismo que sí podía, cuando me proponía algo”.

El ex jugador nacido en 1977 disputó cinco finales en Venezuela, pero no ganó. Perdió tres con Caracas (96-97 vs Magallanes, 97-98 y 98-99 vs Lara) y una con Caribes (03-04 vs Aragua) y otra con Lara (07-08 vs Aragua).

“No conseguir un título hace que te quede un sabor amargo. A veces pienso que la pava era la mía”, confesó en broma. “La final que más me confortó fue la primera ante Cardenales, porque luego me llevaron de refuerzo para la Serie del Caribe en Puerto La Cruz”.

El zuliano dijo que le gustaría trabajar en un futuro como coach en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. “Me gustaría hacerlo, si se presenta la oportunidad. El año pasado me contactaron dos equipos, pero no pude. Uno por el trabajo que tenía en Europa y otro, por el tema de la familia. No me sentía seguro, por la situación del país. La situación económica tampoco me convencía mucho”.

Más preparación

El beisbol ha cambiado y evolucionado en los últimos 30 años. Desde la preparación de los peloteros, hasta la expansión de mercadeo y modificación de las reglas. Duarte considera que es algo positivo y que hay que adaptarse a los cambios, además de resaltar la buena forma física de algunos jóvenes en comparación con su época.

“Uno de los cambios es cómo individualizar el aspecto físico de cada jugador, implementando las tecnologías de hoy en día para descifrar como un pitcher puede mover mejor sus piernas, sus pies, sus caderas, su pelvis o ver los dedos al final, para ver cómo sale la bola de la mano. Los pitchers ahora tienen más velocidad. No tienen el mismo control o el comando de hace años”.

El otrora lanzador derecho, cree que hay que estudiar permanentemente y aceptar los cambios, para mantenerse en la industria y aprender. “Ya se perdió la esencia. Yo no quiero que se pierda, pero trabajando en este medio tengo que seguir apoyándolo. No estaré de acuerdo, pero me ayudará a mi trabajo y a su vez a muchos peloteros para que lleguen a su mejor nivel”.

Duarte no pudo llegar a las Grandes Ligas, pero estuvo en el sistema de ligas menores con Anaheim entre 1996 y 2000.  Su mejor consejo para la nueva camada es tener las ganas y la determinación de ser jugador profesional.

“Preguntarse por qué quiere ser pelotero y por qué hay que entrenar de alguna manera, para llegar a dónde quiere. La determinación y la pasión dedicada a la profesión, tiene que mantenerse el 100%”, finalizó.

Duarte lanzó un total de 13 temporadas, en las que dejó marca de 32-30 en 178 juegos, 45 como abridor. Su efectividad de por vida fue de 4.36, con 192 ponches en 436 innings completos.

 

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Así fue la final entre Lara y Aragua en la temporada 1975-1976

Tony Cittadino (Caracas).- Los Tigres de Aragua y los Cardenales de Lara fueron los equipos protagonistas de la primera expansión de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP) y dirimieron el título de la temporada 1975-1976. Los felinos se quedaron con la tercera corona de diez que suman en la pelota criolla.

¿Qué pasaba en esos días en Venezuela? Era un año bisiesto, el presidente de la República era Carlos Andrés Pérez y “El Puma” José Luis Rodríguez declaraba a viva voz que sí había engañado a su esposa Lila Morillo. Además otro acontecimiento nacional por esos días previos a la final, fue la primera boda del animador Gilberto Correa.

Los primeros dos choques de la final se realizaron en Barquisimeto (24 y 25 de enero) en el estadio Antonio Herrera Gutiérrez y el conjunto crepuscular picó adelante con par de victorias (6-3 y 6-1). En ambos choques el cubano-venezolano Aurelio Monteagudo se apuntó los rescates.

En el juego uno, Orlando González anotó la primera carrera del juego por balk de Bill Campbell. El pitcher ganador fue Dave Pagan (8.1 IP, 36VB, 3CP, 3CL, 10H, 4K, 3BB). La venta de todos los boletos dejó la cantidad de 90.600 bolívares en taquilla. Una fortuna para entonces. El mejor a la ofensiva por Lara fue Mike Adams al ligar de 4-2, con jonrón y tres impulsadas .Por Aragua destacaron Duaine Kuiper de 5-2 y Faustino Zabala de 4-2.

En el segundo juego, las actuaciones de José Herrera (HR, 3 CI) y del receptor Vic Correll (2B, 2CI) fueron determinantes para el triunfo. El brazo zurdo Scott McGregor (7.1 IP, 1CP, 1CL, 1K, 1BB) se apuntó el triunfo. El perdedor fue Mark Wiley (5.0 IP, 6CP, 6CL, 3K, 3BB).

En ese segundo duelo la novena de Aragua realizó un triple play en el séptimo tramo. Fue el único del campeonato. Jim Masson dio hit a la izquierda y Correll lo movió a la intermedia por boleto. Con dos en base, Adams Jones bateó un duro rolling por la tercera base que tomó Richad Dunn de un bote, pisó la almohadilla para retirar a Masson y lanzó a segunda base, donde Octavio Rojas dobló al corredor y su pívot perfecto a la inicial liquidó en primera a Jones.

Barrida felina en Maracay

El martes 27, la serie se mudó al José Pérez Colmenares de Maracay y allí  los Tigres barrieron en los tres duelos que disputaron en su casa, con victorias 5-2, 6-1 y 7-6. En el juego 3, Willie Prall lanzó pelota de siete hits en ocho innings completos y Manuel Sarmiento se llevó el rescate para darle la primera victoria a Aragua. Por los felinos Tim Hosley y Terry Whitfield sacaron la bola del parque. El abridor y perdedor por los visitantes fue Clarence Metzger (8.0 IP,  32VB, 5CP, 5CL, 8H, 2K, 2BB).

Los felinos igualaron la serie a dos en el cuarto juego de la gran final. El lauro fue para Campbell (6.0 IP, 20VB, 1CP, 1CL, 5H, 2K, 4BB), Sarmiento rescató otro cotejo (3.0 IP, 11 VB, 2H, 2K, 1BB) y la derrota fue para el zurdo Mike Mahler (5.2 IP, 24VB, 6CP, 6CL, 6H, 1K, 3BB). A la ofensiva destacaron vuelacercas de Zabala y Hosley.

En el quinto compromiso un error de Masson en el octavo inning hundió a Lara con la rayita de la diferencia. Con dos hombres en base, un elevado de sacrificio de Zabala movió a los corredores, para que una rolata de Teolindo Acosta provocara la pifia y con ella la anotación que a la postre le dio el triunfo a Aragua para liderar la serie 3-2. Antes de ello, los felinos lograron una poderosa reacción ante Pagan, quien había lanzado juego sin hits ni carreras hasta el quinto capítulo, cuando le pisaron el plato en cuatro ocasiones para igualar las acciones.

Desenlace en siete juegos

Las serie regresó a Barquisimeto y el sábado 30 de jugó el sexto choque. Un gran relevo de parte de Monteagudo se combinó con cinco doble matanzas para la victoria de Lara de cuatro por dos, para igualar la serie y forzar el séptimo duelo. En el octavo inning le voltearon el marcador a Lavelle con dos carreras. Correll pegó hit y Adams lo llevó a segunda con boleto, para anotar más tarde con sencillo de Masson al centro. Luego Dave Bergman (3-3, 2CI) remolcó otra con doble por la derecha. Ganó Monteagudo y perdió Lavelle.

El último juego se realizó el domingo 1 de febrero. Los visitantes picaron adelante con tres rayitas en el tercer tramo. Cabell recibió boleto y Adrian Garrett lo llevó a la segunda con hit a la derecha y llegó a la antesala por error del inicialista. Con hombres en las esquinas, doble de “Cookie” Rojas impulsó una y luego ambos anotaron con sencillo de Zabala.

En el quinto tramo aumentaron la ventaja con hit de Kuiper y dobles consecutivos de Concepción y Whitfield. En el octavo volvieron a la carga, cuando Zabala abrió con jonrón y, tras dos outs, doble de Concepción lo llevó a segunda y más tarde anotó con sencillo de Cabell.

Cerrando el noveno inning, con dos outs y bateando Andre Dawson en cuenta de 2-2, el árbitro principal Armando Rodríguez se vio obligado a confiscar el choque a favor de los Tigres, pues los fanáticos de Lara, ofuscados por una inminente derrota, comenzaron a lanzar botellas al terreno, para darle el triunfo a su rival siete por tres.

Lo que dijeron los managers

Oswaldo Virgil (Aragua): “A pesar de las dos derrotas sufridas en este mismo parque al comenzar, confiaba en el título final porque ninguno de mis hombres decayó en momento alguno. Tenía a Concepción y Cabell lesionados, pero respondieron como quería. Es indiscutible que Fausto Zabala fue el pelotero más útil, tanto a la defensiva  como a la ofensiva. Cuando salimos de Maracay con un triunfo arriba, les hablé a todos y manifesté que en Barquisimeto teníamos que dividir para titularnos. Es indudable que los Tigres son un gran equipo. De nada me puedo quejar”. El Universal, lunes 2 de febrero de 1976.

Robert “Bobby” Cox (Lara): “No hay duda, Aragua jugó mejor beisbol, nuestra defensiva se desplomó y por allí se colaron muchas carreras. Al caerse la defensa nuestros pitchers fueron perjudicados, pues tampoco hay duda de que lanzaron bien, pero no tuvieron respaldo. Allí estuvo la diferencia. Nosotros estuvimos mal en la defensa, tanto en Maracay como aquí. Además, no hubo productividad en el bateo. Los Tigres ganaron merecidamente”. El Nacional, lunes 2 de febrero de 1976.

 

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Gregorio Petit disfruta su nueva etapa como manager en Houston (+Video)

Tony Cittadino (Mallorca).- Gregorio Petit disfruta su nueva etapa como manager. El ex jugador de los Leones del Caracas, dirige al equipo doble A de los Astros de Houston, en una experiencia que se ha visto paralizada por la pandemia del coronavirus y que espera retomar cuanto antes.

El nativo de Ocumare del Tuy, participó este martes en el podcast Deportivísimos, que realizamos junto Luis Martínez y explicó que tomó la decisión luego de ser dejado libre el año pasado por los Filis de Filadelfia. Confesó que la idea de apartarse del terreno de juego surgió tras cumplir 40 años y que lo haría cuando algún equipo en Grandes Ligas lo dejara en libertad injustamente.

“No voy a decir que fue justificado o mal dado, pero yo todavía podía jugar y podía hacerlo con ellos en Triple A y ayudarlos en Grandes Ligas, pero ellos consideraron que no. Fue un Spring Training raro, porque era primera vez que me enfermaba. Estuve cinco días en cuarentena en mi casa y cuando regresé, ya no tenía tiempo para estar listo”, explicó.

Petit continuó entrenando en Miami y luego se fue a su casa, en Houston. Allí se dedicó a disfrutar de su familia y de su casa, algo que dijo que necesitaba, pues pudo compartir más con su esposa Yessica y su hija Greysca y sus hijos Benjamín y Sebastián.

“En ese transitar, le dije a mi esposa que no jugaba más, que iba a Venezuela y estar tranquilo. En septiembre estuve a punto de ser agente. Ese era el plan, para estar en mi casa. Pero me llamaron los Astros y me dijeron que había una vacante”, dijo quien jugó con los Astros en la campaña 2014 de las Grandes Ligas.

Entre los ex peloteros con los que conversó para pedir consejos, estuvieron Henry Blanco, Omar Vizquel y Carlos Mendez. Además pudo hacerlo con el periodista Fernando Arreaza, narrador con una dilatada experiencia por más de 25 años con el circuito del Caracas.

“El mes que estuve en el Spring Training fue súper gratificante y emocionante. Me gustó y estaba emocionado al principio, pero no porque no supiera hacer las cosas, sino por cómo me iba a sentir. Era más por saber si tendría la adrenalina y las ganas de jugar y no fue así. Cuando me sentí que no quería jugar más, dije, listo, gracias a Dios estoy bien. Esto lo voy a disfrutar al máximo”.

La decisión del retiro también fue para hacerlo en el momento acertado de su carrera. Aunque se sentía bien, lo hizo antes de que estuviera en horas bajas, a pesar de recibir ofertas de México y de ligas independientes. “Ya no iba a crecer más en el beisbol. Iba a aumentar más mis viejos y estadísticas, pero no quise. Si decidía continuar, nadie iba a saber que estaba interesado en ser coach”.

La final contra Magallanes

Petit fue parte del equipo que venció a Magallanes en la tercera final en la historia de los “Eternos Rivales”, jugada en la temporada 2009- 2010. Para el otrora campocorto, jugar con los Leones y estar en esa final, fue un sueño hecho realidad. Con los melenudos, estuvo en 13 temporadas, dejando un promedio de .263 (1.388-365), con 18 jonrones, 166 carreras impulsadas y 185 anotadas en 424 juegos.

“Fui caraquista toda mi vida, de los niños que lloraban cuando Caracas perdía y mi mamá era magallanera. Cuando ganaba el Caracas, me ponía fastidioso. Viví las finales contra el Magallanes como fanático y de niño, pero en 2005 jugué la final de la Paralela y no tuvo nada que envidiarle a la que se jugó luego con el equipo grande. Estaba Robinson Chirinos, Pablo Sandoval, Juan Apodaca, Víctor Gárate y otros más”, recordó con emoción.

Caracas ganó la final en siete juegos, imponiéndose en el último duelo en Valencia. Fue la recordada serie decisiva que cambió con el jonrón de Grégor Blanco ante Francisco “Kid” Rodríguez en el cuarto juego en el estadio Universitario”.

“Esa final tuvo de todo. Entramos de cubrir y Hudgens me dice ‘Sé que estás caliente, pero necesito la oportunidad de buscar un jonrón para, por lo menos, empatar el juego. Voy a poner a Wilson Ramos a batear por ti’.  Yo me quedé en la entrada del dogout, cerca del palco. Ramos falló y Grégor en el círculo de espera, me dijo que le pasara la pesa para ponérsela al bate”.

Petit, que jugó con Blanco en estadales, contó que el jugador de La Guaira, que fue tomado como refuerzo para la final, le dijo que iba a dar el cuadrangular. “Cuando ese señor le dio a esa pelota, me dio escalofrío, porque me lo había dicho. Fue algo que marcó la historia del beisbol en nuestro país”.

El mirandino dijo que fue clave no bajar los brazos, porque Magallanes les había ganado los dos primeros juegos de la serie en Valencia. “Fuimos a Caracas y ganamos el primer juego. Estábamos en casa. La serie estaba dos a cero abajo, pero nosotros siempre tuvimos la mentalidad de ganar cuatro juegos. Perdimos el tercero y regresamos a Valencia. Se oía el rumor de que Magallanes estaba celebrando, porque en la temporada no podíamos ganarle en su casa. Eso fue la espina en el talón, porque era lo que faltaba. Ganamos el sexto juego y ahora éramos nosotros que nos sentíamos inflados. En toda mi vida de pelota nunca vi un ambiente como el de esa final y mira que jugué un Yankees-Boston en los dos estadios”.

Figura en el Caracas

Petit fue campocorto del Caracas, una posición por la que han pasado peloteros estelares como Alfonso “Chico” Carrasquel, Alex González y Omar Vizquel, lo que considera un honor. “Es algo maravilloso, porque no puedo explicarlo. Crecí viendo a Vizquel, pero vi mucho más a González, porque fue al que más vi jugar. Tener la oportunidad de compartir con los dos y ser yo quien sigue la cadena, es algo como fanático de los Leones que me llena de mucha satisfacción”.

Definió a Leones como la organización más importante de su carrera y a Henry Blanco como un gran mentor. “Leones es el equipo al que más cariño le tengo. En mi carrera fue el que ocupó un espacio más grande, en cuanto a beisbol y amor. Estuve toda mi carrera. Allí crecí, aprendí y tuve una escuela espectacular, con Henry Blanco, Marco Scutaro, Carlos Mendez o Bob Abreu. Muchas cosas son gracias a Henry, pero él tiene mucho conocimiento en el beisbol”.

No dudó en asegurar que se ve en un futuro como manager del Caracas. “Claro que me veo”, dijo entre risas. “Si Henry es el manager, no tengo problema en ser parte de su staff. Si yo soy el manager, me lo traigo como coach de banca”.

Sin embargo, para llegar a ese puesto, considera que todavía tiene que trabajar. “Tienen que pasar muchas cosas, pero todo el mundo lo relaciona con la gerencia y es que tengo que aprender. Tengo que crecer. Si la oportunidad se da, no voy a decir que no. Me siento preparado para ese rol. Con miedo, sí, con nerviosismo o como lo quieras poner, pero con las mismas ganas de aquél muchacho que debutó en 2005 y se fajó para hacerlo lo mejor posible. Nunca vas a saber si estás listo, si no lo intentas”.

Contó que uno de los managers que más lo apoyó en sus inicios en el Caracas fue Carlos Subero, estratega campeón en la zafra 2005-2006 de la LVBP y único venezolano invicto en la Serie del Caribe.

“Me dio la oportunidad de enseñar cómo podía ayudar al equipo a ganar juegos. Cuántas temporadas jugué lesionado o con dolores, pero siempre me importó ayudar al equipo. Entendía en mi momento que si no ayudaba con el bate, podía hacerlo el short”.

También compartió con Frank Kremblas, un manager de carácter fuerte y de juego agresivo en el terreno de juego. “Era súper agresivo jugando al beisbol. Un día me mandó a robar el home con las bases llenas en Puerto La Cruz y estaba bateando Josh Kroeger, con dos outs”, recordó con risas. “Arranqué y me devolví a los dos pasos. Luego me fui y llegué quieto. Me dijo, ‘te lo dije” y yo le dije que era un loco”.

Para Dave Hudgens, campeón en la 2009-2010, tuvo palabras de elogios. “Todo el mundo lo respetaba. Trataba de que todo el mundo estuviera contento. Hablaba la verdad. Es alguien a quien admiro y tengo contacto. Cuando acepté el trabajo, me llamó para saber. Lo conozco desde los 17 años, cuando estaba en Oakland”, recordó Petit, quien pidió a todos quedarse en casa para superar la grave etapa de contagio del coronavirus.

“Después que esto se acabe, vamos a tener una manera muy diferente de ver las cosas y un crecimiento mucho más allá de lo que la gente se imagina. Hay que seguir aprendiendo”..

Juan Arango, la zurda de oro que hechizó al Mallorca (+Video)

Tony Cittadino (Mallorca).- Cuando algún fanático del fútbol en Mallorca escucha el nombre de Venezuela o el acento al hablar, lo relaciona con Juan Arango. La zurda de oro del fútbol criollo dejó una huella en la isla, gracias a las cinco temporadas que disputó con el equipo en la Primera División del fútbol español.

Para el maracayero, fue la primera experiencia en el balompié europeo. Allí comenzó a perfeccionar su marca: los tiros libres. Además se fue convirtiendo líder del mediocampo, tanto por su visión de juego, como por la creación y el aporte ofensivo que le llevó a ser uno de los mejores futbolistas venezolanos de la historia.

Arango llegó a la gran vitrina del balompié, luego de su paso por Puebla en México. En su primera campaña, la 2004-2005, usó el dorsal 11 y fue dirigido por Benito Floro, quien tomaba el lugar en el banquillo de Luis Aragonés y, que a su vez, lo había dirigido en México con el Monterrey. Disputó 34 juegos con seis goles y tres asistencias. En la Copa del Rey sólo estuvo en un juego.

Esa fue la campaña en la que recibió el infortunado codazo del capitán del Sevilla, Javi Navarro, que lo dejó tirado en el campo, con convulsiones, una fractura de pómulo y una cortadura en el labio, que le llevaron a estar unos días en terapia intensiva y dos semanas fuera de las canchas. Por fortuna, las secuelas no fueron mayores.

En la temporada 2005-2006 de La Liga, comenzó a usar el 18 en la espalda. El mismo que lo inmortalizó con la Vinotinto. Jugó 37 partidos, anotando 11 goles y con cuatro asistencias, sin participación en copas nacionales. Fue el máximo anotador de los bermellones y logró su primer hat-trick ante la Real Sociedad. El tercer tanto fue el mejor de la tercera jornada y el 800 del Mallorca en la Primera División. A un costado derecho del área, recibió un saque de banda con el pecho y sin dejarla caer, se giró y soltó un zurdazo al segundo palo.

También le marcó un golazo al Real Madrid de “Los Galácticos”, en un encuentro con una lluvia torrencial en el estadio Son Moix, para darle la victoria a su equipo dos goles por uno. Al minuto 80, recibió un balón al límite del área, para quedar mano a mano con Iker Casillas. Lo regateó hacia la izquierda, para dejarlo tendido y rematar a puerta vacía.

Su rendimiento le llevó a ganar el Trofeo EFE de esa temporada, como el mejor futbolista extranjero. El venezolano sumó 205 puntos, uno más que el lateral izquierdo argentino Mariano Pernía, quien jugaba para el Getafe.

Su crecimiento no paró y en la 2006-2007 estuvo en el campo en 37 duelos, con nueve goles y cinco asistencias. En la primera jornada anotó el mejor gol de La Liga en esa fecha. En el último encuentro se lució otra vez ante el Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Aunque el Mallorca terminó perdiendo dos por uno y los merengues ganaron la liga, dio la asistencia del gol y fue la brújula de su equipo. En Copa del Rey estuvo en tres choques.

En la zafra 2007-2008 jugó los 38 encuentros de la oncena rojinegra logrando su mejor actuación, con 12 dianas y ocho asistencias. Además coleccionó ante el Recreativo Huelva su segundo triplete, en la mayor goleada del Mallorca en su historia que terminó con resultado favorable de siete por uno. En las jornadas 26 y 27 se quedó con el galardón del mejor gol anotado.

En la Copa del Rey, jugó cinco encuentros, con tres goles y una asistencia. Uno de esos tantos fue nuevamente ante el Real Madrid, en el partido de ida de los octavos de final. Esta vez fue con un remate a ras de suelo, desde fuera del área.

Su última temporada fue la 2008-2009, en la que se uniformó en 37 desafíos, perforando la red en ocho oportunidades y dejando nueve asistencias. En esta zafra le anotó al Real Madrid, en otro mano a mano en el Santiago Bernabéu en el que aportó para la victoria de tres goles por uno. En la Copa del Rey marcó un gol en cuatro partidos.

En total, jugó 183 partidos en la liga española, con 46 goles y 29 asistencias, dejando una media de 0.26 goles por partido. Es el segundo mejor goleador de la entidad, superado por Samuel Eto’o, con 54 dianas.

Su próximo destino fue Alemania, con el Borussia Mönchengladbach, donde se consolidó como un jugador experimentado y con una de las mejores zurdas del mundo.

 

 

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Fernando Aristeguieta, el futbolista que coqueteó con el tenis y el beisbol

Tony Cittadino (Mallorca).-  Quizás hubiese sido un tenista profesional con excelentes cualidades o un jugador de beisbol con proyecciones directas a las Grandes Ligas, pero Fernando Aristeguieta, el prometedor juvenil del Caracas FC en 2009, se decantó por su pasión: el fútbol.

“El Colorado”, que nació el 9 de abril de 1992 y es bachiller en ciencias del colegio San Ignacio de Loyola en Caracas, practicó esos tres deportes en su infancia, tal como lo reveló en la visita hecha por TalCual a su hogar en agosto de 2009.

En el primero, según dijo su orgulloso padre, Pedro Aristeguieta, llegó a ser la cuarta raqueta nacional con apenas 10 años. El número uno era David Suoto. El segundo deporte lo practicó en las caimaneras como ferviente seguidor de los Navegantes del Magallanes y los Medias Rojas de Boston.

Sin embargo, estaba claro de que el fútbol era lo suyo. Explicó que su amor por el balompié está intrínsecamente ligado a su padre, quien fue jugador de fútbol a nivel amateur. “Mi papá me ha apoyado muchísimo. Recuerdo que lo acompañaba a los partidos y fue quien me enseñó a jugar. Mi abuelo materno (Ezio De Luca) también me ayudó mucho. Siempre está pendiente y hasta me lleva las estadísticas”, recordó desde la sala de su casa, rodeado de recortes de prensa y fotos de fútbol.

Su carrera en el fútbol la inició a los 5 años, cuando comenzó a estudiar en el colegio de los jesuitas capitalinos. Hasta los 12 se mantuvo bajo las órdenes de Leopoldo “Polín” Páez Pumar, un técnico que fue vital en su crecimiento. Con el pasar de los años fue subiendo de categoría y comenzó a participar en torneos internacionales en Brasil, España, Estados Unidos, Italia y Suecia.

“De niño Fernando era fútbol y fútbol todo el día. Cuando tenía un año íbamos a la playa y chutaba

con potencia. Siempre llamó la atención. Nació con dotes naturales para el deporte. Era mucho más grande, más fuerte, más coordinado”, comentó su padre, quien agregó que siempre fue un estudiante responsable. “Siempre supo mantener un equilibrio entre el deporte y el estudio”, recalcó con la aprobación de su esposa, Anabel De Luca de Aristeguieta.

Ofertas del extranjero

Aristeguieta comenzó a buscar nuevos horizontes en 2007 y probó suerte en las categorías sub-17 del SD Centro Ítalo, donde se mantuvo por seis meses. “A ese equipo llegué por conocer gente en torneos distritales. Estuve ahí con Eduardo Saragó y Lenín Bastidas”.

Luego pasó a la entidad roja, cumpliendo un sueño de niño. “El trabajo que han venido realizando es importantísimo. La oportunidad que te dan de surgir no la da nadie en el país”, dijo el delantero que en 2012 decidió “El Clásico” ante el Deportivo Táchira con un triplete. Los capitalinos ganaron en Pueblo Nuevo tres goles por uno. En esa campaña, fue el líder goleador del Torneo Apertura  con 14 dianas.

El padre de Aristeguieta contó que en su momento, refutó ofertas de equipos como el Gremio (Brasil), el Oviedo y Real Sociedad (España), éste último para hacer parte de la pretemporada, así como de agentes para llevarse a su hijo a jugar en la liga holandesa o al fútbol de Bélgica. La prioridad, para entonces, era que terminara el bachillerato.

“No aceptamos las ofertas porque el trabajo del Caracas ha sido excelente y además, no ha terminado bachillerato, es menor de edad y no queremos que vaya a vivir solo al extranjero. Enviaron hasta cartas. Es posible que pierda una oportunidad de oro, pero hasta ahora las cosas han salido bien”, dijo tajantemente desde su casa en Altamira.

El crecimiento de Aristeguieta fue tan vertiginoso, tanto así que primero vistió la camiseta nacional sub-15 y sub-17, que la de un club profesional. “Uno trabaja desde pequeño bastante fuerte para llegar a esto. La fama es algo que a cualquiera le gusta. Levantarse y verme en el periódico o salir en televisión me emociona, me motiva más para seguir trabajando”.

De hecho, uno de los momentos inolvidables para Pedro, fue la actuación de su hijo en el Sudamericano Sub-15 con Venezuela disputado en Brasil en 2007. “Estábamos en Porto Alegre y anotó un gol en la victoria ante Perú (3-2). Luego contra Brasil (perdieron 2-1), le marcó de cabeza a los 45 segundos con el estadio lleno. Cuando celebré me tumbaron con un golpe”, recordó.

Aristeguieta se proclamó campeón de la Primera División y la Copa Venezuela con el Caracas FC en la campaña 2009-2010, bajo la dirección de Noel “Chita” Sanvicente”. El delantero creció admirando a Gaby Miranda, su primer ídolo. “Luego llegó la generación de Richard Páez, con José Manuel Rey, Luis Vera, Leo Jiménez, Gilberto Angelucci…todos ellos marcaron una época”, explicó “El Colorado”, que en el fútbol internacional tuvo como referentes en el ataque a Luca Toni y Martín Palermo.

El jugador caraqueño disputó cinco temporadas con el Caracas FC, en dos etapas distintas. La primera, desde la temporada 2009-2010 hasta la 2012-2013 y, luego, la campaña 2017-2018. En total, disputó 123 juegos y anotó 53 goles en todas las competiciones.

Foto: Caracas FC.

La Juventus de Allegri, el quinquenio de oro al que le faltó la Champions

Tony Cittadino (Mallorca).- La época de Massimiliano Allegri en la Juventus, fue una de las más exitosas en la historia del club y de Italia. En cinco años, se convirtió en el tercer director técnico más ganador con 11 títulos, repartidos en cinco ligas, cuatro Copa Italia y dos Supercopa de Italia. Al quinquenio de oro le faltó la tan ansiada Liga de Campeones, aunque jugó dos finales en tres temporadas.

El estratega nacido en Livorno en 1967, llegó a la entidad bianconera en la temporada 2014-2015. Le tocó sustituir a Antonio Conte, quien había ganado tres ligas y una Supercopa de Italia. Tenía la misión de mantener el ciclo victorioso y, además, darle el plus que le faltaba en Europa. Allegri llegó con una buena hoja de trabajo, tras ganar con el Milan la Serie A y la Supercopa de Italia en la temporada 2010-2011. En esa campaña, se quedó con el premio Entrenador del Año de la Serie A.

De acuerdo a las estadísticas de la UEFA, Allegri dirigió al equipo durante 269 partidos en todas las competiciones. En total, ganó 191 juegos, empató 42 y tan sólo perdió 36. Un porcentaje de victorias del 71%, por delante de Carlo Carcano (68,9%) y Conte (67,5%).

Es el tercero más ganador en la historia de la Vecchia Signora, escoltando a Marcelo Lippi (227 triunfos en 405 juegos) y a Giovanni Trapattoni (319 duelos ganados de 596). También es el tercero con más encuentros al frente del banquillo, también detrás de Lippi (405) y Trapattoni a (596).

En la Serie A, ganó 142 de los 188 juegos, con 27 empates y 19 derrotas, alcanzando de 453 puntos de 564 posibles, mientras que en la Champions, triunfó en 29 de los 54 duelos, con 13 empates y 12 caídas. En la Copa Italia, ganó 18 de 24 y perdió cuatro duelos. En la Supercopa de Italia, el desempeño fue más parejo. Dos triunfos, dos empates (en la prórroga y perdió en penales) y una derrota (en 90 minutos).

Además es el único en ganar cinco ligas consecutivas y el segundo más ganador de Italia, si se suma el scudetto ganado con el Milan. El líder de ese departamento, también es Trapattoni con siete. Todos con la Juve.

Entre los récords que también dejó, destacan las 15 victorias consecutivas que el club logró entre octubre del 2015 y febrero de 2016. Le dio la décima Copa Italia y sumó cuatro dobletes (liga y copa), algo nunca visto. La Juve alcanzó el octavo campeonato de liga en fila en su último año, para implantar una marca en Europa y dejar atrás los siete gallardetes del Lyon (2002-2008).

Sin embargo, le faltó el triunfo final en la Champions, que hubiera significado el triplete que en persiguió en par de oportunidades. La Juve perdió ante el Barcelona en Berlín en 2015 y, dos años más tarde, contra el Real Madrid en Cardiff. Lograr una copa en Europa le hubiera dado un escalón más en la historia, pero se enfrentó a dos de los mejores equipos del momento, con los dos mejores jugadores de la actualidad: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

Pero no todo fue malo en Europa. En las páginas doradas quedó, por ejemplo, el empate a dos ante el Bayern Múnich de 2015 en Torino y la goleada al Barcelona de tres por cero en 2017, también casa. De igual forma, la amarga goleada ante el Real Madrid en 2018 en el Santiago Bernabéu, que finalizó con un gol de penal de Cristiano Ronaldo para darle el pase a los merengues a los cuartos de final. El propio portugués fue el héroe de la Juve en 2019, al liderar la remontada ante el Atlético de Madrid con un triplete en los octavos de final en el Allianz Stadium.

Aunque era un técnico de expresión calmada, cuando entraba al campo se transformaba. Su estilo de juego era ofensivo, de posesión y buena rotación del balón por todo el campo. El control del mediocampo era la clave. Todo pasaba por allí, en especial por el trabajo de Miralem Pjanic, la creación de Juan Cuadrado y en la última línea, en el ataque, los goles de Paulo Dybala.

Solía utilizar muy bien las bandas, sobre todo con el despliegue al ataque de Alex Sandro y Stephan Lichtsteiner. Presionaba alto, buscando el error del rival y encarar el arco. Si no conseguía los espacios, volvía atrás y rotaba el balón. Uno de sus descubrimientos claves, fue utilizar al delantero Mario Mandzukic por la banda izquierda. El croata atacaba, pero también creaba ocasiones y también luchaba balones.

Su alineación preferida fue la 3-5-2, aunque también solía utilizar el 4-3-3.  Su solidez defensiva también fue una fortaleza, gracias a la llamada BBC. Estaba integrada por Leonardo Bonucci, Andrea Barzagli y Giorgio Chiellini, además de Gianluigi Buffon en el arco.

Así fueron las cinco temporadas de Allegri en la Juventus.

2014-2015

Se estrenó perdiendo la Supercopa de Italia ente el Napoli. Empataron a dos en 120 minutos y cayeron seis por cinco en penales. Sin embargo, al ganaron el título de la liga, al finalizar líder de la tabla con 87 puntos, 17 más que la Roma. Ganó 26 juegos de 38. No soltó el primer lugar desde la cuarta jornada.

También celebró en  la Copa Italia, que se les resistía a la Juve desde la zafra 1994-1995. Vencieron a la Lazio dos goles por una en la prórroga, con tantos de Chiellini y Alessandro Matri. Fue la décima de la historia, siendo el primer club en llegar a esa cifra.

Rozaron el triplete en la Champions, pero cayeron en la final ante el Barcelona con marcador de tres goles por uno. Era la primera final desde la edición 2002-2003, cuando también cayeron ante el Milan.

2015-2016

Esta vez la temporada arrancó en lo más alto, al consagrarse en la Supercopa de Italia. Derrotaron a la Lazio dos por cero, con dianas de las nuevas adquisiciones, Mario Mandzukic y Paulo Dybala. En el mercado de verano también llegaron Juan Cuadrado, Alex Sandro, Simone Zaza y Roberto Pereyra.

Ganaron el quinto scudetto en fila y segundo para Allegri, igualando la marca del club (1931 y 1935), compartida con el Torino (1943-1949) y el Inter (2006-2010, al que se le asignó el título 2006 en la mesa por Calciopoli).

Fue la campaña en la que ganaron con una remontada impresionante en la tabla, tras empezar con cinco puntos de 18 posibles. Perdieron sus dos primeros desafíos ante el Udinese (1-0 en Torino) y Roma (2-1 en Roma). Su primera victoria fue en la cuarta jornada, en la visita al Genoa (2-0). Finalmente asaltaron el primer lugar en la jornada 25, cuando le ganaron al Napoli uno por cero, con un golazo desde fuera del área de Zaza.

Terminaron líderes con 91 unidades, 11 más que el Napoli, producto de 29 victorias en 38 cotejos. El título tuvo un sabor especial, por los 973 minutos de imbatibilidad alcanzados por Buffon.

Vencieron al Milan en la final de la Copa Italia por la mínima diferencia, con tanto de Morata en la prórroga. Así alcanzaron su segundo doblete.

En Europa, perdieron una eliminatoria trepidante en los octavos de final ante el Bayern Múnich. Igualaron a dos goles en Italia, en un duelo en el que caían dos por cero y lo empataron en 13 minutos. En la vuelta, el juego también fue una locura. En 30 minutos ya dominaban el marcador dos por cero, pero le empataron en el último minuto de descuento y los alemanes los sentenciaron en la prórroga.

2016-2017

La tercera temporada de Allegri al frente de la Juve, comenzó con otra derrota en la Supercopa de Italia. El Milan se quedó con el trofeo. Igualaron a un gol en 120 minutos y en penales ganaron cuatro por tres.

Pero el hambre de ganar no se acabó. La Juve conquistó el sexto título consecutivo y un grupo especial los tenía en su totalidad: Buffon, Chiellini, Bonucci, Lichtsteiner, Marchisio y Barzagli.  Terminaron líderes con 91 puntos, cuatro más que la Roma. Se llevaron los tres puntos en 29 de los 38 duelos.

En esa zafra, el club se había reforzado con Gonzalo Higuaín, Dani Alves, Miralem  Pjanic y el mediocampista venezolano Tomás Rincón. Conquistaron 100 puntos en 2016 en un año natural en Serie A, además de lograr 116 puntos de 118 posibles en casa. La entidad se llevó otra Copa Italia a casa, tras derrotar a la Lazio dos por cero con par de dianas antes de los 25 minutos de juego de Dani Alves y Bonucci.

La escuadra bianconera se volvió a quedar a las puertas del triplete, al perder la final de Champions con el Real Madrid cuatro goles por uno. Mandzukic empató el juego en el primer tiempo, con el mejor gol de la temporada para la UEFA. El equipo se desmoronó en la segunda parte, fallando en la concentración y en el juego colectivo. Además hubo rumores de una fuerte discusión en el entretiempo entre Dybala, Dani Alves y Bonucci. Al final de la temporada, los dos últimos abandonaron el club.

2017-2018

La Juve volvió a refrescar la plantilla y se reforzó, entre otros, con Medhi Benatia, Rodrigo Bentancur, Wojciech Szczesny, Federico Bernardeschi y Blaise Matuidi. Sin embargo, volvieron a perder la Supercopa de Italia, ahora ante la Lazio tres goles por dos.

Pero los triunfos no pararon en Torino. La Vecchia Signora amarró su séptimo scudetto en fila y el cuarto para Allegri. El dominio en la tabla los llevó a sumar 95 puntos, cuatro más que el Napoli. Ganaron 30 de 38 y no soltaron el primer lugar, desde la jornada 28, cuando doblegaron al Udinese dos por cero. Fue la séptima liga en fila y última para Buffon, quien se marchó al PSG al final da la campaña

El cuarto doblete nacional llegó con la décimo tercera Copa Italia de la historia, tras golear al Milan cuatro por cero. Números nunca vistos en el fútbol italiano.

Su camino en la Champions finalizó en cuartos de final, ante el Real Madrid de Cristiano Ronaldo. El portugués marcó dos de los tres goles en la ida en Torino, incluida la magistral chilena que arrancó aplausos del público. En la vuelta, la Juve ganó tres por uno, pero no le alcanzó. Cristiano anotó de penal en el descuento, para clasificar a los merengues a la siguiente fase.

2018-2019

La Juve comenzó la temporada con el fichaje estrella de Cristiano Ronaldo, además del Douglas Costa, Joao Cancelo y el regreso al equipo de Bonucci. La fortuna le volvió a sonreír al club, al ganar la Supercopa de Italia al Milan, con gol de Cristiano, quien sumaba su primer título con la entidad. Fue la octava copa, también un récord absoluto.

El equipo ganó el octavo scudetto en fila y el quinto y último para Allegri, implantando una marca en Europa de más ligas consecutivas. Acumularon 90 puntos en la tabla, 11 más que el Napoli. Ganaron 28 de los 38 encuentros, dominando el campeonato de principio a fin. También fue el octavo gallardete para Chiellini y Barzagli.

Quedaron fuera de la Copa Italia en cuartos de final, al ser goleados por el Atalanta tres por cero. Así rompieron una cadena de cuatro finales consecutivas. En la Champions, habían superado al Atlético de Madrid con el histórico triplete de Cristiano Ronaldo, pero se marcharon en cuartos de final ante el sorprendente Ajax. Empataron a uno en Holanda y perdieron dos por uno en Italia.

Allegri se marchó del equipo al final de la temporada, dejando una cantidad de títulos y récords difíciles de superar. Marcó la historia contemporánea de una Juventus en la que no todos se consagran. Fue el arquitecto de una aplanadora italiana.

Fotos: Juventus.

Carlo Ancelotti, el técnico que regresó al Milan a la gloria

Tony Cittadino (Mallorca).- El Milan de Carlo Ancelotti fue el último gran ciclo victorioso del equipo rossonero. La mentalidad ganadora se demostró con resultados y una camada de jugadores que divirtieron al mundo con un juego vistoso y ofensivo. Durante ocho años, “Carletto” dejó un palmarés envidiable: dos Liga de Campeones, dos Supercopa de Europa, un Mundial de Clubes, una liga, una Copa Italia y una Supercopa de Italia.

Su carrera como técnico comenzó en 1994, cuando fue el asistente de Arrigo Sacchi en la selección italiana del Mundial. Fue su primera experiencia en el banquillo, tras ser jugador del Parma (1976-1979), la Roma (1979-1987) y el Milan (1987-1992), casualmente también dirigido por Sacchi. Fue un estratega fundamental en su estilo de ver el fútbol, por su ordenada y rígida forma de trabajar.

Sin embargo, Ancelotti se ha caracterizado por ser un dirigente pacífico, que da confianza a sus jugadores. Un motivador. Esa ha sido la clave de su éxito. “Hay quienes piensan que porque soy un líder calmado, soy débil. No estoy de acuerdo. Tampoco lo están quienes jugaron conmigo o para mí. Mi calma es una fuerza, que transmite poder y autoridad”, dijo en su libro “El leader calmo, Carlo Ancelotti”, escrito por Chris Brady y Mike Forde en 2016.

Su debut como estratega fue en la temporada 1995-1996 con la Reggiana. Logró el ascenso a la Serie A, luego de 41 juegos, en los que dejó balance de 17 victorias, 14 empates y 10 derrotas.

Su próximo destino fue el Parma, club en el que comenzó a dar sus primeros destellos. En la temporada 1996-1997, finalizó en el segundo lugar con 63 puntos, a dos de la Juventus. En la siguiente campaña, quedó en el sexto lugar con 57 unidades.

Su primera gran experiencia con un equipo de nivel, fue con la Juventus. En la zafra 1999-2000 sólo alcanzó a ganar la Copa Intertoto de la UEFA. Perdió la liga en la última jornada, al caer ante el Perugia un gol por cero, en un partido jugado en un diluvio. La Juve, que hasta llegó a tener nueve puntos de diferencia, finalizó con 71 unidades, uno menos que la Lazio.

La situación fue similar en la contienda 2000-2001. La Vecchia Signora quedó en el segundo lugar con 73 puntos, dos menos que la Roma. Al finalizar la campaña, Ancelotti fue despedido. Su idea,  era regresar al Parma, club con el que había un acuerdo verbal, pero el director general del Milan, Adriano Galliani, lo convenció con una llamada telefónica. Llegó en noviembre de 2001, para sustituir al turco Fatih Terim.

Así regresaba al equipo con el que ganó como jugador dos liga, una Supercopa de Italia, dos Champions League, dos Supercopa de Europa y dos Copa Intercontinental. “El Milan era mi familia y a la familia es la primera a la que hay que demostrar lealtad. Comencé en noviembre de 2001 y los primeros seis meses no fueron fáciles”, expresó en su libro. El conjunto terminó la campaña 2001-2002 en el cuarto lugar con 55 puntos.

La primera Champions

Ancelotti le cambió la cara al club y los resultados se comenzaron a ver en la temporada 2002-2003. En el mercado se reforzaron, entre otros, con dos jugadores de lujo: el mediocampista Clarence Seedorf y el defensa Alessandro Nesta.

“Nesta estaba en el mejor momento de su carrera y era tan importante para mí, que tuve que convencer a Berlusconi. Le recordé que todos queríamos ganar la Champions y con él lo haríamos.  Le dije, usted me da a Nesta y yo le doy la Champions”, rememoró Ancelotti.

El Milan tenía un equipo compacto, que jugaba al clásico 4-4-2. Dida estaba en el arco y la defensa era integrada por Alessandro Costacurta, Paolo Maldini, Kakha Kaladze y Nesta. El mediocampo tenía a Gennaro Gattuso, Andrea Pirlo, Rui Costa y Seedorf. El ataque estaba integrado por una de las mejores duplas del momento: Andriy Shevchenko y Filippo Inzaghi.

“En esa temporada llegaron Nesta, Seedorf y también Rivaldo. Teníamos a Rui Costa y estos fueron mis jugadores claves. Cuando empecé, el Milan no daba el espectáculo que quería Berlusconi y tuve que cambiar el estilo de juego, para tener feliz a la dirigencia y a los fanáticos”, recordó en su libro.

Pero manejar los egos del vestuario no fue fácil. Debió, como todo entrenador, imponerse por el bien del equipo. “En mi primera temporada, había un partido de Champions en el que dejé a Rivaldo en la banca. Le dije que jugaría tres días más tarde y me dijo que no, porque Rivaldo no era suplente. Le dije que esta sería su primera vez. Se levantó y se fue a su casa”.

Uno de los aspectos claves que cambió en el Milan, fue que la organización contara con un restaurante en la ciudad deportiva de Milanello. “Que los jugadores coman juntos, ayuda a que hagan grupo. Además se siente como una familia y esta era la cultura del Milan. En otras sociedades es diferente. Por ejemplo, en la Juventus me sentí como en una gran empresa. Las relaciones con los directivos eran más formales y en esa época no había un centro deportivo. Entre el Milan y yo siempre hubo una sintonía natural. Con la Juve, no”.

El club terminó en el tercer lugar de la liga con 61 puntos, detrás del Inter (65) y la Juventus (72), pero el gran golpe lo dio en la Liga de Campeones. Los rossoneros vencieron a la Juve en la gran final, disputada en Manchester. Fue la primera entre equipos italianos. Luego de empatar sin goles en 120 minutos, se impusieron en penales tres por dos. Ganar la Champions le permitió a Maldini igualar a su padre Cesare, quien también fue campeón de Europa con el club en la zafra 1962-1963. Justo 40 años después.

“En el Milan tuve la suerte de tener a un líder como Maldini. Tenía un carácter fuerte y no tenía miedo de nada. Siempre era positivo. También estaba Pirlo. Era más solitario y tímido, pero era un líder técnico. Un ejemplo de cómo jugar. Nesta era un modelo diferente a Maldini y también Gattuso, a su manera”, sostuvo Carlo, que es uno de los siete dirigentes en ganar la Champions como jugador y como técnico.

Tres días después de proclamarse rey de Europa, el Milan ganó la Copa Italia ante la Roma. Habían empatado a dos goles en el partido de vuelta, luego de ganar en la ida cuatro por uno. La entidad vivía días dorados, como en la historia reciente con Sacchi y Fabio Capello, situación que mantenía contento al presidente del equipo, el político Silvio Berlusconi. Con el Premier tuvo buenas relaciones, pero trataba de mantenerlo al margen.

“Entendí rápido que debía mantenerlo contento. La tradición del Milan es jugar un fútbol vistoso, mientras que la de la Juve es ganar. Entendí que ningún esquema táctico es más importante que el presidente del club. Sí Berlusconi quería ir al vestuario a bromear, tenía que darme cuenta al final que ese era su vestuario. Se lo permití, incluso, antes de la final de la Champions en 2003”, sostuvo en el texto.

Se consolidó el proyecto

La temporada 2003-2004 comenzó con la derrota ante en la Juve en la Supercopa de Italia. Tras empatar a un gol, cayeron en penales cinco por tres. Sin embargo, tres semanas más tarde, volvieron a celebrar. El Milan se quedó con la Supercopa de Europa, al vencer al Porto por la mínima diferencia, gracias a un tanto de Sheva.

Había motivos para seguir festejando. Dos brasileños de calidad de sumaban al equipo. El defensa Cafú llegó desde la Roma para reforzar la zaga y el mediocampista Kaká desde el Sao Paulo, para fortalecer el mediocampo y darle profundidad ofensiva.

Fue el momento del cambio táctico, para mantener el 4-4-2. No había espacio para todos, así que Ancelotti optó por retrasar un poco más en el campo a Pirlo y adelantar a Kaká, para tener equilibrio. Dejó de jugar con cuatro en línea, para hacerlo con cuatro en forma de rombo.

“En el medio sector tenía a Pirlo, Seedorf, Rui Costa y Kaká. Al comienzo les dije que si no se adaptaban al nuevo sistema, uno iría a la banca. Lo entendieron. Pirlo terminó jugando un poco más atrás y Kaká, más adelante”, explicó Carletto, quien también debía dar espacio a jugadores como Gattuso y Massimo Ambrosini.

La jugada salió bien, porque además transformó el juego de Kaká, quien tuvo más protagonismo. Al finalizar la campaña, fue el Futbolista del Año de la Serie A. Era el preludio de una gran carrera. Ancelotti también alternó el 4-4-2 con el famoso “Árbol de Navidad”, el sistema 4-3-2-1 con el que jugaba con un solo atacante.

“El club me dio la posibilidad de cambiar jugadores y transformar el equipo, de acuerdo a mi visión. Ganar la Champions en 2003, consolidó la conciencia de los jugadores de ser parte de un gran club. Tomaron mejor la idea de que no siempre podían jugar. Eso hizo más fácil la relación. Todos eran campeones”, dijo el técnico en su libro.

El 21 de febrero de 2004, vencieron al Inter en un “Derby della Madonnina” electrizante. El equipo nerazzurro se fue al descanso con una ventaja de dos por cero, pero los rossoneros remontaron en la etapa complementaria y sellaron el triunfo con un golazo de Seedorf en el minuto 85.

Al holandés lo definió como un gran jugador y de carácter fuerte. “Tenías que decirle bien qué querías, porque si no te hacía todo. Cuando llegó en 2002, tuvo problemas con los compañeros, porque se sentía responsable por los demás. Era su carácter. Al final tuve que decir que él no era el entrenador y no debía hablar así. Era un líder. Pero ya teníamos a Maldini y tuvimos que buscar un equilibrio”.

El Milan terminó la temporada como campeón de Italia con 81 puntos, 11 más que la Roma. El ucraniano Shevchenko fue el líder goleador de la liga con 24 tantos, siendo la segunda vez que lo alcanzó. En la temporada 1999-2000 también sumó dos docenas de goles. Al final del año, Sheva se quedó con el Balón de Oro.

En la Copa Italia quedaron eliminados en la semifinal, al caer en los dos partidos ante la Lazio con global seis por uno. En la Champions, el recorrido se acabó en los cuartos de final. Fueron goleados en la espectacular remontada del Deportivo La Coruña. Los italianos habían ganado 4-1 en la ida jugada en San Siro, pero perdieron 4-0 en la vuelta en Riazor. Fue el partido más gris del ciclo hasta el momento.

La pesadilla de Estambul

La campaña 2004-2005 inició con otro título. El Milan superó a la Lazio tres goles por cero, para ganar la Supercopa de Italia. Entre los refuerzos adquiridos, destacó el delantero argentino Hernán Crespo y el defensa holandés Jaap Stam.

En diciembre perdieron la final de la Copa Intercontinental contra el Boca Juniors. También en penales. Empataron a uno en 120 minutos y en la tanda decisiva, los argentinos se impusieron tres por uno en Yokohama.

Finalizaron en el segundo lugar de la Serie A con 79 puntos, siete menos que la Juventus, pero al año siguiente el título fue revocado por el escándalo de Calciopoli y no fue asignado. La Copa Italia volvió a ser imposible, al caer en cuartos de final ante el Udinese con global de seis por cuatro.

En la Champions ocurrió la pesadilla de Estambul. El Milan ganaba cómodamente tres por cero en la primera parte. Maldini marcó al primer minuto y le siguió un doblete de Crespo (39’ y 44’), pero se dejó empatar por el Liverpool en la etapa complementaria. Tres goles en seis minutos de Gerrard (54’), Smicer (56’) y Xabi Alonso (60’). Los ingleses se quedaron con la “orejona” en la tanda de penales tres por dos, en una de las remontadas más espectaculares de la competición.

“En esa final tuvimos una calidad de juego impecable, que nunca había visto en finales. Fue una desilusión muy grande. La gente dice que dejamos de jugar en el segundo tiempo y no es cierto. El Liverpool jugó bien seis minutos y nosotros 114”, recordó en su libro.

Aseguró que la reacción del Liverpool lo dejó sin tiempo para hacer los ajustes. “Cuando marcaron el primer gol, estábamos jugando tan bien, que pensé que pronto marcaríamos el cuarto. Luego anotaron el segundo y pensé en hacer un cambio, para reforzar la defensa. El tercer gol llegó sin poder hacer nada. Después de esos seis minutos de locura, logramos retomar el control del juego y podíamos haber marcado”.

En ese momento tan difícil, sintió el apoyo de la organización. “El club permaneció compacto. Nadie nos puso en discusión. Obviamente nos dolió, pero tratamos de no dramatizar. Al comienzo de la temporada siguiente, éramos brillantes. La derrota lejos de cortarnos las piernas, nos fortaleció”, confesó el italiano.

Por su parte, Nesta absolvió de toda culpa a su director técnico y lamentó que no pudiera ser uno de los cobradores en la tanda de penales. “Creo que su único error fue no apuntarme en la lista. Contra la Juventus en Manchester lo hizo y marqué. La gente cree que la derrota fue su culpa. Yo creo que fue nuestra. Jugamos el mejor primer tiempo de todos y, en el descanso, nos dijo en el vestuario que el juego todavía no estaba decidido. Que saliéramos a marcar otro gol y si era posible, otro más. Sólo así, estaríamos seguros. Pero concedimos libertades al Liverpool y nos costó la final”, dijo en el libro de Ancelotti.

Temporada en blanco

En la campaña 2005-2006 sumaron de refuerzo al delantero Alberto Gilardino, quien llegó procedente de la Fiorentina. También al delantero Christian Vieri desde el Inter y al lateral izquierdo checo Marek Jankulovski, desde el Udinese.

Pero fue una temporada sin títulos para la entidad rossonera. En la Champions, cayeron en la semifinal ante el Barcelona, a la postre el equipo campeón. Perdieron en San Siro con gol de Ludovic Giuly (67’) y empataron a cero en el Camp Nou. Sheva terminó como líder goleador de esa edición con nueve tantos.

En Copa Italia, el Palermo los eliminó en octavos de final con global de tres por uno y en la Serie A habían finalizado en el tercer puesto con 58 puntos, pero luego le revocaron 30 unidades por el escándalo de Calciopoli que se destapó en esa campaña.

Para entonces, se fortalecían los rumores que aseguraban que Berlusconi no estaba contento con el rendimiento del club y le hacía las alineaciones a Ancelotti, algo que  el técnico siempre negó y reconfirmó en su libro.

“Todos pensaban que Berlusconi me presionaba, pero no era cierto. Siempre estaba muy presente. Cuando ganábamos, entonces me decía quiero que juguemos con este atacante y seamos más ofensivos. No es una opinión, es que lo quiero. Pero siempre le explicaba mis argumentos. Después de una victoria, le gustaba explicarme con cuál jugador me hubiera hecho jugar. Pero eso lo hacía sólo cuando ganábamos”.

 

La revancha de Atenas

Todo cambió en la campaña 2006-2007. El terremoto de Calciopoli obligó a varios equipos a reestructurarse y el Milan no fue la excepción. Se marchó Sheva al Chelsea y Rui Costa al Benfica, mientras que llegaron, entre otros, los defensas Daniele Bonera desde el Parma y Massimo Oddo desde la Lazio. Además Ronaldo se incorporó en el mercado de invierno, pero no jugó hasta 2008 por someterse a un tratamiento de la tiroides.

El camino en la Serie A, terminó con un decepcionante cuarto puesto y en la Copa Italia llegaron hasta la semifinal. La Roma los despachó, tras empatar a dos en San Siro y ganarles tres por uno en el Olímpico.

Sin embargo, todas las fuerzas estaban centradas en Europa. En semifinales lograron una remontada histórica ante el Manchester United. Luego de perder tres por dos en Old Trafford, ganaron con un contundente tres por cero en San Siro, para meterse en la final. Kaká (11′), Seedorf (30′) y Gilardino (78′), sentenciaron a los ingleses en un encuentro que se jugó con una lluvia torrencial y en la que el Milan fue superior. El resultado fue corto.

El equipo de Ancelotti clasificó a la final, para medirse al Liverpool en Atenas. El Milan se sacó la espina de Estambul y venció a los ingleses dos por uno, con un doblete del “Pippo” Inzaghi (45’ y 82’). Fue la séptima y última Champions para el equipo.

“He marcado varios goles en Europa, pero hacerlo en la final de la Champions League es algo especial”, dijo Inzaghi a la UEFA luego de partido. Su compañero Gattuso, agregó: “La derrota de hace dos años estará de por vida, pero esto es otra historia diferente. Ahora nos toca a nosotros celebrarlo”.

Kaká finalizó como máximo goleador del torneo con 10 y allanó el camino para ganar el Balón de Oro y el premio FIFA World Player. Para Maldini fue su segunda “orejona” con el club.

Galliani estuvo en el Milan durante 30 años, ocho de los cuales los pasó con Ancelotti en el banquillo y se mostró feliz por la revancha. “En julio de ese año, el Milan fue el primer club del ranking de la UEFA, superando a Real Madrid y Barcelona. Sus ocho años fueron un periodo de oro. La victorias fueron muchas más que las derrotas”, dijo en el libro.

El ejecutivo agregó que la derrota en Estambul no puso en duda la continuidad del estratega. “Muchos me preguntan si le recriminamos algo y la respuesta es no. Lo apoyamos. Fue duro y tuvimos que haber ganado. Pero en cinco años, jugamos tres finales de Champions, una semifinal y unos cuartos de final. Nadie nos alcanzaba. Ni siquiera Bayern, Real Madrid o Barcelona”.

La mano derecha de Berlusconi, definió a Carlo como un gran motivador en momentos claves. “Tiene un modo particular de llevar las relaciones con los jugadores. Nunca traicionó sus orígenes, ni cambió su carácter. Tiene una gran capacidad de iluminar el ambiente en el que trabaja. Es un líder internacional y multicultural”.

Una de sus anécdotas preferidas, fue la noche antes de la final de la Champions de 2007. “Veía en el entrenamiento con él y me fijé que Inzaghi estaba presionado. No paraba ni un balón. No era él. Le sugerí a Carlo que lo dejara de suplente y salir con Gilardino como titular. Me respondió que Inzaghi era un atacante rato y que, quizás, la noche de la final sería su noche. Quizás otro entrenador me hubiera hecho caso, pero él tenía un presentimiento y era algo que le sucedía a menudo”.

 

En el techo del mundo

La temporada 2007-2008 inició con el triunfo en la Supercopa de Europa contra el Sevilla. La victoria fue de tres por uno, con tantos de Inzaghi (55’), Jankulovski (62’) y Kaká (87’), para sumar el quinto trofeo de la competición. El título tuvo en parte un sabor amargo, porque el defensa del Sevilla, Antonio Puerta, había muerto tres días antes por un paro cardio respiratorio en el juego ante el Getafe.

La zafra también inició con otro fichaje de estelar. Alexandre Pato llegó con apenas 17 años, procedente del Internacional de Porto Alegre por 22 millones de euros, una cifra récord para entonces.

En diciembre, sumaron al palmares el Mundial de Clubes al derrotar por goleada al Boca Juniors cuatro por dos. Inzaghi lideró el triunfo con par de dianas (21’ y 71’), mientras que Nesta (61’) y Kaká (61’) se sumaron a la fiesta milanista.

“No diría que la victoria es irrepetible, pero nunca la podremos olvidar. Ahora queremos festejar al máximo este evento. Nos alegramos mucho por esto, porque todo el mundo sabe que hemos recorrido un camino muy difícil”, sostuvo Ancelotti luego del juego. Su Milan sumaba el título 18 a nivel internacional, siendo el club más titulado.

Sin embargo, el ciclo comenzaba a presentar desgaste. El Catania los superó en octavos de final de la Copa Italia, con global de 3-2. En la liga, finalizaron en el quinto lugar con 64 puntos, quedando fuera de la zona Champions.

En la Liga de Campeones, quedaron fuera en octavos de final contra el Arsenal. Empataron sin goles en casa y perdieron dos por cero como visitantes. Para entonces, el Real Madrid había asomado la posibilidad de fichar a Ancelotti, pero no se dio.

“En ese momento, me contactó el Real Madrid, pero no hubo acuerdo porque dije que si el Milan no me dejaba ir, no me iría”, dijo en su libro el estratega.

Fin del ciclo

La última campaña de Ancelotti fue la 2008-2009. También fue la de Maldini. Al mismo tiempo, regresaba al equipo Shevchenko y se sumaban los fichajes estelares de Ronaldinho, David Beckahm, Gianluca Zambrotta, Thiago Silva y Mathieu Flamini.

El Milan no disputó la Champions League, pero sí la Europa League, torneo en el que quedó eliminado en los dieciseisavos de final ante el Werder Bremen con dos empates. Uno a uno en Alemania y dos a dos en Italia, pasando los teutones por marcador global.

En la Serie A, finalizaron en el tercer lugar con 74 puntos y en la Copa Italia, quedaron fuera al perder con la Lazio dos por uno en octavos de final.

“Fue un gran tiempo al Milan. Ganamos dos Champions y una liga. Me sentía como en casa, pero luego de ocho años la relación se enfrió. Berlusconi quería cambiar y yo quería ir al exterior”, dijo Ancelotti en su libro.

Galliani explicó que la decisión dejarlo ir a Inglaterra con el Chelsea, fue consensuada y la discutió con Berlusconi. “Era lo mejor para las dos partes. Él lo deseaba y la separación fue sin traumas. Carlo fue muy correcto. Dejó que el equipo decidiera, porque tenía un contrato”.

Beckham también dio buenas referencias, a pesar de jugar bajo sus órdenes solo una temporada. En el libro de Carlo, explicó que no dudó cuando se presentó la posibilidad de ir al Milan. Recordó el último día de Ancelotti en el banquillo como una jornada llena de emociones.

“Vi con mis propios ojos cuánto le querían en el vestuario. Dio un discurso muy sentido en italiano y yo le entendí la mitad, pero me conmovió. Vi llorar a como Maldini, Gattuso, Inzaghi y Nesta. Sabían que el club cambiaría, porque el hombre que hizo grande al Milan estaba por irse”.

Maldini lo definió como una persona que se molesta muy poco y que puede hacerte reír antes de una final de Champions. “No es rencoroso y tiene un corazón de oro. No necesita ser un Special One para ganar. Cuando creía equivocarse, me lo preguntaba. Cuando llegó a Milanello, era muy rígido tácticamente. Pero luego se abrió y maduró”.

Nesta tampoco dudó en decir que Ancelotti fue el mejor entrenador que tuvo en su carrera, porque le cambió la mentalidad. Contó que le dijo que no había mejor lugar para crecer que el Milan y, aunque le costó adaptase, siempre tuvo su apoyo.

“La primera vez que lo vi, fue en un entrenamiento con Italia en Milanello. Estaba al límite del campo y me dijo que al año siguiente quería verme en el Milan. Le dije que no, porque el club no me gustaba. Era de la Lazio y prefería quedarme en Roma. Tres meses más tarde, firmé con el Milan. Carlo me enseñó que aquí cada juego era una final. En la Lazio, bastaba con ganar el derby a la Roma. Me dijo que que si quería ser el mejor, tenía que seguir a los mejores, como a Maldini o Costacurta”.

Ancelotti terminó dirigiendo al club en Serie A en 423 partidos oficiales, con 238 victorias, 101 empates y 84 derrotas. Su huella en el banquillo fue más allá de los títulos y resultados. Fue un caballero y el último dirigente que dirigió al Milan con el escudo tatuado en el corazón, para llevarlo a la gloria en un ciclo exitoso.

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Roberto Baggio, el genio que Italia no supo comprender

Tony Cittadino (Mallorca).- Roberto Baggio es uno de los mejores futbolistas italianos de todos los tiempos. Su calidad con el balón se demostró una y otra vez, superando las tortuosas lesiones y jugando, prácticamente, con una rodilla. Aunque la relación con la mayoría de sus entrenadores no fue buena, el amor de los fanáticos los dividió entre el héroe de la cancha y el villano por errar el penal en el Mundial del 94. Un fallo que parece que nunca le perdonaron.

Baggio nació el 18 de febrero de 1967 en Caldogno, un pueblo de casi 11 mil personas cerca de Vicenza. En su autobiografía Una Porta Nel Cielo (2001), recordó que fue el sexto de ocho hermanos: Gianna, Walter, Carla, Giorgio, Anna Maria, Nadia y Eddy. Su madre es Matilde y su padre, Florindo, un ex jugador de fútbol y ciclista.

Su nombre fue en honor a dos jugadores estelares de la Juve e Italia: Roberto Boninsegna y Roberto Bettega. Comenzó a jugar a los 6 años y su firma con el Vicenza, su primer equipo, fue en parte gracias al párroco de la iglesia, que vio sus dotes de jugador y habló con la directiva del equipo. En 1979, anotó 42 goles y realizó 20 asistencias con el equipo juvenil de Caldogno. En total, en las juveniles llegó a marcar 110 goles en 120 partidos.

El Vicenza lo firmó cuando tenía 13 años, por 150 mil liras y debutó tres años más tarde, en la temporada 1982-1983. Sus ídolos eran los brasileños Cinesinho y Zico. La primera de sus tantas lesiones fue en 1982, en el menisco de la rodilla izquierda.

Ya en el Vicenza, había despertado el interés de la Fiorentina, la Sampdoria, el Torino y la Juventus. Su primer tanto fue el 3 de junio de 1984, ante el Brescia. Ya tenía 16 años. Irónicamente, lo haría con un penal. Como fue marcado por el destino. Un remate sutil, a ras del suelo, al lado izquierdo de la portería, engañando al arquero.

El 5 de mayo de 1985 se lesionó, dos días después de firmar con la Fiorentina por dos millardos 700 mil liras. Con el Vicenza jugó tres temporadas y en la última, la 1984-1985, anotó 12 goles en 29 partidos de la liga.“Me lesioné en el juego ante el Rimini, equipo del que era director técnico Arrigo Sacchi. Ganábamos un gol por cero, con un gol mío. Iba corriendo, me resbalé y la pierna se dobló hacia atrás. Sentí un dolor muy fuerte. Algunos pensaban que estaba fingiendo. Me rompí el ligamento cruzado anterior, la cápsula y el menisco de la pierna derecha. Ahí comenzó el calvario”, explicó al programa Sfide de la RAI.

Baggio se operó en Saint-Étienne con el doctor Bousquet. Fue el 5 junio, un mes después de la lesión. Le reconstruyeron la rodilla. La cirugía le dejó 220 puntos de sutura internos. Baggio más nunca fue igual en el campo, aunque sí supo reinventarse. En su libro explicó que se acercó al budismo por primera vez en 1987, gracias a su amigo Maurizio Boldrini. Fue dos años después de haberse lesionado.

“Cuando me lesioné, todos dijeron que debía retirarme. En ese tiempo, no lograba tener continuidad y no creía en mí mismo. Salía muy poco, porque siempre tenía que tener hielo en la rodilla y porque tenía miedo”, explicó Baggio, quien fue católico, pero no por fe, sino por costumbre.

El 12 de enero de 1988 inició su camino en el budismo y allí pudo refugiarse y salir adelante, porque se quería morir. No tenía esperanzas. Dos semanas después de la operación, pesaba 56 kilos. Había perdido 12, porque no dormía, ni comía.

“La operación fue un éxito científicamente en esos años, pero para mí fue terrible. La rodilla la tenía inflamada como un melón y la tenía sostenida por barras metálicas a los lados. Tenía un dolor terrible y estaba destruido. El dolor me traspasaba el cráneo. Era alérgico a los antiinflamatorios y los que me aplicaban, ni los sentía. Me sentía tan mal, que una vez le dije a mi madre que si me quería, que me matara, porque no aguantaba más. Era un tormento las 24 horas del día”, relató en su libro.

Su llegada a la Fiorentina

Baggio volvió al terreno de juego, luego de su traumática recuperación. Fue su primera campaña en Serie A con la Fiorentina en la zafra 1986-1987. Entre liga y Copa Italia, disputó 10 partidos y anotó tres goles.

En su libro, Baggio define a la entidad viola como su gran amor, porque creyeron en él y le ayudaron a recuperarse. “Nadie me entenderá, sino vivió lo que viví y si no conoce Florencia. Cuando llegué, era un campeón virtual. Tenía 18 años y un currículum de fenómeno, pero con una rodilla reconstruida. Estaba mal y la ciudad me amó rápido, confiando en mí, adoptándome como a su familia”.

El técnico que lo recibió fue Aldo Agroppi y nunca dudó de su talento. “Tenía prisa en recuperarlo, porque tenía enfrente a un gran jugador. Era inútil negarlo. Quería dirigir a un gran jugador y regresarle su valor. No pensaba en otra cosa”, dijo el estratega a Sfide.

El 3 de septiembre de 1986 debutó con el equipo ante el Empoli, en duelo de Copa Italia con par de tantos. Sin embargo, a las tres semanas volvió a romperse el menisco y tuvo que pasar de nuevo por el quirófano.

El 17 de septiembre de 1989 dio su primera gran muestra de su talento y su recuperación, al anotar un golazo ante el Napoli de Maradona en el estadio San Paolo. Tomó el balón desde antes del mediocampo y en una corrida triunfal, se fue quitando a los rivales con regates. Al llegar al área, superó al portero Giuliano Giuliani en el mano a mano y definió a puerta vacía.

Su crecimiento con el equipo viola siempre fue a más. Entre la campaña 1987-1988 y la 1989-1990, anotó 52 goles en 121 juegos entre liga y copa nacional. Los fanáticos soñaban con la nueva estrella del equipo, pero todo cambió justo antes del Mundial Italia 90.

Su partida a la Juventus, uno de los grandes rivales en el fútbol italiano, desató protestas en la ciudad, con un saldo fue de 50 heridos y 54 detenidos. El presidente del club, Ranieri Pontiello, explicó que la transacción fue para salvar a la entidad económicamente. “Su traspaso era una acción para evitarlo. Teníamos que igualar los balances económicos de la Fiorentina”.

Baggio dijo que quería quedarse en el club, pero se fue porque lo habían vendido. No era su deseo.

La magia en Italia 90

Baggio había debutado con la selección absoluta el 16 de noviembre de 1988 y su primer gol fue con un tiro libre, el 22 de abril de 1989 ante Uruguay. Había mucha expectativa de lo que podría hacer. Su convocatoria al Mundial, era el premio a la constancia.

Pero los días previos a Italia 90 no fueron fáciles, porque los fanáticos de la Fiorentina iban a Coverciano a increpar al jugador durante los entrenamientos. Por ese motivo, el director técnico de la selección italiana, Azeglio Vicini, debió cerrar las prácticas al público.

Debutó ante Checoslovaquia, en el tercer juego de la fase de grupos. Fue el 19 de junio de 1990 y en el minuto 77 anotó un gran gol con una jugada personal desde la mitad del campo. Un tanto parecido al que marcó con la Fiorentina en la Serie A. En esa Copa del Mundo, anotó dos tantos en cinco partidos. “Fue una emoción increíble e inexplicable, porque era mi primer juego y aseguramos la victoria”, dijo a Sfide.

Italia quedó eliminada en semifinales ante Argentina. Empataron a un gol en 120 minutos y cayeron en penales cuatro por tres. En el duelo por el tercer lugar, anotó uno de los dos tantos en el triunfo frente a Inglaterra. El segundo gol fue un penal de Salvatore Schillaci, al que Baggio le cedió para tirarlo y quedarse como líder goleador de la Copa.

La gloria con la Juventus

Baggio pasó a la Juventus y se consagró como un campeón, a pesar de admitir que no se acostumbró a la ciudad de Torino. “Il Codino”, apodado así por el presidente del club, Giovanni Agnelli, tuvo un rendimiento nunca antes visto. Marcó 102 goles en 171 juegos, entre la temporada 1990-1991 a la 1993-1994, la campaña previa al Mundial, perforó 22 veces las redes en 41 choques en todas las competiciones.

El momento más duro de su primera zafra con la Vecchia Signora, fue el regreso al Artemio Franchi de Florencia, donde se negó a tirar un penal por respeto a su antiguo club. Fue el 7 de abril de 1991 y el conjunto local ganó uno por cero. A pesar de ello, los fanáticos lo pitaron hasta el cansancio.

“No lanzar el penal era una decisión que habíamos tomado el día anterior, con el director técnico Luigi Maifredi. Si fallaba, entonces dirían que lo habría hecho a propósito”, expresó Baggio en Sfide. El propio estratega, confirmó la versión del jugador. “Camino a Florencia hablé con él y dijo que si eventualmente se pitaba un penal, no quería lanzarlo. Ganas tendría, pero no quería para evitar polémicas”.

En la contienda 1991-1992 llegó Giovanni Trapattoni como director técnico y se dio la tan esperada explosión de Baggio. Fue clave para ganar la Copa UEFA 1992-1993, al anotar par de goles en la victoria de tres por uno en la final ante el Borussia Dortmund. Alzó la copa como capitán y logró su primer trofeo internacional. “Fue algo bellísimo, porque fue la coronación de un año difícil”.

Al final del año 1993, ganó el Balón de Oro, siendo el cuarto italiano luego de Omar Sivori (1961), Gianni Rivera (1969) y Paolo Rossi (1982). También se quedó con el galardón FIFA World Player.

En su última campaña, la 1994-1995, anotó 14 dianas en 29 duelos en todas las competiciones y alcanzó el doblete con el título de liga y la Copa Italia, ahora con Marcello Lippi como estratega. En cinco temporadas con los bianconeros, jugó 200 partidos y marcó 115 goles.

La decisión de marcharse la tomó luego de que Bettega le comentó que si quería quedarse, debía rebajarse el sueldo a la mitad. “En el invierno había explotado Alessandro Del Piero y la directiva no tenía ganas de apostar por un jugador como yo, con 28 años y un sueldo alto. Estaba contento por Del Piero, porque lo vi crecer en los entrenamientos. Confiaba en mí, me pedía consejos y lo ayudaba”, recordó “Il Codino en su autobiografía”.

El tormento de Pasadena

Su segundo Mundial fue el de Estados Unidos 1994. En su libro describió el episodio de la final ante Brasil como una carga que siempre lo acompañó. Fue el domingo 17 de julio. Cómo olvidarlo. Antes de que arrancara la Copa del Mundo, su líder espiritual budista Daisaku Ikeda, le dijo, lo que a su juicio, era una profecía: “Ese Mundial lo ganarás o lo perderás en el último segundo”.

Baggio dijo que esas palabras las analizó día y noche y que la molestia en la pierna derecha que venía arrastrando del juego ante Bulgaria, no era impedimento para poder jugar el partido decisivo, a pesar de las críticas de algunos medios de comunicación y fanáticos.

El 10 de Italia ejecutó el último penal de la tanda, pero la pelota se marchó por encima del travesaño y Brasil se llevó la copa. “No basta cerrar los ojos para no verlo. Es como si lo reviviera todas las veces. El vuelo de la pelota, el silencio de mis fanáticos, los gritos de los otros, el abrazo de Gigi Riva. Pero ningún abrazo podría curar mi soledad. Una vez más, estaba solo”.

El estelar delantero aseguró que su vida nunca fue igual, después de ese momento. Se sintió señalado y fue hasta injusto, porque Italia llegó a la final por sus dos goles ante Nigeria, su diana ante España y su doblete frente a Bulgaria.  Además, antes que él habían fallado Franco Baresi y Daniele Massaro, algo que quizás pocos recuerdan. Si Baggio hubiera marcado, igual Brasil tenía una oportunidad más.

“Los años siguientes fueron los peores. No era yo. La carga hizo que olvidara los regates de mi infancia. Nunca había llegado hasta el fondo, porque perder en el campo está bien, pero no perder por un penal. Uno no debería ni siquiera festejar después de la victoria, porque no es una victoria. Nunca. El balón se fue muy alto. Es para reír, porque casi nunca fallé penales y los que fallé, me los pararon”, agregó en el libro.

Su amargo y triste relato no queda allí. “Uno ve al centro de la portería, a media altura, sabiendo que el portero se lanzará al otro lado. Pero la pelota agarra otro destino, como llevada al cielo por una mano invisible, tres metros por encima del travesaño. Los brasileños dicen que fue el gran Ayrton Senna. Pero lo único que queda es el dolor, con el que tienes que aprender a vivir”.

Afrontar la realidad no fue fácil. “Ese penal lo lancé luego, tantas veces. En los sueños, en el pasillo de la casa, hasta en la televisión y siempre marqué. Pero en los sueños, todo es diferente. La noche es una tortura, pero en la mañana estoy tranquilo. Voy al punto penal y antes de chutar, sé que marcaré. Cuando termina el sueño, despierto sonriente, como si hubiera anotado de verdad. Como si la carga se hubiera acabado. Pero es una ilusión. El peso se mantiene”.

Su paso por el Milan

En la temporada 1995-1996 pasó al Milan del poderoso político Silvio Berlusconi, club con el que anotó siete goles en 28 juegos y ganó el segundo título de liga de su carrera, ahora con Fabio Capello como dirigente. A pesar de su rendimiento, no fue convocado por Sacchi para la Eurocopa 96. De hecho, su presencia en la selección se fue reduciendo luego del Mundial.

“Cuando la Juve cambió de directiva, entendí que no estaba en sus planes. Elegí al Milan, porque fueron los que más me quisieron o los que me lo hicieron entender mejor. Me querían desde que estaba en la Fiorentina. Ahora estaba con Capello, ganando otro scudetto y con jugadores como Weah, Savicevic y Maldini”, dijo Baggio en su autobiografía.

En la zafra siguiente, anotó cinco dianas en 23 choques de la Serie A, pero se planteó nuevos horizontes. “Cuando Capello regresó a final de temporada, me dijo que no tenía más espacio para mí. Entonces fue momento de buscar otro equipo, porque faltaba un año para el Mundial. En esos años, gané todo lo que se podía ganar. Lo hice a mi modo. Trabajando duro”.

Baggio consideró que su firma con el equipo lombardo fue sencilla. “La Juve quería llevarme al Inter y yo dije, ‘no señor’. El Milan me había comprado moralmente en 1990, pero no se dio. Con Capello estuve bien al inicio, pero luego no. Cuando el juego se ponía bueno, me sacaba. Decía que era para cuidarme”, agregó.

La relación con el técnico se fue deteriorando sin freno. “Cuando se fue del Milan, parecía que quería arreglar cuentas con el equipo. Ya nadie lo soportaba en el vestuario. Una vez luego de ganar el scudetto, veníamos de regreso en un viaje de pretemporada y comenzó a decir cosas con doble sentido sobre mi talento. Decía que yo no aceptaba las sustituciones y que era mimado por la prensa”.

El 10 sintió que comenzaba a molestar y no quería ser un estorbo. “Entendí que era la hora de quitarles un problema. Me tenía que ir y me fui, aunque no me dolió como en el pasado. Había madurado. Solo quería conseguir un equipo en el que tuviera espacio”, explicó y recordó que con Berlusconi tuvo una mejor relación “porque además era diferente de Agnelli. Menos formal y más directo”.

Goleador en el Bologna

Su quinto uniforme lo vistió en la temporada 1997-1998, junto antes del Mundial. Luego de estar en los planes del Parma, se cayó la negociación. El Bologna lo había firmado y tuvo un rendimiento excelente, con 22 goles en 30 juegos. Fue la temporada en la que más goles firmó en su carrera, desde que anotó 21 para ganar el Balón de Oro. Sin embargo, no fue suficiente y el equipo terminó en el octavo lugar con 48 puntos.

Aquí también tuvo roces con el director técnico Renzo Ulivieri, quien lo dejó fuera de las convocatorias ante sus ex equipos Milan y Juventus. “El entrenador hace sus escogencias técnicas y pagué por eso, pero siempre pensé primero en el equipo”, explicó en Sfide.

“Ulivieri no me quería y lo dejó bien claro. Una vez no jugué por sanción y al regresar, la banda de capitán la tenía Marocchi. Me dijo que la semana que viene me la regresaba, pero nunca lo hizo. Más nunca fui capitán”, rememoró en su autobiografía.

Baggio anotó ocho goles en los últimos cinco partidos de la temporada, quedando en pleno estado de forma para el Mundial Francia 1998. Al final, se ganó la convocatoria del ahora director técnico Cesare Maldini. “Cuando me llamó para darme la noticia, pensé que era un chiste. Era una convocatoria de emergencia”.

La aventura de Francia 98

Su tercer Mundial fue el de Francia 1998, al que llegó peleando la titularidad con Del Piero, el ahora estelar jugador de la Juventus por el que la Vecchia Signora decidió apostar tres años antes en detrimento de Baggio.

“Me sentía parte del grupo, era feliz y confiaba en mí. Pero se hablaba de espacio limitado y de una rivalidad con Del Piero, que nunca existió”, dijo en su libro. El delantero disputó cuatro juegos y anotó dos goles, pero rara vez fue titular. Fue el primer jugador italiano en marcar en tres Copas del Mundo diferentes.

En el debut ante Chile el 11 de julio, dio una asistencia magistral a Christian Vieri y anotó el gol del empate a dos desde el punto penal. Otra vez, con el reto de los 12 pasos. “Pensé que si lo fallaba, me tendría que ir del país. En esos segundos, me pasó de todo por la cabeza”.

Baggio marcó con un remate bajo, a la derecha del portero. El otro tanto fue ante Austria. Italia quedó eliminada por tercer Mundial consecutivo en penales, ahora ante Francia. En la prórroga, falló el Gol de Oro con un remate cruzado espectacular, que salió fuera por poco.

“Cuando vi que falló Di Biagio desde el punto penal, me dieron ganas de llorar otra vez. Entendí que otra se había acabado y, de nuevo, de mala manera. Tenía un sabor de derrota muy amargo”.

El Dream Team del Inter

Luego del Mundial, volvió a cambiar de equipo. Ahora regresaba a Milán, para jugar con el Inter. Baggio se dio el lujo de estar en los tres grandes de Italia. Con el equipo nerazzurro, conformó una delantera de ensueño con Ronaldo e Iván Zamorano y luego con Álvaro Recoba. Estuvo dos temporadas y en todas las competiciones sumó 17 goles en 59 juegos.

“Fui al Inter, porque quería jugar la Champions y tenía 31 años”, recordó. En la primera contienda, estuvo a cargo de Luigi Simoni. El 26 de noviembre de 1998 se lució ante el Real Madrid en el Giuseppe Meazza, al anotar un doblete en la victoria de tres por uno y encaminar la clasificación a la segunda ronda.

En la segunda zafra tuvo problemas con el director técnico Lippi, quien estuvo al frente en la 1999-2000 y ya lo había dirigido en la Juve. En la primera vuelta, sólo jugó cuatro partidos y como suplente. “Jugaba el tiempo que me dejaban, pero tampoco es que tenía una varita mágica para entrar y cambiar los partidos. Nunca fui un jugador rompe grupos, ni que generara polémicas en el vestuario”, declaró en Sfide.

“Lippi me hizo al guerra, sin parar un minuto. Sin motivarme, sin lógica. No bastaban mis lesiones en la rodilla. Tenía que comer lo que él quería y si hacía un regate de más, se molestaba. Si un compañero me aplaudía, era peor. Algo nunca visto. Me vi reducido a los suplentes de los suplentes. Cada provocación suya, me fortalecía más. Me quiso destruir y no pudo”, describió en su autobiografía.

El 23 de mayo del 2000, el Inter debió jugar ante el Parma un partido de desempate, para dirimir el boleto a la Liga de Campeones. Ambas oncenas estaban igualadas en el cuarto lugar. Marcó un golazo de tiro libre en toda la escuadra superior izquierda y luego otro tanto más, ante el nobel portero Gianluigi Buffon.

Al final del encuentro, dijo a los micrófonos de la RAI. “Soy un profesional serio y lo demostré también este año, a pesar de todos los problemas que he tenido y sobre todo los que tuve con el entrenador”.

Era el enésimo capítulo de una polémica con un director técnico. Sin embargo, no se consideraba caprichoso o divo. “Nunca me comporté así. No, al menos, de forma consciente. Mi maldición es que tengo un sentimiento fuerte de justicia. Soy rebelde y eso no gusta. No me gustan las discriminaciones. Pero a la vez, soy una persona educada y controlada”, recordó en su libro.

El héroe del Brescia

Baggio no fue convocado por Dino Zoff para jugar la Eurocopa 2000, en la que Italia perdió la final ante Francia. Fue otra puñalada al corazón. Estuvo un tiempo sin contrato, a pesar de tener ofertas de Alemania, Inglaterra, España y Japón. Su prioridad era quedarse en Italia, cerca de la familia.

En el país de la bota, hubo intenciones por parte del Napoli, Udinese y Reggina. Para firmar con un club, quería contar con tres requisitos básicos. “Que el equipo jugara en la Serie A,  que estuviera cerca de mi casa y que me garantizaran la titularidad”.

Con esas condiciones, llegó  a un acuerdo con el Brescia, club con el que se retiró tras cuatro años. Jugó desde la temporada 2000-2001, hasta la 2003-2004. En total, estuvo en 101 partidos y anotó 46 goles en todas las competiciones.

El director técnico Carlo Mazzone lo recibió como a un hijo o mejor dicho, “como un hermano gemelo”, como lo describió, y el presidente del club Luigi Corioni hizo el esfuerzo para contratarlo. “Contratar a Baggio es un privilegio de pocos. Se dio la posibilidad de traerlo, a pesar de que su manager pretendía demasiado”, expresó el directivo a Sfide.

El contrato se firmó con una clausula curiosa. La estadía de Baggio en el Brescia, dependía al mismo tiempo de la de Mazzone. Si el técnico se iba, él también lo haría. “Es un jugador educado, profesional, puntual, generoso y es un ejemplo para todos. Si además me hace ganar, no puedo hablar mal de él”, expresó el técnico.

Durante su estancia en el Brescia, Baggio compartió con jugadores como Pep Guardiola y los jóvenes italianos Andrea Pirlo y Luca Toni, a la postre campeones del mundo en Alemania 2006.

Baggio dijo que Mazzone fue el mejor técnico que tuvo en su carrera. “Fue el que me hubiera gustado encontrar desde el comienzo. Sincero, no era hipócrita y no le gustaba el autoritarismo. Si el fútbol fuera dirigido por personas como él, fuera el mismo que soñé desde niño. Las estrellas no tuvieran miedo de manifestarse, los jóvenes no tuvieran prisa en madurar y los profesionales serían más honestos”, reflexionó en su libro.

Para entonces, buscaba su cuarto Mundial y tenía un entrenador en quién confiar. Tenía  la fe y la convicción de que quedarse en Italia era la decisión correcta. No se fue a Japón, porque quería seguir luchando por estar en la selección.

“En ese momento llamé a Trapattoni y le consulté si era bueno ir a Japón, porque tenía una oferta espectacular. Si no me hubiera dado esperanzas de ir al Mundial, aceptaba la oferta. Pero me dijo que me estaría siguiendo y que todo dependía de mi. Fue muy claro. Sabía que iba a ser difícil, pero había una posibilidad”, dijo en su autobiografía.

Pero su físico volvía a poner en duda su talento. El 23 de diciembre del 2000 se lesionó  en un juego ante el Lecce, tras cobrar un tiro libre y sufrir una lesión muscular.

El 24 de febrero del 2001 regresó al campo ante la Fiorentina en Florencia y marcó dos tantos que le dieron el empate a dos al Brescia. Uno fue un tiro libre que pegó en el travesaño y entró, dejando parado a Francesco Toldo.

El 1 de abril de 2001, anotó el golazo del empate a uno ante la Juventus en el Delle Alpi. Un pase en profundidad magistral del novato Pirlo, fue bajado de primera por Baggio con su pierna derecha, regateó al portero Edwin van der Sar y definió a puerta vacía.

“Fue un gol muy bello y un punto vital para nosotros. En especial, por cómo bajé el balón. Lo hice de primera y pude driblar al portero. Cuando comenzó la jugada, ya lo había pensado. Son decisiones que tienes que tomar rápido y todo salió. Casi nunca sale, pero cuando sucede, la satisfacción es triple. Si no lo intentas, sólo harás goles normales”, señaló en su libro.

Veinte días más tarde, también perforó las redes ante el Napoli, con un tiro libre, llevando adelante una remontada espectacular en la tabla. Salieron del descenso y terminaron en el séptimo puesto.

En la campaña 2001-2002 arrancó con ritmo demoledor, con ocho goles en ocho jornadas. El 30 de septiembre del 2001, anotó par de tantos en el segundo tiempo para darle el empate al Brescia en el derby frente a la Atalanta.

En la décima jornada, anotó ante el Piacenza, pero salió lesionado. Se recuperó y volvió a jugar el 28 de octubre, contra el Venezia. Baggio recibió una falta por detrás y se temió lo peor por su rodilla izquierda. Reingresó al campo y anotó un gol de penal en la segunda etapa. Minutos más tarde, se cayó sólo en el campo. La rodilla izquierda había sufrido una distorsión de primer grado, pero sin afectar a los ligamentos.

Al legar a casa, estuvo rezando seis horas. Estuvo tres meses fuera, a pesar de que al principio se hablaba de un par de semanas. Su recuperación fue en tiempo récord.  El 30 de enero ante el Parma en partido de semifinal de Copa Italia, se volvió a caer solo con fuertes dolores en la rodilla izquierda. “Durante media hora no la pude mover, porque era un dolor muy fuerte”, explicó. Esta vez sí se había roto los ligamentos cruzados. Se esperaba que debía estar fuera ocho meses, pero se recuperó en 76 días.

El 12 de febrero comenzó la rehabilitación, que realizó con el balón de la Copa del Mundo. Su deseo de jugar el Mundial 2002, con 35 años, lo mantenía motivado. El 21 de abril volvió una vez más a jugar, ahora ante la Fiorentina. Entró al minuto 71 y anotó par de tantos, para mantener la pelea por evitar el descenso.

Llegó el último juego de la temporada contra otro ex equipo, el Bologna. Fue el 5 de mayo de 2002. Baggio cobró un penal que le detuvo su compañero de selección en el Mundial del 94, Gianluca Pagliuca, pero le quedó el rebote y marcó el dos por cero. El Brescia ganó tres por cero y mantuvo la categoría, por segundo año seguido.

A pesar de la gran recuperación que tuvo, no pudo ir al Mundial. Trapattoni no lo convocó. No había espacio, porque el ataque estaba integrado por Vieri, Totti y Del Piero. “El técnico me llamó y me dijo que no me podía convocar, porque no me veía al 100%. Le dije que estaba bien, que todas las pruebas eran positivas y que todavía quedaba un mes para el Mundial. No pude convencerlo. Me dijo que ya tenía la convocatoria lista”, declaró a Sfide.

Baggio no vio los partidos de la selección, porque pasó sus vacaciones en Argentina. Casualmente, regresó a Italia el mismo día que el grupo regresó eliminado de Corea y Japón. En la 2002-2003 logró los 200 goles en Serie A y el 300 de su carrera, también de penal. Esa campaña terminó anotando 12 dianas y en la siguiente, también coleccionó una docena.

A pesar su estado de forma, Baggio también se quedó fuera de la Eurocopa 2004. Su retiro con la selección fue un partido amistoso ante España, jugado el 26 de abril de 2004 en el estadio Luigi Ferraris de Génova. Terminó uno a uno y jugó 87 minutos.

Su último partido en la Serie A fue el 16 de mayo ante el Milan en San Siro, que lo despidió con una ovación merecida y con Maldini como capitán. Así puso fin a una mágica trayectoria, que finalizó con 205 goles en Serie A y su dorsal 10 fue retirado en el Brescia. Un justo reconocimiento para un fuera de clase incomprendido en Italia.

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