Juventus, Barcelona y Real Madrid responden a la UEFA y defienden la Superliga

Redacción.- La disputa entre la UEFA y los equipos que continúan siendo parte de la Superliga no para. Este sábado el Barcelona, la Juventus y el Real Madrid, emitieron un comunicado rechazando las presiones de la UEFA y defendiendo, nuevamente, la posición de la creación de la nueva competición. Así reza el comunicado publicado por los tres equipos.

“En relación con el comunicado emitido el 7 de mayo por UEFA con respecto a la Super Liga y la posición adoptada por 9 de sus clubes fundadores, el Fútbol Club Barcelona, la Juventus de Turín y el Real Madrid Club de Fútbol manifiestan lo siguiente:

Los clubes fundadores de la Super Liga han recibido – y continúan recibiendo – presiones, amenazas y ofensas para que abandonen el proyecto y su responsabilidad y derecho de aportar soluciones al ecosistema del fútbol a través de propuestas concretas a través del diálogo constructivo. Esto es inaceptable en un estado de derecho y los Tribunales ya se han pronunciado sobre el proyecto de la Super Liga ordenando a FIFA y UEFA, con rotundidad, que se abstengan mientras se tramita el procedimiento judicial, directamente o a través de sus entidades afiliadas, de realizar cualquier actuación que pueda penalizar a los clubes fundadores o que vaya contra la Super Liga, reconociendo de este modo la apariencia de buen derecho de dicha iniciativa.

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El proyecto de la Super Liga fue diseñado de forma conjunta por sus 12 clubes fundadores:

con el objeto de aportar soluciones a la situación insostenible que atraviesa actualmente la familia del fútbol; los 12 clubes fundadores, así como diversos actores del fútbol europeo, han mostrado su profunda preocupación ante la actual coyuntura socioeconómica, considerando que resulta imprescindible emprender reformas estructurales destinadas a garantizar la sostenibilidad de nuestro deporte. Por ello, el pasado 18 de abril, los 12 clubes fundadores anunciaron su voluntad de crear la Super Liga y de establecer un canal de comunicación con UEFA y FIFA, con un espíritu constructivo y de colaboración entre las partes, tal y como les fue notificado en dicha fecha;

desde el máximo respeto a las estructuras actuales del fútbol y su ecosistema; en este sentido, los clubes fundadores acordaron expresamente que la Super Liga sólo tendría lugar si dicha competición resultaba reconocida por UEFA y/o FIFA o si, en virtud del ordenamiento jurídico aplicable, fuera reconocida como una competición compatible a todos los efectos con la continuidad de los clubes fundadores en sus respectivas competiciones nacionales. Sin embargo, y pese a ser conocedores de dichos términos, UEFA y FIFA han rehusado establecer canal de comunicación adecuado alguno; y

para aportar estabilidad financiera a toda la familia del fútbol europeo, actualmente afectado por una profunda crisis que amenaza la supervivencia de muchos clubes; muestra de ello, el compromiso asumido por la Super Liga de abonar pagos anuales de solidaridad que multiplican materialmente los ofrecidos por UEFA, y la obligación de reforzar las reglas de sostenibilidad financiera mediante la creación de un sistema de control claro, transparente y eficaz verificado por expertos.

La Super Liga era entendida por los 12 clubes fundadores como una oportunidad única para ofrecer a los fans de todo el mundo el mejor espectáculo posible y aumentar el interés global por el deporte, que se enfrenta a nuevas tendencias generacionales que amenazan su futuro. Por otra parte, también tenía como objeto primordial impulsar el fútbol femenino a nivel global, una oportunidad histórica para su promoción.

Somos plenamente conscientes de la diversidad de reacciones, en muy diversos ámbitos, que ha producido la iniciativa de la Super Liga y, en consecuencia, de la necesidad de reflexionar sobre los motivos que han generado dichas reacciones y reconsiderar el planteamiento propuesto en lo que resulte necesario. Sin embargo, incurríamos en una grave irresponsabilidad si, siendo conscientes de las necesidades y crisis sistémica del sector del fútbol, circunstancia que nos llevó a anunciar la Super Liga, abandonáramos nuestra misión de aportar soluciones eficaces y sostenibles y respuestas a las cuestiones que amenazan al fútbol.

Lamentamos profundamente que nuestros amigos y socios fundadores del proyecto de la Super Liga se encuentren inmersos en una postura incoherente -e inconsistente- tras asumir en el día de ayer ciertos compromisos con UEFA. Sin embargo, dado que los problemas materiales que llevaron a los 12 clubes a anunciar la Super Liga hace unas semanas no han desaparecido, reiteramos que, por respeto a nuestra historia, por nuestra responsabilidad ante nuestros socios y aficionados, por la sostenibilidad financiera del deporte y por el bien del fútbol, tenemos el deber de actuar con responsabilidad y de perseverar en la búsqueda de soluciones, pese a las inaceptables presiones y amenazas que continuamos recibiendo de UEFA.

En conclusión, reiteramos ante FIFA, UEFA y todos los actores del fútbol, como ya hemos hecho en diversas ocasiones desde el anuncio de la Super Liga, nuestro compromiso y firme voluntad de debatir, desde el debido respeto, sin presiones del todo intolerables y con respeto al Estado de Derecho, las soluciones más apropiadas para la sostenibilidad de toda la familia del fútbol”.

Real Madrid superó al Osasuna para seguir en carrera

Real Madrid

AS.- El peligro es aquello que pasa a menudo a centímetros de Zidane sin rozarle la piel. Un inmortalidad insólita en el fútbol. A un segundo de la explosión siempre acierta con el cable al que meterle la tijera. «Tantos problemas me han enseñado que siempre hay soluciones», dijo en la víspera. Quizá pensara en Militao, ese central inexistente en verano e imprescindible en primavera. Estudia para Ramos. Atrás y delante. Un cabezazo suyo mantiene al Real Madrid en posición de semiprivilegio en la Liga. Él, los cambios del francés y la academia (fantásticos Blanco y Miguel Gutiérrez) fueron las buenas noticias. La mala, que ponga a quien ponga Zidane arriba nadie auxilia a Benzema con el gol.

Resumen del partido

El francés había metido la mitad de los goles del Real Madrid en los 18 últimos partidos. Así que por ahí ni Zidane, un día apóstol de la rotación radical, se atreve a repartir la carga. Quitarle es la única acrobacia que no puede permitirse. Del resto, tras casi sesenta lesiones, puede elaborar un tratado. Ante Osasuna, como estaba previsto, se ahorró a Modric y Kroos, los pilotos en Stamford Bridge, y acomodó un dibujo de alto riesgo. Odriozola y Marcelo con sólo dos centrales como factor de corrección y una verbena ofensiva a espaldas de Benzema: Asensio, Hazard y Vinicius. Para no adelantar el Día de la Madre dobló los socorristas: Casemiro más Blanco, quién sabe si ese mediocentro de repuesto que no ha brotado en la cantera ni en la cartera. Una vez más, hay hacer noche en el armario para encontrar a Isco.

Osasuna, con el curso aprobado y camino del notable, llegó mucho más fresco. Sólo repitieron tres de los que jugaron hace una semana en Vigo, donde los suplentes fueron mayoría. Así que Arrasate tuvo a su equipo de gala, con Moncayola y Javi Martínez, dos superproyectos rojillos, y Chimy Ávila, que después de dos roturas de cruzado volvía a ser titular. No sucedía desde enero de 2020.

Hazard, de los chispazos al apagón

El Madrid procesó bien los datos de salida. El favor del Granada, los apuros del Atlético y una aritmética mucho más amable que hace una semana. Así que abrió gas pronto, empezando por Hazard, que apunta a ser tangible. Quizá, a la undécima, se convierta en ese fichaje que Madrid lleva esperando ocho estaciones. En dos minutos dibujó un esprint vertical mal acabado y una internada desde la izquierda sin rematador. Y ahí, y en un remate pifiado después, se acabó. No parece el refuerzo que Zidane precisará en Londres.

El juego del Real Madrid, con tantos futbolistas de fantasía, tuvo más gracia de lo habitual. Hasta Casemiro se contagió del clima festivo e intentó un gol desde campo propio que no encontró premio. Cada día tiene más arrebatos de mediapunta. Más si Blanco, otra vez impecable, le guarda las espaldas. En esa fase, Militao fue la mejor baza ofensiva de Osasuna, con una cesión crítica a Courtois. El belga le salvó el pellejo. El segundo susto le llegó en un centro chut de Manu Sánchez. «Aquí la presión es una forma de vida; se valora más que un regate», dice Arrate, pero su Osasuna es bastante más. Ofrece un buen despliegue ofensivo, en número y en intenciones. Hasta le anularon un gol, de Ávila, por fuera de juego antes del descanso.

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Como el equipo navarro no rechazó jugar a campo abierto, quedó un partido muy vistoso, aunque claramente vencido sobre Sergio Herrera. El meta tuvo tres minutos heroicos, en un remate mordido de Hazard y dos cabezazos de Militao. Fue el preaviso que no escuchó Osasuna. Blanco y Asensio tuvieron un papel principal en la acometida blanca. El primero, por omnipresencia; el segundo, por sentido de la responsabilidad. Alguien tenía que poner cierto orden en aquella manada de delanteros. En cualquier caso, el equipo de Zidane no acababa de cumplir el objetivo principal: resolver pronto para poner las cabezas y las piernas a disposición de la Champions.

Rodrygo, el revulsivo del Real Madrid

La segunda mitad amaneció con parte médico: molestias de Varane, sustituido por Nacho. El caso clínico es caso crónico. El Real Madrid, de cualquier modo, no fue el del principio. Circulación más lenta, menos juego perimetral, poco nervio y nula presencia en el área más allá de una volea alta de Militao, el mejor en las dos áreas.

El plan de reactivación de Zidane fue un cambio radical en la banda izquierda (Miguel Gutiérrez y Asensio). Arrasate respondió con Brasanac y Budimir, su mejor goleador. Pieza por pieza en un equipo hermético, atrincherado detrás de la pelota contemplando la degradación ofensiva del Madrid. En cualquier caso, Rodrygo sí pareció un impulso en la recta final. Resultó el más profundo arrancando desde la derecha, pero fueron la estrategia y Militao quienes acabaron lanzando el salvavidas al Madrid. Isco, otro que entró con buen pie, botó un córner con la precisión habitual de Kroos, el brasileño metió su tercer cabezazo de la noche cerca del punto de penalti y superó al hasta entonces invencible Herrera. Luego, Casemiro aseguró el triunfo sin querer. Un mal control acabó en buen remate. Y el Real Madrid le mandó al Atlético el mensaje de que acepta el órdago con los goles de dos jugadores de quite. Con Zidane todo es posible.

Foto: AS

Darwin Machís paró en seco al Barcelona

Darwin Machís castigó al FC Barcelona

AS.- El guionista de esta Liga es un genio que ya querrían fichar los impulsores de otras competiciones. La tendencia del Barça al suicidio y a ahogarse en la orilla es tan infinita como la fe de este Granada que está haciendo historia y que demuestra que hay equipos que merecen resultados legendarios. La victoria del Granada en el Camp Nou por 1-2 es un bombazo que cambia el decorado de una Liga que parecía diseñada para entrar en sus últimas cinco jornadas con un Barcelona liderando la tabla tras culminar una remontada sin precedentes, que se hundió en el momento menos pensado. Cuando todo estaba a favor de los blaugranas, estos naufragaron y cambiaron el decorado de un campeonato apasionante.

Resumen del partido

El Barça tenía a su alcance el liderato, depender de sí mismo para ganar el campeonato y cuando tenía la mejor mano en la mesa, tiró las cartas, se fue a fumar y cuando volvió le habían ganado hasta la cartera. Le toca al equipo culé volver a remar, levantarse de la lona en un campeonato que parece un combate entre púgiles medio sonados que alternan ratos inquietantes en la lona con ataques de rabia. Al Barça le tocó besar la lona en un ejercicio de impotencia.

Fue el Granada un equipo mucho más inteligente que el Barça, que pecó de mal de altura. Una pandemia que afecta a cualquier equipo que este campeonato se vea a un paso de la gloria. Van tan justos todos, que parece que prefieren resguardarse y administrar de salida a imponer su ley. Le pasó al Atlético en San Mamés, le pasa a menudo al Real Madrid y le pasó al Barcelona. Ver el sol tan cerca deslumbra.

Nadie ha entendido que para ganar LaLiga hay que ser alocado y depredador. Hay equipos que sólo saben perseguir y que cuando están adelantando a los rivales, como le pasó al Barcelona cuando Messi marcó el 1-0, se preocupan más de mirar al retrovisor que a la carretera. Y el Granada aprovechó este ensimismamiento culé para hacer honor a su gigantesca temporada. El Granada es un equipo que ya sabe que ha triunfado este año y que por eso no mira el retrovisor. Sin complejos, bien plantado, valiente y competitivo. No es mejor que el Barça, pero compite mejor que el Barça.

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Dijo Koeman en la previa del partido que no pensaba tocar lo que funcionaba y que no le iba a mediatizar el hecho de que cuatro titulares indiscutibles estuvieran a una tarjeta de perderse el próximo partido. El Barcelona salió a jugar dando la sensación de que lo que estaba en juego no era un partido definitivo, que era un día más en la oficina. Lejos de salir a todo tren, el equipo blaugrana salió a madurar un partido que esta temporada ha perdido muchas veces.

De entrada, el plan salió medio bien, porque está Messi, claro. Su gol en el minuto 24 tras una asistencia de Griezmann pareció que abría la puerta a la gloria. El resultado de un ejercicio de paciencia en el que los blaugranas prefirieron asegurar antes que destruir. Pero lo acabaron pagando.

El argumento de Messi era la principal y única amenaza de un equipo que parece haber llegado a la conclusión de que el éxito pasa más por la solidez que por la ambición. Y eso no deja de ser una traición al estilo de un equipo que cuando ha ganado ha sido siendo ambicioso.

Ante el Granada, el Barcelona apostó por la prudencia, nunca intimidó, se limitó a controlar un partido ante un rival incontrolable y rebelde que en dos latigazos en la segunda parte rompió todos los sueños culés y le demostró al Barça que la orilla está más lejos de lo que se creía. De momento, se ha vuelto a ahogar cuando tocaba la pared. Y la culpa es suya, por dejar de nadar.

Foto: Granada CF

El Madrid se complicó al empatar con el Betis

Real Madrid

AS.- Por sus bajas, por su desventaja y por una falta de gol endémica, el Madrid vive al filo de lo imposible, con la sensación de que con lo que tiene no le da para Liga y Champions. No hay forense que le dé por muerto, menos con Zidane en banquillo, pero cada partido le cuesta un esfuerzo inmenso. Y tras el empate ante el Betis queda obligado a mirar de frente a la Champions y ya muy de reojo a la Liga, donde los aspirantes son manada. La sensación es que nada sucede si no se le ocurre a Benzema y el francés también tiene derecho a bajar el volumen.

Resumen del partido

Llega el Chelsea y Zidane deja claro que cambia la conversación. En esa clave hay que interpretar el regreso al 4-3-3, la misión (enésima) de Nacho como lateral izquierdo, la vuelta al banquillo de Marcelo y la presencia de Isco ante el Betis. También la suplencia de Vinicius, al que se guardó para el martes. La barahúnda que genera no tiene réplica en la plantilla. La Champions se gana con oficio y por ahí irán los tiros, por reunir a la mayor parte de los que han llenado de copas el museo en la última década y ordenados como entonces.

La respuesta del Betis fue la prevista. Canales por Fekir, la escuela de bellas artes del Villamarín, refresco para los extremos y Guardado por Guido para doblar la vigilancia en el centro del campo. Con unos y otros trasteó bien los primeros minutos, con un empacho de pelota, un buen juego en corto y ninguna estampida de los tres puntas del Madrid, al que cruzar el mediocampo le costaba demasiado. Quedó la impresión de que el equipo blanco, mejor rematado que en las últimas semanas, miraba por detrás del partido. Ese es el encanto y, a la vez, el peligro de la Champions.

Benzema, para ataque del Madrid

Así que el choque se fue volviendo pelmazo, un ejemplo de aquellos que justificaron la sublevación de la Superliga hasta que apareció Benzema, que en su versión celestial dejó un quiebro en un ladrillo y un disparo posterior que rechazó Bravo. La versión extendida del francés parece la única solución ofensiva del Madrid.

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En cualquier caso, el lance cambió la dirección del viento. Sin exagerar y sin demasiada gracia, el equipo de Zidane fue domando al Betis, que le había dado la espalda a la portería, desde los pies de Isco y Modric. Pero más allá hubo poca vida. Rodrygo está muy afectado por la irregularidad, pecado de juventud, y Asensio sigue sin ese cambio de ritmo que se sospecha que tiene pero no aparece. Permutaron sus bandas con frecuencia sin resultado aparente. Hace tiempo que el Madrid se mueve a ritmo tropical, con cuidado para que no reviente la caldera, y eso alarga mucho los partidos. Antes del descanso Benzema tuvo la ocasión menos borrosa, pero su derecha a la media vuelta se fue camino de Barajas. Para entonces, el riego y la lluvia habían dejado un firme peligrosamente deslizante.

Cambio de dibujo

Al Betis lo espabiló Laínez en la segunda mitad. Pero no tuvo más acompañamiento que el de Emerson. Nadie se puso al remate. Tampoco en el Madrid, que volvió a avisar, en un centro chut tenso de Rodrygo que golpeó el larguero. Fue lo último que registró en el partido, porque Zidane entendió que el duelo necesitaba el efecto desfibrilador de Vinicius. Su entrada coincidió con la mejor ocasión del Betis. Guido fue limpiando rivales hasta despejar el horizonte para pifiar luego el disparo. Y repitió luego Borja Iglesias, aún en mejor posición. Tampoco atinó. El Betis contragolpeaba ya con intención ante un Madrid más descuidado por las prisas.

Como el equipo languidecía, Zidane viró hacia el 3-4-3, con Odriozola y Marcelo. En un minuto provocaron el primer desajuste en el Betis. Ahora el partido sí tenía marcha, volaba de área a área. Incluso hubo motivo para pitar uno de esos neopenaltis por mano de Miranda. Y en esas llegó Hazard, que antes de convertirse en un manual de anatomía, pugnaba por ser el tercer mejor futbolista del mundo. No está para poner del revés al Madrid. Tampoco se le espera. Pasó sin dejar huella por un partido que, para el equipo de Zidane, puede ser el principio del adiós a la Liga.

Foto: AS

El Barcelona goleó con la guía de Messi

Barcelona

AS.- Leo Messi tomó la palabra en el debate sobre el futuro del fútbol. Hay unos que dicen que el fútbol es negocio y otros que es de los fans. Opiniones respetables hasta que empieza el partido y todo depende de los jugadores. Entonces, las dudas se disipan y el fútbol es de ellos, y si entre los elegidos está Messi en modo tiburón, entonces ya no queda duda: el fútbol pertenece a Messi. El argentino fue el factor determinante para que el Barcelona se impusiera por 5-2 al Getafe y siga dependiendo de si mismo para ganar LaLiga en un partido que el equipo blaugrana se complicó de mala manera cuando lo tenía archivado.

La primera parte del argentino ante el Getafe fue una aparición aparte respecto al que jugaban el resto de los contendientes. Para el que viera el partido no hace falta explicar que cada vez que la pelota le llegaba al 10 blaugrana pasaban otras cosas, pero para el que no lo viera y se fíe de los números se puede aportar la fría estadística. En 45 minutos el Barça chutó seis veces, todos los disparos de Messi; dos de esos disparos fueron al palo, de Messi, claro y el tanto que se metió el Getafe en propia puerta llegó tras una presión del argentino. En la segunda, cuando el Barcelona sufría, Leo le puso un regalo a Araújo para que cerrara un partido que iba camino de la taquicardia.

Resumen del partido

Koeman, que no es amigo de cambiar lo que funciona, únicamente introdujo un cambio en su equipo respecto al que ganó la Copa. Sergi Roberto salió por Dest y la opción de hacer jugar a Dembélé quedó descartada en el entrenamiento matinal con la lesión del francés.

Bordalás, por su parte movió el equipo pensando en el duelo ante el Huesca (que hizo lo propio ante el Atlético) y soportó de entrada como pudo el chaparrón de Messi, que a los cuatro minutos ya había disparado al larguero.

El partido se puso a gusto del equipo de Messi a los 8 minutos cuando Leo marcó el 1-0, pero Lenglet, que ya había visto una amarilla a los seis minutos se empeñó en complicar la cosa. El central francés marcó en propia puerta con la mano un centro de Ángel (o era gol o penalti), que leyó a la perfección que el Barça jugaba con uno menos por un golpe de Mingueza.

El duelo se complicaba para los blaugrana, pero Chakla desmontó el intento de los de Bordalás correspondiendo al error de Lenglet con otro gol en propia puerta al hacerse un lío con Soria en la cesión.

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El Barcelona no desaprovechó la invitación a entrar de nuevo en el partido y Messi siguió con su cabalgata. Hasta el punto de inventarse un gol con auto asistencia. Leo chutó al palo con furia, le rebotó el balón tras estrellarse en el poste y recogiendo el rebote, acomodó la pelota con suavidad para marcar el 3-1.

En la reanudación, Koeman retiró a sus centrales y Bordalás empezó a pensar más en el Huesca. Parecía que se firmaba la treguaque Messi había impuesto en la primera parte. Pero la desidia es traidora y cuando parecía que nada iba a pasar, Araújo cometió un penalti al pisar a Unal que el árbitro no vio y que el VAR detectó para que el turco pusiera emoción al partido. 3-2 a falta de 20 minutos y lo que parecía sentenciado entraba en la fase de nervios. Y Koeman, para añadir picante al guiso introdujo a Umtiti por Mingueza, que llevaba seis partidos sin jugar.

Con el Barcelona siendo víctima de sus fantasmas y el Getafe crecido, volvió a aparecer messi para colocar un córner que Araújo remató a gol antes de que Griezmann, ya en el descuento, redondeara el marcador con un gol de penalti que Messi, dueño de todo, le cedió para que maquillara un partido penoso.

Foto: Reuters

El Madrid empató sin goles con el Getafe

Real Madrid

AS.- Lo que queda del Madrid no alcanza. Tres palizas y nueve bajas acaban con cualquiera. Más si en tiempos de coronavirus se permite desplumar la plantilla (Odegaard, Modric, Mayoral…) sobre la marcha. Así que un equipo extenuado, sometido a una cirugía mayor en la alineación y con un adversario necesitado enfrente se dejó parte de la ventaja que le dio el Clásico y se separó del cogote del Atlético. Pudo ser peor sin algún milagro de Courtois. El Getafe tuvo momentos de su edad de oro, pero en puntería estuvo como el resto del curso, a bajo cero.

Resumen del partido

Llegar vivo a mañana. Ese es el largo plazo del Madrid. El partido a partido sin conservantes ni colorantes. La plantilla resulta ahora variadísima: lesionados a tiempo completo (Ramos, Mendy y Lucas), lesionados a tiempo parcial (Carvajal y Hazard), confinados (Varane y Valverde), sancionados (Nacho y Casemiro), exprimidos (Modric, Kroos, Benzema…) y oxidados (Odriozola, Marcelo, Isco, Mariano…). El resumen rápido es que llegó a Getafe con nueve ausentes y Zidane, que tiene a mano los datos de los tres últimos superesfuerzos, añadió dos más de salida: Kroos y Benzema. De ese once con el que soñaría para la final de una Champions sólo quedaron Courtois y Modric. Una rotación extrema de los tiempos del banquillo de oro sin oro en el banquillo. Ahí sólo quedan ahora canteranos enviados a Stalingrado, muchos con 90 minutos con el Castilla el día anterior. Con tales privaciones le quedó a Zidane un once sin más mediocentro que Modric, cuatro mediapuntas y Mariano. Un ensayo clínico que no salió bien.

En el Getafe la crisis es de fe. Y eso resulta aún peor. Sin razón aparente, el presidente deja de creer en el entrenador y el mensaje de este al vestuario, que fue ley, se lo ha llevado el viento. Así que como Bordalás está convencido de que el problema no es de nombres compuso un once poco revolucionario, con Ünal como segundo punta y sin Kubo, que aquí tampoco ha roto en primer espada.

El cabezazo de Mata

En cualquier caso, el grupo parece tener conciencia del peligro y se echó sobre ese Madrid de retales de fuera hacia dentro. Lo mejor del Getafe está en sus bandas, con Aleñá y Cucurella. Y resultan más vistosos si enfrente encuentran laterales sin retorno como Odriozola o Marcelo. En diez minutos llamó tres veces a las puertas de Courtois, aunque el belga sólo fue relevante en un remate forzado de Olivera. Con todo, no fue ese Getafe triunfal que mortificaba con su presión, con su juego interrumpido, con su propensión al balón largo. Un equipo que se hacía pelmazo. Al Madrid también le permitió llegar. De hecho, en esa fase, Mariano marcó un gol en una contra invalidado por un fuera de juego de una uña. Así se lo pareció al asistente y al VAR. El tren pasaría otra vez para él poco después. Y su cabezazo mordido lo salvó sobre la línea Timor tras una salida al viento de David Soria.

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El partido amaneció, pues, con ida y vuelta, una agitación que nunca le fue al Getafe pero lógica vista la abrumadora mayoría de jugadores de toque frente a los de quite en el Madrid. En cualquier caso, tuvo más sustancia el ataque azulón. Un cabezazo picado de Mata topó en palo en esos minutos de paciente ataque de los Bordalás, que apretó de verdad al Madrid con sus dos puntas corpulentos.

El Madrid, como en Liverpool, tuvo poco de insistencia y mucho de resistencia. Quedó la percepción de que pretende que no se le lleve la riada hasta que amaine. Y Modric evidenció por qué era el único titular de verdad e Isco, que aún es futbolista de provecho. Del gol, antes del descanso, sólo estuvo cerca en las dos ocasiones frustradas de Mariano y en un cabezazo franco y sin colocación de Vinicius.

Madrid en blanco

La segunda mitad sacó a flote que Modric, por falta de hábito, arriesga como un mediapunta donde no es aconsejable para un pivote. En dos malas salidas suyas y otra imprudente de Marcelo se vio en el abismo el Madrid. Las dos primeras pasaron de largo. En la tercera, Courtois se vio obligado a la parada del partido en zapatazo de Ünal.

Ante la falta de progresos y una presión más fiera del Getafe, Zidane ya no pudo contenerse. Metió a Benzema y, aunque recluta, a un mediocentro de verdad, Blanco. Un movimiento de doble intención: la de aminorar pérdidas de riesgo en el inicio de las posesiones y la de dar más cancha ofensiva a Modric e Isco. El Madrid no había existido en ataque en la segunda mitad. Su apariencia era la de un equipo exhausto, al límite, por encima de sus posibilidades físicas. Lo vio también Bordalás, que tiró de Ángel, el goleador de segunda instancia. Pronto cogió el hilo del partido. Su primer remate se le fue por un palmo. Luego reclamó un penalti de Militao y Courtois tuvo que sacar su mano para detener a un Getafe entonces claramente superior en ambición y empuje.

Benzema, el fichaje de la última media hora, resultó aún más irrelevante que Mariano. Y así el Madrid se alejó de la cabeza y quedó a distancia de tiro del Barça. Ahora sólo está en manos de sus dolientes rescatadores.

Foto: AS

El Madrid derrotó al Barcelona para tomar la punta

Real Madrid

AS.- Madrid y Barça echaron a pies (¡y qué pies!) quién encabezaría la persecución al Atlético en un partido que empezó recatado y acabó desbocado, agónico, en medio de una tormenta brutal que lo empapó todo de épica. Fue un Clásico extremo, agotador, que alzó al Madrid en líder de la leal oposición. El Barça se quedó la pelota y eso hace tiempo que no basta. Del Madrid fueron el oficio y Vinicius, un proyectil tan impreciso como imparable. Sufrió hasta el final su victoria por no ser concreto en las contras, pero se metió en la cama líder provisional.

Resumen del partido 

Los clásicos producen vértigo. Sobran datos, aunque ese estudio aún esté pendiente de publicación en revistas científicas. Y es que lo que encierran no sólo queda escrito en la clasificación, sino en la memoria: las ‘manitas’ de ida y vuelta, el set de Guardiola, el marcaje de Camacho a Cruyff, el ‘a callar’ de Raúl, el intento de Messi por tender su camiseta en un fondo del Bernabéu, el cochinillo volante, el «puto amo» de Pep, los «¿por qué?» de Mourinho, la sordera de Figo… Así que el peso del partido se lleva por delante hasta lo que funciona. Zidane venía de vapulear al Liverpool con Asensio y recogió cable ante el Barça con Valverde para doblar la guardia sobre Alba, el canal de comunicación preferido de Messi. Acertó.

Y Koeman, que había repetido triunfalmente alineación en cuatro partidos, también recogió velas: Araújo en la troika de centrales (después de amagar con Piqué, que para este evento se apuntaría infiltrado o amputado), De Jong de volante y Griezmann en el banquillo. Ese puntito de extravagancia cuando visitaba al Madrid ya lo trajo de serie el primer Cruyff. Se desconoce si es costumbre holandesa. No le salió.

Tacón de oro

Las cuestiones previas se resolvieron pronto. La presión adelantada fue mutua y la pelota se la quedó el Barça. Su rondo eterno es el principio de la sedación. A veces cuela y a veces no.

El caso es que esa extrema vigilancia en cualquier zona del campo creó una atmósfera agobiante, cerrada, de máxima tensión. Pero entre lo académico siempre acaba colándose lo imprevisto. Y ahí surgió una jugada de otro partido. Valverde rompió, por cilindrada, desde el centro, abrió a Lucas y su envío raso al primer palo lo resolvió Benzema sobre la marcha con un taconazo preciso, con arte y ciencia. Un gol mayúsculo y un premio que hasta entonces no había merecido ninguno. El repertorio del francés se ha vuelto infinito. No hay nueve en el mundo que fuera del área conserve intactas todas sus propiedades.

El partido ya no fue el mismo. El Barça adquirió nuevas obligaciones y sólo las asumió Pedri, un fantástico ‘viejoven’. Y el Madrid cedió más campo en beneficio propio. Aquello era robar y matar. Matar con Vinicius, cuya velocidad desmantelaba a la zaga blaugrana. El brasileño anda suelto. Pregunten a Mingueza. El joven central del Barça sólo pudo parar casi sobre la línea del área uno de esos acelerones. Lo que sucedió después fue mitad fortuna blanca mitad despropósito azulgrana. Kroos golpeó la falta sin demasiada convicción, Dest, a un metro de la barrera, desvió el tiro y Alba, sobre la línea, metió la cabeza sin éxito.

Un final de película

El Barça estaba en un laberinto y el Madrid, en su salsa: dos líneas que balonmanizaban el ataque culé, Benzema de lanzador y Vinicius en versión supersónica. El brasileño volvió a arrancar la moto poco después para cederle un gran pase a Valverde. El remate del uruguayo topó en el palo (el primero de los cuatro que hubo en el duelo). Zidane había metido a Valverde para cegar a Alba y era Alba quien perdía el rastro al charrúa. Quien tenía la pelota no tenía la razón. Con todo, Messi tuvo su minuto explosivo: estuvo al borde del gol olímpico (el larguero lo evitó) en córner inexistente y Courtois le tapó un remate que el VAR habría invalidado por mano previa.

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Con todo perdido, Koeman dio media vuelta. Griezmann por Dest y 4-3-3 ante un Madrid víctima del enésimo contratiempo: la lesión de Lucas Vázquez. Al Barça no le quedaba otra que vivir al filo de lo imposible bajo un huracán. Con dos extremos abiertos y dos laterales de asalto, cualquier contra del Madrid parecía tener veneno. El equipo de Zidane estaba convencido de que era mejor penalizar que mandar. Y el partido le empezaba a ofrecer grandes oportunidades. Dos se le fueron a Benzema antes de que Mingueza cambiara el rumbo del partido al meter la espinilla a un centro de Jordi Alba que pasó ante las barbas de muchos y nadie tocó. Zidane metió entonces a Asensio, visto que el Barça se movía en el alambre. Araujo desvió a su palo un centro de Vinicius. Jordi Alba, que pedía paso en el partido, tuvo el empate, pero Courtois estuvo providencial.

El partido se había agitado mucho y Zidane entendió que el desgaste empezaba a matar a los suyos. Descapitalizó mucho al equipo al retirar a Kroos, Benzema y Vinicius. Koeman metió más madera en el centro del campo con Ilaix. La apuesta final iba a ser física. Aún hubo tiempo para el lío arbitral por un levísimo contacto de Mendy sobre Braithwaite. Koeman montó un circo por un lance que no lo merecía (luego le siguió Piqué, una autoridad en circos). Después Casemiro se buscó dos amarillas en un minuto para hacer más agónico el final para el Madrid. El partido acabó con un remate al larguero de Ilaix y Ter Stegen en el área blanca. Un monumento al fútbol.

Foto: Reuters 

Barcelona ganó sobre la hora con gol de Dembélé

Barcelona

AS.- De nuevo la épica volvió a rescatar al Barcelona, que con su agónico triunfo ante un heroico Valladolid por 1-0 con gol de Dembélé en el minuto 90, se sitúa a un punto del líder y sigue dependiendo de si mismo para ganar LaLiga. Pero la épica y el milagro de Dembélé no tapa que el equipo blaugrana volvió a estar a un milímetro de pegarse un trompazo injustificable.

Resumen del partido

Los tópicos en el fútbol son tan odiosos como ciertos. Y cuando ante un duelo que se adivina plácido para un Barcelona con ínfulas de asaltar el liderato tras el parón de selecciones recibiendo a un Valladolid que comparecía en el Camp Nou con el cartel de víctima propiciatoria y a seis días del Clásico alguien habla de ‘partido trampa’ es por algo. Es una horterada de expresión, pero si se ha instalado en el imaginario futbolero será por algo. Por partidos como el que disputaron Barcelona y Valladolid.

Koeman repitió alineación por cuarto partido consecutivo despreciando el riesgo que suponía alinear a Messi y De Jong, que salieron al campo a jugar con la amenaza de que una amarilla les echaba del Clásico. El arrojo del técnico holandés en la pizarra buscando calcar el equipo que tan buen resultado dio antes del parón fue lo único reconocible respecto al Barça que goleó a la Real. El equipo catalán perpetró una puesta en escena espantosa.

Lento, impreciso, obsesionado por entrar por el centro, donde Dembélé no encontraba espacios, al Barcelona el partido se le hizo bola de entrada. Todo lo contrario que al Valladolid. Sergio ganó de salida la partida táctica y su equipo no sólo se defendió perfectamente sino que además castigaba las constantes pérdidas de balón del Barça. Les faltó puntería, pero en el primer acto siempre dio la sensación de que se jugaba el partido que querían los pucelanos.

Polémica para el Barcelona

Kodro avisó con un remate de cabeza al larguero al los 9 minutos y las llegadas por banda de Olaza, que en la segunda parte tuvo una gran ocasión, y Janko creaban peligro ante un Barça de encefalograma plano que sólo dio señales de vida en el descuento de la primera parte con un disparo lejano de Pedri que Masip tocó lo justo para desviar el balón al poste.

El Barça no encontraba el camino y jugaba con fuego. Koeman estaba obligado a mover algo de cara a la segunda parte, el Valladolid tenía que aguantar el excelente partido que estaba ofreciendo y mejorar únicamente su producción en los metros finales.

No cambió el técnico local jugadores, pero si el dibujo disponiendo un 4-3-3 que llevaba a Dembélé a la banda y a De Jong al centro del campo.

Dembélé en diez minutos como extremo intervino más que en toda la primera parte y a los 59 minutos obligó a Masip a lucirse con un rechace que Griezmann, inédito hasta ese momento, no acertó a embocar de cabeza.

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El Valladolid no se dejó impresionar por la presión barcelonista y respondió al envite con valentía. Los pucelanos reclamaron un penalti por manos de Alba justo antes de que Koeman revolucionara a su equipo dando entrada a Griezmann, Trincāo y Araújo.

El asedio del Barcelona, desesperado, chocó ante un Masip imperial que lideró a un equipo que no se descompuso ni cuando el árbitro expulsó de manera sorprendente a Óscar Plano en el 79. En inferioridad, los de Sergio pelearon como jabatos ante un equipo blaugrana acelerado sin paciencia y luchando desesperadamente contra el crono. Pero, como pasó ante el Rayo o ante el Sevilla, la suerte sonrió al Barça en el último minuto.

Foto: AS

España derrotó a Kosovo pero no convence

España

AS.- No sé qué pensarán Pepe, Manolo o Lucas, los tres aficionados ficticios a los que aludió Luis Enrique en la víspera para justificar sus decisiones, pero seguro que los tres dan su bendición a la inclusión de Dani Olmo y Ferran Torres en el once titular de España. Brillaron ante Kosovo, con un gol cada uno, y han sido lo más brillante que nos ha dejado el arranque de las eliminatorias mundialistas. Ya no habrá más partidos ni experimentos antes de que Luis Enrique dé la lista de 23 jugadores para la Eurocopa. Zipi y Zape estarán en ella, seguro, buena parte del peligro ofensivo de La Roja pasa por sus botas.

Resumen del partido

Ellos fueron quienes mejor supieron leer la defensa que planteaba Kosovo. España generó más peligro en los primeros diez minutos que, por ejemplo, en todo el partido jugado hace una semana contra Grecia. Un disparo de Olmo, una galopada de Ferran que no encontró rematador y otra incursión de Alba dejaron claro que nos encontrábamos ante un paisaje distinto al de los dos anteriores compromisos. Kosovo había ondeado la bandera del buen fútbol, al menos del fútbol ofensivo y sin miedos, en la rueda de prensa del martes. “Aunque seamos un equipo pequeño, tendremos más oportunidades de ganar si tenemos el balón; para mí, especular con un 1-0 o jugar al contraataque no es fútbol”, anunció Bernard Challandes, su seleccionador. Pero esa medicina tiene contraindicaciones, como la de que el equipo se desnude cuando el rival logra romper la primera línea de contención. Challandes apostó de inicio por tres centrales, con doble pivote y una ausencia reseñable, la de Zeneli en la banda. Arriba era Muriqi en quien confiaban todos sus ahorros.

En España, mientras, la noticia en luces de neón era la ausencia de Sergio Ramos. El madridista se encontraba bien físicamente, reconocía el ayudante de Luis Enrique, Jesús Casas, en los micrófonos de RTVE poco antes del pitido inicial. Pues más extraño aún. En el resto del equipo, Marcos Llorente volvió al lateral derecho, como ante Grecia, Koke formaba de nuevo en el centro del campo, mientras que arriba lucía el tridente del partido que abrió las eliminatorias: Ferran, Morata y Olmo. En clave de derbi vasco, que el sábado aguarda la final de la Copa del Rey sobre ese mismo césped de La Cartuja, el Athletic empezaba ganando por 2-0: sus dos internacionales, Unai Simón e Íñigo Martínez, eran titulares, mientras que el único jugador de la Real en la convocatoria, Oyarzabal, descansaba en el banquillo. Aunque bien mirado, perder ahí quizá es ganar. Cualquier minuto de descanso es de agradecer por Marcelino e Imanol.

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España fue madurando poco a poco al rival. El dibujo inicial mutó en varios dibujos, con Koke partiendo en la izquierda y luego virando a la derecha, con Pedri transformándose en uno y mil pedris, una de las cualidades de la joya barcelonista. Sabe tocar rápido cuando los demás se mueven con pereza, sabe jugar lento allí donde todos tienen prisa y la pelota quema. Morata estiraba el equipo, casi siempre recibiendo de espaldas pero dejando espacio para los interiores. En una de esas, Olmo vio espacio extra, se colocó el balón en la derecha y nos regaló una parábola de PlayStation, con el esférico entrando por la misma escuadra. Literal. Lástima que no hubiera aficionados en las gradas para disfrutar de tanta belleza. Pero como no hay Zipi sin Zape, apenas tres minutos después Ferran también reivindicó su minuto de gloria. El del City se internó por la derecha y remató a la base del poste contrario, una acción de manual, dejando desarmado a Samir Ujkani, que vio cómo en dos zarpazos se venía abajo su ilusión de mantener la portería a cero.

Ese gran final de primer tiempo auguraba goles y festín en la reanudación. Pero no fue así. Esta vez Ujkani detuvo los remates españoles, mientras que Kosovo decidió irse arriba en busca de un gol que entrara en los libros de historia. Kastrati fue quien lo tuvo más cerca, pero Llorente e Íñigo Martínez despejaron el peligro. Pero fue un buen aviso a navegantes, porque poco después llegó el crochet de izquierda kosovar. Unai Simón salió en falso y el balón le llegó a Halimi en tres cuartos de ataque, pero pegado casi a la banda. El centrocampista del Sandhausen no se lo pensó dos veces y soltó un zurdazo que no pudo interceptar ningún defensor español. Un golazo y un error de bulto de Simón, que ante Kosovo disputaba su sexto partido consecutivo como titular.

Afortunadamente, La Roja reaccionó antes siquiera de que el miedo a un tropiezo de campeonato rondara por la cabeza. Y el gol no pudo llevar otra firma que la de Gerard Moreno, que había entrado ocho minutos antes en juego en lugar de Morata. Fue la rúbrica a un partido en el que España fue de más a menos y en el que Ramos jugó cinco minutitos más en su carrera por el récord mundial de internacionalidades (180, a cuatro del egipcio Ahmed Hassan). Lo importante, sin embargo, eran los tres puntos, que alivian los escalofríos del duelo con Grecia. Las eliminatorias para Qatar 2022 volverán en septiembre. Antes nos espera una Eurocopa en la que sacudirnos el polvo que nos dejaron los últimos tropiezos internacionales. Ferran, Olmo, Pedri y compañía nos permiten afrontar esta cuenta atrás de dos meses con mejor cara. Me da que Pepe, Manolo y Lucas cenarán hoy más tranquilos.

Foto: AS

España derrotó a Georgia sobre el final

RPP.- En los minutos de descuento, España consiguió un importante triunfo al vencer por 2-1 a Georgia, en el estadio Boris Paichadze, por la segunda jornada del Grupo B de las Eliminatorias Europeas rumbo a Qatar 2022. Dani Olmo apareció con un golazo y selló la victoria de la ‘Furia española’.

El juego

Khvicha Kvaratskhelia abrió el marcador para Georgia al minuto 44, pero Ferrán Torres puso el empate 1-1 (56′) y en el descuento Dani Olmo rescató tres puntos de oro para la ‘Furia Roja’ que se salvó de un discreto resultado de visitante.

España, que había empezado su camino a Qatar el jueves empatando 1-1 con Grecia, reaccionó con sufrimiento este domingo ante una Georgia muy intensa en defensa y peligrosa en sus contraataques.

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España tuvo el dominio del balón, pero le costó encontrar los huecos en el muro defensivo georgiano. En la primera parte, sólo puso a prueba al portero Giorgi Loria en una ocasión con un disparo de Ferrán Torres en el corazón del área, que despejó el guardameta (11′).

Georgia avisó con un cabezazo a la salida de un córner que detuvo Unai Simón yéndose abajo (18), pero tendría que esperar al filo del descanso para batir al portero español. Kvaratskhelia culminó un rápido contraataque con un disparo cruzado poniendo el 1-0, para delirio de los 15.000 aficionados locales.

Segundo tiempo

A la vuelta del descanso, Luis Enrique movió el banquillo y España dio un punto más de velocidad a su juego y a dando más precisión a sus pases. Así encontró el empate cuando Alba penetró por la izquierda para poner un balón al área, donde llegó Ferrán Torres para rematar en boca de gol poniendo el 1-1 en el marcador.

El tanto animó a España que empezó a llegar con más peligro encerrando a Georgia, pero tendría que esperar hasta el 90+2 a que Dani Olmo soltara un disparo lejano, que tocó el meta georgiano sin poder evitar que el balón entrara en la meta, poniendo el 2-1 definitivo para los visitantes.

Foto: EFE.