España no pasó del empate ante Grecia

España

AS.- No es un partido para subir a la nube —lo de la hemeroteca me da que se ha quedado viejo—, todo lo contrario, es un partido para borrar de inmediato porque la Eurocopa está a la vuelta de la esquina y las penas hay que sacudírselas lo antes posible. España tropezó con Grecia y se complica a las primeras de cambio las eliminatorias para el Mundial de Qatar 2022. En cuatro meses hemos pasado del festival ante Alemania al chasco de Granada. Demasiado vaivén, llega ahora el tiempo para el análisis y el debate. Pero debate exprés. El domingo aguarda Georgia y en Tiflis no hay margen de error.

Resumen del partido

El resultado no acompañó, pero el cuadro va tomando forma. Hace nada, apenas unos meses, el casting de Luis Enrique en su segunda etapa como seleccionador nos dejaba algo descolocados. Veíamos las pinceladas, pero debíamos dar un par de pasos atrás para tratar de entender la pintura en su totalidad. Tres porteros con similar pedigrí (Kepa, De Gea y Unai Simón), examen de centrales para acompañar a Ramos (Pau Torres va por nota…), rotación de batutas (Busquets o Rodri) y baile de jugadores y posiciones de medio campo hacia arriba con el falso nueve (Rodrigo, Aspas o Moreno) como canción de moda.

Pero ahora sí que se ve el cuadro, lo abstracto ya es real. Luis Enrique calcó ayer el equipo que el pasado noviembre sacaba los colores a Alemania en La Cartuja (6-0). No pudo hacerlo al cien por cien por las lesiones de Sergi Roberto y Pau Torres, que fueron sustituidos por Marcos Llorente y Eric García. El resto, los mismos jugadores de aquel recital frente a la Mannschaft que nos permite sacar los codos en las casas de apuestas con vistas a la próxima Eurocopa.

Choques

No se abrió de inicio la puerta a los debutantes, pues los cuatro (Robert Sánchez, Pedro Porro, Pedri y Bryan Gil) asistieron al pitido inicial desde el banquillo. Pero no por eso dejó de haber sorpresa en el once inicial. La vista se nos iba irremediablemente al lateral derecho, con Marcos Llorente y sus siete pulmones junto a la cal. Le falta ser árbitro y portero, todo se andará. Ejercía de lateral, pero su tendencia a subir, justo por el mismo carril que unos metros más arriba ocupaba Ferran Torres, hizo que los ataques de España se vencieran hacia ese lado derecho más que al izquierdo, donde Gayà y Olmo formaban pareja de baile.

Grecia defendía en bloque. Oscilaba de izquierda a derecha con Bakasetas como eje central. En principio, el jugador del Trabzonspor debía ser el faro ofensivo escoltado por Masouras y Limnios. John van’t Schip confesaba en la previa que era consciente de que el rival llevaría la iniciativa, aunque que de por sí no iba a renunciar al balón. Pero la cara de póquer le delataba. Frente a España uno sabe, sí o sí, que la pelota no es negociable. Es cierto que esta Grecia no es la del puño cerrado de Rehhagel, aquella que sorprendió a Europa con el título continental en 2004, pero por mucho aperturismo que se proclame le cuesta llevar la iniciativa.

Así que a la selección helena no le quedaba otra que aguantar el asedio de España. Koke protagonizó la primera ocasión de peligro con un doble remate en el minuto 13. La Roja se armaba de paciencia, con Ramos y Eric García iniciando cada uno de los ataques, en ocasiones un plan de vuelo demasiado previsible. España tocaba y tocaba, Grecia aguardaba y al partido era imposible hincarle el diente. Tenía más nervio que un filete de cinco pesetas, que diría nuestro compañero José Antonio Espina. El juego se embarulló a medida que avanzaban los minutos.

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Un par de choques aéreos, como el de Papadopoulos con Morata, balones perdidos, encontronazos como el de Rodri con Bakasetas… en definitiva, una serie de imprecisiones que ralentizaron el ritmo del partido, algo que jugaba descaradamente en nuestra contra. Y estábamos tan narcotizados que de repente, un derechazo de Dani Olmo al larguero casi nos hizo caer de la silla. Fue tal el despertar que sólo un minuto después llegó el segundo dardo, este sí con el gol como premio. Koke recibió en tres cuartos, levantó la cabeza y sirvió un pase gourmet a Morata, que controló el balón con el pecho y remató con la zurda ante un impotente Vlachodimos. A lo Cristiano, vamos, es lo que tiene entrenar y jugar junto al rey del remate.

Control inerte

El gol, eso sí, no alteró ni un ápice la estrategia helena. El equipo siguió anclado atrás, lo que dibujaba un escandaloso reparto en la posesión de balón: 80% para España y 20% para Grecia. Así se llegó al descanso y así se volvió de él. No había novedad en el juego aunque sí en las alineaciones con Siopis y Tzolis al campo en sustitución de Limnios y Mantalos, mientras que en La Roja Ramos cedía su lugar a Íñigo Martínez. Descanso para el de Camas (su cuerpo lo necesita), que suma un partido más al zurrón de internacionalidades: 179, a sólo cinco del récord mundial del egipcio Ahmed Hassan.

Y el central del Athletic no pudo tener peor estreno en el partido pues en el minuto 55 cometió penalti. En las eliminatorias no hay VAR, así que el veredicto del italiano Marco Guida no tuvo vuelta atrás. Debate, lógicamente, sí hubo, porque el central de Ondárroa despeja el balón y en su inercia golpea con los tacos sobre la pierna de Masouras. En mi opinión, Íñigo quizá mantiene en exceso su pierna arriba. No sé. Una falta que podríamos bautizar ya como a lo Modric (similar a la que le señalaron al croata el pasado fin de semana en Balaídos), pero penalti al fin y al cabo, transformado sin contemplaciones por Bakasetas.

Había que cambiar de aire, encontrar una marcha más en un juego demasiado monótono de la Selección. Luis Enrique apostó fuerte, con los versos sueltos de Pedri y Bryan Gil en sustitución de Olmo y Canales. Y poco después con Thiago y Oyarzabal en lugar de Koke y Ferran Torres. Pero el muro griego no cedió. Sólo alguna incursión por la izquierda de Gil amagó con crear una ocasión clara de gol. Pero esa no llegó. Lo único que llegó fue el pitido final de un partido que nos deja en fuera de juego. ¿Cómo se puede jugar tan bien ante Alemania y tan mal ante Grecia?

Foto: EFE

Benzema guió al Madrid para derrotar al Celta

Benzema

AS.- Benzema ha metido ocho goles en los últimos seis partidos. De eso podría vivir sin dar más explicaciones, pero se lo toma sólo como una parte de su trabajo. Capricho de Florentino y Zidane, ha roto en jugador total pasados los treinta. Organizar el equipo en torno a él y darle un rigor defensivo desconocido al grupo mantienen vivo al Madrid de las cuarenta y tantas lesiones, que equivalen como hándicap a unas elecciones presidenciales y a un aval ‘after hours’. Con dos goles del francés, en las maduras, y una defensa sólida, en las duras, el Madrid mantuvo intacta la condición de perseguidor ante un Celta que llegó tarde al partido.

Resumen del partido

La salida de Cristiano y el anochecer de Bale obligaron a la reeducación del Madrid, que ha completado una larga transición del vértigo (cultivado por Mourinho) al reposo. Sin el gol de otros tiempos, el plan es poner los partidos de su parte con los jugadores que lavan más blanco: Kroos y Modric. Cuanto más enfrían el duelo, más le conviene al Madrid. Ese fútbol que entra por la cabeza y sale por los pies que defendía Cruyff. Pregúntenle al Atalanta, incapaz de meter la eliminatoria en ese ida y vuelta que hubiera mareado a un equipo cargado de veteranos.

Para bajar la pulsaciones y que se viaje al ritmo que fortalece al Madrid valen los tres centrales o valen los cuatro centrocampistas, como en Balaídos, con Valverde, que a menudo juega fuera de onda: ni es pivote ni es exterior, pero para hacerse hueco en la industria está obligado a aceptar cualquier papel. Más si para su puesto idóneo tiene por delante a Kroos y Modric, el manual de instrucciones del equipo. El plan le funcionó de salida al Madrid, con Benzema en apoyo de todas las combinaciones, con ese punto de jugador todopoderoso en cualquier zona del campo, área incluida.

Oh là là

El Celta, en el que los de siempre forman también un amplio grupo, es otra cosa. Coudet no le tuvo a miedo a los jugadores de fantasía (Brais, Denis, Nolito, Aspas y Mina) cuando tomó a un equipo vicecolista y con una historia reciente tormentosa. Y tenía en la plantilla a Tapia, un recuperador que paga esta juerga ofensiva. Así que mezcló lo uno y lo otro.

Luego ha sido más inestable. Denis es su futbolista bisagra. Se empareja con Tapia para mejorar la primera circulación y se incorpora luego como rematador de segunda instancia. Pero el primer Madrid tapó todos los puntos ciegos. El ‘cuando se pone se pone’ que un día explicó Zidane para defender el voluntarismo (intermitente) del equipo. Otra cosa es que incluso en sus mejores momentos el Madrid no abruma en el área. Lo suyo es una ocupación tranquila, una caza de ojeo, una espera paciente de la pieza. Así llegó al gol, en una jugada de artesanía: recorte de Kroos, pase de precisión a Benzema y control y remate en milésimas de segundo del francés en una zona en que cualquier retraso mata la oportunidad.

Cumplidos los 33 años, Benzema ha conseguido que cada partido suyo sea mejor que el anterior porque cada día, además, atiende a más cosas. Ahora ‘distefanea’ con asiduidad, construye, filtra, ordena, cabecea, asiste, remata. El jugador total. ¿Dónde estuvo metido este tipo durante nueve años? Luego le regaló un gol a Vinicius, que se encontró la pelota en el pecho y se le marchó la ocasión.

La portería sigue llevándole la contraria pese a sus buenos propósitos. Y antes de la media hora, otro gol de este Madrid sacrificado y coral: robo de Kroos a Tapia producto de la altísima presión y gol de Benzema tras esperar a que se le abriera el cielo. Un calco del que inauguró el marcador ante el Atalanta. A equipos tan bien dotados como el Celta les avergüenza el más mínimo pelotazo y eso les pone en peligro ante los más grandes. Lo dice la aritmética: un punto de 27 contra los siete primeros de la Liga.

Aparece Aspas

Antes del descanso, el equipo de Coudet asomó la cabeza en una jugada a balón parado, que no está en las primeras páginas de su manual. Un centro frontal de Denis Suárez y un cabezazo libre de marca de Santi Mina a la red. Una jugada sin un antes pero que abría un después a los gallegos.

Y así fue. El 1-2 transformó al Celta en un equipo feroz en la presión, agresivo, extremadamente duro en ocasiones. Y desactivó ese juego de seda de los primeros minutos del Madrid. Quedó un partido radicalmente diferente: la pelota paso al Celta y el espacio, al equipo de Zidane. En definitiva, un partido más desmadejado pero aún más divertido. Un escenario mejor para los celestes y para Vinicius, cuya aceleración está fuera del alcance de cualquiera.

Ahí apareció el mejor Denis Suárez, para motorizar al equipo, y dio sus primeras señales de vida Aspas, que obligó a una parada notable de Courtois con un tiro traicionero.

La entrada de Asensio por Kroos le dio otro ala al Madrid y un rol más natural a Valverde. Coudet respondió con otro exterior, Solari, su petición invernal. Aspas tuvo tiempo de estrellar en el palo el saque de una falta que se inventó Melero. Fue el último grito del Celta, la última víctima de Benzema, que aún tuvo tiempo de regalarle un tanto a Asensio, ahora goleador exprés.

Foto: Reuters

Laporta es el nuevo presidente del Barcelona

Mundo Deportivo.- Joan Laporta es el nuevo presidente de la historia del FC Barcelona. El que fuera máximo mandatario del club azulgrana entre 2003 y 2010 se ha impuesto de forma abrumadora en las elecciones por delante de Víctor Font y Toni Freixa. Con 55.611 votos en la segunda mayor participación de la historia por detrás de las de 2010 (57.088), Laporta ha conseguido 34.184 votos (54,28%) superando los 16.679 de Font (29,99%) y los 4.769 de Freixa (8,58%).

Tras marcar territorio desde el momento en que anunció que se presentaba a las elecciones seis años después de perder ante Josep Maria Bartomeu (25.823 votos a 15.615) con el efecto demoledor de la pancarta colgada muy cerca del Santiago Bernabéu, Laporta tomará posesión a finales de esta semana o a inicios de la siguiente una vez deposite en la sede de LaLiga el aval por valor de 124 millones de euros. Será entonces cuando inicie un mandato que acabará el 30 de junio de 2026 ya que el final de la presente temporada cuenta como un año de los seis en total.

Resultados totales 

El triunfo de Laporta simboliza el cambio reclamado en las urnas por los socios rompiendo con el modelo de Josep Maria Bartomeu, que dimitió de su cargo el 27 de octubre pasado después de que más de 20.000 socios firmaran a favor de un voto de censura que ya no llegó a celebrarse.

Las elecciones, inicialmente previstas para el 24 de enero pero aplazadas debido al repunte de la tercera ola de la pandemia y el confinamiento municipal que impedía el máximo sufragio posible, han significado una fiesta para el barcelonismo. La organización de la entidad, con empleados de varias áreas multiplicando esfuerzos, ha sido impecable en un contexto de dificultad por la pandemia y descentralizada (seis sedes) por primera vez en la historia. La fuerza de la masa social blaugrana y la singularidad del club han dado la vuelta al mundo una vez más especialmente con imágenes como la de Leo Messi ejerciendo por primera vez su derecho a voto como socio del Barça junto a su hijo mayor Thiago.

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Atar la continuidad del capitán y mejor futbolista de la historia del FC Barcelona es precisamente el gran reto que se ha impuesto el propio Laporta, convencido en plena campaña de lograr su objetivo: “Sabe que todo lo que le he dicho siempre lo he cumplido, así me lo ha hecho saber.

Empieza una nueva era en el Barça con muchos más desafíos por delante: reducir la deuda y la masa salarial, relanzar el Espai Barça, recuperar los ingresos y devolver al primer equipo de fútbol a lo más alto a nivel europeo. A partir de este lunes hablará ya con Ronald Koeman para trazar el nuevo proyecto con retos muy ambiciosos para demostrar que la “experiencia”, uno de los términos más empleados por Laporta durante la campaña, es el camino para cumplir sus objetivos.

Foto: Mundo Deportivo

Benzema mantiene vivo al Real Madrid ante el Atlético

Marca.- Karim Benzema evitó la eliminación del Real Madrid en LaLiga. Una jugada tejida junto a Casemiro y Lucas, los tres mejores futbolistas blancos del derbi, anuló la ventaja de un Atlético que trabajó la victoria durante 70 minutos, y que perdonó la sentencia con reiteración y alevosía. Fue superior, tuvo más y mejores opciones, pero en el arreón final del Madrid flaqueó la confianza. Hay Liga.

Como es lógico, al Atlético le cayó el empate como un tiro. Marcó pronto con los dos hombres más temidos por los blancos, Llorente y Suárez (Joao fue suplente, asunto también relevante), y perdonó un puñado de ocasiones claras generadas por mayor calidad y ritmo. Pero no remató, y no sirvió el repliegue intensivo al final. El empate, además, restó trascendencia a la polémica mano de Felipe, no pitada por Hernández Hernández tras revisarla el VAR. Motivos para la queja tienen todos. Los que vieron acierto y los que vieron error. Ya no sabe uno a qué carta quedarse.

Resumen del juego

El Atlético no esperó. La alineación del Cholo presumía un equipo versátil, capaz de lanzarse con carrileros o pararse con cuatro atrás según conviniera. Esa apuesta supuso el sacrificio de Joao Félix de salida, ¿y saben qué? Pocos se acordaron de él durante el primer tiempo. Porque el Atlético presionó, mandó, invitó al Madrid a dominar para descubrirse y amenazó siempre con más fundamento que su rival. La presión alta de salida dio resultado al cuarto de hora, en un desajuste blanco aprovechado por Llorente. Se lanzó Mendy al extremo, amarcelado, dejó un páramo a su espalda y Marcos detectó el espacio. Sorteó la entrada de Nacho y lanzó la contra. Aguantó el desmarque de Suárez, que caminó por el alambre del fuera de juego hasta recibir el pase, perfilarse contra natura y meter el exterior, precioso, para superar la salida de Courtois.

Llorente y Suárez son dos piezas que no puso de salida el Real Madrid. Ni el centrocampista potente y llegador ni el ariete profesional y venenoso. No los tiene. Sobre todo gol. Zidane eligió salir con extremos, Asensio y Rodrygo, y aportaron poquísimo. Ni uno ni otro desbordaron, y no compensó el trabajo defnsivo que aportaron. Se jugó a lo que quiso el Atlético, que replegó tras el tanto y respiró sin la bola para preparar la contra. Brilló Lemar, con pelota y en la recuperación, y Koke en el manejo. Comandante en jefe de los ejércitos atléticos.

Los blancos ensayaron desde lejos para disolver la acumulación de defensores rojiblancos. Probó Casemiro, obligando a intervenir a Oblak, y trató de llegar por los costados. Ahí, en un córner desde la izquierda del ataque madridista, llegó la mano de Felipe que Hernández Hernández revisó en el VAR. Conste que era poca cosa para cobrar pena máxima, pero no tienen suerte los blancos con el árbitro canario, que juzgó como lance fortuito lo que otras tardes acabó en penalti. Como Negredo ante la Real.

El segundo acto agrandó las diferencias. Carrasco aprovechó el perfil de Lucas, que bastante hace como lateral, y pudo firmar la sentencia. Error de Varane, servicio inteligente de Suárez y gran parada de Courtois, gigante en el mano a mano. Llorente voleó el rechace junto al larguero. El meta belga tapó otra casi seguida de Suárez, y Correa pudo volear una ocasión clamorosa, solo en el área. Sí, el Madrid iba perdiendo, y en su intento de alcanzar la igualada se destapó atrás.

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Los cambios fueron obligados. Entraron Valverde y Vinícius, que agilizaron el ataque blanco. Menos esperados fueron los relevos del Cholo, especialmente con los hombres retirados: Carrasco y Lemar. Dos tormentos para los blancos, aunque justos de oxígeno. Saúl aportó equilibrio. El caso es que el partido estaba vivo y abierto, expuesto a cualquier falta, centro lateral, error… Y sí, pudo llegar el empate en una concesión de Correa, espeso en el tramo final. Se escapó Vinícius, sirvió un balón extraordinario a Benzema que remató de primeras y Oblak contestó con un milagro. No sólo eso. El esloveno se rehizo, acudió al palo derecho y llegó a tiempo de tapar el segundo tiro a quemarropa de Karim.

Esa oportunidad descubrió la flaqueza rojiblanca en el tramo final. Aunque entró Kondogbia por Correa, el Atlético ya no parecía de granito, y tampoco amenazaba en ataque. A falta de dos minutos, Lucas controló en la derecha, cedió a Benzema para que descubriera el desmarque de ruptura de Casemiro, le metió la bola y el brasileño destapó toda su finura. Amagó el tiro, cedió atrás y Karim anotó a puerta vacía. Un empate trabajado, sin duda, especialmente en el tramo final, y que deja la Liga abierta de par en par. Porque quien ganó en el Metropolitano fue el Barça, que ya echa el aliento a los rivales madrileños.

Foto: Reuters

El Barcelona derrotó con contundencia al Osasuna

AS.- Como previa a las elecciones que deben de marcar el inicio de una nueva era en el Barça, el equipo blaugrana sumó una victoria que abre un nuevo horizonte para los culés. El triunfo por 0-2 contra Osasuna (que supone la octava victoria consecutiva del Barça fuera de casa, la decimosexta jornada sin perder en LaLiga y el cuarto partido dejando la portería a cero) permitirá al Barça ver el derbi entre Atlético y Real relajado y con palomitas. El Barça completó una semana fantástica en la que se ha clasificado para la final de Copa con remontada ante el Sevilla y duerme segundo a dos puntos del Atlético y dejando al Real Madrid a tres.

Enganchado al momento anímico que vive su equipo, Koeman, que llegó a Pamplona con tres centrales, apostó de nuevo por la defensa de tres y compuso una zaga con Mingueza, Lenglet y Umtiti, una línea defensiva que su cardiólogo le tiene más prohibida que el tabaco.

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Ya de entrada, Osasuna le puso las cosas claras al Barcelona. Los navarros iban a explotar la intensidad de su juego convirtiendo cada palmo de El Sadar en un campo de minas. A ímpetu, el equipo de Koeman, que llegó al partido cansado, no tenía nada que hacer más que apelar a la calidad de sus jugadores y tratar de aprovechar los espacios que podía dejar Osasuna a su espalda en los momentos de asedio a la defensa catalana.

Y nadie como Messi para leer este tipo de cosas. El argentino diagnostica los partido como nadie y viendo que se perdían todos los duelos individuales, retrasó su posición para lanzar a sus compañeros cuando los rojillos se destaparan. Gracias a un pase del argentino a Alba, el Barça se adelantó en el marcador con un gol del lateral que rompió por su banda. De esta forma el Barça tomaba ventaja en un partido en el que Osasuna estaba haciéndole sufrir y en el que sobrevivía gracias a la actuación de Ter Stegen. El portero alemán se lució ante un disparo a la escuadra de Barja primero y repitió milagro ante Rubén García para evitar el empate. El marcador era del Barça, pero el partido era de Osasuna.

Con Umtiti amonestado, Koeman afrontó la segunda parte cambiando su dibujo. Umtiti se quedó en el vestuario y salió a jugar Dembélé. Tampoco es lo que recomendaría el cardiólogo, pero es que es lo que hay.

Para tranquilidad del técnico culé, el Barça salió en la segunda parte con la idea de conservar más la pelota aferrado a un Pedri escandaloso, que con 18 años soluciona situaciones de peligro con una normalidad impropia de su edad. Ya puestos a confiar en los jóvenes, Koeman apostó por Ilaix, que volvió a pasar por delante de Riqui por tercer partido consecutivo. También ingresó Braithwaite por Griezmann, que tras tres suplencias de inicio volvió a desaprovechar otra oportunidad para reivindicarse.

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La insistencia es una exigencia para Osasuna, que en el tramo final del partido acorraló al Barcelona a base de saques de esquina y faltas laterales, donde Calleri y Budimir, que entró por el argentino, fueron un dolor de muelas constante para la zaga culé.

El Barça, que no estaba fino, supo sufrir en esos minutos de asedio navarro y a falta de siete minutos cerró el partido en una jugada en la que dos adolescentes, Pedri e Ilaix, se asociaron con Messi. Robó Pedri, que habilitó a Messi, el argentino se asoció con Ilaix, que con la calma de un veterano se cambió el balón de pierna para batir a Herrera y estrenarse como goleador en LaLiga.

En el Barça, renace la esperanza y el equipo se punta a un cambio de era que mañana debe de confirmarse en las urnas.

Foto: Reuters

El Atlético se aferra al liderato

AS.- El Atlético recuperó la senda de los triunfos. Lo hizo ante el Vilarreal en un partido donde el líder tuvo que emplearse a fondo, apretar los dientes y sufrir en unos últimos diez minutos donde el conjunto local le tuvo contra las cuerdas. Pero los del Cholo no encajaron (pese a que el Villarreal tiró 19 veces a portería) y se llevaron tres puntos muy importantes en la lucha por el título. El balón parado le dio una alegría al Atlético en el primer gol y João Félix, que salió tras el descanso, marcó el segundo tanto. Tras un mes de febrero muy malo, los rojiblancos respiran y llegan al derbi rearmados.

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Simeone estuvo especialmente activo en el entrenamiento del viernes en las acciones a balón parado. Más de tres cuartos de hora dedicó el técnico argentino a ensayar faltas laterales, frontales, saques de esquina… Una y otra vez. Y corrigiendo cada golpeo de sus futbolistas. El conjunto madrileño ha tenido problemas con el gol en los últimos partidos y la estrategia puede solucionar esas carencias en momentos determinados. Ante el Levante, en el doble enfrentamiento liguero, el Atlético bombardeó la portería rival y marcó un gol. Frente al Villarreal, en el primer tiempo, tuvo dos llegadas e hizo un gol: un disparo de Saúl y el remate de Savic, con gol en propia puerta de Pedraza, el tanto que supuso el 0-1. Lemar, que tiene un guante en su pierna, se la puso a Savic para adelantar al Atlético. Dos llegadas y un gol. Cosas del fútbol.

El Villarreal dominó el primer tiempo, con Chukwueze creando muchos problemas a la zaga rojiblanca. El Atlético empezó con una defensa de cinco, pero a los veinte minutos cambió y Saúl pasó al centro del campo para ayudar a Koke. El conjunto de Emery tocó muy bien la pelota, la mimó y la sacó bien jugada pese a la presión de los hombres de Simeone, quienes no dudaron en apretar a su rival arriba en cuanto pudieron. Pero atrás el conjunto madrileño ofreció pocas fisuras, con Lemar ayudando por la izquierda y Correa por la derecha. Todos intentaron cerrar filas cuando Chukwueze tuvo la pelota e inició sus desbordes. Un Atlético que ha encajado gol en sus últimos ocho partidos se defendió con seriedad, bien posicionado, muy bien colocado. No salió mucho el Atlético al ataque y lo hizo siempre por la banda de Marcos Llorente, quien sigue siendo un quebradero de cabeza para sus rivales. Luis Suárez tuvo una presencia testimonial, pues apenas le llegó balones.

Tampoco pudo participar mucho Gerard, bien controlado por los zagueros rojiblancos. Pudo empatar en una jugada a balón parado, pero entre Oblak y la defensa visitante sacaron el balón cuando ya se colaba.

En el segundo tiempo Simeone quitó a Lemar, con amarilla y con molestias, y saltó al campo João Félix, por lo que el conjunto madrileño volvió a defensa de cinco, con Saúl metido en la izquierda. Lo pasó mal el rojiblanco, puesto que Chukwueze siguió muy activo, ganando por velocidad a los defensores del líder. Un quebradero de cabeza. Pero estaba casi solo contra un Atleti especialmente concentrado atrás. El equipo de Simeone sabe que si recupera su nivel defensivo, ganará muchos partidos. Tuvo unos buenos minutos el Atlético, con una gran ocasión de Luis Suárez, gracias a la presión de Correa, y paradón de Asenjo.

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El Villarreal encerró en su área a su rival, pero no llegó a inquietarle de verdad. Sus mejores intentos fueron a balón parado, en lanzamientos desde la esquina. Pero Savic, Felipe y Hermoso no dieron opción a Gerard. Cuando peor lo estaba pasando el Atlético llegó el 0-2, un buen gol de João Félix, a quien Pau Torres le hizo un regalo. Y el portugués no lo desaprovechó. Su remate pegado al palo le puso la puntilla a un encuentro en el que el Atlético sacó su casta, su personalidad.

João Félix hizo un gesto tras su gol como queriendo reivindicar algo. Tras el 0-2 el Villarreal ya no tuvo más opción que irse más arriba, con Bacca y Gerard atentos a las dejadas de Chukwueze. El último intento del Villarreal fue de Baena, cuyo tiro se marchó rozando el palo. Y a renglón seguido Oblak sacó una mano milagrosa cuando el balón se colaba. El Atlético tuvo que sufrir y padecer en unos minutos que se le hicieron muy largos al conjunto madrileño. Pero celebraron a lo grande un triunfo que moralmente es muy importante.

Foto: AS

El Barcelona igualó con el Cádiz y sigue sin rumbo

MARCA.- Es lo que tiene no cerrar los partidos. De sumar tres puntos que hubieran sido merecidos y que acercaban al Barcelona a la cabeza de LaLiga, a quedarte con uno solo después de que en una jugada aislada a falta de dos minutos un absurdo penalti de Lenglet sobre Sobrino le diera al Cádiz la oportunidad de empatar en su único remate a puerta. Este Barcelona no gana para sustos y no acaba de darse una alegría. Con la Champions casi perdida y la Copa muy complicada los pinchazos del Atlético le habían abierto una vía en LaLiga pero tampoco han sabido aprovecharla. No es normal que un equipo como el Barcelona sólo le marque un gol al Cádiz y de penalti después de cerca de 25 llegadas y tampoco es normal ser tan inocente como Lenglet para meter el pie dentro del área en una jugada sin aparente peligro. Pero no es la temporada del Barcelona, eso parece claro.

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La visita del Cádiz era propicia para olvidar -si es posible algo así- la derrota del PSG y centrarse en LaLiga, pero una vez más la falta de definición azulgrana le penalizó. Los gaditanos, como el equipo más goleado de LaLIga, se atrincheraron desde el inicio sobre el área de Ledesma con una línea de cuatro y otra de cinco dejando solo a Negredo en punta. Koeman sacó el mismo once que salió goleado por Mbappé y compañía el pasado martes. No era un escarmiento, es que este debería ser el once titular en condiciones normales -con Sergi Roberto en el lateral derecho- pero las lesiones le han impedido tener continuidad.

Este tipo de partidos son algo habituales para el Barça.Cuando un equipo se encierra en el Camp Nou como hizo el Cádiz suele perder en el 99% de las ocasiones. Era un encuentro para que Dembélé, Pedri o el propio Messi lo rompieran con regates que derribaran las líneas cadistas. Y el partido se rompió a la media hora. Robo de Jordi Alba, el balón llega a Pedri y penalti de Iza. Messi no falló y marcó su primer gol al Cádiz, que pasa a ser el club número 38 al que marca el argentino en Liga.

El Cádiz, que apenas había pasado del medio del campo hasta el 1-0, tuvo opción de empatar un minuto después. Centro de Salvi que despejó Piqué en corto y el balón le llegó a Sobrino que no se lo esperaba y no pudo dirigir su remate forzado hacía la portería de Ter Stegen. Fue un espejismo porque en la primera mitad sólo hubo un equipo pese al corto marcador con el que se llegó al descanso. Trece llegadas, dos goles anulados por fuera de juego, pero el Cádiz seguía en el partido.

Era de esperar que el Cádiz adelantara líneas tras la reanudación. Y así fue. Fali tuvo una ocasión en una jugada a balón parado que quedó anulada por falta previa de Garrido. En los cinco primeros minutos ya habían pisado el campo contrario más veces que en toda la primera parte. Pero el partido seguía siendo un monólogo del Barcelona. Al cuarto de hora Cervera hizo un triple cambio y sacó a Lozano, Alex y José Mari. El partido seguía abierto porque Ledesma salvó el 2-0 a un remate desde muy cerca de Griezmann.

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Koeman estaba de los nervios viendo como los suyos perdonaban una y otra vez el gol que sentenciara un partido que cada vez estaba más descontrolado y el Cádiz más suelto sobre el campo. Dembélé también tuvo una clara pero remató demasiado cruzado… Salieron Braithwaite y Pjanic para dar el relevo a Griezmann y Busquets. A falta de un cuarto de hora salió Trincao por Pedri, por lo que se acabó la conexión del canario con Messi, lo que mejor estaba funcionando. También salió Riqui Puig, que tuvo el 2-0 en un remate ajustado al palo.

En los últimos minutos el Cádiz se quitó el corsé y descuidó la defensa buscando una acción aislada o un fallo rival para intentar el empate. No consiguieron inquietar a Ter Stegen y parecía que se iban a ir de vacío cuando una inocente acción de Lenglet ante Sobrino les puso en bandeja el empate. Penalti absurdo y gol de Alex Fernández para un Cádiz que ni se creía que iba a sumar un punto ante el Barcelona. Que son cuatro si sumamos la ida. Los cinco minutos de añadido se les hicieron eternos al Cádiz, pero no pasaron apuros. El Barcelona tiene este miércoles ante el Elche otro partido parecido a este. Koeman deberá leerles la cartilla para evitar que se repita algo así si quieren intentar lucha por LaLiga.

Foto: Reuters

Haaland y el Dortmund arrasaron al Sevilla

AS.- El Sevilla sucumbió ante el Borussia Dortmund, o mejor dicho, ante un Erling Haaland que pone en chino las posibilidades de clasificación de los de Lopetegui. Una asistencia y dos goles del noruego destrozaron a los locales en una primera parte en la que no aparecieron en ningún momento las señas de identidad sevillistas.

Sólo habían pasado nueve minutos y lo que debería haber supuesto un golpe a la moral de un equipo tan irregular este curso como el Borussia Dortmund, no lo fue ni por asomo. Los de Terzic siguieron mostrándose mucho más cómodo con el balón, asomándose al área de Bono y, ahora sí, apareciendo Haaland. Porque el empate llevó la firma de Dahoud con un bellísimo disparo a la escuadra desde fuera del área, pero el balón llegó a sus pies gracias a la potencia del noruego, al que ni Escudero ni Jordán lograron detener.

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Cada equipo acumulaba un tiro a puerta y un gol. La efectividad no iba a variar, para desgracia de un Sevilla que no sabía como parar a Haaland. En esta segunda ocasión, el ariete cogió el balón en el centro del campo, se fue sin que nadie pudiera o supiera detenerlo, hizo la pared con Sancho y batió a Bono. Las caritas de los jugadores del Sevilla eran un poema, Lopetegui se desgañitaba y la película pintaba muy negra.

Y peor se iba a poner, puesto que el partido pareció venirle grande a demasiados futbolistas del Sevilla. Lo sorprendente es que dos de los más señalados fueran dos veteranos como Rakitic y Papu Gómez, protagonistas de una pérdida absurda en el centro del campo que dejó a Haaland, de nuevo, solo delante de Bono. Y como es costumbre en él, sumó otro gol a su cuenta. Makkelie pitaba el descanso y el marcador señalaba un 1-3 tan justo para el Borussia como sonrojante para el Sevilla.

La sensación era de que la eliminatoria le había venido tremendamente grande al conjunto nervionense. Desordenado, sin saber cómo ir a la presión y con fallos inauditos a la hora de combinar. Había que hacer algo y la decisión de Lopetegui fue la de meter cemento en el centro del campo dando entrada a Gudelj por un tremendamente desacertado Rakitic. Fernando retrasó su posición para cambiar a un dibujo de tres centrales y centrar la posición del Papu Gómez. La mejor muestra del escaso éxito de dicha apuesta es que diez minutos después se realizaba un triple cambio que daba entrada en el césped a De Jong, Munir y Óliver en lugar de En Nesyri, Suso y Papu Gómez.

Pasó a entonarse algo más el Sevilla, en parte por el brío que metió Óliver, pero principalmente porque los alemanes renunciaron a la posesión para intentar sentenciar, más si cabe, a la contra. Y pudo hacerlo, pero la ocasión más clara la iba a tener Óscar, último cambio de Lopetegui, con una falta que se estrelló en el palo a falta de un cuarto de hora.

El balón parado del ex del Leganés fue el principal argumento sevillista en los minutos finales y de sus botas iba a nacer el gol que mantiene mínimamente viva la llama de la ilusión. Un centro con música llegó hasta De Jong, que definió a un toque. Tembló el Borussia pero en Nervión faltaba el aliento de una grada que otras noches hubiera llevado en volandas a los suyos hasta la remontada. No fue así. Haaland fue demasiado para el Sevilla.

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El Barcelona goleó al Alavés con dobletes de Messi y Trincão

SPORT.- Koeman hizo rotaciones. Las hizo a su manera, un día después de explicar en rueda de prensa que tampoco había muchas opciones de cambiar. Pero así fue porque De Jong arrancó como central y los interiores se los dio a Ilaix y Riqui Puig. También Trincao, que entró en el noventa en la Copa, entró en el once. Dembélé, Pedri y Alba, al banquillo, mientras Busquets parece insustituible. Muchos cambios, todos hechos pensando en el PSG, al que el Barça envió un mensaje meridiano porque el equipo llega fresco, hambriento y con ganas de demostrarse a sí mismo que en Europa el escudo blaugrana siempre es favorito.

El equipo salió intenso, moviendo el balón con velocidad, consciente de que sería la única manera de desordenar a un Alavés que llegó al Camp Nou con un plan explícito: cerrarse atrás, bien juntitos, e intentar salir a la contra con Joselu y Lucas Pérez. Los vitorianos interpretaron mejor su estrategia porque destruir siempre cuesta más que construir. Es la vida. Así que pasaron pocas cosas y Pacheco vivía tranquilo. El portero solo se vio amenazado en el primer minuto, con un disparo de Griezmann que rechazó la defensa y con una llegada de Messi demasiado escorado. El Alavés tampoco hizo mucho para animar el partido: un centro de Edgar que Lucas remató muy mal y un disparo desde la frontal de Battaglia.

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Hasta que apareció Trincao. El portugués aprovechó una dejada atrás de Ilaix para, de primeras, superar a Pacheco. Fue la primera vez que la defensa del Alavés se desordenó y el Barça no perdonó. El portugués, tras estrenarse ante el Betis, juega ligero. El segundo lo marcó Messi aprovechando un rechaze tras remate de Griezmann. El VAR lo anuló por un fuera de juego del francés que solo puede ser señalado desde el absoluto desconocimiento del espíritu de la norma, el fútbol convertido en una hoja de cálculo.

Harto de tanta burocracia, Messi agarró un balón en la esquina del área, recortó hacia fuera y, seco y preciso, colocó el balón en la base del palo para hacer el segundo. Sin dar a opción a revisiones artificiales que hacen al fútbol más pequeño, el Barça se fue al descanso con el trabajo medio hecho.

Koeman hizo descansar a Busquets y entró Umtiti para que De Jong subiera al centro del campo. Abelardo metió a Laguardia y a Rioja, que ofreció gratis una lección de vida para Ilaix. El canterano erró un pase claro que el futbolista del Alavés aprovechó para colarse entre los dos centrales para superar a Ter Stegen. La Primera no perdona y el Barça no podía dar nada por hecho. Trincao tuvo un mano a mano con Pacheco imperdonable poco después. Todo cuesta en un equipo que vive al límite y sin margen de error, pero que ha aprendido a disfrutar y reaccionar a los golpes de la vida. Una asistencia de Messi la envió por poco fuera Griezmann. El juego del Barça merece menos sufrimiento, pero no hay día en el que sus errores no cuesten goles.

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La entrada de Pedri aireó el centro del campo y un pase en profundidad suyo dejó a Messi solo ante Pacheco, que frenó al argentino pero no la llegada de Trincao, que aprovechó el rechace y completó su doblete. Al cabo de un minuto, Leo Messi sentenció con una rosca desde fuera del área cuya firma es inconfundible. Imposible llegar mejor al duelo ante el PSG. El ’10’, en modo exhibición, se la puso picada a Griezmann, que cedió para que Junior hiciera el quinto. Trincao vio cómo Figueroa Vázquez anulaba su ‘hat-trick’, pero el portugués destrozó de una patada la losa que le impedía ser él. Todos crecen y lo hacen cuando ya no hay sitio para la duda.

Foto: Sport

El Madrid superó al Getafe con lo justo

AS.- Primer apunte: la mitad del Madrid es mucho mejor que todo el Getafe. Segundo: Marcelo, con tres centrales, aún está en buen uso. Tercero: no hay peligro de cantericidio por darle cancha a los jóvenes. Esas conclusiones quedaron en un partido en el que el equipo de Zidane se dio por aludido con el empate del Celta en el Wanda y tejió con paciencia e inteligencia su victoria. Este largometraje tuvo menos suspense de lo habitual por su trabajo y por el derrumbe del Getafe, hace tiempo dentista y hoy sin dientes.

Hubo un tiempo no tan lejano en que Isco fue alguien en la Selección. Y en el Madrid llegó sentar a Bale, esa cepa británica que mutó a inofensiva demasiado pronto, cuando Zidane aún se atrevía a hablar de innegociables. Ahora es farolillo rojo. Con nueve ausentes y Odegaard en Londres, Zidane le puso por delante a Marvin, como le había puesto por delante a Arribas ante el Mönchengladbach o el Levante. Su suplencia de este martes le cuelga el cartel de caso perdido. Y es que para evitarle tuvo que dar un paso más en su reciente papel de arreglista: Mendy de central izquierdo en una línea de tres con Nacho y Varane; Marcelo, de carrilero; Modric, de pivote, Asensio, de mediapunta… Una sacudida en toda regla.

El Getafe, en cambio, regresó a su vieja fórmula, ese 4-4-2 que tanto molestaba al de enfrente. Su partido es que el rival no tenga partido. Y ahí sobraban Kubo y Aleñá. Así que el Getafe se volvió clásico sin conseguirlo. No le va hacerse el simpático; presiona, incordia, aburre y en sus buenos días mata con dos buenos puntas. Esta vez ni eso. Ese plan ha pinchado ante los grandes porque para escapar de él se necesitan futbolistas de un pie muy fino y entre los equipos alfa abundan. Y tampoco ha colado esta temporada ante otros de menor tamaño porque falla el segundo acto: meter goles.

La conclusión es que ni Madrid ni Getafe están a la altura de sus mejores días. El equipo de Zidane huye de los espacios, se repite en el juego al pie, no le da marcha a los partidos. Queda la sensación de que está demasiado visto, de que a este ritmo su recorrido será corto. Así que pone casi todo el foco en el balón parado. Ahí encontró sus dos primeras oportunidades: una pelota perdida en el área de esas que siempre buscan a Casemiro y un cabezazo de Benzema en un córner. El brasileño desaprovechó su magnetismo en la zona con un disparo a la décima fila de asientos y el francés topó con el larguero, del que se ha hecho íntimo enemigo.

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Y mientras, el Getafe, de salida, incumplió sus dos grandes mandamientos: robar muy arriba y hacer de la segunda jugada su primera jugada. Pero sumando las imperfecciones de uno y otro estuvo muy por encima el Madrid. Marcelo, con gente a su espalda, vive más tranquilo y se suelta. Y Modric no está investigado en el proceso: sigue jugando como cuando levantó el Balón de Oro. También él tuvo el gol, en un remate sin oposición desde el borde del área que rechazó, en postura estrafalaria, David Soria con una rodilla.

A otros no les fue tan bien en la primera parte. Vinicius es tigre enjaulado, Benzema resulta demasiado esporádico y Asensio baja a menudo el volumen en muchas fases del partido.

El Getafe no pasó de bachear el encuentro en campo propio sin la agresividad de otros tiempos, se sintió extraño ante el cambio de dibujo del Madrid y no tuvo ninguna presencia ante Courtois en los primeros 45 minutos. Fue un equipo resistente en el peor sentido del término: ultradefensivo y sin respuesta.

El descanso cambió el clima (llovió con ganas) pero no el paisaje. El Madrid siguió encogiendo al Getafe y perdiendo ocasiones. La primera de Benzema, cuyo remate sin oposición sacó con mano rápida David Soria. Así, al equipo de Zidane no le convenía al resultado ni al de Bordalás la dinámica. El Getafe cargó munición con Kubo, Aleña y Mata, sus dos fichajes de invierno y su nueve de gala. El Madrid cambió canterano por canterano, Arribas por Marvin, que no son lo mismo. Isco lo contempló con el cuerpo y la moral congelados en la grada. Más fantasía, menos velocidad y un papel nuevo para Vinicius: carrilero derecho. Una decisión de riesgo máximo con un buen principio. El primer centro del brasileño desde su nueva finca lo mandó a la red Benzema con la cabeza, la mejor arma ahora mismo de un compositor concienciado como rematador. El chollo que se prometía Cucurella acababa siendo la llave maestra del Madrid.

Aún quedaban por ver más fenómenos paranormales. Arribas, que lo primero que hizo en su debut europeo fue tirarle un caño a un defensa del Gladbach, abrió a Marcelo en la izquierda y su centro al primer palo lo remató como un ariete… ¡Mendy! Extrañan ya pocas cosas en un equipo tan golpeado por las lesiones que ha tenido cinco laterales en poco más de cuatro meses. Sólo entonces, con el partido archivado, entró Isco. Sus días parecen contados. Tiene sólo 28 años y su magia blanca se ha vuelto negra.

Foto: Reuters