Tony Cittadino (Madrid).- Qué tristeza tan grande, tener que despedir al maestro Humberto Acosta, sobre todo cuando aún no hemos asimilado la partida del también querido y respetado colega, Gabriel «Gabo» Chávez. Como si fuese una paradoja, se marchó en el Día Mundial de la Radio, el medio en el que también supo dejar su huella.
A Humberto lo aprendí a admirar desde pequeño, como muchos de mis colegas. Primero como fanático y, luego, como periodista. Desde su labor como comentarista en RCTV y Venevisión, pasando por su columna Triple Play en El Nacional, que, a su vez, era una clase de periodismo.
Un texto fácil de leer, pero, a su vez, muy bien escrito y utilizando en su amplia extensión nuestro lenguaje. Cómo olvidar el estilo de redacción, el uso perfecto de los signos de puntuación y el toque de historia que enriquecía mucho más la columna. Una joya.
Pero, también, aportó con sus excelentes comentarios en el circuito Unión Radio Deportes en los juegos de los Leones del Caracas.
Crecí escuchando los juegos del Caracas por radio y es de las mejores experiencias que recuerdo como fanático, porque, además, tenían un trabuco en diferentes etapas: Fernando Arreaza y Reyes Medina en la narración; Carlos Alberto Hidalgo, Iván Medina y Humberto, en los comentarios y el «Chema» José Jiménez Torrealba y Adolfo Prieto como locutores comerciales. Sin olvidar al gran Héctor Martínez «Matungo», como parte importante en las estadísticas, cuando todo se actualizaba a mano.

Recuerdo claramente que era una religión seguir la transmisión completa, aunque me ganara diariamente regaños de mi mamá por no estudiar. Pero, la pasión podía más. Los oía, desde la previa, hasta los comentarios finales. Y ahí, siempre estaba Humberto. Bien sea para la entrevista previa al juego y leer el lineup o para los comentarios finales.
Si abría un día, cerraba al siguiente, por la rotación del circuito o los compromisos con las transmisiones en Venevisión. No podía ir a dormir sin escucharlos, ganara o perdiera el Caracas. Era un análisis diferente. Sin pasiones. Centrado. Objetivo. Con buena dicción y vocabulario. Iba más allá de lo obvio.
«Vamos con el lineup de hoy de los Leones. Roger Cedeño, como primer bate en el center field. Cedeño, primer bate en el center field». Me gustaba mucho su particular forma de leer el lineup, porque era elegante y te daba cercanía. Te metía en el juego.
La vida me permitió conocerlo y coincidir con él en las temporadas de la LVBP, al igual que al resto de los integrantes del circuito. En 2005, me atendió amablemente cuando fui a hacer unas entrevistas a Leones cuando era estudiante de Comunicación Social, gracias a las gestiones de Amador Montes Bolet, otrora jefe de prensa de los melenudos. Nos sentamos en el dogout de la izquierda en el Universitario y fue mi primera entrevista a un periodista.

Allí nació una bonita amistad, que siempre vi con admiración y respeto.
Siempre he dicho que tuve el privilegio de ver el retiro de Bob Abreu en 2014 en el palco de prensa, sentado a su lado y con Fernando Arreaza. Fue realmente especial, no sólo por el momento emotivo del adiós del Comedulce, sino también por comentar y analizar el juego. Pero, esa no fue la única vez, porque, además, era un tipo muy abordable y yo disfrutaba mucho escucharlo hablar de beisbol con mi jefe en TalCual, Héctor Becerra, otro duro del periodismo deportivo, pero humilde y sencillo. Como debe ser.

Humberto, quien ganó el Premio Nacional de Periodismo en 2007, se ganó el respeto y el cariño de todos, pero su partida deja un vacío enorme en el gremio. Un periodista de vieja escuela. Educado, culto y profesional, pero sobre todo, humilde en un gremio de egos altos. No le gustaba el protagonismo, aunque tenía con qué. Nunca una mala cara, ni una mala respuesta. Al contrario, siempre dispuesto a ayudar y a aconsejar, desinteresadamente.
Es de esos periodistas de los que quedan pocos, porque la vieja escuela se va apagando y es una mala noticia, sobre todo en estos tiempos donde la farándula se impone a la objetividad. Era riguroso, pero alejado de polémicas. Dando su justo espacio a la noticia y no al protagonismo del periodista. Hecho de la misma madera que José Visconti, Rubén Mijares y compañía. Otro nivel.
Tranquilamente, podemos decir que formó a una generación. Qué afortunados fuimos en tenerlo y qué afortunados quieren trabajaron con él a diario.
Por eso, compartir en el palco de prensa o en el terreno del Universitario, es de los mejores recuerdos que guardo de mi etapa en Venezuela.
También tengo un gesto que jamás podré olvidar: en 2007, cuando todavía era pasante de TalCual, se me acercó cerca del dogout del Caracas y me felicitó por un trabajo que habíamos hecho con el regreso de Omar Vizquel a la LVBP: «Qué hubo mijo, felicitaciones por ese trabajo de hoy. Tremendo. Muy buenos datos, sobre todo por las fechas. Tienes a Héctor Becerra como maestro. Sigue así», soltó con una sonrisa y una palmada en el hombro.
Mi alegría, no sólo fue porque me había felicitado, sino porque había leído el trabajo y le había gustado. Ése era Humberto, quien, además, era renuente a usar el celular. Si querías hablar con él, gustosamente atendía el teléfono de su casa en Caricuao.
Su legado, también quedó plasmado en importantes libros, en los que habló de su ídolo Sandy Koufax, del «Gato» Andrés Galarraga o de las seis décadas de nuestra pelota. Unas joyas para la colección, que la generación de relevo no debería desaprovechar.

Aunque los homenajes deben hacerse en vida, la LVBP no debería tardar mucho en dedicarle la próxima temporada y que se juegue en su honor. Por otro lado, los colegas pueden elevarlo al Salón de la Fama del deporte en Venezuela. Méritos, sobran.
Humberto, que Dios te reciba con los brazos abiertos. Gracias por tanto y por ser siempre un caballero.
Te vamos a extrañar, más de lo que te imaginas.
Descansa en paz.