España celebra una década como campeón del Mundial Sudáfrica 2010

Tony Cittadino (Mallorca).- España volvió a romper la historia y el pulpo Paul la volvió a pegar. El domingo 11 de julio lograron la mayor gesta deportiva de su historia en el Soccer City de Johannesburgo. Tras décadas de frustraciones, se consagró campeón del Mundial Sudáfrica 2010, al derrotar a Holanda en un mágico partido un gol por cero.

La “Roja”, que antes del juego ya tenía la camisa con la estrella de campeón bordada en el pecho, la luce desde entonces con orgullo gracias a un tanto de Andrés Iniesta (min. 116). El mediocampista recibió un balón libre de marca al límite del área y, de pierna derecha, le pegó cruzado para batir al portero Maarten Stekelenburg.

Atrás quedaron los años grises con la frase “jugamos como nunca, perdimos como siempre”, porque el conjunto de Vicente del Bosque dejó números para la historia, al ser el tercer equipo en ganar un Mundial y una Eurocopa (2008) en competiciones seguidas, tal como lo hicieron Alemania (1974-1978) y Francia (1998-2000). Esto sin contar que dos años más tarde, se consagrarían campeones en la Euro 2012 con goleada ante Italia (4-0), logrando un triplete histórico. Un año más tarde, perdieron la final de la Copa Confederaciones 2013 ante el local Brasil (3-0).

El camino de España no empezó nada bien. Cayeron en el partido inaugural ante Suiza (1-0), en un duelo en el que volvían a aparecer los fantasmas trágicos en los Mundiales. Pero la selección fue de menos a más. Se recuperaron con un triunfo ante Honduras (2-0) y firmaron el pase a la siguiente ronda ante Chile (2-1).

España avanzó a la siguiente ronda y ganó todos sus partidos por la mínima diferencia. Lograron lo máximo, con lo mínimo. En octavos, vencieron a Portugal (1-0). En cuartos, batieron a Paraguay (1-0) y en la semifinal, dejaron en el camino en un juegazo al siempre candidato Alemania (1-0), con un memorable gol de cabeza de Carles Puyol.

Lo cierto, es que una selección como ésta no podía marcharse sin titularse. Iker Casillas, Sergio Ramos, Puyol, Xavi Hernández, Iniesta y David Villa, fueron la columna vertebral de una selección compacta. Era ahora o nunca. Pero el coraje y el juego de toque que le llevó a ser el mejor de los últimos años, permitió que el sueño fuese realidad. El “Tiki-Taka” enamoró al mundo y terminó de implantar un estilo.

Holanda, por su parte, volvió a quedarse con las ganas de ser campeón. Tras los fracasos de 1974 y 1978, a la “naranja mecánica” le volvió a faltar contundencia en la última batalla, pero deben estar satisfechos porque la generación de Arjen Robben y Wesley Sneijder batallo hasta el último minuto.

Además se la puso difícil a los españoles para forzar la sexta etapa complementaria en Mundiales y segunda por torneo seguido, pues aunque los ibéricos dominaron prácticamente todo el duelo, no supieron concretar el último pase y contaron con un Iker Casillas milagroso al salvar dos mano a mano ante Robben (min. 63 y min. 84).

Pero desde el tiempo extra se vio que las cosas iban a cambiar. No solo porque España adelantó las líneas y fue más ofensiva, sino que la expulsión de John Heitinga por doble amarilla fue un duro golpe al costado para los tulipanes (min. 118). Así quedó la mesa servida para Iniesta. No podía ser otro. El cerebro del equipo, junto a Xavi Hernández como en el Barcelona, se encargó de anotar el gol más importante de su vida y de la selección, para teñir a Sudáfrica y al mundo de rojo.

Con los tres pitazos del inglés Howard Webb todo se consagró y Casillas pasó a formar parte de galería dorada de capitanes en alzar la copa, uniéndose desde 1974, año en que se celebra con nuevo trofeo, a los argentinos Daniel Passarella (1978) y Diego Maradona (1986), los italianos Dino Zoff (1982) y Fabio Cannavaro (2006); los brasileños Dunga (1994) y Cafú (2002); el alemán Lothar Matthäus (1990) y el francés Didier Deschamps (1998).

Los protagonistas

La fiesta se desató en el Soccer City de Johannesburgo y los jugadores españoles celebraron como nunca. El director técnico de España, del Bosque, expresó que lo que ocurrió fue un momento inolvidable.

“Felicitamos a nuestro rival, que nos ha hecho muy difícil el partido. La final ha prestigiado el fútbol ofensivo, de calidad. Hay una gran alegría dentro del vestuario, difícil pronunciar palabras en este momento. La satisfacción en el país supera lo meramente deportivo. Es un éxito de todos, es justo el premio recibido hoy”.

El portero y emblemático capitán de la selección, Casillas, agregó a la FIFA que fue un sueño hecho realidad. “Esto es algo que siempre sueñas cuando eres pequeño. Nos lo hemos merecido de principio a fin, es un momento sensacional e inolvidable para nosotros y para el fútbol español. Quizás ahora no somos conscientes de lo que hemos hecho, con el paso de los días nos daremos cuenta”.

En tanto, el goleador del encuentro y el Mejor Jugador del Partido, Iniesta, expresó sentirse sin palabras. “No hay palabras para describir lo que se siente al ganar un Mundial. Es increíble de la forma que ha sido, lo que ha costado… Aún no termino de creérmelo, he podido aportar mi granito de arena al marcar un gol tan significativo para la selección. Un partido para recordar, para celebrarlo”.

Del otro lado de la acera, la amargura de Holanda era evidente. Otra vez, se quedaron a un paso de la gloria. “Estuvimos a punto de llegar a los penales con 10 hombres. Pero ganó el mejor equipo. Me duele mucho que hayamos perdido la final del Mundial. Es verdad que España tuvo más oportunidades, pero por nuestra parte Arjen Robben estuvo dos veces muy cerca de marcar. De haberlo logrado, nos habríamos proclamado campeones del mundo”, explicó luego del partido a la FIFA el director técnico de Holanda, Bert van Marwijk.

El defensa y capitán de Holanda, Giovanni van Bronckhorst, sostuvo que la falta de puntería de sus compañeros fue un aspecto de peso para no consagrarse. “Estuvimos tan cerca. Es una desilusión enorme. Tendríamos que haber aprovechado nuestras ocasiones de gol y todo habría sido distinto. En el mediocampo, a veces les dejamos demasiado espacio. Cuando se llega a una final, es natural querer ganarla”.

La Copa del Mundo se marchó con destino a Madrid. La celebración en el país y en la capital española fue la justa recompensa a tantos años de frustraciones y complejos. España fue campeón del mundo con todas sus letras y con una generación que marcó una época el fútbol mundial.

El día que Alemania masacró a Brasil en el Mineirao (+Video)

Tony Cittadino (Mallorca).- El 8 de julio del 2014 quedó marcado como uno de los días más negros en la historia deportiva de Brasil. Esa tarde, la selección canariña fue goleada y humillada por Alemania con marcador de siete por uno, en partido de la semifinal del Mundial 2014 en el estadio Mineirao de Belo Horizonte.

Una catástrofe similar a la del Maracanazo, que destapó las carencias defensivas y psicológicas de una selección dirigida por Luis Felipe Scolari, que fue vapuleada por una maquinaria teutona comandada por Joachim Low y que, a la postre, finalizó como campeón del mundo también despachando a otro rival de peso suramericano: la Argentina de Lionel Messi.

Ambas selecciones llegaron a la semifinal como candidatas lógicas para ganar el Mundial, tanto por el peso de su historia, como por el desempeño que habían mostrado en el torneo. Sin embargo, Brasil tenía a favor el extra de ser el país anfitrión. Era su Mundial y la oportunidad de oro para borrar al amargo recuerdo del Mundial del 1950.

La verdeamarela fue líder del grupo A con siete puntos, producto de una victoria ante Croacia (3-1), un empate ante México (0-0) y una goleada frente a Camerún (4-1). En octavos, sufrieron ante Chile y tras el empate a un gol en 120 minutos, definieron el triunfo en la tanda de penales 3-2. En cuartos de final, también hubo duelos entre suramericanos y derrotaron a Colombia (2-1), en un encuentro en el que el defensa David Luiz marcó un golazo de tiro libre y el estelar delantero Neymar salió lesionado y se perdió el resto del Mundial.

Por su parte, los europeos fueron los líderes del grupo G, al debutar con goleada frente a Portugal (4-0), empatar con Ghana (2-2) y vencer a Estados Unidos (1-0). En octavos, tuvieron que ir al alargue para derrotar a Argelia (2-1) y en cuartos de final, doblegaron a Francia (1-0).

Así se dio el tan esperado encuentro, que reeditaba la final del Mundial Corea-Japón 2002 y que fue ganada por Brasil con un doblete de Ronaldo. El estado estaba a reventar, con 58 mil 141 espectadores listos para, en su gran mayoría, alentar a Brasil en la ruta al hexacampeonato. Sin embargo, la ilusión se comenzó a desvanecer a los 10 minutos, cuando Thomas Müller abrió el marcador.

Brasil lucía desconcertada y nerviosa, ante una Alemania que olía el miedo del rival y sacaba el rodillo para aplastar al rival. Su eficacia frente al arco, fue letal. Miroslav Klose se encargó de aumentar la cuenta con un gol en la fracción 22 que enmudeció el estadio por partida doble: su selección aumentaba la ventaja a 2-0 y, además, pasaba a ser el máximo anotador en la historia de los Mundiales con 16 tantos, uno más que Ronaldo, que lo miraba desde el palco de prensa.

La canariña no terminaba de asimilar el golpe, cuando en seis minutos Mannschaft atacó sin piedad y con par de tantos de Toni Kroos (minuto 24 y 25) y otro de Sami Khedira (minuto 28), ganaba cómodamente cinco por cero antes de la media hora de partido. Los fanáticos brasileños lloraban en un estadio enmudecido, mientras que el mundo veía con asombro el poderoso despliegue alemán.

El primer tiempo terminó con una goleada de escándalo, pero no todo estaba escrito. André Schürrle se encargó de sellar el resultado, con tantos en las fracciones 68 y 78. Oscar descontó por Brasil para el gol del orgullo al 89, pero poco o nada podía maquillar un resultado de escándalo que le permitió a Alemania ser la primera selección en anotar siete dianas en una semifinal. Por si fuera poco, para la canariña fue la peor goleada de por vida y la mayor recibida por un país anfitrión de la Copa del Mundo.

Las voces de los protagonistas

Luego del encuentro, las reacciones no se hicieron esperar. El portero Julio César, dijo a la televisión de la FIFA entre lágrimas que fue un golpe muy fuerte. “Hasta aquí estaba todo muy bien. Esto es muy fuerte. No puede ser. Es inesperado. Somos fuertes y vamos a levantar la cabeza».

El defensa David Luiz también se vio muy afectado por el resultado. «Quería ver a mi pueblo sonreír. Ellos fueron los mejores, se prepararon mejor. Es un día con mucha tristeza, pero de mucho aprendizaje».

Por su parte, el director técnico, Scolari, asumió la responsabilidad de la derrota. «Es el peor momento de mi carrera y el peor día en mi vida futbolística. Pero la vida sigue. ¿Quién es el responsable de este resultado? Yo, soy yo. Podemos repartir la culpa de este resultado catastrófico entre todos nosotros, pero la persona que decidió la alineación y el sistema fui yo. Fue mi decisión. Hicimos lo que pudimos, lo dimos todo, pero jugamos contra una grandiosa Alemania. No supimos reaccionar al vernos por detrás en el marcador. El equipo perdió el orden y nos entró el pánico después de conceder el primer gol”, explicó en declaraciones a la FIFA.

Agregó que ni siquiera los alemanes sabían lo que había pasado. “Ha sido mérito suyo y debemos respetarlo. Tendremos que aprender a sobrellevarlo. Mi mensaje para el pueblo brasileño es el siguiente: Por favor, discúlpennos por esta actuación. Siento que no hayamos sido capaces de llegar a la final, pero ahora intentaremos acabar en tercera posición. Todavía tenemos un objetivo por el que luchar». Sin embargo, Brasil no levantó cabeza y también fue goleado por Holanda en el partido por el tercer lugar.

Del otro lado de la acera, los alemanes festejaron pero con cautela. El técnico Low pidió respeto y moderación por el resultado, pues sabía cómo se sentía el rival. “Después de caer en semifinales ante Italia en 2006, sabemos cómo se siente Brasil, sus jugadores, el seleccionador Scolari y sus aficionados, así que tenemos que ser modestos y humildes y pensar en el siguiente partido. Son emociones muy intensas. Hemos ganado, nos hemos metido en la final. Hemos superado la pasión de los brasileños. Sabíamos que si jugábamos al máximo de nuestro potencial, teníamos posibilidades de ganar”.

Sin embargo, no se esperaban una goleada como la que lograron. “Jamás habríamos esperado un resultado como éste. Aprovechamos nuestras ocasiones y ellos se sintieron más presionados a raíz del primer gol. Significa mucho para nosotros que Miroslav Klose haya batido el récord de máximo goleador en la historia de los Mundiales. Es una gran noticia para él y para todo el equipo. Es un logro que sólo puede obtenerse a base de mucho trabajo. Klose sigue jugando al mejor nivel y marcando goles».

El mediocampista alemán Kroos fue electo como el Mejor Jugador del Partido y dijo que fue un juego impresionante. “Empezamos a creer en la victoria desde el primer minuto, porque vimos que Brasil dudaba un poco en su toma de decisiones, y nos aprovechamos de esa circunstancia. Los goles fueron cayendo uno tras otro cuando abrimos el marcador. Si alguien me hubiese dicho que íbamos a ganar 7-1, no le habría creído”.

Las reacciones en Brasil y el mundo

Las horas siguientes al juego se vivieron con mucha tristeza en Brasil. En algunas ciudades hubo disturbios y debió intervenir la policía. El periodista deportivo Jesús Marín estuvo en el encuentro como corresponsal de Venevisión y comentó en un reporte para la sección de deportes del Noticiero, que fue una experiencia devastadora para los brasileños.

“Cuando salí del estadio Mineirao eran cerca de las 11 de la noche y el camino al aeropuerto fue con mucha tranquilidad. Hay una tristeza tremenda y una frustración, con caras muy largas. En Sao Paulo también e incluso el taxista que me llevaba, decía con mucha frustración que Brasil no supo descifrar el juego de Alemania y no supo reaccionar”, explicó el experimentado comentarista deportivo.

En tanto, Twitter fue el rey de la interacción en las redes sociales. En un trabajo reseñado por la periodista Waleska Manzi, explicó que se registraron 35.6 millones de tuits, con un pico de 580 mil cuando Khedira anotó el 5-0. El jugador más mencionado de Brasil fue Julio César y el de Alemania fue Klose.

La prensa brasileña no dudó en calificar el resultado del juego como una vergüenza y humillación.  “Indignación, revuelta, dolor, frustración, irritación, vergüenza, pena, desilusión”, fue el titular del diario deportivo Lance en una tapa que aparece totalmente en blanco, reseñó EFE.

“Vergüenza, vejación, humillación”, “Humillación en casa” y “Brasil sufre la peor derrota de su historia” fueron otros de los titulares.

El diario O Globo indició que fue la peor derrota en casa en su historia. “La selección brasileña sufrió ayer la peor vejación en sus cien años de historia. La derrota por 7-1 frente a Alemania fue la más humillante desde el 21 de julio de 1914, cuando actuó por primera vez”, agregó EFE.

Otro periódico crítico fue Folha de Sao Paulo, al reseñar que Alemania aplastó a Brasil. “Por segunda vez en la historia, la selección brasileña perdió la oportunidad de consagrarse campeón mundial jugando en casa. En el Mundial de 1950 el resultado de 2-1 a favor de Uruguay tuvo contornos trágicos, mientras que en 2014 la goleada por 7-1 fue marcada por la humillación”.

En tanto, O Estado de Sao Paulo, informó que la goleada histórica dejó al país totalmente perplejo y mostró a 2.000 millones de telespectadores en el mundo una selección brasileña descontrolada emocionalmente.

Fue la noche más larga para Brasil en mucho tiempo.

Ficha técnica

Brasil: Julio Cesar, Maicon, David Luiz, Dante, Marcelo; Luiz Gustavo, Fernandinho (Paulinho, min.46); Oscar, Bernard, Hulk (Ramires, min.46); Fred (Willian, min.69).

Alemania: Neuer; Lahm, Hummels (Mertesacker, min.46), Boateng, Howedes; Khedira (Draxler, min.76), Schweinsteiger, Kroos; Ozil, Klose (Schürrle, min.58), Muller.

Goles: 0 – 1, min.11, Müller. 0 – 2, min.23, Klose. 0 – 3, min.24, Kroos. 0 – 4, min.26, Kroos. 0 – 5, min.29, Khedira. 0 – 6, min.69, Schürrle. 0 – 7, min.79,  Schürrle. 1 – 7, min.90, Oscar.

Árbitro: Marco Rodríguez (México).

Estadio: Mineirao (Belo Horizonte).

 

Fotos portadas diarios: Nolapeles.com

Cincuenta años de la final del Mundial México 70, la Copa que inmortalizó a Brasil

Tony Cittadino (Mallorca).- La final del Mundial México 1970 entre Brasil e Italia, siempre será recordada por ser una de las más emblemáticas y en la que vio a la canariña de Pelé, lograr su tercera Copa del Mundo. Fue la mágica Brasil de Clodoaldo, Gerson, Rivelino, Tostao, Jairzinho, Pelé y Carlos Alberto, de la que tanto se hablado y se ha catalogado como la mejor Brasil de la historia.

El “Scratch” dirigido por Mario Zagallo se convirtió en el primer tricampeón del mundo, luego de los éxitos en Suecia 1958 y Chile 1962. Eso le permitió tener el privilegio de quedarse con la copa original Jules Rimet, que luego fue robada en Brasil y fundida en 1983.

Todo esto en un Mundial que también será recordado porque no hubo un solo jugador expulsado y en el que se implementó el uso de las tarjetas amarilla y roja. Además fue la primera en la que Adidas era el fabricante del balón del torneo, una tradición que se mantiene nuestros días. El Adidas Telstar Durlast fue el protagonista del primer Mundial que albergó un país integrante de la Concacaf.

Brasil llegó a la final, luego de una fase de grupos en la que dominó ganando los tres partidos a Checoslovaquia (4-1), Inglaterra (1-0) y Rumania (3-2). En cuartos, superó a Perú (3-2) y a Uruguay en la semifinal (3-1), en el recordado juego en la gran jugada personal de Pelé al evadir al portero Ladislao Mazurkiewicz,  que no terminó en gol de milagro.

Por su parte, Italia llegó al Mundial como campeón vigente de la Eurocopa, ganada dos años antes en casa y era dirigida por el director técnico Ferruccio Valcareggi. Vencieron en la fase de grupos a Suecia (1-0) y empataron con Uruguay (0-0) e Israel (0-0), para ser líder del grupo dos con cuatro puntos. En cuartos de final, despachó a México con goleada (4-1). En la semifinal, superaron a Alemania Federal 4-3, en el “Partido del Siglo”.

El “Jogo Bonito”

El estadio Azteca recibió la final de la Copa del Mundo a las 12 del mediodía, hora local. Ambas oncenas sumaban un bicampeonato y el ganador tendría el privilegio de quedar como el más ganador del mundo. De acuerdo a estadísticas de la FIFA, la asistencia fue de 107.412 personas, que, en su mayoría, apoyaban al equipo suramericano.

Contar con el apoyo de los mexicanos fue un aspecto clave para Clodoaldo, quien en declaraciones reseñadas por ESPN dijo que fue una experiencia inolvidable: “El calor humano del pueblo mexicano nos dio mucha confianza. Fue impresionante”.

El partido comenzó con Brasil como dominador del encuentro, ante una Italia bien parada, que no fue tímida para buscar el arco rival. La primera acción de peligro fue de Gigi Riva, con un cabezazo a los 15 minutos.

La canariña se fue asentando en el campo con Gerson, Rivelino y Jairzinho, mientras que Tostao y Pelé buscando los espacios en el último cuarto de cancha ante la férrea defensa italiana, conformada por el capitán Giacinto Facchetti, Tarcisio Burgnich, Roberto Rosato y Pierluigi Cera.

El primer gol llegó gracias a un centro por la izquierda de Rivelino, que Pelé supo definir de cabeza a los 18 minutos de juego. Italia no se amilanó y luego de dos oportunidades de gol, llegó el empate en la fracción 37. Fue con una jugada personal de Roberto Boninsegna, que aprovechó un error en la salida del arquero Félix e igualó la pizarra.

Sin embargo, todo cambió en la segunda parte. El juego era de ida y vuelta, hasta que Gerson fusiló de zurda y desde fuera del área al portero Enrico Albertosi. Un golazo al minuto 66, que hizo que Brasil no perdiera más la ventaja y desmotivó a Italia.

Sandro Mazzola, no dudó en reconocer la superioridad del rival, en el documental de la Gazzetta dello Sport, La Grande Storia della Nazionale. “Los brasileños eran muy fuertes. Basta con ver los nombres: Rivelino, Pelé, Tostao. Cuando recibimos el segundo gol, no tuvimos más fuerzas para reaccionar”.

En tanto, el portero Albertosi consideró que Italia no afrontó de la mejor manera el partido por dos factores: el primero, venían cansados por el exigente tiempo extra ante Alemania Federal y, el segundo, que la noche anterior debieron hacer maletas.

Los encargados de la logística de la Federación Italiana, le hicieron saber a la selección, que a primera hora de la mañana debían tener las maletas hechas para llevarlas al aeropuerto.

“Creo que la final se preparó mal. En la noche, hicimos las maletas pensando ya en el vuelo de regreso a casa. Quizás tuvimos poca concentración para preparar a final de un Mundial. Quizás sin la media hora del tiempo suplementario, hubiéramos jugado con más garra”, explicó el portero italiano en el documental.

Con el juego 2-1 a favor de Brasil, la canariña se soltó aún más en la cancha y cinco minutos más tarde volvieron a aumentar la ventaja. Esta vez, Jairzinho marcó el tercero al rematar frente al arco una asistencia de cabeza de Pelé, quien supo bajar el balón con inteligencia. Jairzinho terminó como el goleador de la selección con siete, tras anotar en todos los juegos.

El Azteca era una fiesta carioca, no sólo en la tribuna, sino en el campo. Carlos Alberto se encargó de sentenciar la goleada, con un remate cruzado al 86. El capitán le pegó de primera ante el pase al área de Pelé, finalizando una gran jugada colectiva que había comenzado en el mediocampo con una recuperación de Tostao en su campo. Nueve toques seguidos y una exquisita asistencia del “Rey” a Carlos Alberto.

“Me impresionó mucho Pelé, quien se constituyó en el constructor de los cuatro goles, de acuerdo con lo observado desde mi posición”, dijo luego del partido el arquero Albertosi, en declaraciones reseñadas por ESPN.

El encuentro culminó con los tres pitazos del árbitro principal, el alemán Rudi Glockner. Los fanáticos invadieron el campo. La fiesta era incontrolable, mientras Pelé era rodeado por cientos de personas que celebraban con él su tercer Mundial. “Esta fue mi última Copa. Soy el hombre más feliz del mundo”, decía Pelé en medio de algarabía.

Carlos Alberto levantó la Copa al cielo y la verdeamarelha sumaba el tricampeonato, ganando todos los partidos. Fue la fiesta y la consagración del “Jogo Bonito”, más nunca visto. El final perfecto de una selección de Brasil inolvidable.

Ficha técnica

Brasil: Félix; Brito, Everaldo, Carlos Alberto (C), Clodoaldo; Gerson, Rivelino, Jairzinho, Piazza; Pelé, Tostao. DT: Mario Zagallo.

Italia: Albertosi; Facchetti (C), Burgnich, Bertini, Rosato; Cera, Domenghini, Mazzola, De Sisti; Boninsegna, Riva. DT: Ferruccio Valcareggi.

Goles: Pelé (1-0, min. 18), Boninsegna (1-1, min. 38), Gerson (2-1, min. 66), Jairzinho (3-1, min. 71), Carlos Alberto (4-1, min. 86).

Árbitro: Rudi Glockner (Alemania Federal), acompañado por los asistentes Rudolf Scheurer (Suiza) y Ángel Norberto Coerezza (Argentina)

Estadio: Estadio Azteca (107.412 espectadores)

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Cincuenta años del «Partido del Siglo» entre Italia y Alemania

Tony Cittadino (Mallorca).- El miércoles 17 de junio de 1970 quedó marcado en la historia como el día en el que Italia y Alemania Federal disputaron el “Partido del Siglo”, el extraordinario y emocionante juego de la semifinal del Mundial México 1970 que ganó la Azzurra en la prórroga cuatro goles por tres.

El estadio Azteca de Ciudad de México recibió este encuentro, al que asistieron 102 mil 444 espectadores. Un marco impresionante para esta Copa del Mundo, que fue la última en la que se entregó la Copa Jules Rimet. Además fue la primera en la que Adidas era el fabricante del balón del torneo, una tradición que se mantiene nuestros días. El Adidas Telstar Durlast fue el protagonista del primer Mundial que albergó un país integrante de la Concacaf.

También fue una Copa en la que se estrenaban las tarjetas para amonestar a los jugadores, si bien terminó sin ningún expulsado. Además se implementaron las sustituciones por primera vez.

Italia llegó al Mundial como campeón vigente de la Eurocopa, ganada dos años antes en casa y era dirigida por el director técnico Ferruccio Valcareggi. Por su parte, Alemania estaba al mando del estratega Helmut Schon y había finalizado como subcampeón en la polémica final del Mundial Inglaterra 1966, en la que cayeron en el partido decisivo ante el equipo anfitrión en la prórroga cuatro goles por dos. Fue la final del “Gol Fantasma” de Geoff  Hurts, aquél tanto que picó en la línea de gol y no entró por completo a la arquería.

Italia había vencido en la fase de grupos a Suecia (1-0) y empató con Uruguay (0-0) e Israel (0-0), para ser líder del grupo dos con cuatro puntos. En cuartos de final, despachó a México con goleada (4-1). En tanto, Alemania, también fue el mejor del grupo cuatro con seis puntos, tras vencer a Marruecos (2-1), Bulgaria (5-2) y Perú (3-1). En cuartos de final, venció a Inglaterra en tiempo extra (3-2).

Ambas selecciones lucían equipos muy sólidos y con jugadores estelares, si bien Alemania llegó como favorita para el partido. Los teutones tenían en el arco a Sepp Maier y al mítico defensa Franz Beckenbauer, que dos años después fue campeón de la Eurocopa y luego se consagró en el Mundial Alemania 1974.

El plantel también contaba con el capitán Uwe Seeler y el estelar delantero Gerd Muller, quien terminó el torneo como máximo goleador con 10 tantos. “El Torpedo” fue hasta el 2006 el máximo artillero de los Mundiales con 14 tantos. Fue superado por el brasileño Ronaldo (15) y luego por el también alemán Miroslav Klose en 2014 (16).

Gigi Riva lideraba el ataque de Italia, selección en la que estaba el portero Enrico Albertosi, el defensa y capitán Giacinto Facchetti, el mediocampista Sandro Mazzola y los también atacantes Gianni Rivera y Roberto Boninsegna, quien precisamente abrió el marcador a los 8 minutos, con un remate de zurda casi a ras del suelo desde fuera del área.

El nivel de juego mostrado por las dos selecciones fue de altura, digno de la época. Muy físico y táctico. De hecho, el “Kaiser” Beckenbauer, terminó jugando con un cabestrillo, pues ya se habían agotado los dos cambios permitidos.

Alemania gozó, al menos, de cuatro oportunidades claras para marcar en la segunda parte, pero el portero Albertosi estuvo atinado, el defensa Roberto Rosato sacó milagrosamente un balón en la línea y también falló la puntería, pero por poco. Sin embargo, empataron en el segundo minuto de descuento. Jürgen Grabowski se internó por la banda izquierda y sirvió un centro al área, donde apareció Karl-Heinz Schnellinger, quien jugaba en el Milan, y de derecha empató el partido. Hasta aquí había sido un partido “normal”. Peleado y con ocasiones.

“Alemania buscó siempre empatar el juego, porque no aceptaban perder ni como grupo, ni de forma individual. Era lógico que el partido fue más defensivo de nuestra parte”, dijo Mazzola en el documental de la Gazzetta dello Sport, La Grande Storia della Nazionale.

Una prórroga histórica

El juego fue a tiempo extra y los alemanes volvieron a mandar el balón al fondo de la red. Esta vez fue en una jugada a balón parado producto de un saque de esquina, en el que Muller aprovechó un error de la defensa y le dio la ventaja a su selección al minuto 94.

“Pensé que íbamos a perder cuando Alemania anotó en el tiempo extra, pero tuvimos una gran reacción”, recordó Albertosi en el documental.

Italia no se rindió y también aprovechó una jugada a balón parado. Corría el minuto 98 cuando un balón rifado en el área fue rematado por el defensa Tarcisio Burgnich para empatar el juego a dos. La Azzurra retomó el control en el marcador justo antes del final de la primera prórroga, al agarrar mal parada a Alemania en una jugada personal que finalizó con un zurdazo cruzado Riva para el tres por dos en la fracción 104.

El partido continuó jugándose a un ritmo trepidante y los alemanes volvieron a aprovechar una jugada a balón parado, reafirmando el dicho que dos cabezazos en el área terminan en gol. Un saque de esquina de Reinhard Libuda fue cabeceado al arco por Uwe Seeler y luego por Muller, para empatar otra vez el juego a tres tantos al minuto 110.

“Cuando se iba a ejecutar el córner, le dije a Rivera que no se quedara en uno de los palos de la portería. Me dijo que se quedaría, pero le respondí que era su responsabilidad. Cuando remataron de cabeza, él estaba un metro lejos del palo y la pelota entró entre él y el poste. Le dije de todo, incluso palabras que no se pueden repetir. Abrazado al palo, me dijo que para enmendar el error, debía ir a hacer un gol”, dijo Albertosi.

Así fue. Alemania todavía estaba festejando el tanto, cuando Italia liquidó el partido un minuto más tarde. La Nazionale sacó del mediocampo y se fue de inmediato al ataque. Boninsegna entró al área, centro al medio donde apareció Rivera justo en el punto penal, para batir al portero con un disparo de derecha en plena carrera.

“Cuando sacamos del mediocampo, mi idea era driblar a todos los alemanes y hacer gol, pero cambié de idea cuando vi a todos los alemanes delante de mí. Era imposible mi plan de ataque, así que pasé el balón y me fui al área. Tuve la suerte de que el balón me quedó perfecto, porque rematé un penal en movimiento”, dijo Rivera al programa Sfide de la RAI.

“Cuando anoté el gol, me quité un peso de encima. Me sentía responsable por recibir el gol del empate, aunque no podía hacer nada. Sólo meter la mano. Después del empate, había pensado no regresar a Italia, pero ahora sí quería hacerlo”, agregó Rivera con alivio y satisfacción en el documental. Su gol decretó el avance de Italia a la gran final, que a la postre perdió contra el mágico Brasil de Pelé y compañía.

El partido finalizó con los jugadores agotados y saludándose, quizás sin estar conscientes que serían los protagonistas de un duelo memorable. México rindió homenaje a las dos selecciones, colocando una placa en el estadio Azteca que reza: “El estadio Azteca rinde homenaje a las selecciones de Italia y Alemania protagonistas en el Mundial de 1970 del Partido del Siglo”.

Aunque a lo largo del tiempo también se disputaron partidos épicos en mundiales u otras competiciones nacionales, que adoptaron el nombre del “Partido del Siglo”, ninguno superará al pionero, al Italia-Alemania del Mundial México 1970.

Ficha Técnica

Italia: Albertossi; Burgnich, Cera, Rosato (Poletti, 91′), Fachetti; Berti,De Sisti; Domenghini, Bonisegna, Mazzola (Rivera, 46′) y Riva.

Alemania Federal: Maier; Vogts, Schnellinger, Schultz, Patzke (Held, 66′), Beckenbauer, Overath; Grabowski, Seeler, Muller y Lohr (Libuda, 52′)

Goles: 1-0 (min.8) Bonisegna; 1-1 (min. 90+2) Schnellinger; 1-2 (min. 95) Muller; 2-2 (min. 100) Burgnich; 3-2 (min. 104) Riva; 3-3 (min. 112) Muller; 4-3 (min. 114) Rivera.

Árbitro: Arturo Yamasaki (Perú).

Estadio: Azteca. 102.444 espectadores

 

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Treinta años de Italia 90, el Mundial de las “Noches Mágicas”

Tony Cittadino (Mallorca).- Treinta años han pasado desde que el balón Etrusco Único comenzó a rodar en el Mundial Italia 90, la décima cuarta edición de la Copa Mundial de la FIFA que se realizó por segunda vez en el país de la bota. La primera había sido en 1934, cuando gobernaba el régimen fascista de Benito Mussolini y en el que la Azzurra ganó el primero de sus cuatro trofeos.

Fue la primera vez que un país repetía como sede y el último Mundial en el que participó Alemania dividida. Cinco meses después, fue derribado el Muro de Berlín. Para Alemania Federal fue la tercera final consecutiva, tras perder ante Italia en 1982 y contra Argentina en 1986.

También fue el último Mundial para selecciones como la Unión Soviética, Checoslovaquia y Yugoslavia, mientras que fue el primero para Emiratos Árabes Unidos y Costa Rica.

El torneo de la mascota Ciao y de la canción que se convirtió en el himno de los mundiales: “Un´estate italiana”, mejor conocida como Notti Magiche.

La Copa en la que Roberto Baggio debutaba con Italia y marcaba un golazo, al arrancar desde la media cancha. El Mundial al que Diego Armando Maradona llegaba con todos los pergaminos para repetir la gloria con Argentina, selección que tuvo en el portero Sergio Goycochea, un gran aliado.

La Albiceleste, por cierto, se convirtió en la primera oncena en no marcar en una final, mientras que Inglaterra contaba con un plantel de calidad, liderado por Gary Lineker y Paul Gascoigne.

Fue el último Mundial en el que se otorgaban dos puntos por victorias en la fase de grupos y el que llevó a la gloria a Franz Beckenbauer. El alemán fue el primero en levantar la Copa del Mundo como jugador (1974) y como técnico, gracias a un grupo exitoso de jugadores entre los que estaban Lothar Matthaus y Jurgen Klinsmann.

Italia 90 también será recordado por el emblemático baile del camerunés Roger Milla,  las eufóricas celebraciones de Salvatore Schillaci y la polémica por el agua adulterada que Argentina le dio de beber a Brasil.

A continuación, desglosamos algunos datos del Mundial.

Los participantes

Un total de 24 selecciones se dieron cita en la competición. Italia como anfitrión, lideraba a las 14 oncenas europeas, que fueron completadas por: Alemania Federal, Austria, Bélgica, Checoslovaquia, Escocia, España, Inglaterra, Irlanda, Holanda, Rumania, Suecia, Unión Soviética y Yugoslavia.

El campeón defensor, Argentina, era una de las cuatro representantes de la Conmebol, junto a Uruguay, Brasil y Colombia, que regresaba a un Mundial por primera vez desde 1962.

Por África acudieron Camerún y Egipto, que regresaba a su segunda Copa desde 1934, mientras que por Asia, estaba Corea del Sur y el debutante Emiratos Árabes Unidos. Costa Rica y Estados Unidos, representaron a la Concacaf.

Así se jugó

El sorteo de la fase de grupos se realizó el 9 de diciembre en Roma y las 24 selecciones quedaron distribuidas en cuatro grupos de seis. A octavos de final avanzaron las dos mejores selecciones de cada grupo y las cuatro mejores terceras. Cada victoria era compensada con dos puntos y el empate con una unidad.

Se disputó entre el 8 de junio y el 8 de julio, con 52 partidos programados.

Las sedes

Doce ciudades recibieron la cita mundialista y dos de ellas estrenaron estadios: Turín (estadio Delle Alpi, que fue derribado en 2009 y en 2011 se inauguró el Juventus Stadium) y Bari (estadio San Nicola). La lista la completan: Bologna (estadio Renato Dall’Ara), Cagliari (estadio Sant’Elia), Florencia (estadio Artemio Franchi), Genova (estadio Luigi Ferraris), Milan (estadio San Siro), Napoli (estadio San Paolo), Roma (estadio Olímpico), Palermo (estadio Della Favorita), Udine (estadio Friuli) y Verona (estadio Marcantonio Bentegodi).

La Mascota

Ciao fue la primera mascota de un Mundial en ser un objeto inanimado, al mejor estilo de una marioneta, pero con visión en el futuro. Fue un diseño muy criticado en su momento, que rompió con el esquema de los humanos, los animales o los alimentos. Fue creada por Lucio Boscardin y era una figura de cubos con los colores de la bandera de, formando a un futbolista. La cabeza era un balón.

El Balón

La marca alemana Adidas, como de costumbre, fue la encargada de elaborarlo. Etrusco Único estaba inspirado en la historia italiana y se presentaba como un balón más ligero. El diseño eran 20 arcos negros, con cabezas de león etruscas en su interior.

La canción

Un’estate italiana (Un Verano Italiano) o también conocida como Notti Magiche, fue la canción oficial del Mundial. Fue escrita por el músico italiano Giorgio Moroder y su versión original fue en inglés con el nombre To Be Number One (Para ser número uno).

Sin embargo, la versión italiana fue modificada y cantada por Gianna Nannini y Edoardo Bennato, siendo por su música y su letra, un himno del fútbol hasta nuestros días. En español, fue cantada por el cantante venezolano Félix Valentino.

El goleador

El delantero siciliano de la Juventus, Salvatore Schillaci, fue el goleador del certamen con seis dianas.

“Totó” también terminó como Mejor Jugador del torneo. Marcó en el primer partido ante Austria, luego de entrar como suplente. En la fase de grupos volvió a anotar, ahora ante Checoslovaquia y luego sumó cuatro tantos más, en partidos consecutivos, frente a Uruguay, Irlanda, Argentina e Inglaterra.

El último tanto fue en el partido por el tercer lugar ante los ingleses, al ejecutar un penal cedido por Baggio.

El partido inaugural

Argentina y Camerún fueron los protagonistas del primer partido de Italia 90. La Albiceleste, campeón defensor, se medía a los africanos el viernes 8 de junio en San Siro. Camerún dio el primer campanazo, al llevarse la victoria un gol por cero, con tanto de Francois Omam Biyik a los 67 minutos.

Ambos equipos estaban en el grupo B y fue un juego muy físico por parte de los africanos, que se quedaron con nueve en la cancha por las expulsiones por roja directa de Andre Kana Biyik (66’) y por doble amarilla de Benjamin Massing (88’). El duelo fue pitado por el francés Michel Vautrot.

La final

Alemania Federal y Argentina disputaron la segunda final consecutiva, el domingo 8 de julio en el estadio Olímpico de Roma. Andreas Brehme le dio el triunfo a los teutones, con un polémico penal al minuto 85 pitado por el árbitro principal, el mexicano Edgardo Codesal.

Argentina se quedó con nueve en la cancha, por la expulsión por roja directa de Pedro Monzón (65’) y por doble amarilla de Gustavo Dezotti (87’). Para los germanos, fue la tercera Copa del Mundo, luego del éxito en Suiza 1954 y Alemania 1974. Lothar Matthäus fue el máximo artillero del equipo con cuatro dianas.

El equipo revelación

Camerún fue el equipo que sorprendió a todos. Los “Leones Indomables” iniciaron la Copa venciendo a Argentina (1-0) y en el segundo choque derrotaron a Rumania (2-1). En el tercer duelo, cayeron goleados por la Unión Soviética (4-0), para finalizar primeros del grupo B con cuatro puntos.

En octavos de final, despacharon a Colombia dos goles por uno en tiempo extra, con par de tantos de Roger Milla (106’ y 109′). El primer tanto, lo celebró con el icónico baile en el banderín de córner, mientras que la segunda diana fue el recordado balón robado en el media cancha al portero colombiano René Higuita.

El sueño se acabó en cuartos de final, al caer en tiempo suplementario frente a Inglaterra tres por dos.

Un Mundial de números

Italia fue el Mundial que tuvo la media más baja de goles por partido en la historia, con 2.21. En total, se anotaron 115 dianas. El equipo más goleador fue Alemania Federal (15), seguido por Checoslovaquia e Italia (10). Las selecciones que menos tantos anotaron fueron Egipto y Corea del Sur (1). La oncena más goleada fue Emiratos Árabes Unidos (11).

Anotaron 75 jugadores. El primer tanto fue del  camerunés Francois Omam Biyik (67’) y el último por el alemán Andreas Brehme (85’), ambos, casualmente, contra Argentina.

Además se sacaron 165 tarjetas amarillas y 16 rojas. Argentina fue el equipo con más tarjetas amarillas (24) y rojas recibidas (2).

El argentino José Serrizuela y el alemán Andreas Brehme fueron los más sancionados con amarilla (3). Los jugadores Ricardo Giusti (Argentina), Khaleel Ghanim (Emiratos Árabes Unidos) y Eric Gerets (Bélgica), fueron expulsados por segunda amarilla.

Por roja directa se fueron al vestuario 13 jugadores: Rudi Voeller (Alemania Federal), Frank Rijkaard (Holanda), Pedro Monzón (Argentina), Andre Kana Biyik (Camerún), Lubomir Moravcik (Eslovaquia), Benjamin Massing (Camerún), Refik Sabanadzovic (Yugoslavia), Yoon Deok Yeo (Corea del Sur), Gustavo Dezotti (Argentina), Ricardo Gomes (Brasil), Eric Wynalda (Estados Unidos), Peter Artner (Austria) y Vladimir Bessonov (Unión Soviética).

Fueron sancionados 135 jugadores. El primero fue el camerunés Benjamin Massing (minuto 6 del juego inaugural ante Argentina) y el último, el argentino Gustavo Dezotti (minuto 87 de la final frente a Alemania Federal).

Todas las estadísticas fueron tomadas del portal digital de la FIFA.

El agua adulterada

Argentina y Brasil se enfrentaron el 24 de junio en Torino, en partido de los octavos de final. La Albiceleste ganó un gol por cero, con tanto de Claudio Caniggia al minuto 81. De este duelo, salió parte de la canción “Brasil decíme qué se siente”, cantada por los argentinos en el Mundial Brasil 2014.

Sin embargo, el duelo pasó a la historia por la polémica del agua con somníferos tomada por el brasileño Branco. Luego de una pausa del juego en el minuto 40 por falta a Pedro Troglio, el jugador tomó uno de los termos de la selección argentina, ofrecido por el masajista Miguel Di Lorenzo, bebió el agua y luego comenzó a sentirse débil.

El hecho fue negado en el momento por los argentinos, pero años más tarde fue reconocido por Diego Armando Maradona y otros integrantes de Argentina. El director técnico, Carlos Bilardo, nunca aceptó la versión, pero tampoco la negó.

Fue el último duelo de los suramericanos en un Mundial.

Ana Karina Lorenzo: “Correr me hace fuerte y lograr todo lo que me propongo”

Tony Cittadino (Mallorca).- Ana Karina Lorenzo no se cansa de correr. La periodista venezolana y runner aficionada, comenzó su camino en el asfalto como un hobbie para desestresarse y compartir con su hoy esposo, pero pasó a ser un estilo de vida y un proyecto personal, al que le apuesta todo su esfuerzo.

Lorenzo nació en Maracay el 15 de agosto de 1989 y se graduó como Licenciada en Comunicación Social en la Universidad Bicentenaria de Aragua en 2012. Ese mismo año comenzó a interesarse por correr, pues siempre estuvo ligada al deporte al estar en el gimnasio y subir el Cerro Hotel Maracay.

Se mudó a Caracas e ingresó a Venevisión, para ser parte del equipo de la página web del Noticiero Venevisión como productora de contenido. Estuvo en el Canal de La Colina hasta 2014. En la capital pudo familiarizarse más con el running, porque entrenó en el Parque del Este y en El Ávila. También se inscribió en su primera carrera, siempre en condición de aficionada.

“Me fue fatal y es lo que quiero que no le pase a la gente. Terminé lesionada, pero me enganché. Fueron mis primeros 10 kilómetros, sin entrenamiento previo y sin los zapatos adecuados. No hice distancias mayores a 7 kilómetros”, explicó desde Madrid.

El proceso de correr se profundizó cuando emigró a Estados Unidos en 2016. Se fue a vivir a Chicago y salir a dar unas vueltas por la ciudad, le sirvió como una medida terapéutica para somatizar el dolor de emigrar.

“Dejar tu país, tu familia y tu profesión, genera mucho estrés y melancolía. Eran sentimientos encontrados, porque si bien estabas mucho mejor a nivel de calidad de vida, extrañabas lo tuyo. Ese primer año como emigrante es muy fuerte y el running pasó a convertirse en ese momento de esparcimiento y donde liberaba. Corría por las calles y en más de una oportunidad se me salían las lágrimas”, expresó.

Lorenzo considera que para correr se necesita, además de fortaleza física y una buena condición muscular, mucha fortaleza mental. “Llega un momento en el que te desconectas y te olvidas de que estás corriendo”, indicó. A los meses de lograr una estabilidad en su nuevo país, pudo retomar su pasión y equiparse mucho mejor.

Pasaron las semanas y con ella fue mejorando su resistencia. Creó un plan de entrenamiento, en el que fue subiendo las cargas y las distancias. En este aspecto insiste en la responsabilidad, porque hacerlo de manera forzada puede generar lesiones y frustración. Avanzar en los kilómetros recorridos no debe ser una competencia.

“Pasé de 7 a 18 kilómetros, pero tienes que aprender a escuchar tu cuerpo. No puedes esforzarte más, mientras sientas debilidad. Lo logré en casi dos años, no fue de un día para otro. Tu cuerpo te va a dar las alarmas de que puedes continuar”, dijo quien llegó a correr en invierno hasta en menos 26 grados centígrados.

Crecimiento en España

En el año 2017 emigró a España, país en el que reside en la ciudad de Madrid. Allí realizó su primer medio maratón, que fue, a su vez, su primera carrera oficial desde que se recuperó de una lesión que había sufrido en Chicago.

Se define como una persona extremadamente planificada, razón por la que semanalmente sabe qué plan de trabajo va a realizar. El correr debe compaginarse con un buen entrenamiento físico, del que ha hecho una rutina. Cuando no está en la calle o el gimnasio, está ejercitándose en casa con series ligeras para tonificar el cuerpo.

“No entreno pesado, porque la idea es que estés lo más ligero posible. El lunes, corro. El martes, descanso, pero hago musculatura de brazos y espalda. El miércoles, corro series. Si el sábado voy a hacer 14 kilómetros, entonces el viernes descanso y no hago nada”, dijo quien en Venezuela fue imagen comercial de Pantene y del Banco BBVA Provincial.

La hidratación no puede dejarse a un lado. No solo para evitar la deshidratación, sino para no sufrir calambres en la carrera. “Es vital, antes, durante y después de la carrera”, sostuvo. Lorenzo también recomienda cenar algo ligero en carbohidratos, la noche previa  a la carrera.

“Conozco corredores que no alteran su dieta, pero yo suelo comer pasta o pollo con arroz, con una salsa casera de poca grasa. Tienes que evitar que te caiga pesado y sufras indigestión, porque con la euforia estás a nada de que pase algo indeseado”.

El clima es una de las ventajas que tiene Venezuela, pues se vive en “Primavera” todo el año. Una de las primeras situaciones a las que hay que enfrentarse al emigrar, es adaptarse a vivir con mucho frío o mucho calor. A la hora de correr, también cuenta. Con el calor, el agobio agota. Con el frío, se usa ropa térmica.

“Desde que salí de Venezuela, odio el calor. Con el frío, estoy curada. Prefiero correr en invierno como en Chicago, que la temperatura llegó a ser menos 26 grados, que a temperaturas extremas como en Madrid (puede pasar los 40 grados). En verano, salgo a correr a las seis de la mañana. Es la única forma de estar fresca. Cuando sale el sol, no puedes respirar”.

En diciembre participó en su primer maratón, al correr en Valencia. Se preparó durante siete meses y los 42 kilómetros los recorrió en 4 horas, 23 minutos y 36 centésimas. “Fue un sueño hecho realidad. Después de correr 12 media maratón, sientes que puedes dar más. Me inscribí con un miedo infinito, pero con la necesidad de intentarlo y lograrlo. Para este tipo de carrera, me preparé con el corredor olímpico venezolano Luis Orta”, sostuvo.

Agregó que la satisfacción de cruzar la meta, vale la pena. “En la carrera, quieres dar lo mejor de ti. La euforia no se compara con ningún día de entrenamiento. Cuando terminas la carrera, te das cuenta que todo el sacrificio y madrugadas, valen la pena. El correr me hace fuerte. Me recuerda lo capaz que soy de retarme y lograr todo lo que me propongo”.

 

Enfoque profesional

Un punto importante para continuar con su crecimiento en Madrid, fue conseguir un trabajo de lunes a viernes y en horario de oficina. Tener parte de las tardes libres, le permitió un mayor margen de preparación y de creación, pues así nació la idea de crear su blog: Salud y Asfalto.

La idea es motivar a la gente a cambiar sus hábitos alimenticios y a compartir el conocimiento también a través de sus redes sociales. Su cuenta de Instagram @anaka_run la ha convertido en una marca, con la que quiere continuar creciendo y en la que está en contacto con la etiqueta #SaludyAsfalto.

“En las redes sociales vas haciendo una red de amigos que no conoces y sabes que tienes un público, que así sea pequeño, te sigue y le gusta tu contenido. Después de casi dos años, tengo una comunidad un poco más grande, a la que le agradezco sus mensajes, su cariño y su apoyo. Ellos son los que hacen que continúe”.

Lorenzo dijo que se está preparando para lanzar su página web y realizar cursos para tener una mejor preparación. “Esto lo odias, o lo amas para siempre. Me visualizo como profesional en el tema de nutrición y deporte y entrenamiento personalizado. También con un master en el área de running para principiantes, porque hay mucha información en las redes sociales que la gente no sabe asimilar bien”, finalizó la corredora que recomienda siempre tener responsabilidad para pisar el asfalto y cambiar estilos de vida por salud.

Fotos: Archivo Ana Karina Lorenzo.

Manuel Reza, el venezolano que entrena a las promesas del Atlético de Madrid (+Video)

Tony Cittadino (Mallorca).- Manuel Reza forma parte de la nueva camada de coach deportivo y entrenadores venezolanos que trabajan en el exterior. El caraqueño es el actual entrenador de la categoría sub 12 del Atlético de Madrid, en una oportunidad que no sólo le ha permitido crecer y profundizar en los fundamentos del juego, sino también foguearse en una de las instituciones más importantes de España.

Reza compartió su experiencia durante el podcast Deportivísimos TV, que realizamos junto a Luis Martínez. El estratega nació en Caracas, el 25 de agosto de 1986 y estudió en el colegio El Ángel en Caracas. Se graduó en Estudios Liberales en la Universidad Metropolitana. Entre el año 2009 y el 2014 fue Facilitador de Talleres de Liderazgo y Trabajo en Equipo en diferentes proyectos con la Red de Escuelas Fe y Alegría y la ONG Rotary International. Todos estos proyectos eran formación en liderazgo para jóvenes en situación de riesgo, en sectores  populares y pueblos en toda Venezuela.

Se desempeñó como entrenador en la Academia Dynamo en Margarita entre agosto de 2015 y agosto de 2017 y fue coach deportivo de la Vinotinto masculina sub 15, entre octubre de 2016 y octubre de 2017. Fueron dos experiencias claves para determinar el camino a seguir y continuar su preparación en el exterior.

Además es Especialista en Team Building experiencial en curso hecho en la Asociación Internacional de Aprendizaje Experiencial en Buenos Aires en 2014. También hizo el curso como técnico deportivo en fútbol en 2015 en el Centro Nacional de Formación de Entrenadores de Madrid y, el mismo año, obtuvo el certificado de curso en coaching deportivo en la Federación Española de Fútbol.

Emigró a España en 2017, para comenzar su formación como entrenador. Durante los primeros meses, comenzó trabajando como repartidor de comida en moto, hasta lograr su primer trabajo con el Levante, club en el que fue entrenador de la categoría sub 10 y sub 12 en la campaña 2018-2019.

Un día de trabajo en Madrid

Reza explicó que un día de trabajo normal se va planificando durante la jornada y se comparte en un grupo de Whatsapp, en el que el cuerpo técnico todas las mañanas recuerda las tareas a realizar en la sesión del día.

“Se genera una especie de negociación y una vez que nos ponemos de acuerdo, diseñamos el entrenamiento completo, con su explicación y los objetivos. Luego con los diferentes programas que tenemos, hacemos los dibujos en un plantilla de Power Point e iniciamos el protocolo práctico. Hay que estar una hora antes del entrenamiento, para revisar que los balones estén llenos, tener a la mano las picas, los conos que necesitamos, las mini porterías y socializar un poco”.

Reza considera que uno de los aspectos claves, es que los jugadores se relajen y disfruten el entrenamiento y no lo vean como algo rutinario o forzado. Para ello, les deja 10 minutos libres antes de cada práctica para que compartan y, una vez en el vestuario, les coloca un video motivacional o para estudiar algún movimiento en específico para trabajar durante la sesión.

“Generalmente, utilizamos videos del primer equipo para mostrar lo que queremos. Eso lo hace más didáctico y lo entienden todo mejor. Damos un mensaje motivador y recordamos los objetivos que estamos persiguiendo y salimos con todo a entrenar”, dijo quien actualmente cursa el Máster en Dirección de Canteras en la Escuela Universitaria del Real Madrid.

Agregó que parte del modelo utilizado en las canteras para formar a los jugadores, parte de la mentalidad, el carácter y la personalidad que define a la institución. En este aspecto, resalta la mentalidad competitiva que le ha dado a toda la organización el director técnico Diego Simeone.

“Es algo que está muy presente todo el tiempo. El resurgir del Atlético y el liderazgo que tiene Diego Simeone, hace que esa necesidad de nunca dejar de creer, se haya convertido en un slogan de la institución. Esa frase y otras, están por todos lados. Estamos full de slogan que invitan a los niños a nunca dejar de creer, a tener coraje y corazón”.

El criollo aseguró que el trabajo realizado por el equipo en cambiar la visión y los objetivos, ha hecho que el jugador y el fanático, sepan que no sólo pueden pelear por los títulos, sino también ganarlos.

“Creen en sí mismos. La misión ya no es sobrevivir, sino estar entre los primeros de Europa, ni siquiera de España y eso se puede ver en el ranking UEFA. La personalidad de Simeone tiene muchísimo que ver, por la diferencia de rendimiento y resultado. Si te enfocas en el rendimiento y sacar el máximo de cada jugador, el resultado vendrá como una consecuencia y comenzaron a llegar. La palabra convence, pero el ejemplo arrastra”.

Precisamente recordó que uno de los aspectos que lo ha hecho crecer como coach y entrenador, es aplicar el método de la psicología deportiva de la diferenciación de rendimiento y resultado. “Es clave, porque tienes que estar convencido de que al hablar a los jugadores tienes que transmitirle que estás casado con la intención de buscar rendimiento. Todo lo que dices tiene que estar cargado de necesidad de competencia, relación y autonomía. Por más mínimo que sea el progreso del jugador de una tarea, tienes que motivarlo”.

La unidad del grupo

Una de sus prioridades a la hora de entrenar, es no exponer al jugador frente a sus compañeros o al público cuando hace algo mal. “Es lo peor que puedes hacer. Cada progreso, por más mínimo que sea, tienes que recordarlo y hacer un refuerzo positivo abundante, para que se sienta competente. Tienes que recordarle qué está haciendo bien. También buscamos hacer dinámicas antes de los partidos o los domingos realizamos una actividad con todos los padres”.

Además se esfuerza para que los integrantes del equipo vean a un cuerpo técnico unido y en el que se demuestren los sentimientos. Hacer que se sientan como una familia, no es un simple lugar común.

“Siempre demostramos elogios, amor y cariño, que genera un sentimiento de unidad. Muchas veces cuando termina la charla técnica, los dejamos solos tres minutos para que se digan lo que quieran y logren motivarse antes del partido. Incluso cuando hay problemas entre ellos, nombramos a un conciliador que sabemos que puede resolver el conflicto. Le damos cinco minutos y que no pueden volver al entrenamiento si no se perdonan de corazón. Se lo decimos con una sonrisa y lo resuelven”, dijo el criollo que en 2019 pasó por la Federación Valenciana de Fútbol y se convirtió en Entrenador de Fútbol nivel UEFA «A».

Reza cree que el nivel actual de sus jugadores y de la cantera del Atlético es muy bueno, porque comienzan a tener minutos de juego y roce en el extranjero desde muy pequeños. “Desde los 7 años, ya saben qué es jugar contra el Real Madrid, el Barcelona o un torneo internacional. Ya saben qué es que pasen los partidos en los que juegan por la televisión, que los entrevisten y vestir la camiseta de un gran club y representarlo”.

El ser un entrenador venezolano en España lo ha tomado como una experiencia estupenda, porque le ha servido para ganarse la confianza de aquellas personas que al principio lo pudieran llegar a ver con cierta suspicacia. Para lograr su objetivo, explicó que se mostró tal cual es y dedicó todo su empeño en la primera semana. Es, además, un consejo que brinda a todos los que se inicien en un trabajo.

“Siempre hay una especie de recelo, porque no saben con qué costumbres llegas. Me pasó también en el Levante. No se explican qué hace un venezolano aquí, pero cada vez estamos vistos mejor. Uno tiene que quemar los cartuchos en la primera semana, para ser franco y sincero”, explicó Reza, quien en 2018 a obtuvo el Máster en Psicología Deportiva en la Universidad Florida Universitaria de Valencia.

El criollo, que este año estuvo en Holanda realizando un seminario de entrenamiento de fútbol con el Ajax de Ámsterdam y visitó las instalaciones del Feyenoord y el AZ Alkmaar, aseguró que en España se dio cuenta de que puede unificar sus conocimientos de coach deportivo y entrenador, porque son facetas que perfectamente pueden ir de la mano.

“En el Levante me di cuenta que como entrenador, construyes tareas, analizas rivales y enseñas contenidos, pero, en tu manera de comunicar, debes ser coach. Debes buscar la forma de mantener la motivación de los jugadores al tope”.

Reza no pierde el norte. Ahora disfruta la oportunidad de trabajar y formarse en un club élite de España y de Europa, pero en un futuro quiere llegar al fútbol profesional. También regresar a Venezuela y dirigir en nuestro país.

“Quiero empoderarme de todo lo que pueda aquí en España, porque es el mejor lugar para hacerlo, por la formación, por la calidad de los cursos y los masters, por los entrenadores y por la competencia. Quiero utilizar todo esto y volver a mi país, porque amo a Venezuela. Quiero volver a hacer mi trabajo de la mejor manera, dónde sea y dónde pueda competir y ganarme la vida”, finalizó.

 

Foto: Cortesía Manuel Reza.

Carlos Subero recuerda con orgullo a sus Leones campeones de Venezuela y el Caribe (+Video)  

Tony Cittadino (Mallorca).- Una campaña de fe. Así definió el éxito que vivió Carlos Subero al llevar a los Leones del Caracas al campeonato de la temporada 2005-2006 de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP) y el título en la Serie del Caribe 2006. El estratega dijo que para saborear las mieles del triunfo, se unieron diversos factores que permitieron ver los frutos de cinco años de trabajo en la organización.

“Fue una experiencia increíble. En lo personal, fue el logro de mayor relevancia que he tenido en mi carrera. Pero creo que lo que sucedió en las campañas anteriores, preparó el terreno. Todo comenzó en la temporada 2001-2002, que coincidió con la compra del equipo por parte de la Organización Cisneros”, explicó Subero desde Las Vegas, en Estados Unidos.

Subero, que se graduó a los 15 años de edad para ser pelotero, considera que todo se comenzó a construir cuatro años antes, pues era coach de la tercera base del cuerpo técnico del manager John Tamargo, quien renunció en la mitad de la temporada 2001-2002. El caraqueño, de apenas 29 años, asumió como manager interino tras el despido de Tamargo. Aunque quedó eliminado en la ronda regular, ganó experiencia como manager con un balance de 11-18.

Oscar Prieto Párraga, que hasta abril de ese año era uno de los propietarios del equipo junto a Pablo Morales, ahora fungía como asistente a la gerencia y fue quien decidió apostar por el nobel dirigente en ese momento. “Se planteó un proyecto que fue discutido junto con Ariel Pratt (presidente) y Luis Ávila (vicepresidente) y salieron cosas muy positivas. Entre ellas, un sistema de granjas y firma agresiva de peloteros, que a la larga tuvieron un impacto en el 2005”.

El ex jugador de los Tiburones de La Guaira se mantuvo en el equipo durante los siguientes años,  ejerciendo diversas funciones en el cuerpo técnico. Además era una persona a la que le gustaba anotar y aportar, al punto que contó que se le ocurrió sugerir el cambio del uniforme de visitante.

“Teníamos uno gris y dije, ‘vamos a cambiar el uniforme y traer frescura. Estoy seguro que el pelotero y el fanático, se van a identificar’. Eso le gustó a Luis Ávila. Al año siguiente, teníamos uno amarillo y uno negro. Lo demás fue historia. Se hizo una tradición y los equipos también comenzaron a cambiar. Pensaba que necesitábamos un cambio, después de tres años de fracasos”, explicó el dirigente, que alabó el trabajo realizado en la oficina por Yves Hernández.

Así llegó la temporada 2004-2005, en la que el Caracas de Omar Malavé perdió la final ante los Tigres de Aragua en siete juegos. Para entonces, era el coach de la  tercera base de un equipo balanceado en el que se juntaba la experiencia de peloteros como Bob Abreu, con la versatilidad de jugadores como Marco Scutaro, Henry Blanco y Carlos Méndez.

Al año siguiente, llegó el momento cumbre. Malavé repitió por tercer año al frente del equipo y Subero regresaba como coach de banca. Los melenudos comenzaron esa temporada el 14 de octubre, con una derrota en el juego inaugural ante los Tiburones de La Guaira de ocho carreras por cuatro.

En su segundo duelo, fueron blanqueados por Aragua siete por cero y la primera victoria llegó en el tercer compromiso, cuando superaron a Pastora de Los Llanos siete por dos en Araure. En ese juego, Franklin Morales debutó como lanzador y Javier Herrera conectó su primer hit en la LVBP con un jonrón.

Fue la primera de una racha de seis victorias, que sirvió además para terminar la tercera semana con balance de cinco triunfos, sin derrotas. Los Leones terminaron el mes de octubre con balance de 7-7 y en noviembre también dividieron honores, con 12-12. En este mes, destacó un grand slam de Franklin Gutiérrez en la victoria ante los Navegantes del Magallanes de seis carreras por cinco. Fue el 22 de noviembre en el Universitario.

Un día más tarde, Marco Scutaro también sacó la bola del parque con tres en circulación en el recinto de Los Chaguaramos, para superar a Aragua seis por ocho. El mes cerró con una derrota ante Cardenales de Lara de ocho carreras por dos en el estadio Antonio Herrera Gutiérrez de Barquisimeto. El récord como visitante era de 6-14.

Comienza a escribir la historia

El 8 de diciembre, los melenudos cayeron ante Los Llanos 15 carreras por 4 en el Universitario, lo que significó el último juego de Malavé como manager. El estratega renunció y dejó al equipo con marca de 21-22.

Subero tomó el mando como manager interino y el 9 de diciembre se estrenó con derrota ante Aragua de nueve por cuatro. Bajo su mando, ganó 14 de los 20 juegos restantes y finalizaron la ronda regular ganando los últimos seis choques.

“Fue una experiencia tremenda. Al principio, dependimos mucho del sistema de granjas. Por ejemplo, Gregorio Petit debutó con un jonrón contra Pastora. Teníamos a Rómulo Sánchez, Juan Carlos Gutiérrez, Armando Galarraga, Harvey García, Juan Carlos Ovalles y Mauro Zárate. Alejandro Machado hasta estaba de primer bate. Javier Herrera, que con 19 años estuvo en el equipo de Todos Estrellas de la Serie del Caribe. Igualmente, Orlando Trías.  Todos ellos venían de la granja y de un trabajo de cinco años”, recordó Subero, quien contó con el gran aporte del scout Francisco Cartaya, quien para entonces trabajaba con Leones y los Rockies de Colorado.

En el cuerpo técnico lo acompañaron Darryl Kennedy (coach de banca), Julio Franco (coach de pitcheo), Juan Carlos Indriago (coach de primera base),  Manuel González (coach de tercera base), Carlos Pérez (coach de bullpen), Manuel González (coach de banca) y Antonio Armas (coach de bateo).

“Era el equipo de mi infancia. En mi vida imaginaba dirigir al Caracas y hacerlo en cada uno de esos juegos era especial. De pequeño me conocía a todos los jugadores e iba a todos los juegos y ahora verme como manager era especial. Con la directiva hicimos movimientos osados, no convencionales”.

Desde el primer juego como manager, Subero habló de cuatro objetivos a cumplir, que se dieron a la perfección: clasificar al round robin, clasificar a la final, ganar la final y ganar la Serie del Caribe. “Conocíamos la organización a fondo. Uno de los primeros movimientos, fue subir a Julio Franco, que trabajaba en la paralela y conocía a los muchachos. Mario González era uno de nuestros técnicos. Igual Juan Carlos Indriago. Fueron parte muy importante. Por eso cuando dimos el meeting, hablamos de esos cuatro objetivos”, recordó acerca del primer día al frente del club.

La clasificación la sellaron el 29 de diciembre, con una victoria ante Aragua de 11 por 2 en el Universitario. En ese juego, José Macías conectó un grand slam. Subero recordó una anécdota graciosa que le sirvió para levantar la moral del equipo, justo cuando el poder del rival parecía arroparlos. Fue luego de una jugada defensiva de Franklin Gutiérrez. El jardinero se lanzó de cabeza para agarrar un batazo, pero el árbitro decretó que la bola había picado y no era out. Pensó que era el momento idóneo para salir a reclamar y que lo botaran.

“Aragua tenía un equipo muy fuerte y en ese juego nos llegaron a voltear al juego. Salí a discutir con el umpire y le decía que tenía que botarme. En eso llegó otro árbitro y discutiendo, me dijo que si quería que me botaran y en inglés le dije que sí. Cuando me botó, nos fuimos discutiendo por toda la raya de tercera y le decía que ahora tenía que quedarse conmigo, porque yo tenía que levantar al equipo. Cuando llegué al clubhouse, mi mamá me llamó para decirme que se había visto feo por televisión y más como testimonio de hombre de Dios. Le dije que no era nada malo y que ya iba a ver los resultados”, contó con alegría.

Caracas terminó en el segundo lugar de la División Oriental con balance de 35-27, a cuatro juegos del Magallanes. El mes de diciembre finalizó con récord de 16-8. El primer paso, estaba concretado.

Segunda etapa: el round robin

En el round robin se reforzaron con Rainer Olmedo, Albert Vargas, Alex Cabrera y Francisco Rodríguez, entre otros. “A Olmedo le dijimos que no importaba si no bateaba, pero le pedimos que cogiera los rolling de rutina. Lo que hizo en el campocorto fue algo especial. Otra escogencia curiosa fue la de Vargas, que tenía 19 años y lanzaba con un aplomo en la lomita”, recordó con entusiasmo.

“Francisco Rodríguez también nos dijo que quería estar en la ronda de sustituciones y se podía. Había participado en la final del año pasado con nosotros. Eso le dio solidez al bullpen, porque teníamos a Orber Moreno que tiraba el octavo inning y a Jorge Julio Tapia como cerrador. Lo queríamos en el séptimo inning y esa fue la condición con la que se agarró y me dijo, que lo que quería era ganar”, explicó el estratega, que aseguró con contar con el “Kid” fue un aspecto fundamental.

La postemporada comenzó el 2 de enero, con triunfo ante Magallanes de cinco carreras por dos en el José Bernardo Pérez de Valencia, que incluyó un jonrón de Scutaro. Los melenudos ganaron sus siguientes dos choques: doblegaron a Lara cinco por dos, con cuadrangular de Alex Cabrera y, luego, vencieron a Caribes siete por tres. Sin embargo, tuvieron un ritmo inestable, al perder cuatro de cinco.

El 16 de enero vencieron en un maratónico juego al Magallanes 14 carreras por 11 en Valencia. Un encuentro que llegaron a estar perdiendo cinco por cero y nueve por dos, pero en el que supieron aprovechar los errores defensivos del rival. Fue el encuentro en el que Eddy Díaz y Carlos “Tapón” Hernández no pudieron coger dos elevados en el infield, que costaron en el resultado.

Los Leones mantenían las esperanzas de llegar a la final, pero un día más tarde quedaron contra las cuerdas, al caer ante Aragua ocho por cuatro, en un duelo que llegaron a estar ganando cuatro por cero. La marca era de 6-6 y el equipo estaba obligado a ganar los últimos cuatro partidos para llegar a la final y así lo hicieron.

“Entramos a la última semana prácticamente eliminados, con marca de 6-6 y Aragua y Magallanes con 8-4. Quedaba un juego con Magallanes y no con Aragua, así que había que ligar que Magallanes perdiera con Lara. Antes de ir a Puerto La Cruz, Armando Galarraga se presentó en la oficina para decirme que Texas lo había mandado a parar. Luego se presentó Wilfredo Ledezma y me dijo lo mismo. No teníamos abridores para los juegos en Puerto La Cruz”, explicó.

A pesar del contratiempo, a Indriago se le ocurrió la idea de colocar a Landon Jacobsen como abridor y no como relevista. Fue una decisión acertada. “Me dijo que Landon lanzaba bien sin gente en base y con corredores en circulación se le dificultaba el trabajo. Por eso la efectividad tan alta. Pusimos a Jacobsen y a Vargas a abrir esos juegos en Puerto La Cruz, que fueron muy reñidos”.

Los Leones derrotaron a Lara ocho por una, con jonrón de Scutaro. También a Caribes en par de oportunidades en Puerto La Cruz, con pizarra de 4-3 y 4-2. El domingo 22 de enero se midieron al Magallanes en el Universitario en el juego más importante para ambas divisas, después de la final 96-97. El equipo que se llevara la victoria, jugaría la final ante Aragua.

“La decisión más difícil ese día, era a quién poníamos a abrir. Teníamos como opciones a Edwin Hurtado y Franklin Morales. También a Orlando Trías, a quien conocíamos de las menores en República Dominicana. Abrió Trías, porque tiraba mucho strike y jugamos con el factor de desconocimiento”, explicó.

El juego debió interrumpirse por lluvia en par de oportunidades y terminó en la madrugada del lunes 23 de enero, con victoria para el Caracas de 13 carreras por 2. Así el Caracas jugaría su segunda final consecutiva, nuevamente ante Aragua.

“Francisco Rodríguez sacó un cero con las bases llenas. En el octavo inning nos despegamos en la pizarra y fue un alivio. Eran la una y pico de la mañana, veníamos del viaje de Puerto La Cruz y fue cuando entré en la oficina a preparar la final”, dijo el estratega que aseguró que fue clave la actitud del equipo.

“Tenía mucho que ver lo del año pasado. Fue una derrota dolorosa. El hecho de habernos quedado cortos y poder oler ahora la oportunidad de ganar, que fue lo que dijo Francisco Rodríguez al momento de la llamada para reforzar. Eso hacía que el equipo tuviera la química”, recordó el manager que para la final quería contar de refuerzo con Michael Sandoval, pero Oscar Prieto llamó a los directivos de los Marineros de Seattle y negoció el permiso para Carlos Guillén.

“Guillén había jugado como bateador designado con Magallanes, pero la buena relación de Oscar abrió esa oportunidad y la decisión terminó siendo importante. Aragua tenía un equipo que no hacía falta presentarlo, con Endy Chávez, Luis Rodríguez, Ronny Cedeño, Miguel Cabrera, Ramón Hernández y de ahí para abajo era un lineup consolidado”, explicó.

El segundo paso en la lista, también había sido concretado. El Caracas estaba en la final.

La gloria en el Universitario

La final arrancó el 25 de enero en el José Pérez Colmenares de Maracay y Aragua picó adelante con triunfo de siete carreras por cuatro. Seis de esas anotaciones, fueron en los dos primeros innings, gracias a jonrones consecutivos en la primera entrada de los dos primeros bateadores: Chávez y Rodríguez.

Tony Armas Jr., que había llegado esa temporada al equipo en cambio desde Caribes, cargó con la derrota al lanzar apenas un tercio de inning y recibir tres rayitas, todas limpias. La victoria fue para Yorman Bazardo (2.1IP, 1HP, 2K) y el salvado para Víctor Moreno (1.2IP, 3K).

El único bateador del lineup de Aragua que no dio hit, fue Luis Maza (2-0, 1CI, 1K).  Entre los primeros tres bateadores felinos, se fueron de 14-7, con dos jonrones dos impulsadas y tres anotadas: Chávez (5-2, HR, 1CI, 1CA), Rodríguez (5-3, HR, 1CI, 1CA) y Cedeño (4-2, 1CA). Por Leones, destacó el siempre rendidor Rafael Álvarez (3-2, 1BB, 1CA).

“Tuvimos que cubrir ocho innings con el bullpen, porque a Tony lo apalearon en el primer inning. Al día siguiente, había que jugar otra vez en Maracay con la serie abajo, pero los muchachos sacaron la cara. Jugar contra los Tigres en Maracay era dificilísimo. Había una atmosfera tan pesada y fuerte, porque además venían de ser campeones. Tenían una química increíble. A los Tigres, tenías que ganarle en 27 outs. Había juegos con 25 outs, en los que ganabas por dos o tres y te dejaban en el terreno”.

Caracas niveló la serie al día siguiente, con victoria de ocho por seis y de ahí en adelante no perdió más. Fue la primera victoria en Maracay, desde el sexto juego de la final pasada. Los dos refuerzos tomados para la final, rindieron como se esperaba. El abridor Geremi González se llevó la victoria (5.2IP, 9HP, 4CP, 3CL, 1BB, 1K) y Carlos Guillén apoyó con el madero (5-2, HR, 2CI, 1CA, 2K).

“Geremi hizo un extraordinario trabajo y también el ‘Kid’ Rodríguez. Del resto se encargó el bullpen, como lo hicieron en toda la temporada. Teníamos un bullpen muy sólido. Al llegar a cuatro o cinco innings ganando, sentíamos que era un juego para nosotros”.

La serie se mudó al Universitario el 27 de enero y los melenudos ganaron ocho por cuatro, en un juego en el que Álvarez se fue de 5-4, con dos dobles, cinco carreras impulsadas y una anotada. El abridor Trías volvió a responder, lanzando siete sólidos innings, en los que permitió par de anotaciones y ocho hits.

“Trías era un artista lanzando. Estaba en una final, con el estadio lleno y contra Aragua. Fue una pieza clave, porque no teníamos abridores. Recuerdo que la cantidad de pitcheos fue increíble para siete innings. La actuación de cada jugador joven como él, le dio confianza al equipo”.

Los capitalinos se volvieron a imponer en el cuarto juego, ahora con pizarra de cinco por tres, choque en el que se lució el abridor Jacobsen, con cinco entradas completas, en las que toleró cinco hits y una carrera. Ponchó a tres y otorgó dos boletos. Además, destacó el relevo compuesto por Zárate (1.0IP, 1HP, 1CP, 1BB, 2K), Rodríguez (1.0IP), Moreno (1.0IP, 1K) y Tapia (1.0IP, 1HP).

Con la serie arriba 3-1, quedó todo listo para el domingo 29 de enero. Esa tarde, se sentía un ambiente de triunfo en Caracas. En la noche todo se concretó, al derrotar a los Tigres cinco carreras por una y lograr el título 16 como Leones y el 19 de la franquicia. Albert Vargas fue el abridor y limitó a la poderosa ofensiva felina durante cinco episodios. Le batearon cinco imparables y le pisaron el plato en una oportunidad.

Méndez aportó a la ofensiva con un jonrón y dos impulsadas y Guillén, a la postre Jugador Más Valioso de la final, se fue de 4-3, con una remolcada y una anotada. Subero volvió a resaltar la fortaleza del grupo, para derrotar a un equipo sólido en todos sus repartos.

“No solamente era la ofensiva de los Tigres, recuerda los abridores que tenía y los relevistas. Era un equipo sólido, de arriba a abajo. Además tenía a Buddy Bailey, que dirigiendo era un artista. Tan puntual en cada out, en cada pitcheo y sus movimientos. Eso le dio mayor valor, porque fuimos contra un equipo tan fuerte. El equipo de la década y uno de los mejores en la historia de la Liga”.

Habían pasado pocos minutos de la efusiva celebración del equipo, los coaches y los fanáticos en el terreno del estadio Universitario, cuando Bailey tuvo un notable gesto deportivo. Salió rápidamente desde el dogout, para saludar al nobel campeón y felicitarlo por el logro. Fue un momento que Subero no olvida.

“Me tocó darle las gracias y fue algo tan profesional de Bailey, que eso quedó marcado para mí. Luego lo enfrenté muchas veces aquí en Estados Unidos y no solo por eso, porque siempre demostró mucho profesionalismo. Se acercó y me dijo en inglés: ‘Joven, extraordinario trabajo y disfruta este campeonato’. Brevemente me abrazó y se fue”.

Con el trofeo de campeón en mano, Subero y los Leones bateaban de 3-3. Falta el último paso, para cumplir con los cuatro objetivos planteados: ganar la Serie del Caribe.

Le agradece a Dios

La celebración se desató en Caracas y en el país. Fue el primer título para el Caracas desde la temporada 1994-1995 y el primero en casa desde la campaña 1987-1988. Subero contó que antes de jugar la final, ya se sentía campeón. Vivió una experiencia particular, porque tuvo un encuentro con Dios en el regreso de la gira de dos juegos en Puerto La Cruz.

“No fue algo religioso. Esos cuatro objetivos que se lograron, vinieron en oración. Uno escucha esa voz interna y sabes que el Señor te está hablando. Yo no dormí esa noche de regreso a Caracas y tenía que manejar. Tenía a mi esposa y mis tres hijos conmigo. Tenía mucha presión antes del juego ante Magallanes y quería estar tranquilo”, explicó el presidente de la Fundación Venezolana de Atletas Cristianos (FVAC).

“Se cayó un árbol en la vía y la Guardia Nacional estaba recogiéndolo. Me bajé del carro y fui a un río. Hablando con Dios, le dije que tenía ansiedad y que no quería saber el resultado del juego ante Magallanes. Sentí una voz increíble que me dijo: ‘van a ser campeones del Caribe’. Yo me quedé en el sitio, porque sabía que no era un pensamiento y estaba luchando por llegar a una final. Dije ‘Señor si eres tú quién me habló, voy a contárselo a mi esposa y si tengo paz al contarlo, sé que eres tú’”.

Cuando el Caracas se consagró campeón, Subero citó en plena celebración el versículo de Proverbios 21:31: “El caballo se alista para el día de la batalla, pero Dios es el que da la victoria”, que le fue enviado por la suegra del scout Cartaya.

“Ese día, hablamos a las 12 del mediodía y me dijo que su suegra quería que me diera ese versículo. Yo tenía dos días buscando qué decir y estaba entre ése y el Salmo 127:1 (Si Dios no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; Si Dios no guarda la ciudad, en vano vela la guardia). Ser fanático de tu equipo, dirigirlo y quedar campeón, no cabe nunca en tu mente”, rememoró emocionado.

Reyes del Caribe

El hambre de triunfo no quedó allí. El Caracas mantuvo casi intacta la base del equipo para la Serie del Caribe, que se jugó en Maracay y Valencia. Era la primera vez que dos ciudades compartían la sede de la competición y una de las decisiones claves, fue permitir que los jugadores tuvieran cerca a su familia.

“Por eso se permitió contar con hasta dos habitaciones en los hoteles, para que todo el mundo tuviera a su familia y no tener distracciones en estos seis juegos. Era importante que nos concentráramos. Fue un movimiento importante. Nos quedamos en Maracay y fue clave que la directiva asumiera esa responsabilidad”.

Ramón Hernández, tomando como refuerzo desde Aragua, fue la gran figura ofensiva en el debut al batear la escalera (hit, doble, triple y jonrón). Se fue de 6-4, con cinco impulsadas y tres anotadas. El Caracas aplastó a los Venados de Mazatlán (México) con pizarra de 17 carreras por 1. Un total de 13 carreras llegaron luego de dos outs. La victoria fue para Geremi González, tras lanzar siete innings y un tercio y permitir tres hits.

“La escogencia de los refuerzos fue puntual. Entre los lanzadores, agregamos a Víctor Moreno y entre los jugadores de posición a Luis Rodríguez y Ramón Hernández. El juego uno fue el único que fue fácil por el resultado. Después de eso, todos los juegos fueron cerrados y vinimos de atrás”.

Los melenudos derrotaron en el segundo encuentro a los Gigantes de Carolina (Puerto Rico), seis carreras por una. Trías fue el pitcher ganador y Scutaro destacó con un grand slam.

El Caracas volvió a dar otra demostración de poder, en el tercer encuentro contra los Tigres del Licey (República Dominicana). Los capitalinos vinieron de atrás, para remontar un juego que perdían cinco por cero en el cuarto inning. Fabricaron un rally de cinco carreras en el séptimo inning y otro de cuatro en el octavo capítulo, para llevarse la victoria once por nueve.

Alex Cabrera empató el juego en el séptimo, con jonrón con uno a bordo. También dieron cuadrangular Henry Blanco y Alex González, dupla que días más tarde se encargó de hacer historia. González voló la cerca en el octavo tramo, para dar jonrón de tres carreras, voltear la pizarra y dejar cifras definitivas. Se fue de 5-3, con tres remolcadas. Ganó Ovalles y salvó el “Kid” Rodríguez.

Los Leones sumaron su cuarto triunfo al dejar en el terreno a Mazatlán cuatro carreras por tres  en 10 innings, con hit a la izquierda de Cabrera. “El Samurai” bateó una línea por la raya de tercera, para impulsar a  Rodríguez con la carrera de la victoria. Zárate fue el pitcher ganador.

“Quizás nadie se acuerda, pero Cabrera tenía la pierna desbaratada. El doctor Medina hizo un gran trabajo para recuperarlo. Incluso en la habitación en Maracay le daban masajes. Salió de emergente y dio un batazo por la raya de tercera y los dejamos en el terreno”.

La quinta victoria llegó ante Carolina, ahora con pizarra de cinco por una. Wilfredo Rodríguez relevó a Vargas después de cinco entradas y fue el pitcher ganador. Álvarez apoyó con el madero, con un jonrón de dos carreras. El título estaba a un paso.

El sexto y último encuentro se selló con una dramática victoria ante Licey de cinco por cuatro en Maracay. Caracas volteó la pizarra con dos anotaciones en la parte baja del noveno, para lograr la segunda Serie del Caribe para el equipo, luego del triunfo en Hermosillo 1982. También fue la sexta para Venezuela y primera desde 1989, lograda por las Águilas del Zulia. Además el Caracas fue el primer equipo venezolano en ganar invicto, tras triunfar en los seis choques.

González fue el héroe de la noche. Primero, dio hit a la derecha para impulsar a William Bergolla (había entrado como corredor emergente por Ramón Hernández) y luego anotó con el famoso elevado de Blanco, que le cayó en la cabeza al campocorto de Licey, Erick Aybar, y la bola se fue a lo profundo del jardín izquierdo. Moreno, fue el ganador del encuentro. El cuarto objetivo se había consumado: Caracas era campeón del Caribe.

Subero recordó que en ese momento, Herrera estaba prevenido para tomar el turno en caso de que Henry fallara. “Le pregunté a Herrera si podía tomar el turno y en lo que me estoy regresando, Henry da el batazo y el viento se fue llevando la pelota. Cosas de Dios. No sólo es que le pega en la cabeza a Eybar, sino la confusión de Napoleón Calzado (el jardinero izquierdo), que vio la jugada, se ríe y nunca la fue a buscar. Alex estaba en primera y terminó anotando. Había una emoción increíble de parte de todo el mundo”.

El manager agregó que fue clave el apoyo y la presión del fanático en Maracay y Valencia para apoyar a los Leones. “Lo especial de esa Serie del Caribe no sólo fue que se jugó en Venezuela, sino que venía el Clásico Mundial y se tomaba como una referencia. Había una expectativa muy grande. Leones del Caracas después del juego tres, pasó a ser Venezuela en su totalidad. Veías a magallaneros apoyando al Caracas en las tribunas. El factor del público en los últimos juegos fue increíble”, recordó emocionado.

Hernández terminó la Serie del Caribe como triple coronado y Jugador Más Valioso. El criollo fue líder en los departamentos de average (.542), jonrones (3) y carreras impulsadas (8). Por su parte, González fue triple coronado en pitcheo. Fue el mejor en victorias (1), efectividad (1.20) y ponches (12).

Subero se convirtió en el manager más joven en ganar el torneo en la historia, con 33 años. Además fue el segundo estratega criollo, luego de lo hecho por Alfonso “Chico” Carrasquel en 1982.

“Nunca fue una meta personal y fue un privilegio tan grande que Dios me haya puesto en esa posición. A pesar de la edad que tenía, tomé decisiones en conjunto con el equipo y la directiva. Lo que sucedió, fue algo netamente de Dios y el desenlace que eso produjo para el futuro de mi carrera. Por eso siempre estaré agradecido a la directiva del Caracas y a Oscar Prieto por haber tomado la osadía en aquél entonces de colocarme como manager del equipo”, dijo quien fuera el coach del infield y de la primera base de los Cerveceros de Milwaukee entre 2015 y 2019 en las Grandes Ligas.

Subero fue dejado libre por los Cerveceros en octubre de 2019, pero se muestra abierto a la posibilidad de volver en un futuro a dirigir en la LVBP, ser manager en las Grandes Ligas o de la selección venezolana de cara al Clásico Mundial de Beisbol.

“Estamos en una etapa en la que hemos agarrado este año libre, producto de la situación con Milwaukee. Si el Señor así lo desea que el beisbol finalice en estos 30 años, nos iríamos tranquilamente por la puerta dando gracias. Dirigir en Grandes Ligas fue lo único que no se hizo dentro de las metas, pero de resto se cumplió todo. Incluso dirigir el Clásico, que sería en 2023, pero se ve lejano”, opinó el manager que dirigió la hazaña melenuda en Venezuela y el Caribe.

 

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Álvaro Espinoza, el magallanero de corazón al que todavía le duele la camisa (+Video)

Tony Cittadino (Mallorca).- “Jugué muchos juegos en Grandes Ligas y con los Yankees de Nueva York, pero cuando me puse la camisa de los Navegantes del Magallanes frente a mi familia, fue lo más grande. Cuando estoy por aquí lejos y veo que el equipo pierde, uno se molesta porque he sido magallanero toda mi vida. La camisa duele y mucho”. Así definió Álvaro Espinoza el amor por la divisa de la que fue uno de los referentes que dominó buena parte de la década de los 90 en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP).

El campocorto solo disputó cinco temporadas con el conjunto turco de las 18 en la pelota venezolana, pero fueron suficientes para ganarse un lugar entre los históricos jugadores de la franquicia. Ganó tres títulos con la divisa. Uno en la campaña 1993-1994 contra los Leones del Caracas, otro en la zafra 1995-1996 ante Cardenales de Lara y, el último, en la contienda 1996-1997, otra vez, frente a Leones.

Espinoza sufrió una lesión en la rodilla y se perdió dos temporadas en la LVBP (1991-1992 y 1992-1993). En ese proceso, fue contactado por el entonces presidente del Magallanes, Alfredo Guadarrama, para llevarlo a jugar en una etapa gloriosa con el Magallanes, club del que era fanático.

“Me llamó y no sabía que era el presidente del equipo y me preguntó si estaba dispuesto a jugar con los Navegantes. Le dije que sí, pero que tenía que esperar por la operación. Además que quería vestir la camiseta que siempre he adorado”, recordó desde su casa en Estados Unidos el ex pelotero que debutó con los Tigres de Aragua en la LVBP en la temporada 1979-1980.

Con los felinos estuvo hasta la campaña 1990-1991. En 12 temporadas, disputó 497 juegos y bateó para .255 (1.546-394), con 149 carreras impulsadas, 162 anotadas y siete jonrones. Disputó tres finales, pero las perdió todas: en la zafra 1984-1985 ante Tiburones de La Guaira (4-0), en la contienda 1987-1988 contra Caracas (4-2) y temporada en 1988-1989 frente a Zulia (4-3).

“Lo que hizo Guadarrama fue algo histórico, porque se concentró en llenar los espacios. Hizo el cambio conmigo, con Juan Carlos Pulido, con Luis Raven y así sucesivamente. Hay gente que hice que fui fundamental, pero fui un muchacho más del grupo”, dijo quién con los turcos de por vida bateó para promedio de .298 (705-210) en 191 compromisos, con 71 carreras impulsadas y 79 anotadas.

En su primera temporada con los eléctricos, pudo jugar la primera final entre los “Eternos Rivales”, ganada por Magallanes en siete emocionantes juegos. El carabobeño recordó que los jugadores de más experiencia del equipo realizaron un meeting antes del tercer juego de la final ante los melenudos. Caracas estaba arriba dos juegos por cero y no podían permitirse otra derrota.

“Nos reunimos todos y todos tomaron la palabra. Nos animamos mutuamente y decíamos que éramos mejor equipo, pero nos estaban saliendo las cosas mal. Teníamos que concentrarnos cada uno en su trabajo”, explicó el jugador que confesó que antes de los juegos de la gran final llegaban temprano al estadio y veían las novelas.

El último out de esa final, fue un rolling por predios de García que terminó en su guante. Por casualidad, era algo que habían hablado antes del encuentro. Querían realizar el out 27 del partido. “Si llega la oportunidad en el noveno inning y estamos ganando por dos outs y el rolling va para ti, me la pasas para hacer el out forzado y vicevecersa. Y así fue. Dios nos alumbró y fue un regalo”, contó el entonces que pelotero en esa final dejó promedio de .241 (29-7), con cuatro impulsadas y la misma cantidad de anotadas.

Un grupo especial

El ex bateador derecho indicó que fue especial ser parte de un grupo tan exitoso como el Magallanes de los 90’, entre quienes estaban Carlos García, Edgar Naveda, Clemente Álvarez, Edgardo Alfonzo, Carlos Hernández, Eddy Díaz, Luis Raven, Juan Carlos Pulido, Melvin Mora y Richard Hidalgo.

Magallanes disputó su segunda final en tres años, al medirse a Lara en la 95-96. Fue una serie en la que los turcos vinieron de atrás, luego de estar abajo tres juegos por uno. El batazo clave de esa final, fue el grand slam de José Francisco Malavé en el quinto juego, para voltear la pizarra. Espinoza recordó que el equipo sacó el pecho, porque sintieron que el rival estaba confiado y se burlaba.

“Esa final fue grandiosa, porque estábamos abajo tres juegos por uno y ellos se estaban burlando de nosotros. Ellos estaban en Valencia en el quinto juego y creían que nos iban a matar. Tenían las botellas de champaña. Ese día hicimos un meeting y recuerdo que Eddy Díaz contó que Robert Pérez le preguntó si estaba listo para reforzarlos en la Serie del Caribe. Eso le dolió mucho”, recordó quien bateó en esa serie para .304 (23-7), con cinco impulsadas y una anotada.

Los turcos volvieron a pelear por el título al año siguiente, retando nuevamente al Caracas en la zafra 96-97. Esta vez sólo necesitaron de cinco juegos para quedarse con la corona y ganarle la segunda final a su “Eterno Rival”.

“Estábamos mucho más controlados y con más experiencia. Ya no nos pegaba tanto la presión de una final Caracas-Magallanes, porque jugar la primera final no era nada fácil”, dijo el campocorto que realizó una llave de lujo entorno a la segunda base, junto al camarero García.“A nosotros se nos olvidaba que veníamos de jugar en las Grandes Ligas. Nos entregábamos el 100% y cuando pisábamos el diamante, se nos olvidaba todo, hasta quiénes eran nuestros amigos. Nosotros íbamos a tratar de ganar todos los juegos. Los jóvenes veían ese entusiasmo y dedicación y fue lo que nos hizo exitosos. Íbamos a la playa o a hacer carne asada juntos”.

En tanto, el infielder consideró que un Caracas-Magallanes se vive más sabroso en el estadio Universitario de Caracas. “En Valencia es diferente. Estábamos en casa, pero como pelotero sentías que había más fanáticos en Caracas que en tu casa. En el Universitario uno se sentía con más ganas. Era una cosa increíble. Uno ve la diferencia”, recordó quien tuvo a Omar Daal, Urbano Lugo y Julio Machado como los lanzadores más difíciles que enfrentó en la LVBP.

Respeto por Machado

Durante su estadía en el Magallanes, fue dirigido por managers de jerarquía como Tim Tolman, John Tamargo y Machado. Sin embargo, no tiene a un favorito. “Todos fueron especiales. Tolman no nos metía presión y jugábamos tranquilo. Tamargo era diferente, porque tenía un poco más de carácter. Si las cosas salían mal, no lo decían. Cuando Tolman se fue a Estados Unidos, Machado tomó las riendas y en un meeting le dijimos que contara con nosotros y que moviera las piezas como quisiera”.

Espinoza, al igual que varios ex jugadores de peso del Magallanes, mostró su rechazo por la decisión que tomó el Magallanes de dejar libre a Machado en la temporada 2019-2020 de la LVBP. “Eso no fue una falta de respeto para Gregorio nada más, fue una falta de respeto para todos nosotros. No pienso así yo solo. A Gregorio tienen que hacerle una estatua en la entrada del José Bernardo Pérez. No vemos el por qué, por cuestión de tres lochas, vamos a decirlo así. Eso no tiene perdón de Dios”.

Fue exaltado al Salón de la Fama del Magallanes en 2015, junto a García, quien para entonces era manager. Recordó el acto como un momento muy especial. “Nunca lo esperé, porque solamente jugué cinco años con Magallanes, pero en esos años di todo por la camiseta. Arriesgaba mi carrera de Grandes Ligas, porque jugué la final contra Lara con un dedo partido del pie y creo que es bien merecido”.

Nuevos horizontes

Espinoza tenía la ilusión de disputar su última temporada en Venezuela con el Magallanes y poder retirarse, pero no fue posible porque los turcos lo dejaron libre y tuvo que firmar, para entonces, con Caribes de Oriente (hoy Caribes de Anzoátegui). En su única campaña con la tribu, ligó para .222 (144-32), con 15 impulsadas y 15 anotadas.

“Eso me dolió mucho, porque me quería retirar formalmente con Magallanes. Me dolió y todavía me sigue doliendo. No estaba en los planes. Nunca pensé que me iban a dejar libre y menos de la forma como lo hicieron”, dijo con nostalgia el ex pelotero que cree que no colgar los spikes con el club puede catalogarse como un asterisco en su carrera, porque era su deseo.

“Me dejaron libre mandándome una carta por correo y nunca me dieron la cara, después de todo lo que hice y di por los Navegantes. Fue un error de parte de ellos y una falta de respeto hacia mi persona”.

Una vez retirado, comenzó su camino como coach en las ligas menores con equipos como los Expos de Montreal, Dodgers de Los Ángeles, Piratas de Pittsburgh, Yankees de Nueva York y Gigantes de San Francisco.

Su primera gran experiencia como manager en la LVBP fue con Caribes, en la temporada 2008-2009. Sin embargo, fue despedido por la gerencia, tras dejar marca de 18 victorias y 21 derrotas, apenas a un juego del quinto lugar que daba el último boleto de clasificación a la postemporada.

“Fue una experiencia bonita y amarga. Aprendí mucho a madurar en mi etapa de coach y manager. Pasaron muchas cosas. Se lesionaron Eliezer Alfonzo y Luis González y a los importados se fueron a Estados Unidos porque no le habían pagado. Me quedé sin nadie y estábamos a un juego de la clasificación. No sé si me error fue hablar con la verdad y no lo supieron tomar”.

Espinoza estuvo a punto de regresar como manager de los Tigres en la campaña 2014-2015. Había sido anunciado en marzo por la nueva directiva, encabezada por el presidente y ex jugador del Magallanes, Carlos Guillén. Sin embargo, luego hubo un cambio y en abril designaron a Luis Sojo. Inicialmente, el directivo lo había contactado una noche por teléfono, para que al día siguiente fuera a Tampa Bay a conocer al gerente y conocer unos peloteros.

“Manejé dos horas hasta Miami y me fui con él hasta Tampa Bay. Me presentó como el manager con el gerente. Me preguntó si podía recorrer el campo de entrenamiento buscando peloteros y así lo hice. Dejé de hacer mi trabajo en Florida. A la semana siguiente me llamó y me dijo que había cambiado de opinión, pero no me dijo el por qué. Hasta el sol de hoy, todavía estoy esperando el por qué. Lo único que le dije, es que me iba a botar sin perder un juego. Me colgó y más nunca he hablado con él”, recordó.

Dos años después sí pudo volver a Venezuela, pero ahora como coach de tercera base del Magallanes. Regresaba al equipo de sus amores, con García como manager. “Les dije que era un orgullo vestir esa camisa de nuevo y que ojalá fuera por mucho rato. Pero nos eliminaron, pasaron muchas cosas ese año y no hubo una llamada para saber si iba a volver. Todavía sigo esperando esa llamada, para ver si vuelvo a vestir la camisa”.

Su última experiencia en la LVBP fue con el Zulia, cuando fue coach de banca en la temporada 2018-2019. “Otra vez hubo una buena experiencia y una mala experiencia a la misma vez. El equipo empezó bien, pero después decaímos un poco. Se lesionaron los caballos del equipo y cerca del 8 de diciembre dejaron libre a la leyenda Wilson Álvarez (instructor de pitcheo), al manager Lipso Nava y a mí”.

A pesar del momento que atraviesa Venezuela, confesó que le gustaría dirigir en la LVBP. “Nunca he perdido la esperanza de que alguien me dé la oportunidad. El país está pasando por una mala situación, pero no es excusa para no ir. Ojalá se acomode la situación, para que todos los que están fuera del país puedan regresar a vivir buenos momentos. Siempre soñando y siendo positivo”.

Todo un grandeliga

Espinoza fue el venezolano número 36 al debutar en las Grandes Ligas. Fue el 14 de septiembre de 1984 con los Mellizos de Minnesota. En esa franquicia se mantuvo hasta la zafra 1986. En 1988 regresó a las mayores, defendiendo los colores de los Yankees hasta 1991. Ese año fue lanzador en un juego con dos tercios de labor.

Desde 1993 a 1996 jugó con los Indios de Cleveland y luego retornó a Nueva York, pero para jugar con los Mets. En 1997 se retiró con los Marineros de Seattle. De por vida ligó para .254 (2.478-630).

“Cuando llegué a los Yankees fue algo increíble. Puedo decir que me di el lujo de vestir los dos uniformes que pesan más: el de Magallanes y el de los Yankees. Cada vez que me ponía el uniforme de los Yankees, me temblaba el cuerpo. Siempre había nervios, porque la directiva y los fanáticos eran muy exigentes”, dijo el pelotero que con los “Mulos del Bronx” dejó promedio de .255 (1.528-363) en 447 juegos.

“Mi corazón se queda con Yankees y Cleveland, pero en Cleveland tuvimos otra familia. Éramos como 11 latinos y lástima que no pudimos ganar la Serie Mundial”, recordó el infielder que en 1995 participó con la tribu en la final ante los Bravos de Atlanta. Los dirigidos por Bobby Cox ganaron en seis juegos. En esa serie, conectó para .182 (11-2).

“Fue algo grandioso, porque todos soñamos con jugar una Serie Mundial y Cleveland me dio la oportunidad. Jugarla es lo máximo, pero no como una final Caracas-Magallanes. Atlanta tenía un pitcheo increíble, John Smoltz, Tom Glavine, Greg Maddux, Steve Avery y de cátcher, Eddie Pérez. Tenían mucha experiencia y creo que fue el factor para ganar”, recordó Espinoza, quien quiere que sea recordado como “un jugador que amaba el beisbol, que respetaba el juego, tenía disciplina y le daba un buen espectáculo al público”..

Edgardo Alfonzo, el capitán del Magallanes que deslumbró en los Mets (+Video)

Tony Cittadino (Mallorca).- Edgardo Alfonzo fue uno de los peloteros más emblemáticos en la década de los 90’ de los Navegantes del Magallanes, club en el que se tituló en tres ocasiones. Fue el equipo que le permitió formarse como pelotero, crecer y dar el salto a las Grandes Ligas con los Mets de Nueva York, conjunto en el que vivió los mejores años de su carrera en la gran carpa.

Alfonzo  fue fanático de los Tiburones de La Guaira y tuvo en su hermano Edgar a un ejemplo de beisbol.  “Practiqué con el Caracas, pero nunca me dieron la oportunidad. Cuando iba a la capital me gustaba La Guaira por los jugadores que tenía. No pensaba firmar con el Magallanes, pero me hice magallanero como jugador. Fue una motivación para mí, por la cantidad de fanáticos que había. Fue un orgullo pertenecer a esa divisa”, dijo en una entrevista desde su casa, la ciudad de Nueva York.

Una de las personas claves para lograr la firma con los turcos fue el experimentado coach, Gregorio Machado, quien a lo largo de su carrera con el equipo fue una pieza fundamental para el crecimiento de los peloteros.

“Gregorio fue uno de los padres de nosotros. Fuimos unos cuantos los que firmamos con Magallanes y los Mets en ese momento. Hice muchos tryout, pero no me llamaban. Tenía unos 16 años y eso me frustraba. Pero Gregorio me vio y le gusté como jugaba. Luego me vio con su jefe y firmamos”, explicó.

Alfonzo debutó con el equipo en la temporada 1992-1993. Jugó 19 partidos y dejó un explosivo promedio de .324 (37-12), con un doble, un triple, cinco carreras impulsadas y ocho anotadas. En su siguiente campaña, la 1993-1994, tuvo la oportunidad de vivir la primera final entre los “Eternos Rivales”, que le ganaron en siete juegos electrizantes a los Leones del Caracas.

“Esa rivalidad es algo que hay que vivir, para contar. No jugué mucho en la final porque estaba empezando, pero en la temporada sí lo hice y era algo apoteósico. Los fanáticos te exigen mucho. Estaba emocionado, porque iba a ser parte de la historia en Venezuela”, dijo el pelotero que disputó un solo juego.

Sin embargo, también participó en la final de la temporada 1996-1997 y en la de la zafra 2009-2010, siendo el único pelotero en estar en las tres finales Caracas-Magallanes. “Tuve suerte de ser parte de esos éxitos del Magallanes y de darle al fanáticos esas emociones”.

El Magallanes fue uno de los equipos que dominó la década de los 90’, junto al Caracas y los Cardenales de Lara. Contaba con un equipo sólido y con experiencia, que le ayudó a Alfonzo a crecer y madurar dentro de una organización en la que se consagró como un pelotero importante.

“Nosotros tuvimos los éxitos por la cohesión que teníamos. Estaban Melvin Mora, Richard Hidalgo, Eddy Díaz, Carlos Hernández, Juan Carlos Pulido y Raúl Chávez. También Clemente Álvarez y Edgar Naveda, fueron claves. Éramos la nueva camada del Magallanes y compartíamos mucho. La amistad y la hermandad que teníamos fue una parte clave en los triunfos del Magallanes de los 90”, expresó el jugador que quedó campeón con los turcos en las campañas 1993-1994, 1995-1996 y 1996-1997.

El mirandino nacido el 8 de noviembre de 1973, consideró algunos de los mentores que tuvo fueron Clemente Álvarez y Edgar Naveda. “Ellos fueron muy especiales, porque me acogieron bajos sus brazos cuando llegué al Magallanes, pero con los que más compartía era con Mora e Hidalgo”.

Alfonzo agregó que otra de las virtudes de ese equipo, era que los peloteros de mayor jerarquía le enseñaron a los novatos a honrar la camisa del Magallanes. “Era una responsabilidad llevar la camiseta, porque no querías quedarle mal a ellos y tampoco al fanático. Uno trataba de hacer lo mejor posible en Caracas, en Valencia y en todo el país, porque había fanáticos por todas partes. Uno era un modelo para muchos”.

Durante su paso por el Magallanes, fue dirigido por managers de jerarquía como Tim Tolman, John Tamargo, Dave Hudgens, Phil Regan o Machado. Sin embargo, no tiene un claro favorito, pues aseguró que aprendió de todos. “Fueron managers importantes para todos. Te daban confianza y uno como jugador se siente más contento de hacer el trabajo”.

Ídolo en los Mets

Alfonzo debutó con los Mets de Nueva York en la temporada 1995. Con el equipo metropolitano, disputó ocho de sus 12 campañas en las Grandes Ligas y fue dónde comenzó a vivir la transformación de pasar de la segunda base a la tercera. A pesar de poder desempeñarse en ambas posiciones, su preferida fue la intermedia.

“Yo firmé como short stop y segunda base, pero la oportunidad de jugar en tercera fue con los Mets. Bobby Bonilla era el tercera base del equipo cuando subo, pero a él lo cambian de equipo. Bobby Valentine llegó como manager y me dijo que quería que jugara todos los días, pero en la tercera porque Jeff Kent estaba en segunda y José Vizcaíno en el short. Querían que fuera a la liga instruccional a practicar en tercera, pero les dije que prefería hacerlo en Venezuela con Magallanes”.

El ahora antesalista relató que recibió consejos importantes de su hermano Edgar Alfonzo y de  Dámaso Blanco para lograr los ajustes de jugar en la “esquina caliente”. “Mi hermano me decía que me pegara a Dámaso y en verdad me ayudó mucho por el juego de piernas y fue parte fundamental. Luego regresé a la segunda base de los Mets, cuando firmaron a Robin Ventura y fue cuando logré todos mis números”.

Alfonzo fue exaltado al Salón de la Fama del Beisbol Latino en República Dominicana en el año 2017. Un año más tarde, recibió el mismo honor con el Magallanes y en enero de este año, se conoció que también estaría entre los inmortales de los Mets, siendo, además, el primer latino. La ceremonia debió realizarse el 17 de mayo, pero fue postergada por la pandemia del coronavirus, que impidió, entre otros deportes en todo el mundo, el inicio de las Grandes Ligas.

“Yo me había desencantado, porque había pasado mucho tiempo desde que me retiré y la gente decía que yo era un Hall de la Fama. Un día en una entrevista, estaba revisando mis números y estaba entre los primeros cinco o diez entre los Mets y otros con menos números estaban en el Salón de la Fama. El dueño del equipo me llamó y no lo creía. Mi esposa pensó que había pasado algo, pero fue una gran alegría porque no es fácil lograr esto en una ciudad como Nueva York”.

Alfonzo disputó 1.086 juegos con los metropolitanos y dejó un promedio de .292 (3.897-1.136), con 120 jonrones, 538 carreras impulsadas y 614 anotadas. Fue Bate de Plata en 1999, tras batear para .304 (628-191), con 27 jonrones. Al año siguiente, sacó 25 pelotas.

Entre sus actuaciones estelares, está el récord de irse de 6-6 el 30 de agosto ante los Astros de Houston. Pegó tres jonrones y remolcó cinco. También fue clave en juegos de playoff en 1999, disputó el Juego de Estrellas y la Serie Mundial del 2000 ante los Yankees de Nueva York.

El criollo dio jonrón en el juego extra de comodín de la Liga Nacional ante los Rojos de Cincinnati y se lució ante los Diamondbacks de Arizona en la Serie de División, al conectar dos jonrones e impulsar cinco carreras. Un cuadrangular fue ante el mítico Randy Jhonson en el primer inning y luego dio un grand slam en la novena entrada, para darle la ventaja a su equipo.

“Después de Cincinnati, fuimos a Arizona y en el primer juego lanzaba Randy. Ya tú sabes. Ese día. No me lo creía. Estaba demasiado contento, por las bendiciones. Era gente que tu veías por televisión cuando eras pequeño. Nunca mi vida pensé verlo en persona”, recordó.

El infielder definió jugar la Serie Mundial como una oportunidad única y un sueño hecho realidad. “Tenía la oportunidad de jugar en una ciudad como Nueva York, que se paralizó. Era una gran responsabilidad y había nervios. Veías el lineup de los Yankees y el de los Mets y creías que nos iban a ganar por nocaut. Posición por posición, era una cosa increíble. No jugué mucho, porque venía de una lesión en la ingle en los playoff.  Alfonzo disputó los cinco juegos, pero apenas conectó tres hits en 21 turnos, para un pálido promedio de .143.

El primer Clásico Mundial

Edgardo fue uno de los integrantes de la selección de Venezuela que participó en el primer Clásico Mundial de Beisbol de 2006. Para entonces, la Vinotinto del beisbol quedó eliminada en segunda ronda, luego de perder con Cuba (7-2), ganar ante Puerto Rico (6-0) y caer ante República Dominicana (2-1).

“Estaba con Anaheim, cuando me plantearon la posibilidad de jugar y dije que era una oportunidad única que no podía desperdiciar. El roster de Venezuela era uno de los mejores. En el papel, teníamos un equipo ganador, pero no siempre gana el que está en el papel, sino el que ejecuta mejor. No hicimos el trabajo como teníamos que hacerlo, pero hoy en día podemos hacerlo”, rememoró.

La selección fue dirigida por Luis Sojo y estaba conformada por jugadores estelares. “Era un orgullo, porque tenías al lado a Johan Santana, Magglio Ordóñez, Bob Abreu, Kelvim Escobar y tu decías, es la crema de la crema de Venezuela. Yo era el octavo bate en ese Clásico. Vizquel en el short y yo en segunda”.

Jugó con Vizquel

Alfonzo pasó en la temporada 2003 a los Gigantes de San Francisco, equipo en el que dos años más tarde pudo compartir en el terreno con Omar Vizquel. El camarero recordó que “Manos de Seda” fue su ídolo de pequeño y que le cedió el número 13 en un gesto de reconocimiento.

“Compartí con Vizquel y con Andrés Galarraga, dos jugadores insignias del país. Cuando Omar llegó a San Francisco, había un debate por saber quién usaría el número. Los periodistas me llamaban y yo no contestaba. También me llamaba el encargado del clubhouse, para saber qué se iba a hacer y si lo haríamos nosotros”, recordó el pelotero que pasó cuatro años con los Gigantes y bateó para promedio de .265 (1.926-510) en 542 juegos.

“Cuando llegamos a los entrenamientos, agarré el número 13 y mientras los periodistas me veían le dije ‘Omar, este es tu número. Yo no quiero nada, porque fuiste mi ídolo de pequeño y lo sabes y para mí es un privilegio cederte el número”, recordó con gratitud.

El retiro

Alfonzo pasó a los Tigres de Aragua en la contienda 2011-2012, luego de que Magallanes no le dio la oportunidad de disputar un juego para retirarse. Sin embargo, demostró que todavía tenía con qué y ganó el premio Regreso del Año por segunda vez en su carrera. El bateador derecho ligó para .267 (150-40), con cinco cuadrangulares, 29 fletadas y 15 anotadas.

La primera vez que había obtenido la distinción, fue en la zafra 2007-2008 con los turcos. Casualmente, ese año reforzó a los felinos en la final y también fue campeón. En la ronda regular, dejó un excelso average de .335 (216-64), con cinco jonrones, 32 impulsadas y 25 anotadas.

“Lo disfruté mucho, no por lo que dijeron, sino porque me demostré lo que podía hacer. Fue un año excelente, porque los Tigres me dieron la oportunidad y me di cuenta que eran un grupo unido. Fue una de las cosas que me motivó a seguir jugando. Los domingos comíamos juntos en el clubhouse”, sentenció. En su última temporada, Alfonzo jugó sólo 15 duelos y bateó para .283 (46-13), con una remolcada y tres anotadas.

Edgardo regresó al Magallanes en la temporada 2014-2015, esta vez como coach de la inicial y bajo la dirección del manager Carlos García. Fue una experiencia que disfrutó, pues volvió al equipo de toda su vida. “Disfruté regresar y compartir con el fanático y mi gente del clubhouse. Ahora estaba en otra faceta y fue increíble”, dijo el manager campeón de los Mets en Clase A con los Brooklyn Cyclones. Allí estuvo acompañado del también coach de banca y otrora magallanero, Endy Chávez.

Ahora funge funciones de embajador de los Mets, pero no descarta la posibilidad de volver a dirigir. Mucho menos en Venezuela, donde estaría dispuesto a tomar el timón del Magallanes. “Siempre he tenido eso en mente y me gustaría, porque fue mi primer equipo en Venezuela. Si no se puede, también podría ser con otro equipo porque el fanático venezolano es A1”, sentenció el capitán que siempre estará enamorado del Magallanes..