Mundial Qatar 2022: Un doblete de Bruno Fernandes instaló a Portugal en los octavos de final

(EFE).- Uruguay se jugará todo en la última fecha en el Mundial 2022, ni siquiera le vale el empate en la última jornada contra Ghana, nada más una victoria difícil hoy por hoy para la selección celeste, víctima de sus propios miedos durante una hora de partido, doblegado por dos goles de Bruno Fernandes, Diogo Costa y su ineficacia cuando perdió sus complejos (1-0), demasiado tarde para impedir la clasificación de Portugal.

Dos Uruguay para una derrota. Una, hasta el gol en contra, tan insustancial, tan conformista, tan falta de ambición, tan imprecisa, que siempre jugó al filo de la caída, de cualquier detalle.

Otra, desde el 1-0 en adelante, que se acercó a todo lo que debe ser, con presión, con atrevimiento, con intensidad y con una ofensiva que no alcanzó el éxito, pero que pone en evidencia y cuestiona las razones de la puesta en escena de Diego Alonso.

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No fue una casualidad el empate a cero contra Corea del Sur. Ni lo es su comprometida posición en el grupo. No está aún -y ya no queda margen- a la altura Uruguay de lo que pretende.



Entre tanta expectativa, entre tanta convicción en sus palabras, entre tanta atracción en algunos de sus futbolistas, en una hora fue un equipo sin identidad, con un plan conservador e ineficaz, que transmite expresivamente el temor al fracaso en el Mundial Qatar 2022. No aparecía Valverde. Ni Cavani. Ni Darwin Núñez. Faltaba juego. Y carácter.

Ni la agitación del sistema, de dos a tres centrales, de laterales a carrileros; ni la apariencia de la presión en campo contrario, más visual que práctica; ni la irrupción de Cavani, quizá por aquello de que fue él quien marcó los dos goles que eliminaron a Portugal en el último recuerdo mundialista en Rusia 2018; ni el arrebato de orgullo de Bentancur, el único este lunes por encima de la media; ni alguna carrera de Darwin Núñez, tan inexpresivo como el resto. Nada remediaba la intrascendencia. Un problema de Uruguay.

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Necesitaba más el grupo de Diego Alonso, contenido por su propia prudencia, resistente por la contundencia de sus centrales, con la que soportó los ratos en los que le dio toda la iniciativa a Portugal, y sólo aligerado del peso de la presión, de la responsabilidad táctica, cuando surge una individualidad que tira hacia adelante sin atender a otros rigores, como ocurrió cuando Bentancur dejó por el camino a tres rivales, pero Diogo Costa le tapó el mano a mano.

Lo mejor en el primer tiempo (lo único, también) del ataque de Uruguay, tan poco con tanto en juego, encomendado a un contragolpe, a una inspiración, a un giro de guión inesperado, a una segunda jugada que promovió unas cuantas veces, en cuanto sintió el apuro de la presión sobre su área del rival, con unos pelotazos de lado a lado del campo que siempre ganaron Ruben Dias o Pepe, el reemplazo del lesionado Danilo Pereira en el once.

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A las bajas del central del París Saint Germain, un titular indiscutible en el esquema de Fernando Santos, y Otavio, ausente este lunes por una dolencia muscular, Portugal sumó otra más. Ya la tuvo en la primera jornada y recayó en la segunda: Nuno Mendes, el lateral del PSG, cuya reaparición en el once, descartada en la víspera por el técnico, duró 42 minutos, cuando se resintió, se tiró al suelo, se levantó y tomó el camino del vestuario, quizá hasta el de la despedida de Qatar 2022, dependiendo de lo que dicten las pruebas.

Portugal, mucho mejor

No daba entonces más de dos pases seguidos Uruguay de medio campo hacia adelante. Sí lo hizo Portugal, al que tanto le dio doblar y hasta triplicar la posesión de su rival a lo largo de varios tramos del partido, porque, entre tanto control, entre tanto pase, le faltó desborde ante la defensa contraria, hasta el segundo tiempo, hasta que Joao Félix remató al lateral de la red y hasta que Bruno Fernandes y Cristiano Ronaldo lo pusieron todo patas arriba.

A Bruno, con demasiado espacio para perfilarse y proponer el centro desde una esquina del área, con Godín a la expectativa, le corresponde un porcentaje altísimo del gol, porque su centro fue al sitio concreto, entre el descuido de Varela para validar la posición de Cristiano Ronaldo y el fuera de juego que reclamó el resto de la defensa celeste, pero también al mejor goleador de la historia de Portugal, que, como poco, despistó (pareció que la peinó en un primer momento) a Rochet. La FIFA le otorgó a Bruno el 1-0, en el minuto 55.

A nadie le extrañó el gol. No por una cuestión de ocasiones, ni siquiera por un dominio abrumador de Portugal, que nunca fue tal, sino porque Uruguay apareció como un oponente menor hasta entonces, incomprensible cuando la clasificación para las octavos está tan en juego, inapropiado con toda la capacidad que tiene, como demostró en cuanto percibió con absoluta nitidez que la única manera de sobrevivir es lanzándose al ataque.

Entonces sí, Uruguay se elevó a una altura más reconocible, recompuso su ambición (inexistente ante Corea del Sur, inexpresiva durante una hora contra Portugal), alteró el discutible plan que Diego Alonso diseñó para ganar el encuentro y se liberó de toda la opresión táctica por la que circuló desde el principio, tan preparado para el error ajeno, tan obsesionado con el error propio, que el ataque, tan crucial, pasó a un lugar secundario.



Cuando fue una prioridad, cuando de verdad fue a por lo que había venido, era ya demasiado tarde. Ni con Cavani ni con Darwin Núñez. Ni después con Luis Suárez, a punto del 1-1, ni Maxi Gómez, con un derechazo al palo. Ni tampoco con De Arrascaeta, frustrado por Diogo Costa, los ejemplos irrebatibles de que si hubiera querido ganar antes todo habría sido posible para Uruguay, que bordea el fiasco en Qatar 2022.

Si no vence a Ghana en la última jornada, se despedirá. Bruno sentenció de penal. Él mismo provocó una polémica y discutible mano de Giménez, y él la sentenció.

Foto: Getty Images

Mundial Qatar 2022: Un derechazo de Casemiro metió a Brasil en octavos de final

(EFE) – No tuvo a Luka Modric ni a Toni Kroos a su lado, pero Casemiro, o ‘Casemito’, como siempre que le necesitan, salió al rescate de su equipo para conectar un disparo con el empeine, a bote pronto, y mandar a Brasil a los octavos de final del Mundial (1-0).

El centrocampista del Mancheter United, que bromeaba en la previa con qué compañeros se encuentra más cómodo en el medio. «Luka Modric y Toni Kroos», desactivó el sopor de su equipo, que sigue con problemas de creación de juego y de conexión con el ataque, y finiquitó el pase de los brasileños a octavos.

Segunda selección con el billete ya comprado, junto a Francia, pero con más dudas en el juego que los galos.



No es ningún misterio. A Brasil le está costando abrir los partidos. La selección de Tite toca y toca, pero sufre un mundo para descolocar defensas tan bien trabajadas como la Serbia y la Suiza.

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Los de Murat Yakin, además, no renunciaron a la pelota con el desprecio con el que lo hicieron los balcánicos. Intentaron disputar la posesión a Brasil y controlaron el partido durante bastantes minutos, cerrando espacios a Brasil y haciendo buena esa máxima: «si tú tienes el balón, tu rival no lo tiene». Johann Cruyff era un genio.

La presión alta de los suizos, unido a un centro del campo poco creativo, que echa de menos la creatividad del ’10’, obligó a volcar el juego brasileño a la banda. Mientras Neymar tenía que ver el partido desde el hotel, con el dolorido tobillo en alto, Raphinha asumía el papel protagonista.

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De sus botas nació la poca magia de la que disfrutó el primer tiempo. Un centro precioso para que Vinícius, con la espinilla, fallase un gol clamoroso, un desborde desde la banda que terminó en disparo a las manos de Sommer y varios pases verticales erráticos.

No brilló el del Barcelona por su precisión, pero sí por su carácter para coger las riendas de un equipo falto de líder en ataque.

En este contexto de sopor, en el que solo Raphinha y muy poco de Vinícius brillaba, Suiza aprovechó la descompostura para mandar avisos.

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Primero en un balón muerto en un córner en el que Rubén Vargas se escabulló de Thiago Silva, antes de que Alisson le arrebatara la pelota, y más tarde cuando un pase de 30 metros encontró a Widmer dentro del área. El lateral suizo se acomodó la pelota y buscó un pase de la muerte que desactivó Militao.

Sentenció la canarinha 

A Brasil le entraron las prisas y Tite metió a Rodrygo en lugar de Paquetá, su plan más ofensivo. El empate no era malo, pero este partido era para ganarlo y creyó encontrar el antídoto en una enrevesada jugada que comenzó a trompicones en el centro del campo y que terminó con una triangulación entre Rodrygo, Casemiro y Vinícius, que sorteó a un defensa y tras un amago definió ante Sommer.

La alegría fue efímera; el VAR vio el fuera de juego de Richarlison en la construcción de la jugada. Vuelta a empezar.



Brasil no era capaz de conectar con su gente de arriba y la única opción era confiar todo a la arrancada de Vinícius o a una jugada aislada. Una vez más, como ante Serbia, Brasil confió en que alguien agitara la lámpara mágica, y esta vez no fue Richarlison, fue Casemiro.

Combinó con Rodrygo en la frontal y sacó un disparo seco, botando y que, tras tocar ligeramente en un defensor suizo, se alejó hasta meterse junto al palo. De primeras, un golazo; de segundas, también, pero con un pelín de suerte.

No le hizo falta más a Brasil, que aseguró su segunda victoria del torneo y ya está en octavos de final. Virtualmente es también primera, solo un descalabro ante Corea del Sur se lo impedirá.

Foto: FIFA

Mundial Qatar 2022: Camerún y Serbia empatan en festín de goles

Camerún y Serbia igualaron / Foto: FIFA

Óscar Maya Belchí, Doha (EFE).- Dos goles en dos minutos para Serbia y otros tantos en tres minutos para Camerún desataron la locura en un partido marcado por la ausencia del meta André Onana, que abandonó la concentración del país africano tras una disputa con su seleccionador, y que finalmente acabó con un empate a tres que deja a ambas selecciones, pertenecientes al Grupo G del Mundial, con solo un punto tras dos encuentros y aún con vida para la última jornada.

Llegaba Camerún a este partido promediando solo 0,8 goles por encuentro en un Mundial. 18 en 24 partidos; y acabó rompiendo un récord totalmente opuesto a dicho histórico. Contra Serbia ha sido la primera vez que ha marcado tres goles en una Copa del Mundo, y no les sirvió para ganar.

Datos del partido: Camerún vs Serbia

Creyó Camerún en la victoria desde el inicio, pero dos minutos fatídicos echaron por tierra su trabajo previo en la primera mitad, aunque este lunes sí tuvieron suerte de cara a puerta y en el segundo disparo anotaron su primer gol.

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Kunde puso el centro desde el córner izquierdo, N’Koulou la peinó en el primer palo y el central, Jean-Charles Castelletto, remató solo en el segundo para convertir su primer gol con la camiseta de Camerún a los 29 minutos de partido.



Tuvieron acierto los ‘leones indomables’ tras resistir las acometidas de Serbia, con Mitrovic, que tuvo dos buenas ocasiones, una la estrelló en el palo y otra la mandó fuera cuando remató solo dentro del área, como principal amenaza, pero el descuento de la primera mitad fue demoledor para el conjunto africano.

Primer minuto de añadido y la estrategia les devolvía la moneda. Centro tocado de Tadic al corazón del área, fallo en la marca de Camerún y Strahinja Pavlovic remató sin oposición girando bien el cuello para colocar el balón lejos del alcance de Devis Epassy. Si le hubieran defendido con la dureza con la que sus compañeros celebraron con él el empate, seguramente su gol no habría subido al marcador.

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Un tanto que hizo daño en la moral de los africanos, la cual Sergej Milinkovic-Savic se encargó de hundir un poco más. Error en la salida de balón de Zambo Anguissa y el centrocampista de la Lazio disparó desde la frontal al palo corto para darle la vuelta al marcador dos minutos después. Epassy la llegó a rozar con los dedos, pero no llegó a despejar. Con Onana en el campo y no volando de vuelta a casa, el resultado pudo haber sido diferente.

Un golpe del que Camerún parecía no poder levantarse, y más tras el 1-3 de Mitrovic en una jugada en la que Serbia encontró a tres jugadores libres dentro del área rival. La sensación era de haber bajado los brazos, de rozar la eliminación del Mundial de Catar, pero Vincent Aboubakar dijo ‘no’.

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Salió al terreno de juego en el minuto 55, y tardó 11 en marcar y dar una asistencia para igualar el partido y dejar media hora por delante con todo por decidir. Ante la velocidad de Camerún, el actual delantero del Al-Nassr saudí puso la calma y firmó uno de los goles del torneo. Amagó que iba a disparar para salvar la entrada de Milos Veljkovic, quien pasó de largo al tirarse al suelo, y superó al guardameta serbio con una vaselina suave.

El tanto subió al marcador al comprobarse que, por poco, en el inicio de la jugada no hubo fuera de juego, como ocurrió tres minutos más tarde. Como Serbia al filo del descanso, Camerún no perdonó cuando tuvo oportunidad. Aboubakar rompió al espacio y Choupo-Moting, en el segundo palo, hizo el 3-3 con un disparo a placer.



Serbia intentó reaccionar, comandada por Mitrovic ante la ausencia de su gran estrella en ataque, un Vlahovic que sigue sin estar al 100% y ni ante la necesidad de ganar, su seleccionador, Dragan Stojković, le dio minutos. Tampoco al exdelantero del Real Madrid Luka Jovic.

Sin embargo, y a pesar de marcar, Mitrovic no estuvo acertado de cara a puerta en el encuentro y ambas selecciones cierran su segundo partido en el Mundial con solo un punto y esperando al Brasil-Suiza para hacer sus cuentas de cara a la última jornada.

Ficha técnica:

3 – Camerún: Epassy; Fai, Castelletto, N’Koulou, Tolo; Kunde (Ondoua, m.67), Hongla (Aboubakar, m.55), Anguissa (Oum Gouet, m.81); Mbeumo (N’Koudou, m.81), Choupo Moting, y Toko Ekambi (Bassogog, m.67).

3 – Serbia: V.Milinkovic-Savic; Milenkovic, Pavlovic (Stefan Mitrovic, m.56), Veljkovic (Babic, m.78); Zivkovic (Radonjic, m.78), Maksimovic, S.Milinkovic-Savic (Grujic, m.78), Lukic, Kostic (Djuricic, m.90+2); Tadic; y Mitrovic.

Goles: 1-0, m.29: Castelletto; 1-1, m.45+1: Pavlovic; 1-2, m.45+3: S. Milinkovic-Savic; 1-3, m.53: A. Mitrovic; 2-3, m.64: Aboubakar. 3-3, m.64: Choupo-Moting.

Árbitro: Abdulla Mohammed (Emiratos Árabes Unidos). Amonestó a N’Koulou (m.24) y a Bassogog (m.30, fuera del campo) en Camerún. Por parte de Serbia recibieron cartulina amarilla Jovic (m.45+9, fuera del campo) y Milenkovic (m.90+4)

Incidencias: encuentro correspondiente a la segunda jornada del Grupo G de Qatar 2022 disputado en el estadio Al Yanoub.

Foto: FIFA

Alemania salvó un empate ante España y se mantiene con vida en el Mundial

Jordi Blanco (ESPN).- España y Alemania se repartieron el empate y dejaron para la última jornada la definición de un grupo que siguen mandando los españoles y que los germanos deberán cerrar con victoria, y goleada… Y pendientes del partido entre los españoles y Japón porque un empate entre ellos dejaría a la Mannschaft fuera del Mundial. A pesar de la excelente imagen que dejó en este duelo.

Se avanzó Morata para España mediada la segunda mitad y cuando se acercaba el final igualó Fullkrug. Un resultado justo en un encuentro soberbio. Sin más… Y con un desemboque sensacional, con Alemania buscando la victoria a la desesperada y España, tan firme como agotada, salvando la papeleta con grandeza.

Fue, de largo, el mejor partido del torneo, digno de una final cuando apenas era una segunda jornada de la fase de grupos enfrentando a dos equipos que quisieron ganar sin disimulo, que buscaron el gol a través de un juego excelso, de una presión al rival enfermiza, que combinaron con una rapidez no vista hasta entonces en Qatar y que regalaron un espectáculo soberbio.

Presentó rápido sus credenciales España. Si a los alemanes les costó algo más posicionarse y entrar en el juego, los jugadores de Luis Enrique salieron al campo ya enchufadísimos, con una presión salvaje en el área rival y una paciencia trascendental cuando tenían el balón… Para, de pronto, acelerar a fondo y demostrar sus intenciones.

Así llegó, a los siete minutos, el primer aviso. Y menudo aviso. Le llegó el balón a Dani Olmo escorado a la izquierda, casi en la diagonal del área, y desde allí soltó un zapatazo monumental que Neuer, magnífico en la respuesta, desvió lo justo con la mano para que el balón se estrellase en el larguero. Una salida rabiosa española que, obvio, provocó el despertar germano.

Si en los primeros diez minutos la presión de la Mannschaft se limitó a vigilar la salida de balón de los españoles en las inmediaciones del área, a partir de ahí los de Flick calcaron, y hasta aumentaron, la intensidad en su persecución del balón cuando lo quería jugar España en su campo.

Así comenzó a pasar problemas Pedri y tuvo que apoyarse Busquets mucho más en el incansable Gavi. Y echando de menos la prestancia de Marco Asensio, en labores ofensivas el conjunto hispano encontró su estrella en Dani Olmo, capaz de enloquecer en cualquier circunstancia a los rivales. Le acompañó en la intención Ferran Torres, listo en el desmarque, innegociable en la presión y acertado en la combinación… Pero lento en el remate.

Se igualó el juego de una manera excelsa, con los dos equipos empeñados en ganar bajo su propio convencimiento y convirtiendo el terreno de juego, todo él, en un campo de batalla monumental, adivinándose que apenas un error o una genialidad pudiera cambiar las cosas.



Y pudieron cambiar cerca del descanso, en un centro lateral al área española que pilló despistada a la defensa y atento a Rudiger para rematar de cabeza a la red. Fue un susto mayúsculo… Y un alivio comprobar que el zaguero del Real Madrid partió en fuera de juego.

El efecto Morata

Si fue sensacional la primera mitad, quien pudiera pensar que el esfuerzo físico pasaría factura se equivocó, demostrándose que las dos selecciones llegaron a Qatar con una preparación excelente. Y que iban a mantener el pistón a tope en la segunda parte.

Siguió Olmo siendo una pesadilla como lo iba siendo Gnabry. Se dejaba ver con su estampa Müller y respondía a la exigencia Busquets, hasta que Luis Enrique decidió mover ficha. Y demostró, el entrenador asturiano, tener perfectamente estudiado el partido.

Dio entrada a Morata en lugar de Ferran y aunque inmediatamente después Unai tuvo que intervenir milagrosamente ante Kimmich para solventar su error conjuntado con Pedri, el cambio dio mayor empaque y movilidad a España, que pasada la hora de partido dio el golpe.

Busquets, Olmo y Jordi Alba en la banda. Por ahí subió el lateral del Barça y su centro raso lo remató con magnificencia Morata, imposible para Neuer. Suficiente para romper el empate y suficiente para despertar la euforia en un equipo de autor, entregado del primero al último a la filosofía de su entrenador para dispararse hacia los octavos de final.

Herida de muerte Alemania, Flick movió ficha y respondió al doble cambio español de Koke y Nico Williams por el agotado Gavi y el irregular Asensio, metiendo más velocidad con Sané, Fullkrug y Klostermann con el objetivo claro de convertir el desemboque del partido en un asalto indisimulado al área española.

Despertar alemán

Y si Luis Enrique dio en el clavo con la entrada de Morata, no tuvo el mismo efecto la de Koke por Gavi, perdiendo peso el centro del campo español y ganando poderío el equipo alemán con sus cambios. La entrada de Sane y Fullkrug le dio ese empuje necesario, al que le costó responder a una España tan decidida en mantener su filosofía como rebajada en su brillantez.

Así, de repente, llegó el jarro de agua fría con el balón que se llevó Fullkrug ante Rodri, mal resuelto en su marcaje y lento en la reacción, dejando al joven alemán solo ante



Unai, que soberbio antes frente a Kimmich y Musiala, no pudo hacer nada contra el obús a quemarropa de Fullkrug que significó la igualada.

A partir de ahí, otra vez, los unos y los otros buscaron la victoria. Con más fortaleza los alemanes y más intento de combinación los españoles. Sabían los de Flick la necesidad de ganar para no depender de nadie en la última jornada y de ahí se entendió su dominio salvaje del que no pudo sacar provecho.

Al final empate… Y no todos contentos. Pero, sin duda, satisfechos por el fenomenal homenaje que regalaron al Mundial.

Foto: EFE

Un doblete de Mbappé ante Dinamarca mete a Francia en los octavos de final

EFE.- Tenia que aparecer Kylian Mbappé, como si de un guión se tratara, para liberar a Francia del laberinto danés, en el que tantas veces se ha enredado la campeona del mundo, pero a la que consiguió doblegar con dos tantos del parisiense que les convierte en la primera nación clasificada para octavos de final en Qatar.

La magia del «10» acabó por encontrarle la vuelta a un partido que llenaron de ocasiones, pero ninguna tan clara como para pensar que Dinamarca debió salir del estadio 974 con una goleada de escándalo.



Francia, que este año había perdido los dos duelos de la Liga de las Naciones contra los escandinavos, prosiguió su singladura virtuosa mundialista. Encadena ya seis triunfos en esa competición, la mejor racha de su historia, mientras las piezas del engranaje de Didier Deschamps parecen ir armonizándose a base de resultados.

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El juego fue menos brillante que ante Australia en el debut, quizá también porque el rival estaba más armado y porque su sola mención despierta fantasmas en la campeona, que ya temía con fracasar de nuevo en su objetivo de doblegarlos hasta que apareció Mbappé.

El atacante del PSG consiguió un doblete que, con menos de 24 años, le coloca en cifras de leyenda en los Mundiales, en la senda de Pelé por su precocidad.

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Suma ya 30 goles como internacional, 14 de ellos en los últimos doce partidos, en los que se ha convertido en el santo y seña de su selección, más aún tras la baja por lesión del Balón de Oro Karim Benzema.

En la vida de un campeón del mundo, el peso de la responsabilidad se traduce en un hambre permanente, todo sabe a poco cuando en ataque hay tanta dinamita.

Francia atacó con método, distribuyendo bien el balón por las bandas, sobre todo por la de Ousmane Dembelé en los primeros compases, en los que el barcelonista parecía listo para firmar una gesta en un número de genio, que como ya le sucedió en el primer partido, fue incapaz de hacer durar.

El extremo derecho, bien respaldado por su compañero de equipo Jules Koundé, animó al público con jugadas de circo, tan hermosas como ineficaces.

Pero que sirvieron para dar el tono al partido, para advertir a Dinamarca de que tendría que achicar el juego de bandas. Por la izquierda amenazaba también Mbappé y desde ambas arreciaban los pases a la cabeza de Giroud, deseoso de dejar atrás a Thierry Henry.

Sentenciaron el juego

Sin someter a Dinamarca a un acoso asfixiante, Francia acechó permanentemente, cada vez con más unidades que se sumaban a la ofensiva, Koundé, que sustituyó a Pavard en el once, Rabiot, que obligó a estirarse a Schmaichel, Varane, que regresaba tras lesión, Griezmann, que también buscó el tanto.

Mientras Dembélé seguía sometiendo a un calvario a Maelhe Christensen tuvo que placar a Mbappé para evitar que, tras un pase medido de Greizmann, el parisiense se plantara solo en el área.

El jugador del Atlético de Madrid marró una buena ocasión en el 59, pero dos más tarde una combinación entre Theo y Mbappé permitió al delantero abrir la lata danesa.

El tanto no desembarazó a Francia de su pesadilla danesa. Los escandinavos adelantaron líneas y, a balón parado, Christensen igualó el duelo con un potente cabezazo tras un rechace de Andersen que descolocó a la zaga gala.



Contratiempo que descentró a la campeona que vio como Lloris salvaba evitaba la remontada en un disparo de Lindstrom a bocajarro y Braithwaite rozaba el palo en otra jugada.

Los fantasmas reaparecían y Francia estaba encasquillada, rota, sin brújula. Pero volvió a aparecer Mbappé, de nuevo servido con maestría por Griezmann, de nuevo magistral para colocar a su equipo en la ruta hacia una nueva final.

Foto: FIFA

Polonia venció a Arabia con gol de Lewandowski y apunta a octavos

EFE.- Robert Lewandowski, con un pase de gol y un gol, y el arquero Wojciech Szczesny, al detener un penal a Salem Al-Dawsari al borde del descanso, otorgaron una victoria imprescindible a Polonia (2-0), que baja de la nube en la que estaba la selección de Arabia Saudita desde que venció a Argentina.

Pudo por fin romper el maleficio mundialista el delantero del Barcelona. Era algo impropio de un goleador de su reputación. Aún no sabía lo que era marcar en una cita universal. Por fin el hechizo se desvaneció. Suyo fue el recorte al meta Mohammed Al-Owais y el pase a Piotr Zielinski para que el jugador del Nápoles desatascara el partido, y la diana que sentenció el triunfo tras aprovechar una indecisión de Al-Malki.



El resto lo hizo Szczesny. Estuvo providencial, primero al despejar un potente disparo de Mohammed Kanno a los trece minutos y al borde del descanso al detener un penalti a Al-Dawsari decretado tras acudir al vídeo el colegiado Wilton Sampaio por falta de Bielik sobre Al-Shehri. Incluso despejó el inmediato disparo deAl-Burayk.

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Fue demasiado castigo para un conjunto asiático que fue mejor que el polaco durante prácticamente todo el encuentro. Los pupilos del ‘mago blanco’ Herve Renard, con intensidad, presión y una tremenda confianza en sí mismos, ahogaron al conjunto centroeuropeo y merecieron un mejor resultado.

Ni Bielik ni el exsevillista Grzegorz Krychowiak lograron manejar el partido en el centro del campo. El equipo de Czeslaw Michniewicz necesitado del triunfo tras su empate frente a México y a la vista del último encuentro contra Argentina, se mostró impotente, cometió numerosos errores en el pase y apenas pudo conectar con Lewandowski, apresado por los centrales Al-Amri y Al-Bulayhi.

Arabia Saudí tenía la posibilidad de certificar su clasificación para octavos por la vía rápida. La buscó con más que decoro, pero los errores en el gol de Zielinski y en el lanzamiento de penalti le condenaron en esta ocasión.

Ante Argentina encontró el camino de la remontada, pero esta vez no pudo conseguirlo porque careció del mismo acierto. Czczesny volvió a aparecer ante Al-Dawsari y Al-Brikan no tuvo precisión en los momentos de mayor presión del bloque saudí.



Polonia, no obstante, tuvo la puntilla con un remate de cabeza al larguero de otro juventino, Arkadiusz Milik, que formó pareja ofensiva con Lewandoswki, que poco después, en otra demostración del hechizo que parecía sufrir, envió un remate al palo.

Echó mano de experiencia el conjunto centroeuropeo. Con los papeles cambiados respeto a lo previsto antes de comenzar el Mundial, se pertrechó atrás para frenar las acometidas de Arabia Saudí y aguardó una nueva oportunidad al contragolpe.

No podía ser otro que Lewandowski el que apuntillara la victoria de Polonia. El capitán, siempre atento, aprovechó un error de Al-Malki, puso fin a su maleficio y selló el 2-0. Hasta pudo poner la guinda con el tercero, pero se topó con el portero.

Pese al sufrimiento, todo un impulso para el cuadro de Michniewicz y un castigo para una Arabia Saudí que volvió a dar una magnífica imagen y de no haber sido por la falta de acierto y las intervenciones de Szczesny podría haberse llevado el triunfo. Fue inferior en las áreas y lo pagó.

Australia ganó a Túnez por la mínima y sigue con vida

EFE.- Un balón peinado por Mitchell Duke sirvió para que Australia se recuperara de la goleada contra Francia, derribase el muro de Túnez y dé un paso de gigante para estar en los octavos de final del Mundial.

A la selección tunecina, después de su impresionante actuación defensiva ante Dinamarca, la sorprendió un solitario cabezazo de Duke, futbolista del Okayama japonés. Un tanto suficiente para que los australianos controlaran el marcador y expusieran la debilidad de una Túnez que, con su goleador Wahbi Khazri tocado, sufre mucho para ver puerta.



Se diluye de esta forma el sueño de los norteafricanos de estar por primera vez en unos octavos de final y se lo tendrán que jugar en la última jornada ante Francia.

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La mejor opción para los tunecinos es que los galos derroten esta tarde a Dinamarca, lo que les deje ya clasificados y sin nada que jugarse en la última ronda.

Australia, que venía de encajar un 4-1 en el que, aun así, no dejó mala imagen, se recuperó gracias a un detalle de brillantez de Duke, que llevaba sin ver puerta desde hace dos meses.

El delantero de 31 años aprovechó un centro de Craig Goodwin para simplemente peinar la pelota. Esta venía con mucha fuerza, tras tocar en un defensa, por lo que el sutil roce de Duke fue suficiente para que esta se alejara de los guantes de Dahmen.

El gol aterrizó en momentos de dominio ‘aussie’, pero con él se esfumó la presencia ofensiva de los de Graham Arnold, que comenzaron a sufrir ante una Túnez que tiraba más de garra que de otra cosa.

Australia, que nunca se ha caracterizado por su poderío en defensa, salvó los muebles primero gracias a un bloqueo de Souttar a disparo de Mohamed Drager a bocajarro y más tarde cuando Youssef Msakni desperdició una gran combinación por banda. La pelota llegó rasa y blanda al primer palo y Msakni la empaló lejos del palo izquierdo de Matt Ryan.

El exarquero de Valencia y Real Sociedad tuvo bastante trabajo en los minutos finales, con intervenciones menores y demostrando seguridad en los disparos de los tunecinos, que salen de este encuentro con el punto conseguido ante Dinamarca, con las opciones de clasificarse intactas, pero con la preocupación de no haber anotado aún ni un gol.



Australia, segunda ya con tres puntos del Grupo D, mirará de reojo al duelo entre franceses y daneses, deseando un resultado favorable a los franceses que les acerque aún más a pasar a octavos a través del segundo puesto.

Foto: FIFA

Inglaterra empató con Estados Unidos y debe esperar por su pase a octavos de final

EFE.- «¡Esto es ‘soccer’, esto es ‘soccer’!», cantaba la hinchada estadounidense, mientras su equipo, trabajado y físicamente impoluto, exhibió en el campo las costuras de una Inglaterra a la que se le ha caído la careta de favorita con un partido plano, triste y aburrido (0-0).

Inglaterra volvió a dar su peor cara, esa que le ha hecho descender en la Nations League y por la que tanto se critica a Gareth Southgate. La constante sensación con la que Inglaterra convive es la de que una de las mejores generaciones en décadas está desaprovechada, está a expensas de algún destello de calidad de los enormes futbolistas que atesora.

Cuando esto no ocurre, el resultado es un partido plomizo, como el de este viernes en Al Khor. El vacile estadounidense desde la grada, riéndose de la eterna discusión: si football o soccer, no era un pasatiempo para evitar mirar lo que ocurría en el campo. Era la prolongación de una Estados Unidos que estaba maniatando a sus ‘hermanos’ y siendo mejor equipo. Solo les faltó definir.

Weston McKennie, que se comió al doble pivote Bellingham-Rice, empaló mal en el punto de penalti, en el primer toque de atención de Estados Unidos, y Christian Pulisic, en un zambombazo desde dentro del área, se topó con el larguero. Inglaterra se tenía que conformar con un disparo desviado de Kane y una oportunidad perdida por Mount, tras una buena combinación entre Bellingham y Saka.



Pero todo el poderío ofensivo de los ingleses, derrochado ante Irán, se diluyó, y Estados Unidos, a base de imponer físico y de presionar la salida de balón, se hizo con el partido. Merecieron mucho más los estadounidenses, incansables y capaces de apretar un ritmo y una intensidad durante 90 minutos que desesperó a la hinchada inglesa. Cuando Maguire y Stones se cansaban de pasarse el balón entre ellos, llegaron los primeros abucheos.

Tan solo dos partidos de Mundial y los ingleses ya están hartos de su selección. Y para más incredulidad del respetable, Southgate, con un soporífero 0-0 y con la intención de recuperar el medio, quitó a Bellingham, su mayor talento en el medio, dejó a un Mason Mount olvidable, y metió a Jordan Henderson.

El experimento no funcionó y demostró una vez más que a Southgate lo que le salvan son los resultados. Unas semifinales de un Mundial y una final de la Eurocopa san sentido a su puesto, pero sus decisiones sobre el campo y la forma de juego de Inglaterra cuestionan el talento de una generación sin precedentes en la pérfida Albion.

Inglaterra no dio un sorpresón como hace 72 años, cuando dejó virtualmente eliminados a los ingleses en Brasil 50, pero si les dio una lección y les puso sobre la mesa una realidad: el fútbol estadounidense ha evolucionado y es capaz de desactivar el inglés.



Inglaterra mantiene la primera posición del grupo y una victoria ante Gales en el último partido le valdrá para pasar a octavos como primera; Estados Unidos queda tercera, a un punto de Irán, que con su triunfo ante Gales ocupa la segunda plaza.

Foto: FIFA

Países Bajos y Ecuador igualaron a un tanto y se acercan a octavos

Ecuador y Países Bajos siguen en la pelea / Foto: FIFA

Luis Miguel Pascual (Al Rayyan) EFE.– Enner Valencia reavivó el sueño de seguir adelante en el Mundial de Qatar con un gol que permitió a Ecuador rescatar un empate ante Países Bajos (1-1), que les deja a solo un punto para clasificarse por segunda vez en la historia para octavos de final.

Como en el partido inaugural, el atacante fue el salvador de su equipo y, como entonces, se tuvo que marchar, entre lágrimas, lesionado en el tramo final del duelo, que siguió desde el banquillo con una bolsa de hielo en la rodilla derecha.

De esa estará de nuevo pendiente Ecuador los próximos días, antes del definitivo duelo contra Senegal.

La Tri plantó cara a una de esas selecciones armadas para ganar el Mundial e incluso por momentos desarboló su juego de control, hasta que la magia del capitán obtuvo el premio buscado.



Valencia es magia en el Mundial y las críticas que ha recibido en su país parecen inverosímiles cuando se ven sus números en esta competición.

Datos del partido: Ecuador vs Países Bajos

De sus botas han salido los seis últimos tantos ecuatorianos en Mundiales y tras los dos que marcó a Catar en el partido inaugural, consiguió otro que le afianzan como el máximo artillero de la Tri en campeonatos del mundo. Ya tiene tantos goles en sus arcas como los que marcó en Brasil hace ocho años en la penúltima aparición ecuatoriana en un Mundial.

Valencia es el alma del equipo, la culminación de una selección que gana enteros y que tendrá que buscar un punto contra Senegal en la última fecha para estar de nuevo entre los 16 mejores del mundo.

El premio al trabajo de un seleccionador, Gustavo Alfaro, que ha convertido a una joven generación de jugadores en una máquina de jugar, con un espíritu muy definido, una versión que no desentona entre la élite futbolística.

A Ecuador le costó bajar de la nube del partido inaugural. Entró timorato al césped del Al Khalifa y el despiste le costó un tanto a los 6 minutos, en un error en el centro del campo de Caicedo que permitió a Klaassen sacar un buen centro que Gakpo envió a las mallas desde 18 metros, sin que Hernán Galíndez pudiera hacer nada para detenerlo.

Un mazazo para una selección que encadenaba siete duelos con su portería intacta y que se veía obligada a remontar contra uno de los mejores equipos del mundo, una escuadra que Louis van Gaal ha convertido en una máquina de no perder.

El desconcierto duró aun unos minutos, arropados por los gritos de la grada ecuatoriana, los «sí se puede» que fueron insuflando fe en la Tri, que corría detrás del balón, confiscado por los «orange» convencidos de que esa era la mejor defensa.

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El centro del campo era el reino de Frenkie de Jong, que monopolizaba el juego a su antojo, dueño y señor de la bola.

Alfaro, que había comenzado con un planteamiento más defensivo que frente a Catar, con tres centrales, se vio obligado a adelantar líneas y su equipo dio una vez más muestras de versatilidad para adaptarse a las circunstancias.

Ecuador fue obligando a recular a Países Bajos y el partido empezó a jugarse en el terreno de los europeos, que notaron las primeras griegas superado el minuto 20, empujados por Plata por la derecha y Caicedo desde la izquierda.

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Ahí se sumó Valencia, que dio un primer aviso en el 27 y otro cinco más tarde para obligar a Noppert a estirarse.

El artillero de la Tri se echó el equipo a la espalda y ya con el tiempo cumplido pudo empatar en un cabezazo a centro de Estupiñán que desvió la defensa a córner.

En el saque del mismo, tras un centro de Preciado, Estupiñán logró desviar el balón a la red, pero el colegiado lo anuló por considerar que Porozo, en fuera de juego, impedía la visión del portero.

Las protestas de los ecuatorianos no hicieron cambiar de opinión al árbitro y Ecuador se manchó al descanso abajo en el marcador, pero con la esperanza recobrada, una fe que encontró premio al poco de regresar del vestuario cuando apareció el mesías Valencia.

El jugador del Fenerbache sigue en su idilio con los Mundiales y su olfato no ha perdido potencia. Estaba en el área chica cuando el portero neerlandés rechazó un potente disparo de Estupiñán y lo aprovechó para lograr el empate.



El despertó a la grada y Ecuador se lanzó a una ofensiva que a punto estuvo de permitirles dar la vuelta al marcador cuando Gonzalo Plata aprovechó un rechace de un disparo de Valencia y de potente zurdazo estrelló el balón en el larguero con Noppert ya batido.

El guión del primer tiempo quedó desbordado y el partido entró en una fase de desgobierno que parecía beneficiar más a Ecuador, hasta que a base de ahínco, los de Van Gaal recuperaron el hilo.

Pero Ecuador tenía subida la adrenalina y cada contacto con el balón era eléctrico, una amenaza constante, sin que De Jong pudiera ya reinar en la zona de construcción como lo había hecho en el primer tiempo.

Ecuador amenazó, pero la pólvora de Valencia ya no era suficiente. Un empate que sabe a esperanza.

Ficha técnica:

1- Países Bajos: Noppert; Timber, Van Dijk, Aké; Dumfries, Koopmeiners (De Roon, m.80), De Jong, Blind; Klaassen (Berghuis, m.69), Bergwijn (Depay, m.46), Gakpo (Weghorst, m.79)

1- Ecuador: Galíndez; Preciado, Hincapié, Torres, Porozo, Estipiñán; Caicedo, Méndez; Plata (Ibarra, m.90), Estrada (Sarmiento, m.74), Valencia (Rodríguez, m.90)

Goles: 1-0, m.6: Gapko; 1-1, m.49: Valencia

Árbitro: Mustapha Ghorbal (ALG), amonestó al ecuatoriano Méndez

Incidencias: Encuentro del grupo A de la primera fase del Mundial de Qatar disputado en el estadio Khalifa de Al Rayyan ante 44.833 espectadores.

Foto: FIFA

Uruguay se atascó con un empate contra Corea del Sur en su debut en el Mundial

EFE.- Aplacada 80 minutos por Corea del Sur, atrevida, constante y sin complejos, la selección de Uruguay entró en juego en Qatar 2022 con un empate decepcionante, ajeno a la condición de alternativa que ella misma siente frente a los favoritos, sin méritos para ganar hasta el tramo final, sin una proposición acorde a su nivel, sin ambición hasta que comprobó que el 0-0 era un destino inminente y con Fede Valverde reducido casi a la intrascendencia hasta un trallazo a última hora al larguero.

Al equipo celeste le pesó el debut. Llamado a ser un actor principal, la entrada en escena nunca es fácil en un Mundial. La presión lo apocó. Advertido estaba: un triunfo en sus últimos siete estrenos en la competición que lo desvela desde hace 72 años, desde la segunda y última vez que conquistó el planeta, desde que persigue una cima que lo esquiva una y otra vez, cuya dimensión ha sido demasiado lejana para él, quizá hasta ahora… O quizá tampoco ahora.



No hay duda por futbolistas. Ni por el proyecto de Diego Alonso, el entrenador que recompuso al equipo el pasado enero, cuando el fracaso acechaba al conjunto celeste, mucho más fuera que dentro de Qatar 2022, donde se presenta entre unas expectativas hoy por hoy desbordadas, a juzgar por cómo encaró y desarrolló su primer duelo contra Corea del Sur, sin fútbol y con un par de ocasiones: un cabezazo al poste de Godín o de un tiro a última hora de Fede Valverde a la escuadra. Lo único. Demasiado poco.

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Porque Corea del Sur puso en evidencia un buen rato a Uruguay, desnortada, sin solución ni recursos al partido que le sobrevino de repente, a un adversario sin complejos, que entiende que todo lo que sea ir más allá de la fase de grupos será superar cualquier límite imaginable para él, que dispuso de Son Heung Min, enmascarado y un fenomenal futbolista, y de un grupo entusiasmado y dinámico de jugadores en torno a una idea clara.

Determinado a no ser una comparsa en este Mundial, le gritó directamente a la cara a Uruguay que estaba preparado para contrarrestarlo, llevarlo al límite y comprometerlo en su propio territorio, del que tardó un mundo en salir el equipo celeste, agobiado por el plan diseñado por Paulo Bento, presionando sin el balón, y reducido a poca cosa cuando el partido ya había consumido sus primeros 20 minutos. Ni siquiera presionó, tan esencial.

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Sólo el fútbol directo alivió a Uruguay. Los dos pelotazos cruzados de Giménez desde su campo, combinados con la velocidad de Pellistri, el veloz chico de 20 años en el que la convicción de Diego Alonso es absoluta (no ha jugado en toda la actual temporada con su club, el Manchester United, pero es un fijo en la selección nacional), fueron la mejor -la única- opción entonces para el equipo uruguayo. Su única manera. Su única respuesta.

No funcionó el medio campo con la posesión. Lo delató la secuencia repetitiva de pases horizontales que intercambiaron Godín y Giménez. Ni Vecino ni Bentancur ni Valverde, cuya demarcación en el campo, bastante más retrasado en sus primeros pasos en el mundial que en sus momentos más deslumbrantes en el Real Madrid, contrasta con sus cualidades más visibles, con la fuerza, el recorrido, el tremendo tiro y la extraordinaria llegada del ‘Halcón’, un portento cuya influencia se rebajó este jueves, demasiado lejos para volar de verdad, hasta la ofensiva final, cuando sí se acercó al área, al hábitat que desata sus cualidades.

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Cierto es que, por sorpresa, irrumpió en la primera ocasión realmente visible de su conjunto, allá por el minuto 20 ya, con un control y un tiro demasiado alto, tanto como que fue una aparición puntual, más circunstancial que expresiva, en la sombra por la que transitó Uruguay casi todo el duelo. También tuvo un centro al que no llegó Darwin. Incluso un cabezazo de Diego Godín al poste, en un córner. Nada fruto de una superioridad.

Es más, entre lo uno y lo otro, Hwang Uijo demostró que no es ni Luis Suárez ni Darwin Núñez, el ataque del que sí dispone Diego Alonso, ni tampoco Edinso Cavani o Maxi Gómez, los recambios en el banquillo, cuando remató la mejor ocasión de todo el primer acto a las nubes, cuando Sergio Rochet intuía el daño en su portería. Si la hubiera agarrado Son Heung Min, probablemente, Uruguay habría lamentado mucho más su insustancial primer tiempo, igual que si Giménez no se hubiera cruzado ante él como lo hizo a la vuelta del descanso.

Del vestuario salió la misma Uruguay. Desdibujada, ya sin coartada. No la tiene que en los primeros siete minutos del segundo periodo no fuera capaz ni siquiera de ir más allá de su medio campo. O que viviera todo ese tiempo refugiado en torno a su valor más preciado de todo el encuentro, su propia portería, a la espera de acontecimientos, con los futbolistas que tiene y con la ambición que ha publicitado en sus horas previas al Mundial en Catar.



No la demostró este jueves en el estadio Ciudad de la Educación, hasta el tramo final. Por lo menos, con la suficiente nitidez que exige un torneo como el Mundial, sea cual sea la fase y el adversario. Es una competición que no espera ni tampoco perdona la indecisión ni la indefinición que delató el partido del equipo celeste hasta la ofensiva final, a años luz de lo que pretende ser y de lo que debe para presentarse de verdad como un aspirante a un éxito sólo para los mejores.

Rebasada la hora del partido, apenas había reaparecido en un contragolpe de Darwin Núñez. Lo hizo todo él. Una individualidad entre el ocaso colectivo. Fue un impulso para ir más allá. También el primer cambio de Diego Alonso (Cavani por Luis Suárez, goleador por goleador). Aún quedaba la ofensiva final, cuando de verdad sí se reconoció a sí mismo, muy tarde, con la presión del crono, y con un tiro al larguero. El final de un 0-0 decepcionante.

Foto: EFE