Alessandro Del Piero, el eterno capitán de la Vecchia Signora

Tony Cittadino (Mallorca).- Se escribe Alessandro Del Piero, pero se pronuncia Juventus. Así se puede resumir lo que significa el delantero italiano para el equipo de Torino. Un futbolista que estuvo en las buenas y en las malas, dejando una huella difícil de borrar y que servirá de ejemplo a generaciones.

Del Piero nació el 8 de noviembre de 1974 en Conegliano (Treviso) y tuvo como a uno de sus ídolos en el fútbol a Diego Armando Maradona. Su madre Bruna era ama de casa y su padre Gino era electricista. Su pasión por el fútbol le llevó a que su papá le acondicionara un pequeño lugar fuera de la casa.

“Mi padre era electricista y fuera de la casa había un espacio, donde colocó tres lámparas. De noche teníamos el campo iluminado y soñábamos con la Liga de Campeones. Es de los momentos más felices de mi vida”, dijo a la RAI en un documental.

Comenzó a jugar a los 8 años en el AC San Vendemiano y su madre le pidió a su primer entrenador, Umberto Prestia, que lo dejara como portero, para que no corriera y no se hiciera daño. ¡Menos mal que no le hizo caso! El muchacho se fajó como los buenos y años más tarde le tocó sustituir a Roberto Baggio, tomar su lugar en el campo, su dorsal 10 y escribir páginas doradas en la Juve y en la selección italiana.

Su primer equipo profesional fue el Padova, con el que debutó en la Serie B el 15 de mayo en la temporada 1991-1992. Tan sólo jugó cuatro partidos y no anotó. En la campaña siguiente, saltó al campo en 10 choques y marcó su único tanto.

El salto de calidad llegó el 28 de junio de 1993, cuando fue firmado por la Juventus, club con el que jugó 19 temporadas. Los contactos con el Milan no dieron frutos y el presidente de la Juve, Giampiero Boniperti, no dudo en firmarlo. Su primera temporada fue la 1993-1994 y usaba el dorsal 16. El 12 de septiembre de 1993 se estrenó como goleador ante la Reggiana, luego de entrar al minuto 74 en sustitución de Fabrizio Ravanelli.

Recibió un pase en profundidad y en el mano a mano, definió de zurda, cruzado al vertical izquierdo. Luego del gol, fue “bautizado” en la celebración por el equipo. “Todos mis compañeros celebraron conmigo y hacía mucho calor. En ese momento, Baggio tenía una bolsita con agua, que abrió y me la echó en la cabeza”, dijo Del Piero en declaraciones al programa Sfide de la RAI.

El 20 de marzo ante el Parma firmó su primer triplete, respondiendo a la confianza del director técnico Giovanni Trapattoni. En total, jugó 11 partidos en la liga y marcó con cinco goles. Al final de los entrenamientos, solía quedarse con Baggio practicando los tiros libres. Esas clases valieron la pena, porque los goles a balón parado fueron una de sus especialidades.

Se consolidó como jugador

En la contienda 1994-1995 llegó Marcello Lippi al banquillo, ganando mayor responsabilidad en el equipo. Ya usaba el dorsal 10. Ante la Fiorentina marcó uno de sus goles más emblemáticos, al recibir un centro desde la media cancha de espaldas al arco y en plena carrera, sin dejarla caer, remató de derecha, con un toque sutil, para darle la victoria a la Juve tres por dos. Así firmó la remontada luego de ir perdiendo dos por cero y enrumbar el título de liga.

Su crecimiento no paró y se estrenó como artillero en Europa, al anotar ante el Borussia Dortmund en la Liga de Campeones. Fue el 22 de noviembre de 1995, con una perla que terminó reafirmando su “Gol a la Del Piero”. Eran remates al arco con efecto y al segundo palo, al que no podían llegar los arqueros por más que se estiraran. Fue el primero de cinco goles consecutivos en esa fase de grupos de la Champions.

Poco a poco se fue convirtiendo en uno de los mejores jugadores que dio la generación de mediados de los 90, comparado constantemente con otros atacantes estelares como el brasileño Ronaldo y el español Raúl.

La temporada 1995-1996 fue la consagración como jugador. Baggio se había marchado al Milan y Alex no defraudó, al punto de ser una pieza clave en de la Liga de Campeones. En cuartos de final liquidó al Real Madrid con un gol de tiro libre y en la final se tituló para ganar su única Champions y la segunda del equipo.

“Todas estas cosas sucedían, hacían pensar que eran predestinado. Era fanático de buscar la victoria y mejorar. Todo lo veía como un reto”, explicó Del Piero en Sfide.

El éxito no paró y el 26 de noviembre de 1996 anotó el tanto del triunfo, para que la Juventus venciera a River Plate y se quedara con la Copa Intercontinental. Pinturicchio, apodado así por ex presidente del club de la Juve, Giovanni Agnelli, fue el mejor jugador del encuentro.

“Sabíamos que este logro era más prestigioso y hacerlo de esta manera, nos hace felices de corazón”, dijo Del Piero luego del encuentro a la RAI.

El año 1997 también comenzó con títulos, al derrotar al PSG en la Supercopa de Europa. La Juve ganó con global de 9-2 y Alex marcó en los dos encuentros. Con apenas 22 años, ya sumaba la liga italiana, la Liga de Campeones, la Copa Intercontinental y la Supercopa de Europa.

La Vecchia Signora jugó otras dos finales consecutivas en Europa. La de la campaña 1996-1997, que perdió ante el Borussia Dortmund tres por uno y en la que Del Piero marcó un golazo de taco y la de la zafra 1997-1998, por la mínima diferencia ante el Real Madrid.

“Más allá de la mala suerte u otra cosa, creo que es justo admitir que también fueron mejores que nosotros. Creo que podíamos hacer algo más”, expresó luego de la final ante los españoles a la RAI.

En esta última temporada europea, terminó como líder goleador de la Champions con 10 tantos. Cuatro de ellos se los endosó al Mónaco en la semifinal, siendo a su vez, tres en el partido de ida en Torino.

Aunque el equipo bianconero no se tituló en Europa, sí pudo hacerlo en casa, al lograr el segundo título consecutivo y el 25 de la historia.

Altos y bajos

Del Piero disputó con Italia su primer Mundial en Francia 1998, quedando eliminados en octavos de final ante Francia, a la postre el campeón. Luego comenzó la campaña 1998-1999 y, con ella, llegó la lesión más dura de su carrera. El 8 de noviembre, un día antes de su cumpleaños, sufrió ante el Udinese una fractura en la rodilla izquierda.

Corría el minuto 92, cuando entró al área a disputar un balón. Salió llorando del dolor en camilla y con las manos en la cabeza. Se operó en Estados Unidos y estuvo fuera de acción durante nueve meses. Su ausencia en el campo fue un desastre para la Juve, que a final de temporada llevó a Lippi a renunciar.

Su regreso fue en la contienda 1999-2000, luego de renovar con el club por cinco años y 10 millones de liras al año (antes ganaba 3,5 millones). “No sé si soy el mejor pagado, porque no es mi aspiración, pero creo que es adecuado al mercado actual. Mi primer deseo, luego de estos meses de inactividad forzada es de volver a jugar”, expresó a la RAI, luego de la rueda de prensa en la que se anunció el acuerdo.

Para entonces, en su retorno al fútbol encontró a Carlo Ancelotti como director técnico. Su primer juego fue el 4 de agosto de 1999, ante el Rostov de Rusia, en la semifinal de la extinta Copa Intertoto, que terminaron sumando a la vitrina de trofeos. Ingresó al minuto 55, sirvió una asistencia para gol de Filippo Inzaghi y luego anotó otro.

Se recuperó y jugó la Eurocopa 2000 con la selección italiana. En la fase de grupos marcó ante Suecia, pero perdió la final ante Francia dos por uno, con el famoso Gol de Oro de David Trezeguet. En ese juego, falló dos oportunidades claras de gol antes del pitazo final.

Otro duro momento llegó en la temporada 2000-2001, cuando falleció su papá. El 18 de febrero marcó un gol ante el Bari y se lo dedicó. “En ese momento, muchas personas pensaron que no volvería a ser el mismo jugador de antes, porque cuestionaban todo si hacía algo bien. Tuve momentos de altibajos, con mejores momentos de forma que otros”.

Lippi regresó a la Juve en la zafra 2001-2002 y con él, también volvieron los triunfos. “Cuando regresé, encontré al mismo Del Piero. Incluso, me conseguí con un jugador más fuerte después de la lesión”, dijo Lippi al programa Sfide.

En esta nueva etapa, Del Piero arrancó como capitán, distinción que tuvo hasta su retiro en 2012. En el primer juego, anotó un doblete en la victoria ante el Venecia de cuatro por cero. Su primer gol en la edición de la Champions 2001-2002 fue ante el Rosenborg, para el empate a uno en condición de visitante.

“La motivación feroz con la que Del Piero entrenó desde el primer día, me hacía pensar que con todas sus fuerzas quería volver a niveles excelentes, como los que mostró ante el Rosenborg”, dijo Lippi luego del encuentro a la RAI.

“No puedo limitarme personalmente por hacer un buen juego y anotar un gol en Europa después de tanto tiempo. Tenemos que mirar los objetivos importantes”, declaró Alex al mismo medio de comunicación.

Del Piero volvió a brillar el 5 de mayo de 2002, para darle el título 26 de la liga a la Juve y el cuarto para él. Anotó el segundo tanto en la victoria ante el Udinese. El triunfo, a su vez sumado a la derrota del Inter ante la Lazio, fue más especial. El equipo bianconero volvía a ganar el scudetto.

El delantero disputó en junio su segundo Mundial, también sin éxito. Marcó ante en México de cabeza en la fase de grupos, para darle el empate a Italia a un gol y así avanzar a octavos de final. En esa instancia, la Azzurra quedó eliminada en un partido polémico ante el anfitrión, Corea del Sur.

La campaña 2002-2003 comenzó con otro título. Anotó par de tantos, para ganar la Supercopa de Italia ante el Parma. Ante el Brescia, anotó su gol 100 en Serie A. El 26 de enero de 2003 anotó otro tanto para la galería ante el Piacenza, que dedicó a Gianni Agnelli, quien había fallecido dos días antes por cáncer de próstata.

“Pienso que nos dejó el que siempre me sorprendió. Tenía siempre una capacidad para hacerlo en cada situación”, declaró visiblemente triste antes del partido.

A finales de abril de 2003 ya se había colgado otra medalla de campeón de la liga italiana y el 14 de mayo, protagonizó una de las remontadas memorables de la Juve en la Champions. Anotó el segundo gol de la victoria de tres por uno ante el Real Madrid en el Delle Alpi, para avanzar a la final. Fue el partido que registró el récord de asistencia al estadio con 75 mil personas.

“Preparamos el partido como algo histórico, porque así tenía que ser. Enfrente teníamos al Real Madrid, con jugadores ganadores del Balón de Oro. Probablemente fue el partido más bello. El estadio estaba lleno y teníamos la convicción de ganar. Se sentía en el aire. Fue una noche mágica para todos”, recordó en Sfide.

La Juve volvió a caer en el partido decisivo. Esta vez ante el Milan de Maldini, en la primera final italiana de la historia. Empataron sin goles en 120 minutos y los rossoneros se impusieron en penales 3-2.

Los problemas con Capello

Fabio Capello llegó en la temporada 2004-2005 como director técnico a la Juve y fue un momento duro para Del Piero. Fue perdiendo minutos de juego y ya no era titular. La llegada al club del sueco Zlatan Ibrahimovic, le quitó espacio. La relación con el técnico no fue la mejor, aunque siempre respondió como suplente.

“No fue algo fácil para mí, porque nunca estuve acostumbrado a este tipo de situaciones. Pero siempre creí en mí, al igual que otras personas. Fui jugando 5 minutos como suplente, luego 15 y luego fui titular en algunos juegos. De ahí en adelante, fueron sucediendo cosas importantes para mí”, rememoró Del Piero a Sfide.

El 8 de mayo de 2005 realizó una chilena al límite del área por la banda izquierda, para asistir a Trezeguet, quien de cabeza anotó el gol para vencer al Milan en el juego directo que, al final, les dio el título. La dupla de ataque que hizo con el francés, fue de las mejores de Europa en su momento.

La situación con Capello no cambió en la temporada 2005-2006. Pinturicchio debió reinventarse una vez más y lo consiguió. El 10 de enero se convirtió en el goleador histórico del club, superando las 182 dianas de Boniperti. Anotó tres tantos ante la Fiorentina y llegó a 185, en la vuelta de los octavos de final de la Copa Italia en el Delle Alpi.

La campaña terminó con otro scudetto, que a la postre fue revocado junto con el del año anterior por el escándalo Calciopoli. Del Piero asistió al Mundial con Italia y se consagró campeón del mundo. En semifinales anotó en tiempo extra para sepultar a Alemania con el dos por cero y en la final, marcó uno de los penales para batir a Francia.

El infierno de la Serie B

La temporada 2006-2007 inició en la Serie B y en el Estadio Olímpico de Torino, pues el Delle Alpi se comenzaba a demoler para la construir el Juventus Stadium. Fue inédito que un campeón del mundo se quedara en el equipo al descender de categoría, al igual que sus compañeros Gianluigi Buffon y Mauro Camoranesi. Sin embargo, dos figuras más de envergadura y amor por la camiseta decidieron apostar por el renacimiento: Pavel Nedved y David Trezeguet.

Fue el momento de reafirmar la famosa frase escrita en una carta al equipo y a los fanáticos, en la que anunció su continuidad, cuando renovó su contrato en 2003 hasta 2008: “Un caballero nunca abandona a su señora”.

El 28 de octubre de 2006 ante el Frosinone marcó el gol 200 con la camiseta de la Juventus. “Estamos felices, porque es algo positivo a pesar de las dificultades que hemos conseguido hoy y en Trieste. Ganar también en partidos como estos es algo muy significativo”, señaló mítico 10 en declaraciones a la RAI.

El 20 de enero de 2007, sumó otra cifra importante. Ante el Bari disputó su juego 500 con el club, anotó un gol y dio dos asistencias para la victoria de cuatro por dos.

Ese trago amargo en la Serie B, le permitió sumar el título de goleador con 21 tantos y al año siguiente, en la Serie A, ser también el máximo artillero con 20 dianas. Es el primero en la historia del calcio en ganar la distinción en ambos torneos consecutivos tras subir de categoría.

Durante la celebración en el campo por retornar a la Serie A, agradeció a los fanáticos a los micrófonos de la RAI. “Hemos hecho un camino muy largo y agotador, pero cada uno de nosotros merece festejar y aplaudir a todas las personas que nos han seguido y nos han apoyado”.

El renacimiento

No fue fácil el regreso a la Serie A y a las competiciones internacionales. Sin embargo, Del Piero siempre dejó su huella. La campaña 2008-2009 fue brillante en Europa. Se estrenó en la fase de grupos de la Champions el 17 de septiembre, anotando un golazo de tiro libre desde la media cancha ante el Zenit, para darle la victoria a la Juve uno por cero.

Luego, el 21 de octubre, volvió a sentenciar al Real Madrid. Esta vez con un misil desde fuera del área en Torino. La Juve ganó ese juego dos por uno. En la vuelta, también perforó las redes. Fue el 5 de noviembre. Marcó los dos goles para vencer a los merengues, siendo el primer italiano en marcar un doblete en el Santiago Bernabéu, estadio del que salió ovacionado al ser sustituido por Paolo De Ceglie.

“Fue lo máximo, en un partido tan importante. Ganar, marcar dos goles y luego lo que sucedió con el público. Es lo más bello que le puede pasar a un jugador, porque es un reconocimiento sincero que supera todo. Esta noche estoy orgulloso y muy feliz. Agradezco a la gente de Madrid y recordaré esta noche por mucho tiempo”, dijo Del Piero al final del partido a los micrófonos de Sky Sports.

La despedida

La campaña 2010-2011 fue importante para implantar registros históricos y también en la que firmó la última renovación de contrato de un año y un millón de euros. El 30 de octubre de 2010 durante la victoria por 2-1 sobre el Milan en San Siro marcó su gol número 179, superando a Giampiero Boniperti como el goleador histórico de la Juventus en la Serie A.

El 5 de febrero de 2011 en la victoria por 3-1 sobre el Cagliari Calcio durante la vigésima cuarta jornada del campeonato, llegó a las 444 apariciones en la Serie A superando nuevamente a Boniperti y estableciendo así un nuevo récord.

Su última temporada con la Juve fue la 2011-2012, que inició con Antonio Conte como director técnico y con el estreno del Juventus Stadium. El 18 de octubre durante la asamblea de accionistas, el presidente Andrea Agnelli anunció que el contrato de Del Piero se vencía al final de la zafra y no sería renovado.

“Estaba en el acuerdo y lo había dicho Alessandro de primero. Hoy le damos un justo tributo al hombre y capitán que ha representado la historia de la Juventus”.

Fue titular en el primer juego en el nuevo estadio fue el 11 de septiembre de 2011, con victoria ante el Parma de cuatro por uno. Su primer gol lo marcó el 24 de enero de 2012, en el partido de cuartos de final de Copa Italia ante la Roma.

Fue un disparo al ángulo superior izquierdo desde la frontal del área, con el que volvió a hacer historia como el único jugador de la Juventus en marcar en cuatro estadios distintos del club: Estadio Comunale, Estadio Delle Alpi, Estadio Olímpico de Turín y Juventus Stadium.

Su magia volvió a verse el 25 de marzo marzo, cuando anotó su primer gol en la liga. También fue como local y esta vez la víctima fue el Inter de Milan. Perforó las redes para el 2-0, que desató la locura en Torino. El 11 de abril jugó su partido 700 y con un gol de tiro libre ante la Lazio, acercó más a la Juve al primer título después del escándalo de Calciopoli.

Su último encuentro con la Juve en la Serie A fue el 13 de mayo de 2012, cuando vencieron al Atalanta tres por uno y anotó el último tanto de su carrera y el 290 de por vida, siendo el máximo anotador del club. Fue un disparo desde fuera del área al minuto 28. El capitán fue sustituido en el minuto 57 por Simone Pepe y la ovación duró hasta el final del encuentro.

Del Piero, ahora con 37 años, recorrió el estadio a los costados de la cancha. El juego se seguía disputando, pero nadie lo veía. Pinturicchio era el centro de atención. La Juve se convirtió en el primer equipo en la historia en ganar de forma invicta la Serie A (23 victorias y 15 empates).

“El cariño demostrado por la gente, va más allá de lo que sucedió hoy. Nació hace 19 años y con el tiempo se consolidó con momentos únicos, en el bien y en el mal. Conocen todo lo que di. Pasión, sobretodo. Ganas de ganar y victorias. Hoy fue un bellísimo último partido de la temporada y no podía ser mejor para mí”, dijo Del Piero al final del partido a la RAI.

Semanas antes del juego del retiro, la directiva del equipo había pensado en la posibilidad de retirar el dorsal 10 en su honor, pero Pinturicchio pidió que no lo hicieran. “No quiero que se retire. Quiero que los niños sigan soñando vestir esa camiseta algún día. Espero que los que la usen, tengan una carrera tan fantástica como la mía”.

El último duelo en el calcio fue una semana más tarde. El 20 de mayo disputó la final de la Copa Italia en el estadio Olímpico de Roma. El Napoli se llevó el trofeo, con victoria de dos por cero.

Del Piero se convirtió en una bandera de su generación y con el equipo de su vida, al igual que Paolo Maldini en el Milan o Francesco Totti en la Roma. Un jugador que entró en la historia de la entidad bianconera para siempre y con el que dejó un palmarés exitoso: ocho campeonatos de Serie A (dos revocados), cuatro Supercopa de Italia, una Serie B, una Copa Intertoto, una Copa Italia, una Liga de Campeones, una Supercopa Europea y una Copa Intercontinental..

Los ídolos del fútbol que no ganaron el Mundial en su mejor año

Tony Cittadino (Mallorca).- Cada vez que se juega un Mundial de Fútbol, los mejores jugadores luchan por llevar a sus selecciones a alzar la copa. Solo una oncena puede hacerlo y no siempre gana el que tiene, al que pareciera, el mejor jugador del momento. De una muestra de ocho jugadores élite que ganaron el año anterior el Balón de Oro, el premio FIFA World Player o el mismo año la Liga de Campeones (antigua Copa de Europa), sólo Ronaldo pudo redimirse en 2002 tras su fracaso en 1998.

A continuación, repasamos la historia de cada uno de ellos.

Johan Cruyff, Alemania 1974

Considerado uno de los mejores jugadores del mundo, junto con Pelé y Maradona,  ganó el Balón de Oro en las ediciones de 1971, 1973 y 1974 y tras sumar trío de Copas de Europa con el Ajax en los torneos de 1970-1971, 1971-1972 y 1972-1973, se quedó a las puertas de la gloria con Holanda en Alemania 74, la selección recordada como la “Naranja Mecánica”.

Los holandeses cayeron en la final ante Alemania Federal, liderados por el defensa Franz Beckenbauer, quien también estaba en su mejor momento. Tiempo después del juego decisivo, el “Kaiser” comentó: “Cruyff era el mejor jugador, pero yo fui el campeón del mundo”.

Cruyff disputó su única Copa del Mundo en el 74, participando en siete juegos y anotando tres goles. Fue uno de los mayores protagonistas del Fútbol Total y fue condecorado como el Mejor Jugador del torneo. Luego se retiró y pasó al banquillo, siendo considerado como uno de los mejores entrenadores del mundo, al liderar, por ejemplo, al Barcelona que fue recordado como el Dream Team de Cruyff a comienzos de los 90.

Michel Platini, México 1986

El mítico 10 francés falló en España 1982 y México 1986. En este último torneo, Francia llegó a semifinales y fue superada por Alemania dos por cero. Platini venía de ganar el Balón de Oro en 1983, 1984 y 1985, todos con la Juventus.

Con los italianos también ganó la Recopa de Europa en 1984 y la Copa de Europa en 1985. Además venía de triunfar en la Eurocopa con Francia en 1984 y de ser líder goleador del calcio entre 1982-1983 y 1984-1985, con un total de 54 dianas.

El francés apenas anotó dos goles en seis partidos con los galos. Uno ante Italia en octavos de final y otro ante Brasil en cuartos de final. Cayeron en la semifinal ante Alemania Federal dos goles por cero, pero derrotaron a Bélgica cuatro por dos, para quedarse con el tercer lugar.

En ese Mundial terminó brillando Diego Armando Maradona, quien también tenía pergaminos de peso para besar la gloria con Argentina.

Marco van Basten, Italia 1990

El delantero fue otro de los magistrales jugadores que han pasado por Holanda sin poder levantar la Copa del Mundo. Sin embargo, dos años antes había ganado la Eurocopa de 1988, al vencer a la extinta Unión Soviética dos por cero, anotando uno de los tantos y finalizando como máximo goleador con cinco dianas.

Fue el Mejor Jugador de la FIFA y Balón de Oro en 1988 y 1989, tras liderar al mítico Milan que además se consagró campeón de la Copa de Europa en 1989 y 1990. Con los rossoneros, antes del Mundial, había logrado una liga y una Supercopa en 1988, además de una Supercopa y un Copa Intercontinental en 1989.

Con el club lombardo sumó entre todas las competiciones jugadas entre las campañas 1987-1988 y 1989-1990, un total de 65 goles en 196 juegos, con 18 asistencias.

La travesía de Holanda en el Mundial de Italia 90 finalizó en octavos de final, otra vez ante Alemania Federal. Esta vez, la derrota fue de dos goles por uno. Los teutones terminaron ganando el campeonato de la mano del capitán Lothar Matthäus y dirigidos por “El Káiser” Franz Beckenbauer.

Roberto Baggio, Estados Unidos 1994

Roberto Baggio llegó a Estados Unidos siendo Balón de Oro en 1993 con la Juventus y FIFA World Player el mismo año, pero el delantero, a pesar de ser la figura indiscutible de Italia y marcar cinco goles, no pudo consagrarse campeón y se le recuerda, injustamente, como el villano de los italianos al fallar un penal para que la Copa se fuera a Brasil.

“Il Codino”, ganó la Copa UEFA 1992-1993 con la Vecchia Signora y de la temporada 1990-1991 a la 1993-1994, marcó 102 en 171 juegos. En la campaña previa al Mundial, perforó 22 veces las redes en 41 choques en todas las competiciones.

Además se echó a la selección al hombro, al marcar dos goles ante Nigeria, uno ante España y otro par contra Bulgaria, para sellar el pase a la gran final. Sin embargo, en el partido decisivo ante la Brasil de Romario y Bebeto jugó lesionado y terminó errando el penal en el Rose Bowl de Los Ángeles. Así la canariña alcanzó el tetracampeonato.

Ronaldo, Francia 1998

Ronaldo se tituló con Brasil sin jugar en 1994, pero en Francia 1998, cuando estaba en el tope, no pudo alzar la copa. En 1996 fue medallista olímpico con la canariña, al colgarse el bronce, y fue Bota de Oro con 34 goles con el Barcelona. En esa misma campaña con los azulgranas, triunfó en la Copa del Rey, la Supercopa de España y la Recopa de Europa, con el gol de la victoria ante el PSG.

También fue campeón de la Copa América Bolivia 1997, al anotar cinco tantos, uno de ellos en la final para vencer a los locales tres por uno. Además levantó la Copa Confederaciones 1997, dejando balance de cuatro goles en cinco juegos. En la final anotó un hat-trick en la goleada ante Australia de seis por cero.

El segundo goleador en la historia de la Copa del Mundo con 15 dianas, pasó en 1997 al Inter de Milán y allí volvió a ganar el FIFA World Player y, además, sumó su primer Balón de Oro. Justo en la campaña previa al Mundial, sumó 34 goles y 5 asistencias en 47 juegos en todas las competiciones. Con los italianos, fue campeón de la Copa UEFA y marcó uno de los tres tantos para derrotar a la Lazio tres por cero.

En la final del Mundial ante Francia, de la cual mucho se ha especulado sobre ciertas anomalías, no rindió lo esperado y Brasil cayó 3-0 ante los galos de Didier Deschamps, Zinedine Zidane y compañía. En esa Copa del Mundo marcó cuatro tantos en siete partidos.

Sin embargo, el “Fenómeno” se recuperó de ese golpe y de las lesiones. Se sacó la espina en Corea Japón 2002, al ganar su segunda Copa del Mundo y quinta para Brasil. En la final, marcó los dos tantos en la victoria ante Alemania de dos por cero y fue el máximo anotador con ocho dianas.

Ronaldinho, Alemania 2006

Ronaldinho también llegó por las nubes al Mundial y con la misión de revalidar el título ganado con Brasil en 2002.

En 2005 se apoderó del Balón de Oro y, para entonces, era considerado el mejor del mundo. Tenía a su favor el ganar la Liga de Campeones 2005-2006 con el Barsa y el FIFA World Player en las ediciones 2004 y 2005. Fue la mejor versión de Dinho que se haya visto, pero se desvaneció.

Con los culés, también ganó dos ligas (2004-2005 y 2005-2006) y dos Supercopa de España (2005 y 2006). Desde la 2003-2004, hasta la 2005-2006, jugó 132 partidos, anotó 61 goles y dio 40 asistencias en todas las competiciones.

Con la “verdeamarela”, fue campeón sub17 y campeón del mundo en Corea y Japón. En ese torneo, marcó cuatro goles en seis partidos, uno de ellos el recordado golazo de tiro libre ante Inglaterra. Fue campeón de la Copa Confederaciones 2005, tras marcar cinco goles en cinco partidos, uno de ellos en la final ante Argentina, ganada cuatro por uno. En ese torneo, fue Balón de Oro y Bota de Oro.

En Alemania 2006, jugó cinco choques y no anotó goles. Su desempeño no fue suficiente y Francia arrolló a Brasil en cuartos de final con una clase de fútbol de Zidane, quien a la postre fue expulsado en la final e Italia alzó el cuarto título de su historia en Berlín.

Lionel Messi, Brasil 2014

Luego de su experiencia en Sudáfrica 2010, Mundial al que llegó con dos Balones de Oro a cuestas, el oro olímpico en 2008 y las seis copas con el Barcelona en 2009, el argentino estuvo más cerca de la gloria en la Copa del Mundo celebrada en Brasil, pero Argentina perdió la final ante Alemania un gol por cero en tiempo extra. Anotó cuatro goles en siete partidos y fue clave para que la albiceleste jugara la gran final, la primera para la selección desde 1990, casualmente, ante los teutones.

En la fase de grupos, anotó en el debut frente a Bosnia, le dio el gol de la victoria en tiempo extra para vencer a Irán uno por cero y le anotó otro par a Nigeria. Aunque en la segunda fase del torneo no perforó las redes, fue clave en el juego colectivo de la selección. Terminó siendo el Balón de Oro, premio que fue polémico y que él mismo recibió con amargura.

Por su parte, Cristiano Ronaldo llegaba siendo el ganador de las dos últimas ediciones del Balón de Oro y reciente ganador de la Liga de Campeones con el Real Madrid. Su participación en la Copa fue más corta que la de Messi, pues Portugal quedó eliminada en la fase de grupos de forma estrepitosa. Tan sólo anotó un gol en tres partidos, al marcarle a Ghana en el último duelo para darle la victoria de dos por uno a los lusitanos.

Cristiano Ronaldo, Rusia 2018

Cristiano llegó al Mundial sacando el pecho, tras ganar dos Balón de Oro en fila y tres Liga de Campeones al hilo con el Real Madrid. En cada una, fue decisivo. En la edición 2015-2016, anotó el último penal de la tanda, para que los merengues vencieran al Atlético de Madrid, luego de empatar a un gol en 120 minutos. Fue el máximo anotador del torneo, con 16 tantos en 12 choques.

En la edición 2016-2017, marcó dos de las cuatro dianas con las que derrotaron a la Juventus cuatro por uno. Terminó como el goleador del torneo, con 12 goles en 13 juegos. En tanto, en la edición 2017-2018 deleitó al mundo con un golazo de chilena ante la Juventus en cuartos de final. En ese duelo, marcó dos de los tres goles en la victoria española de tres por cero.

En la vuelta, anotó el tanto de la victoria con un penal en el tiempo de descuento. Finalizó con 15 goles, nuevamente como el mejor del torneo. Por si fuera poco, en 2016 había llevado a Portugal a ganar su primera Eurocopa, si bien salió lesionado en la final ante Francia.

El lusitano debutó por todo lo alto en el Mundial, al anotarle un hat-trick a España y luego marcó el tanto de la victoria por la mínima diferencia ante Marruecos. Portugal cayó en octavos de final ante Uruguay dos por uno y Cristiano terminó el torneo con cuatro goles en cuatro juegos.

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Dioner Navarro, el receptor que fue campocorto y llegó a las Grandes Ligas

Tony Cittadino (Mallorca).- Dioner Navarro es otro ejemplo de que la perseverancia da frutos. El receptor venezolano no se detuvo hasta llegar a las Grandes Ligas y ser regular, siendo además un jugador clave para que los Rays de Tampa Bay disputaran la Serie Mundial de 2008 ante los Filis de Filadelfia.

Navarro, que fue el único venezolano presente en el “Clásico de octubre” de ese año que su equipo perdió en cinco juegos, nació en Caracas el 9 de febrero de 1984 y fue el segundo de tres hermanos. Su padre Francisco y su madre Rosa, recibieron al equipo de TalCual en un apartamento en Caracas cerca del palacio de Miraflores en 2008 y recordaron con orgullo cómo fue el camino para que el pelotero lograra el sueño de llegar al Big Show.

Al entrar en la casa, reposaban en un mueble los periódicos del día que, en su gran mayoría, tenían en primera plana la foto de su hijo. Esa noche, Navarro estaría detrás del plato en el primer juego de la Serie Mundial con Tampa Bay, club con el que disputó cinco de las 13 campañas que ha disputado en las Grandes Ligas. “Fran, mira esta foto de Dioner”, decía la señora Rosa visiblemente emocionada a su esposo, quien con los ojos brillantes observaba el ejemplar.

“Y pensar que el año pasado cuando lo fui a visitar, me presentó al dueño del equipo y le dijo en tono jocoso que, a diferencia de otras temporadas, ese año si aparecía en todas las campañas publicitarias”, respondió Francisco.

Ambos coincidían en que “Navi”, como le dicen en Estados Unidos, nació con cualidades innatas para el beisbol. Comenzó a jugar a los cuatro años en el equipo Aguiluchos de los Criollitos de Venezuela y fue el campocorto por casi siete años.

La señora Rosa contó que de niño jugaba con sus hermanos (Dewis, quien participaba en el beisbol en España y Darrel) en el patio del edificio o en ocasiones en la sala de la casa, donde rodaban los muebles y se imaginaban en un campo de juego.

“Cuando me escuchaban llegar arreglaban todo, pero siempre los descubría.”, dijo entre risas su madre, quien en ocasiones los alcahueteaba y en algunos partidos fungía como umpire. Además recordó que con Dioner había que pelear para que descansara, pues siempre le gustaba jugar o entrenar, tanto así, que en las noches bajaba y subía las escaleras de su edificio de 10 pisos hasta por tres veces.

En su cuarto tenía instalado una barra, en la que realizaba ejercicios. Antes de cada partido, dormía con el uniforme puesto y a la hora de levantarse no había que ir a despertarlo, pues ya estaba listo para salir a jugar.

Aunque de niño fue  fanático de los Navegantes del Magallanes, igual que su madre, sus primeros ídolos fueron Andrés Galarraga y Omar Vizquel, ambos brillantes jugadores del “Eterno Rival, los Leones del Caracas.

Por el campocorto siempre sintió más admiración y fue una motivación. “Una vez le entregaron un premio y Vizquel estaba en el acto. Cuando llamaron a Dioner no se podía parar de la emoción. Estaba estático, porque Omar era quien le daba el premio. Al final el pelotero bajó y le dio su reconocimiento. Luego se tomó una foto con él”, dijo su padre.

Sueño cumplido

Dioner se marchó a Estados Unidos con 15 años,  para estudiar en un instituto en la ciudad de Houston, donde a la vez pudiera jugar y ser visto por alguna organización de las Grandes Ligas. Allí cambió su posición en el diamante, porque le vieron mayores cualidades para ser receptor y no campocorto.

Su padre comentó que para entonces había salido al mercado un bate que le gustaba mucho a Dioner y que vendían cerca del hotel donde se estaban quedando. “Tanto hizo hasta que se lo tuve que comprar, pero en la primera práctica de bateo y al primer pitcheo se lo rompieron. Dioner se molestó muchísimo y dijo ¡no bateo más! Eso lejos de ahuyentar a los scouts, les gustó, pues tenía carácter. En ese show, sacó casi 14 de 18 bolas. Hasta partió el vidrio de una casa”.

Recién llegado a Estados Unidos, fue firmado al profesional por los scouts de los Yanquis de Nueva York, Carlos Ríos y Héctor Rincones. Fueron pasando los años y con ellos fue madurando. A los 20 ya se había casado con su esposa Sherley y continuaba trabajando fuerte para subir a las mayores. Al final, tanto esfuerzo se vio recompensado al debutar con el equipo del Bronx el 7 de septiembre de 2004.

Su padre comentó que así se cumplió uno de los sueños de su hijo. “Ese día estaba en el bullpen calentando a un pitcher y al llegar al dogout, Joe Torre le dijo que se preparara, que iba a entrar en el próximo inning. Fue tanta la emoción que no sabía qué hacer. Hasta agarró un guante que no era suyo”, dijo entre risas.

Con el conjunto de Nueva York apenas pudo disputar cinco juegos. En 2005 fue cambiado a los Diamondbacks de Arizona y en cuestión de minutos culminó en los Dodgers de Los Ángeles, divisa con la cuál jugó hasta 2006 antes de pasar en plena temporada a Tampa Bay. En esta ciudad había fijado residencia unos años antes.

Dioner, quien es amante de las arepas con carne mechada y queso, los perros calientes y las hamburguesas, comenzó con los Rays una nueva etapa en su carrera. Según el señor Francisco, el manager Joe Maddon le tiene mucha estima, ya que además de considerarlo muy buena persona, el receptor fue una de las bujías del club durante toda la temporada. Uno de los premios a su constancia, fue participar en su único Juego de Estrellas en 2008 y en esa campaña dejó promedio de .295 (427-126),  con siete jonrones, 53 carreras impulsadas y 43 anotadas.

Tampa Bay ganó la División Este de la Liga Americana con marca de 97-65, dos juegos por encima de los Medias Rojas de Boston. En la Serie de División, vencieron a los Medias Blancas de Chicago en cuatro juegos y se llevaron el banderín del nuevo circuito, al superar a los patirrojos en siete juegos. Navarro fue clave para manejar a una rotación integrada por Scott Kazmir, James Shields, Matt Garza, Andy Sonnastine y Edwin Jackson.

Una vez establecido en el club, la relación con los fanáticos de Tampa Bay fue extraordinaria. Su padre recordó un juego en Tropicana Field en el que el equipo estaba perdiendo en la novena entrada y Dioner estaba en la banca, pero todo el estadio comenzó a corear su apellido. “Eso fue muy emocionante. No hay palabras para describirlo. Ver que toda esa gente quiere y apoya a mi hijo…mira cómo se me ponen los pelos de punta”, recordó emocionado.

Una vez la familia Navarro iba saliendo del estadio Tropicana Field y había un niño con una bandera de Venezuela y una barajita de Dioner. Cuando se detuvieron para darle un autógrafo, los fanáticos reconocieron a “Navi” y se agolparon frente al carro.

“Había mucha gente pidiéndole autógrafos. Yo me bajé buscando al niño porque era pequeño y no se veía. Al conseguirlo lo metí dentro del carro y Dioner lo abrazó y le firmó su barajita. La sorpresa fue que al sacarlo su padre no sabía cómo agradecer, pues son de Barquisimeto, están en el norte desde hace 15 años y el niño es fanático de mi hijo”, sentenció su padre.

Navarro jugó en las Grandes Ligas hasta el 2016 y su último equipo fueron los Azulejos de Toronto, siendo su séptimo uniforme luego de vestir el de Yankees de Nueva York, Dodgers de Los Ángeles, Rays de Tampa Bay, Rojos de Cincinnati, Cachorros de Chicago y Medias Blancas de Chicago.

En total, disputó 1.009 juegos y tomó 3.207 turnos al bate. Conectó 802 hits y su promedio fue de .250, con 77 jonrones, 367 carreras impulsadas y 322 anotadas.

Foto: Getty Images.

Miguel Cabrera, el niño maravilla de Maracay

Tony Cittadino (Mallorca).- Quizás José Miguel Cabrera Torres nunca se imaginó en su infancia que sería uno de los mejores referentes ofensivos en el beisbol de las Grandes Ligas. Tampoco que a su corta edad, estaría perfilado a romper todas las marcas de poderosos peloteros venezolanos en las mayores.

Su habilidad con el bate y su versatilidad con el guante, lo convirtieron en una valiosa pieza del beisbol mundial, pero para llegar a ello tuvo que atravesar un largo camino de sacrificios, como seguramente miles de niños lo han hecho y que, ahora, lo tienen como modelo de superación.

En un trabajo publicado por TalCual en el año 2003 bajo la firma de Pedro Pablo Peñaloza, se descubre al pelotero como ser humano. Ese muchacho que como cualquier otro creció en la pobreza y jugando beisbol en un estadio de la comunidad. Como inspiración siempre tuvo a su madre Gregoria, quien jugó softbol como campocorto durante 14 años con el equipo femenino de Venezuela y a su padre Miguel.

El slugger nació el 18 de abril de 1983 en el Hospital Central de Maracay y su infancia transcurrió entre un bate y una pelota en el barrio La Pedrera. Detrás de la casa de su abuela Berta, había un estadio en el que muchas veces entró saltando la pared y donde hizo emocionar a cada scout que lo visitó.

Tenía la capacidad de poner la pelota donde quería. De niño fue fanático de los Leones del Caracas y a los cuatro años, ya había ingresado a la escuela de beisbol David Torres, jugando su primer partido como segunda base.

Sin embargo, Cabrera se asustó cuando vio que a un compañero le pegaron un pelotazo cuando fue a tomar su turno al bate, motivo por el cual se alejó del juego de pelota y lloraba cada vez que debía ir a las prácticas. Un año más tarde superó el miedo y volvió a los campos, donde se mantuvo en pre junior dentro de la liga Mario Briceño Iragorry.

Luego vio acción con el equipo Fanametal en Cagua y con el Tigritos, club que fue dirigido por el scout de los Rojos de Cincinnati, Félix Delgado. El talento de “Miguelito” hizo pensar en algún momento a sus familiares que los podría ayudar a salir de la situación crítica en que vivían.

Su padre trabajaba en un taller de latonería y pintura y su madre era ama de casa y ayudaba en las cuestiones de negocios familiares. La señora Gregoria indicó: “Su crianza fue un poco dura, con humildad. No exigía nada, porque comprendía la situación que atravesábamos”. En su infancia acostumbraba a jugar básquet, futbolito y junto con sus primos le gustaba visitar parques, disfrutar en las parrillas y bañarse en la playa.

Vecinos de la zona agregaron que era un buen bailador de merengue, juguetón, callado y modesto. Además sus padres lo acompañaban todos los fines de semana a los juegos de pelota. Contó con buena educación y no solía estar en la calle pasadas las nueve de la noche.

Sin embargo, las veces que lo hacía o estaba en el estadio o en una plaza jugando. Cabrera decidió tomar el camino de pelotero profesional a los 13 años. Al salir a la una de la tarde del Liceo Andrés Bello (donde luego se graduó) iba a su casa, almorzaba y luego practicaba beisbol hasta las seis de la tarde.

Ese transitar no fue fácil. Para cuidarle el brazo, su padre le prohibió jugar voleibol en el liceo, aunque él practicaba a escondidas. Era tan bueno, que hasta le habían pedido que integrara la selección nacional juvenil.

La llegada al Big Show

Poco a poco fue creciendo como pelotero y los diversos logros lo llevaron a jugar un torneo en 1997 en Estados Unidos. En ese evento se destacó, al punto de quedar campeón en los departamentos de average, jonrones, campocorto, slugger e infielder.

El talento de Cabrera fue tan notorio, que a diario los scouts visitaban La Pedrera para firmarlo. Su madre comentó que hubo noches en que no dormían estudiando las ofertas de las diversas organizaciones del beisbol del norte, pues a pesar de pensar en el dinero, siempre tuvieron más en cuenta su desarrollo como pelotero.

Sin embargo se decidieron y el 2 de julio de 1999 firmó un contrato con los Marlins de Florida (hoy Marlins de Miami) por un bono de 1 millón 800 mil dólares. Al día siguiente de la negociación, los periodistas arribaron a La Pedrera para entrevistarlo y Cabrera los recibió en shorts, descalzo y sumergido en una montaña de arena, junto al palo de almendrón del patio de la casa de la abuela.

De ahí en adelante, ha escrito muchísimas páginas de oro en su exitosa carrera. Por ejemplo, con los Marlins fue campeón de la Serie Mundial en 2003 y fue a cuatro Juegos de Estrellas (2004, 2005, 2006 y 2007) y ganó dos Bate de Plata (2005 y 2006).

Su número 24 lo ha hecho tanto o más famoso que el pelotero que le sirvió de inspiración para tomar ese dígito: el dominicano Manny Ramírez, a pesar de que es reconocida su admiración por “El Rey” David Concepción.

En el año 2008, firmó un súper contrato con los Tigres de Detroit, organización con la que ha vivido sus mejores campañas en las mayores. Luego firmó una extensión de contrato por ocho años y 153,3 millones de dólares, cifra que lo convirtió en el pelotero mejor pagado en la historia de los Tigres, en el venezolano mejor pagado en las mayores y el cuarto jugador con un contrato tan jugoso en las Grandes Ligas.

Su transitar con los felinos le llevó en 2012 a ganar la Triple Corona, al liderar los departamentos ofensivos de promedio (.330), jonrones (44) y carreras impulsadas. Fue el primer jugador en las Grandes Ligas, al lograr la hazaña desde que Carl Yastrzemski lo hizo con los Medias Rojas de Boston en 1967.

De igual forma, logró dos títulos de bateo más. Uno en 2011 (.344) y el otro en 2013 (.348).

Además en 2012 fue electo como Jugador Más Valioso de la Liga Americana y repitió el galardón en 2013. También estuvo en siete juegos de Estrellas con el nuevo circuito (2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015 y 2016) y se llevó cinco Bate de Plata con los felinos (2010, 2012, 2013, 2015 y 2016).

Aunque los tiempos han cambiado y las lesiones han mermado su rendimiento, Cabrera todavía se mantiene en la élite del beisbol, logrando hazañas y números que le allanen el camino a su futura elección al Salón de la Fama de Cooperstown.

Nota: Este trabajo fue publicado en el diario TalCual en la edición especial del año 2007..

Johan Santana, el orgullo de Tovar

Tony Cittadino (Mallorca).- Johan Santana es uno de los mejores lanzadores venezolanos que han pasado por las Grandes Ligas. Vivió sus mejores momentos con los Mellizos de Minnesota, al ganar dos premios Cy Young de la Liga Americana y con los Mets de Nueva York lanzó el primer No hit No run en la historia de la franquicia. Todo esto luego de un inicio humilde, en su terruño del estado Mérida.

“El Gocho” nació el 13 de marzo de 1979 en Tovar y a pesar de los éxitos cosechados, tuvo que trabajar muy duro desde pequeño para poder disfrutar de sus logros. Desciende de una familia muy humilde y en su infancia vendió pan con su padre (Jesús), su hermano (Franklin) y su tío (Luis) en una camioneta ranchera.

Sus estudios los realizó en el colegio Amanías Avendaño y sus inicios en la pelota se remontan a finales de la década de los 80, cuando vistió la camisa de los Chiquilines y en pre-junior la de los Corozos, teniendo como su primer entrenador a Alfredo Rubio y más tarde a Luis Morales.

Aunque Santana es reconocido como un gran lanzador, se desempeñó en las ligas infantiles como jardinero central y primera base. Llegó a utilizar lentes. Según su amigo de infancia Edwin Monsalve, siempre tuvo cualidades para jugar beisbol, al punto que en cada torneo donde participó iban los scouts a echarle un vistazo.

“Desde pequeños jugamos en el mismo equipo, fuimos a disputar torneos estadales y nacionales. Era bueno, muy bueno. Era el primer bate del equipo, siempre se destacó. También jugo básquet voleibol, aunque no a nivel profesional”.

Uno de los momentos más duros en su infancia fue cuando debía salir de viaje con el equipo debido al aspecto económico, pero siempre supo superar las adversidades. Otro de los tovareños que lo vio crecer fue Francisco Rodríguez. “Su padre fue compañero de trabajo en Cadafe. Recuerdo que salía escondido de su casa para ir a jugar y se bañaba en el río Mocotíes”.

Entre sus principales cualidades, destacaba un brazo respetado y la habilidad para conectar la bola. “Una vez jugaron contra un equipo de Caracas y un muchacho bateó y pegó la bola de la pared, pero Santana lo sacó out en tercera con tremendo disparo”, afirmó emocionado Rodríguez. En 1999 fue nombrado como el Atleta del Año en Tovar.

Como profesional disputó su primer compromiso el 15 de octubre de 1998 con los Navegantes del Magallanes ante los Caribes de Oriente y lanzó un tercio de inning. Al final de la campaña salió invicto en 14 juegos (seis iniciados) con cinco victorias  y  2.30 de efectividad en 43 entradas lanzadas.

Su última temporada completa en la LVBP fue la 2001-2002, en la que quedó campeón con los turcos. Luego reapareció en la pelota venezolana durante el round robin de la campaña 2014-2015. Apenas lanzó dos innings completos ante los Tigres de Aragua. Lanzó dos innings completos, sin permitir libertades. Realizó 17 envíos.

En las Grandes Ligas debutó el 3 de abril del 2000 con los Mellizos de Minnesota, siendo el criollo 118 en las mayores. Su mejor temporada la vivió en 2004 al ganar 20 de sus 34 presentaciones, lo que entre otras cosas le valió el Cy Young, convirtiéndose en el primer lanzador venezolano en lograrlo. Dos años más tarde repitió la hazaña.

El zurdo es un motivo de orgullo para los habitantes de Tovar. Monsalve lo observaba por televisión y representaba una alegría y una emoción indescriptible. “Siento mucho orgullo al ver a un tovareño montado en la lomita. No tengo palabras para explicarlo. Es ver a ese jugador que desde pequeño creció, jugó y compartió contigo”.

Agregó que cuando visita su pueblo, sus compañeros no lo tratan como una estrella, sino como el Santana a quien siempre han querido y no lo admiran por lo que vale, sino por lo que es.

“El pueblo lo quiere por su constancia, por ser consecuente. Gracias a Dios tenemos una amistad muy linda, que a pesar de la distancia y de las circunstancias no se ha separado. Cuando lo vemos lanzando en televisión es otra cosa. Todos nos reunimos en su casa para ver los juegos y para apoyarlo”, explicó Rodríguez.

Recordó que cuando culminaba el partido en Grandes Ligas, se iba a su casa y llamaba a sus seres queridos. “Es tremendo amigo, siempre piensa en nosotros y en su familia. Nos dice cómo están, muchachos, qué les pareció el juego”. Ellos le responden que bien y dependiendo del caso le dan consejos, pero a veces llegaba tan “molido” que ni llamaba.

Además Monsalve dijo con mucho orgullo y felicidad que cada vez que Johan lanzaba, Tovar se paralizaba y no había nadie en la calle. “Todos están o en sus casas o en los bares viendo el juego. Es más, justo antes de que empiece el partido no hay nadie en la calle. Nosotros siempre nos vamos a su casa”. Acotó que cuando logró su primer Cy Young la celebración de la gente fue a más no poder. “La alegría de la gente no era normal. Para donde fueras había alguien celebrando, contento”.

Nota: Este trabajo fue publicado en el Diario TalCual en la edición especial del año 2007..

Rafael Vidal, el pionero de la natación en los Juegos Olímpicos  

Tony Cittadino (Mallorca).- Quince años han pasado desde que el medallista olímpico Rafael Vidal, falleció en un accidente de tránsito en el municipio El Hatillo, tras ser impactado en un choque por el conductor Roberto Detto. Vidal, de 41 años para entonces, ha sido el único medallista olímpico en natación que ha tenido el país, luego de lograr el tercer lugar en los 200 metros en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.

Nació el 6 de enero de 1964 en Caracas y fue el primero de dos hijos. Tuvo una hermana, Ana Carolina. A los 7 años ya estaba en las piscinas del colegio Santiago de León de Caracas y a los 14 años ya era integrante de la selección nacional, siendo el preludio de una exitosa carrera tanto dentro como fuera del país. Entre sus entrenadores destacan Andrés Alvarado y Alfonso Victoria.

Su madre, Marina de Vidal, que fue asesinada a los 79 años en su casa de El Hatillo en 2017, lo recordó en el programa Biografías de Globovisión como un niño curioso, al que le gustaba mucho jugar. “Le gustaba correr, brincar, pero era un niño bastante obediente y le gustaba mucho curiosear. Aprendió a leer muy rápido, a los 3 años. La primaria la hizo en el colegio Saint George, que era un colegio donde hablaba inglés y español. El bachillerato lo hizo en el Santiago de León de Caracas y luego se fue a Estados Unidos”.

Sus inicios en la natación fueron gracias a ella, quien lo inscribió en las piscinas Francisco de Miranda, que están frente al Parque del Este, hoy llamado Parque Generalísimo Francisco de Miranda, en Caracas.

“Lo llevé a la natación porque quedaba cerca de la casa, pues vivía cerca, en Los Palos Grandes. También porque tenía muy mal comer, quería despertarle el apetito”, explicó en el programa Biografías. Lo que inicialmente era un curso por tres meses, se convirtió en su vocación y pasión que lo llevó al deporte élite.

Ya en bachillerato, comenzó la etapa de trabajar con Alfonso Victoria, quien lo manejó ya en la etapa profesional y fue becado en la Universidad de Florida, para estudiar administración de empresas y, luego, una maestría en ingeniería informática.

“Allí ingresó en el equipo de la universidad y durante cinco años fue campeona nacional. Estábamos hablando de que había ocho millones de estudiantes en ese momento en Estados Unidos”, rememoró su madre con emoción.

El ascenso a la gloria

En 1980 participó en el Campeonato Suramericano Abierto de Natación en Buenos Aires, logrando una medalla de oro y una de plata. También colgó dos preseas de oro en el Campeonato Suramericano de Natación de Medellín y, más tarde, se ganó otro par de doradas en el mismo torneo en México.

Además con apenas 14 años, estuvo en los Juegos Olímpicos de Moscú, culminando en la posición 14 en los 200 metros mariposa.

Su éxito no paró y terminó de explotar en los Juegos Bolivarianos de Barquisimeto en 1981, al ganar seis medallas de oro y dos de plata. También participó en los Juegos Centroamericanos de La Habana en 1982, ganando seis metales dorados.

El entrenador Andrés Alvarado lo recordó como un excelente nadador. “Comenzó desde el primer nivel, hasta el quinto nivel. En el último nivel se les hacía a todos una prueba para que mejoraran sus tiempos en mariposa, espalda, pecho y libre, pero él mejoró tres”, dijo en declaraciones a Biografías.

Bajó la dirección de Alvarado, comenzó a mejorar y pulir detalles y a participar en torneos estadales, nacionales e internacionales. “Su primer viaje con nosotros fue para Trinidad y Tobago. Luego estuvimos en Cali y Medellín y en el año 1976 nadó por primera vez en un torneo nacional en San Cristóbal y ganó el oro en los 100 metros mariposa, plata en los 400 libre y dos medallas de oro en el relevo”.

Un año antes de la hazaña olímpica, participó en los Juegos Panamericanos de Caracas en 1983, logrando cuatro medallas de bronce.

Estar en los Juegos Olímpicos de 1984 tuvo un reto adicional, porque le había prometido a su padre, que estaba enfermo de cáncer, traerle la medalla. “Le dije que recordara que los ocho que estarían ahí en los tacos van con la idea de traerse una medalla. Si te la traes, bienvenida. Pero si no, eres nuestro campeón olímpico”, dijo su madre en Biografías.

La jornada histórica que lo inmortalizó fue el 3 de agosto de 1984. Partió desde el carril cinco y logró el tercer lugar en los 200 metros mariposa, con tiempo de 1 minuto, 57 segundos y 51 centésimas, escoltando al australiano Jon Sieben (1:57:40) y al alemán Michael Gross (1:57:04). Fue el quinto venezolano en ganar una medalla olímpica y el único que hasta ahora lo ha hecho en la natación.

Una vez retirado, pasó a ser comentarista deportivo por RCTV y a trabajar en el Instituto Regional de Deportes del estado Miranda. También editó el libro Los Sellos Secretos en 1999, que comenzó a escribir cuando tenía 12 años.

“Rafael descubrió ese interés en el conocimiento y en compartir lo que él podía adquirir, a través de sus estudios y su dedicación. Entendió muy bien que el ser humano va madurando y él no podía seguir siendo nadador toda la vida o dedicarse a ser entrenador de natación. Por ese escribió es el libro y tuvo ese ascenso para esa búsqueda espiritual”, recordó el profesor y mentor de Vidal, Robert Rodríguez, en Biografías.

A pesar del tiempo y de la tragedia de su partida, Vidal seguirá siendo recordando como un gigante de las piscinas venezolanas y el primer medallista criollo de la natación en unos Juegos Olímpicos.

 

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Siete títulos criollos en la historia de la Serie del Caribe

Tony Cittadino (Mallorca).- Navegantes del Magallanes, Leones del Caracas, Águilas del Zulia y Tigres de Aragua, son los equipos venezolanos que han tenido la fortuna de titularse en la Serie del Caribe. Siete títulos que han dejado en alto a la Liga Venezolana de Beisbol Profesional y que recordamos en este trabajo especial.

Magallanes, (Caracas 1970)

Los Navegantes ganaron la primera Serie del Caribe para Venezuela con el cubano Carlos “Patato” Pascual como estratega. Este torneo se disputó en el estadio Universitario y marcó el inicio de la segunda etapa del clásico, que se jugó con tres equipos, porque no participó el campeón de México.

Los turcos alcanzaron el campeonato en el último y séptimo juego ante los Leones de Ponce. El antesalista Dámaso Blanco abrió el noveno tramo con hit a la izquierda y llegó a la segunda base por error en tiro del jardinero. Avanzó a tercera con sacrificio del pitcher cubano-venezolano Aurelio Monteagudo y anotó la histórica rayita de la victoria con roletazo del “Maestro” Gustavo Gil por los lados del campocorto que se coló a los jardines.

La victoria venezolana no se hubiese podido concretar sin una magistral jugada defensiva de Blanco. En la parte alta del noveno y con hombre en la esquina caliente, se produjo un squeeze play que frustró el antesalista al tomar la bola con la mano limpia y tirar perfecto al plato para reventar al corredor boricua.

Magallanes, (San Juan 1979)

El segundo título para el país también fue cortesía del Magallanes, en una competición en la que jugaron los equipos campeones de República Dominicana, Puerto Rico, México y Venezuela. El elenco criollo estuvo dirigido por el manager-jugador estadounidense Willie Horton, el “Brujo”, así llamado por su manera poco convencional de dirigir pero que casi siempre le daba resultado.

Los eléctricos comenzaron justa disputada en el estadio “Hiram Bithorn” perdiendo ante el club dominicano Águilas del Cibao 1-0 en un duelo de lanzadores entre Allan Wirth y el quisqueyano Nino Espinoza, pero luego ganaron cinco en fila para alzarse con el trofeo.

En el sexto y decisivo choque frente a los Mayos de Navojoa, titular mexicano, un jonrón del jardinero Mitchell Page en la apertura del noveno ante Enrique Romo, con dos en hombres en base, decretó el triunfo por 9-6. El pitcher ganador fue Manuel Sarmiento, quien en total se anotó dos victorias en la Serie.

Caracas, (Hermosillo 1982)

Los Leones asistieron al estadio “Héctor Espino” de Hermosillo como campeones de Venezuela por tercer año consecutivo y se titularon de la mano de Alfonso “Chico” Carrasquel, primer estratega criollo en lograr una corona caribeña.

Los melenudos presentaron un equipo balanceado, con una toletería de poder encabezada por el jardinero Antonio Armas, el desaparecido receptor mirandino Baudilio Díaz y el utility Luis Salazar, refuerzo de los Tiburones de La Guaira, y un cuerpo de pitcheo dominante que les permitió ganar cinco de sus seis desafíos, liderado por el grandeliga larense Luis Leal.

Los serpentineros del equipo nacional implantaron un récord de 25 ceros consecutivos, dejando atrás los 24 logrados por los tiradores del Cienfuegos de Cuba en Panamá 1956.

La única derrota caraquista concluyó con marcador de 7-1, propinada por el conjunto de Ponce en el tercer juego. El sexto duelo lo ganaron 2-1 con soberbia actuación de Leal, tomado como refuerzo de los Cardenales de Lara, y un oportuno cuadrangular de Díaz.

Zulia, (San Juan 1984)

Bajo la tutela del manager mexicano Rubén Amaro, el Zulia logró su primera Serie del Caribe en su primera presentación en el torneo, jugado en el estadio “Hiram Bithorn”. Los rapaces ganaron en fila los cinco primeros cotejos y sólo perdieron el sexto, cuando ya habían asegurado el campeonato.

Su primera victoria fue ante Tigres del Licey (República Dominicana) con pizarra de 4×2, gracias a la actuación de Leonel Carrión (3-3, HR, 2CA, CI) y Jerry White (5-3). La victoria fue para Derek Botelho.

En su segunda aparición Zulia dio cuenta de los Indios de Mayagüez (Puerto Rico) 4×3. Luis Leal, otra vez de refuerzo, lanzó completo y abanicó a 13 rivales. El mejor al bate fue José Leiva (4-1, 2CA, CI).

En el quinto choque doblegaron a Mayagüez por 3-2. Manuel Luna lanzó siete entradas y el cerrador panameño Porfirio Altamirano salvó su tercer juego del certamen. En ese partido los mejores con el bate fueron Leonel Carrión (3-2, CA) y Johnny Paredes (3-3, CI).

El ahora manager de los Indios de Cleveland, Terry Francona, fue clave en el tercer triunfo ante los Cañeros de Los Mochis (México) al conectar de 4-3 y remolcar dos rayitas.

Zulia, (Mazatlán 1989)

Las Águilas fueron a su segunda Serie en México y no defraudaron dirigidos por el estadounidense Pete Mackanin. Comenzaron su ruta triunfal en el estadio “Teodoro Mariscal”, ganando frente a las Águilas de Mexicali por 5-4 en un choque que marcó, para ese momento, récord de duración con 4 horas y 20 minutos.

El duelo se decidió en el octavo tramo con imparable de Norman Carrasco que envió al plato a Gustavo Polidor, dos refuerzos de los Tiburones de La Guaira.

En el segundo cotejo, el elenco venezolano debió disputar 16 entradas para derrotar 3×2 a los Leones del Escogido (República Dominicana). En ese partido se implantaron marcas de innings jugados y de tiempo de duración (5 horas y 14 minutos). Carlos Quintana acabó con el maratón al conectar doble que impulsó desde la primera base al otrora estratega de los Yanquis de Nueva York, Joe Girardi.

El relevista Manuel Sarmiento se adjudicó la victoria. Tres de las victorias zulianas se decidieron en entradas extras, incluyendo la del quinto juego que les dio el título. Polidor fue el héroe al sonar jonrón solitario en el capítulo 13 que sentenció el desafío. Girardi despachó de 6-3 en el choque definitorio del evento.

Caracas, (Maracay-Valencia 2006)

El Caracas, dirigido por el piloto interino Carlos Subero, volvió a la Serie tras 11 años de ausencia. Esta versión del clásico fue la primera que se jugó en dos sedes alternas (Maracay, estadio “José Pérez Colmenares”, y Valencia, “José Bernardo Pérez”) y también la única hasta ahora que vio titularse invicto a un club venezolano.

Los melenudos ganaron su primer juego por paliza a los Venados de Mazatlán (México) con pizarra de 17×1 en el “José Bernardo Pérez”. La victoria se la anotó el zuliano Géremi González y el receptor cumanés Ramón Hernández se convirtió en el primer toletero que bateaba la escalera en la historia del evento, ligando de 6-4 con tres anotadas y cinco impulsadas.

El último y crucial encuentro ante los Tigres del Licey, el campeón dominicano que buscaba ganar para forzar un juego extra, se decidió dramáticamente por 5-4 en el cierre del noveno.

Caracas llegó a ese capítulo perdiendo por dos carreras, pero tras igualar a cuatro y con Álex González en la inicial, el veterano Henry Blanco dio fácil elevado detrás del campocorto Erick Aybar, a quien la bola inexplicablemente le cayó en la cabeza y rodó hasta el jardín izquierdo, permitiendo la anotación de González en medio de la total algarabía.

Aragua, (Mexicali 2009)

El conjunto de Buddy Bailey, que para ése entonces, llegó a Mexicali para representar a Venezuela en la Serie por quinta vez en los últimos seis años, ganó sus primeros cinco choques para alzarse con el trofeo.

En el primer encuentro Aragua derrotó a los dominicanos Tigres del Licey con pizarra de tres carreras por dos, sobresaliendo con el madero Luis Maza, quien se fue de 5-4 con dos dobles y dos impulsadas. El juego lo ganó Ronald Belisario (tomado de los Tiburones) en relevo y el salvado se lo acreditó Francisco Buttó, quien abanicó a los tres bateadores que enfrentó.

Los campeones venezolanos superaron a los Venados de Mazatlán (México) por blanqueo de una por cero en el segundo cotejo, que se decidió en la undécima entrada con jonrón de Héctor Giménez para dejar en el terreno a los locales. Jackson Melián, refuerzo de los Leones del Caracas, y Wilson Ramos, conectaron de 4-2.

En el quinto choque, Aragua volvió a superar a los anfitriones con marcador final de cinco por tres para alcanzar la corona. En la séptima entrada de ese juego decisivo, los Tigres anotaron tres carreras que marcarían la diferencia. Maza, Selwyn Langaigne (Cardenales de Lara) y Raúl Chávez, fueron claves con el bate y Buttó se acreditó su cuarto juego salvado para establecer un nuevo récord de rescates en el torneo.

 

Foto: AFP.

La Serie del Caribe, un torneo que se reinventa para no morir

Tony Cittadino (Mallorca).- La Serie del Caribe es uno de las competiciones más antiguas y de tradición del deporte latinoamericano. Por sus torneos han pasado infinidad de peloteros, managers, directivos y periodistas, que han hecho de este certamen un clásico que, a pesar de los percances, es esperado año tras año a comienzos de febrero.

Si hay dos personas que la conocen casi a fondo son Rubén Mijares y Óscar Prieto Párraga. Ambos fueron entrevistados para un trabajo especial del Diario TalCual en 2010 y aseguraban que las cosas han cambiado para bien. Los motivos van desde la organización del torneo, hasta los lazos que unen a las diferentes ligas del Caribe.

“Luego de una temporada tan larga, la Serie del Caribe siempre ha sido como un premio. Es el postre después de la cena. La época perfecta para reencontrarse con viejos amigos y hacer nuevos. Es una fiesta. Su aporte ha sido de gran significación para la pelota”, dijo Prieto, quien fue, para entonces, asesor deportivo de los Leones del  Caracas y, en su momento, un importante dueño de los melenudos.

Prieto es una de las personas que más puede hablar con conocimiento de causa. Su padre, Óscar Prieto, fue uno de los promotores, junto con Pablo Morales, del clásico caribeño que nació en 1949 con el espíritu de integrar a las naciones beisboleras del área anualmente.

“La Serie del Caribe no es tan mala como la pintan. Fíjate, se está jugando desde 1949 y sigue ahí. A pesar de la pausa que hubo en los años 60, se celebra aún con el mismo formato”, expresó el odontólogo de profesión y agregó: “Mi papá vivía por el beisbol y el mejor ejemplo que podía dar era trabajando. Cuando no se jugó, no descansó hasta que se reanudara. No podía estar tranquilo”.

Mijares fue un reconocido cronista que falleció en 2018 y ocupó diversos cargos en equipos de la LVBP. Para entonces, decía que los directivos y equipos tienen fuera del terreno otra visión de la competición, adaptada además a las nuevas generaciones y a las facilidades que ofrece el siglo XXI.

“La Serie reúne a todos los amigos y directivos de las diferentes ligas y todo transcurre en un clima bastante agradable. Ya no es como antes, cuando los clubes iban a pelear por el pago de las comisiones. Ahora se preocupan por tener comodidades y estar en un buen hotel”, comentó con la sobriedad que le caracterizaba.

Otro punto en el que hacía hincapié, es que la Serie del Caribe podría ser mejor y recuperar su época dorada, si los jugadores de jerarquía aceptaran participar más a menudo y si cesa la presión que ejercen sobre ellos las organizaciones de las Grandes Ligas a las que pertenecen.

En constante evolución

El origen de la Serie del Caribe se remonta a 1948 con la creación de la Confederación de Beisbol Profesional del Caribe (CBPC), conformada por las ligas de Cuba, Panamá, Puerto Rico y Venezuela. Sus promotores en el país fueron los publicistas y locutores Pablo Morales y Oscar “Negro” Prieto, futuros propietarios de los Leones del Caracas.

Según el libro Serie del Caribe 1988, del general José Antero Núñez, el 21 de agosto de 1948 se firmó en Miami el acuerdo que dio pie a la justa, suscrito por Cuba (Miguel González, Florentino Pardo y Emilio Armas), Panamá (Eric Del Valle), Puerto Rico (Jorge Córdova y Eduardo Santiago) y Venezuela (Sebastián Ardiles y Felipe Huizi). La primera edición se disputó en La Habana 1949, ganada por los anfitriones Alacranes del Almendares con Fermín Guerra como manager.

La última con los países originales se jugó en 1960, ya que de 1961 a 1969 no hubo torneo por la desaparición de la pelota profesional en Cuba y el declive de la liga panameña. En 1970 se reanudó el evento en la llamada segunda etapa, que vio a Venezuela alcanzar su primer título ese mismo año (Navegantes del Magallanes) y la adición de  República Dominicana y México en 1971.

La sede se la alternaba un país cada cuatro años e, incluso, se disputó en Miami en las ediciones de 1990 y 1991. Por primera vez salía del Caribe, para jugarse en Estados Unidos. Toda una novedad. Se jugó en el Orange Bowl, un estadio de fútbol americano que fue adaptado al beisbol. En ese momento, no se había dado la expansión en las Grandes Ligas, que llevó al nacimiento en 1993 de los Marlins de Florida, club que en 2012 se pasó a llamar Marlins de Miami. El reciento fue demolido y fue construido el Marlins Park, la casa de los Marlins.

En el año 2013 se comenzó a jugar con un nuevo formato. Al tradicional “todos contra todos”, se le agregó un juego final entre los dos mejores clasificados y participaron: Leones del Escogido (República Dominicana), Yaquis de Ciudad Obregón (México), Navegantes del Magallanes (Venezuela) y Criollos de Caguas (Puerto Rico).

En esa edición, Escogido finalizó en el primer lugar con marca de 5-1 y Obregón en el segundo, con balance de 3-3. En la final, los mexicanos se impusieron cuatro carreras por tres, en un histórico juego que se extendió por 18 innings.

Un año más tarde, se volvió a cambiar el sistema de juego. La pelota cubana volvió como invitada al torneo para la edición de 2014, realizada en la Isla de Margarita. Para entonces, se mantuvo el “todos contra todos” con cinco equipos y seis juegos para cada uno. El último equipo de la tabla quedaría eliminado.

Los participantes fueron: Navegantes del Magallanes (Venezuela), Indios de Mayagüez (Puerto Rico), Naranjeros de Hermosillo (México), Tigres del Licey (República Dominicana) y Naranjas de Villa Clara (Cuba).

Se pasó a disputar una semifinal entre el primer clasificado (Magallanes) contra el cuarto (Mayagüez) y el segundo (Hermosillo) ante el tercero (Licey). Los ganadores fueron los boricuas y mexicanos y el campeón en la final resultó ser Hermosillo.

Llegan Panamá y Colombia

El formato de juego y con cinco equipos se mantuvo hasta 2019, cuando la Confederación se vio obligada a realizar cambios a última hora. La crisis política y social que vive Venezuela, obligó a los organizadores a cambiar la sede, que originalmente era Barquisimeto.

El torneo se disputó en Panamá, por primera vez desde 1956, aunque la idea era incluir al país en 2020. Los equipos participantes fueron: Leñadores de Las Tunas (Cuba), Charros de Jalisco (México), Toros de Herrera (Panamá),  Cangrejeros de Santurce (Puerto Rico), Estrellas Orientales (República Dominicana) y Cardenales de Lara (Venezuela).

Las novenas fueron divididas en dos grupos de tres equipos cada uno. Cada club disputó par de juegos ante su rival. Leñadores comandó el grupo A con marca de 2-2 y un diferencial de carreras de +3 y Toros el grupo B con balance de 3-1. Ambos se enfrentaron en la final y la ganaron los Toros, siendo el primer equipo panameño campeón desde que se disputa la segunda etapa. El último monarca de ese país fue Carta Vieja Yankees en 1950, un año después del estreno del certamen.

Ahora en 2020 se vuelve a cambiar el formato, regresando al “todos contra todos” de un juego contra cada rival. Los cuatro mejores pasarán a la semifinal, midiéndose el primero de la tabla ante el cuarto y el segundo versus el tercero. Además será la primera vez en la que se realicen tres encuentros diarios, en lugar de los dos habituales.

Al disputarse la serie en San Juan de Puerto Rico, los clubes necesitan visado de Estados Unidos, por ser éste un estado libre asociado. Por esa razón, se excluyó a Cuba y se le extendió la invitación a Colombia, liga a la que desde hace años estaba en los planes incorporar.

Los participantes en esta edición serán: Cardenales de Lara (Venezuela), Vaqueros de Montería (Colombia, casualmente dirigido por Ozney Guillén, hijo de Oswaldo Guillén), Astronautas de Chiriquí (Panamá), Cangrejeros de Santurce (Puerto Rico), Toros del Este (República Dominicana) y Tomateros de Culiacán (México).

Así las cosas, todo está listo para otra edición de la Serie del Caribe, el tradicional torneo de pelota caribeña que se vuelve a reinventar para no morir..

Diez años del último título que logró el Caracas, en una final que paralizó al país

Tony Cittadino (Mallorca).- Diez años han pasado desde la última final disputada entre los “Eternos Rivales”. Los Leones del Caracas vencieron a los Navegantes del Magallanes en siete juegos, para tomar revancha de las dos finales ganadas por los turcos en las temporadas 1993-1994 y 1996-1997.

Ambos equipos dominaron la campaña de principio a fin. Finalizaron en el primer lugar de la ronda regular con marca de 41-22 y en el round robin, los turcos quedaron en la cima con marca de 11-5 y los melenudos en el segundo peldaño con 10-6.

Fue la serie final en la que el batazo de Grégor Blanco ante Francisco Rodríguez cambió el rumbo de la serie.

A continuación, un resumen de los siete juegos que paralizaron el país.

Magallanes picó adelante

La final arrancó en Valencia, con blanqueo de Magallanes ante el Caracas de nueve por cero en el José Bernardo Pérez. Los turcos castigaron al abridor dominicano Ramón Ortiz, quien no pudo sacar out y recibió cuatro carreras. Los Navegantes amarraron la victoria en el primer tercio del juego, con tres carreras más en el segundo capítulo y dos más en la tercera entrada.

La ofensiva conectó 16 hits, liderados por  Robinson Chirinos (4-3, 2 2B, 1CI, 1CA), Michael Ryan (4-2, 2B, 2CI, 2CA, 1K), Reegie Corona (5-3, 2B, 1CI, 2CA, 1K) y  Emilio Bonifacio (5-1, 3CA). El único integrante del lineup que se fue en blanco, fue Elvis Andrus al irse de 4-0.

El equipo de Carlos García se apoyó en la sólida apertura de Raúl Valdés, quien lanzó cinco innings completos, sin carreras. Permitió seis hits y ponchó a seis. El relevo filibustero estuvo conformado por Yoel Hernández, Gabriel García y el “Kid” Rodríguez y no recibió imparables. La victoria fue para Valdés y la derrota para Ortiz.

Los turcos repitieron

Con un Alex Escobar inspirado con el madero y con un Reegie Corona oportuno con el guante, Magallanes se llevó el segundo juego en un espectacular partido 12 carreras por 10, disputado Valencia. Resolvieron el encuentro con dos rallies importantes: uno en el cuarto inning de cinco carreras y otro de cuatro rayitas en el sexto capítulo.

Magallanes bombardeó al Caracas con 17 hits, liderados por Escobar, un jugador que resultó vital para el equipo tras la lesión de Richard Hidalgo. El otrora pelotero de los Tiburones de La Guaira, se fue de 5-4 (HR, 3CA, 4CI). Otras bujías con el madero fueron Yurendell De Caster al ligar de 4-3 (CA, 2CI), Erold Andrus  de 4-2(HR, CA, 3CI) y Robinson Chirinos de 5-2 (HR, 2CA, CI).

Por el Caracas, Blanco volvió a ser útil como primer bate, al marcharse de 2-2 (2CA, 3BB), así como Luis Maza al conectar de 4-3 (CA, 2CI), Josh Kroeger de 4-3 (HR, CA, CI) y Carlos Maldonado de 3-1 (HR, 2CA, 2CI).

La victoria fue para Manuel Álvarez (2.0 IP, 1CP, 1HP, 1HR, 1BB), la derrota para Gustavo Chacín (3.1 IP, 5CP, 5CL, 10HP, 3HR, 2K) y el juego salvado para Francisco Rodríguez (1.1 IP, 2HP, HR, CP). La asistencia fue de 14.600 personas.

Reacción melenuda

La serie se mudó al estadio Universitario y el Caracas sumó su primer triunfo en final, con pizarra de cinco carreras por tres. El conjunto de Dave Hudgens jugó casi a la perfección y volvió a la vida. El lanzador abridor Jason Standridge se convirtió en el primero en superar los cinco innings en la serie (6.0 IP, 7HP, 3CP, BB, 3K). Además los relevistas respondieron y la defensiva estuvo impecable.

Magallanes abrió la pizarra en el segundo inning con par de anotaciones, pero el Caracas fue remontando a cuenta gotas, con una anotación por entrada en el segundo, tercer y cuarto tramo. La estocada final fue en el octavo capítulo, con Hernández en la lomita.

Maldonado inició con imparable, fue sustituido por el corredor emergente César Quintero y éste llegó a la antesala por toque se sacrificio de Gregorio Petit. Boleto intencional a Blanco sacó del juego al pitcher y Edward Mujica fue recibido con tubey a la derecha de Maza, desatando la fiesta en el Universitario.

Por los Leones los mejores a la ofensiva fueron Padrón al irse de 3-2 (CA, CI), Maldonado de 3-2 (CI), Maza de 4-1 (2CI) y Blanco de 3-1 (CA). Por los Navegantes,  Bonifacio ligó de 4-1 (2CI) y Escobar de 4-2 (CA), fueron los más sobresalientes.

El ganador del choque fue Julio Mañón (1.0IP, 1HP), quien relevó a Standridge, el perdedor Hernández (2.1IP, 2HP, 2CP, 1BB, 1K) y el salvado fue para Juan Carlos Gutiérrez (1.0IP, 1K). La asistencia fue de 20.651 personas

El batazo que cambió la serie

Para la historia. Así de simple. No existe otra clasificación posible para un juego tan dramático como el cuarto de la Gran Final. Caracas vino de atrás para ganar 10 carreras por 7 en 10 innings, en el estadio Universitario. La serie se empató a dos juegos y se aseguró el regreso a Valencia.

Un jonrón de Jackson Melián con dos a bordo puso fin a una remontada de leyenda. De esas que sólo se ven en películas. El Caracas sacó un juego de abajo que perdía 7-3 en el quinto inning y mató en la raya a los bucaneros, que vieron como el Universitario se venía abajo con más de 20 mil almas celebrando la victoria.

El Caracas parecía desahuciados en el noveno tramo y a falta de un out para que la serie estuviese 3-1 a favor de Magallanes, que había anotado seis carreras entre el cuarto y el sexto tramo.

Faltaba el out 27, las bases estaban vacías y el estadio en vilo. El “Kid” Rodríguez se veía enorme en la  lomita, con el juego a su favor 7-6 y Blanco en el plato. Más morbo imposible, pues ambos eran compañeros de equipo y figuras estelares en La Guaira.

Cuando todos pensaban que los turcos estaban listos para la rumba, una línea salvaje de Blanco, en cuenta de una bola, sin strike y un out, mandó la bola a la grada derecha, en medio de la incredulidad magallanera y la locura caraquista. Los Leones habían empatado el duelo a siete. Se jugaría extrainning, no sin antes un conato de tángana por la airada celebración del pelotero tras su cuadrangular.

José Castillo abrió la décima entrada dejando caer una bala fría detrás del inicialista De Caster, que sacó del duelo al relevista Álvarez. El cuerpo técnico optó por Gabriel García, quien recibió a Kroeger fallando el toque de sacrificio, quedando a salvo en primera por jugada de selección.

Luego fue el turno para José Celestino López, quien fue boleado por García. Así llegó el momento estelar de Melián, quien entró como bateador emergente por Guzmán. Ante Yoel Hernández y en cuenta de dos strike, una bola y un out, Melián sonó dantesco jonrón por la izquierda, dejando en el terreno a un rival que no tenía este desenlace programado y desatando la histeria general del Universitario.

El ganador del duelo fue Gutiérrez (1.0 IP, 1HP, 1BB, K), quien entró a lanzar en el décimo tramo. El derrotado fue Álvarez (0.0 IP, 1HP). La asistencia fue de 20.645 personas.

Magallanes retoma el control

Amparados en una soberbia labor monticular del Valdés, Magallanes blanqueó al Caracas tres carreras por cero, en el quinto juego de la final en Universitario. En un juego que duró 2 horas 51 minutos, la tropa de García volvió a recetarle un “arepazo” a los melenudos, tal como lo hicieron en el primer duelo de la serie.

El quinto choque de la serie fue dominado absolutamente por el pitcheo magallanero en los brazos Valdés (7.0 IP, 3HP, 4BB, 3K), ganador del encuentro y también del duelo inaugural, Jean Machí (1.0 IP, 1HP, 1BB) y el “Kid” Rodríguez (1.0 IP, 1K), quien tomó venganza y se apuntó su segundo rescate.

Por Caracas, Ortiz (5.1 IP, 4HP, 1HR, 2CP, 1CL, 1BB, 5K) mejoró respecto a su presentación del juego inaugural, en el que permitió seis carreras y no sacó ni un out, pero igual cayó derrotado.

Magallanes picó adelante primero, comandado por el bateo oportuno de Elvis Andrus, quien jugó su último choque de la final. El jugador caraqueño ligó de 4-3, con jonrón, una empujada y dos anotadas. Las carreras fueron fabricadas en el segundo, en el quinto y en el octavo inning. La asistencia fue de 20.655 personas.

Caracas forzó el bonito

Los Leones forzaron el séptimo encuentro al vencer a punta de jonrones a los Navegantes seis carreras por tres, en un choque que contó con un apagón de casi 15 minutos en el estadio José Bernardo Pérez de Valencia.

Para el sexto duelo el factor psicológico era determinante y los Leones lo asimilaron bien. Por primera vez en toda la final anotaron primero que su rival y el pitcheo abridor colgó ceros consecutivos, para lograr un triunfo que estuvo labrado por Chacín (7.0 IP, 5HP, 6K), quien probablemente lanzó el mejor juego de la campaña.

El lanzador marabino lució controlado y los envíos le cayeron en la zona, pues de 112 pitcheos 79 fueron strike, permitiendo al relevo completar la faena, a pesar de que no concretaron el blanqueo. Darwin Cubillán (1.0 IP, 1CP) y Julio Mañón (1.0 IP, 2HP, 1HR, 2CP) sacaron los últimos outs con suspenso, pues los turcos se acercaron peligrosamente en el noveno tramo.

Por su parte, Jason Simontacchi (3.1 IP, 5HP, 2HR, 3CP, 3BB, 3K) cargó con la derrota y volvió a quedar en deuda con la afición, tras una apertura similar en el segundo duelo (3.0 IP, 6HP, 3CP, 2BB, 1K, 1GP), en el que se fue sin decisión.

El Caracas picó adelante en el cuarto tramo a punta de batazos. Con uno a bordo, Carlos Maldonado sonó soberbio cuadrangular por la izquierda contra Simontacchi y al siguiente turno, José Celestino López lo imitó por la misma banda con una línea salvaje, para adelantar a los melenudos 3-0. El inning cerró con cinco anotaciones, que sellaron las bases para la victoria melenuda.

Venganza melenuda

Ni siquiera otro apagón pudo evitar que el Caracas se llevara el vigésimo título de la pelota rentada, tras derrotar al Magallanes siete carreras por dos en un emocionante séptimo juego en Valencia.

El Caracas arribó a Valencia con la obligación de ganar los dos encuentros y así lo hizo, sacando la casta tras haber comenzado la serie final abajo 2-0, gracias a una gran actuación del abridor y ganador Standridge (6.0 IP, 7HP, 2CP, 1CL, 2BB, 6K), quien se apuntó el triunfo con una gran labor parecida a la del tercer encuentro.

El relevo caraquista, conformado por Mañón (1.0 IP), Moreno (1.0 IP, 1BB) y Gutiérrez (1.0 IP, 1K), mantuvo a raya una toletería que contó con la adición de Pablo Sandoval (4-1, 1K), pero no fue suficiente para completar la faena de los Navegantes, que se van derrotados tras dominar la serie final 3-2 y la serie particular de la ronda regular (6-3). En el round robin dividieron en cuatro juegos.

El perdedor fue Jim Brower (4.2 IP, 8HP, HR, 4CP, 2CL, 1BB, 2K), quien fue emboscado en la primera entrada y a pesar de hacer los ajustes, no pudo revertir el marcador de una ofensiva que soltó hasta 16 hits.

Blanco, Jugador Más Valioso de la final, adelantó al Caracas en el mismo primer inning con cuadrangular por todo el centro y luego de dos outs aumentaron la ventaja, con doble de Raúl Padrón que llevó hasta el plato a Maldonado y López. Ese primer inning se cerró con cuatro carreras para los Leones, que sumaron una más en el octavo y otro par de el noveno, sellando así la victoria que les dio el campeonato.

 

Foto: Prensa Leones.

Johan Santana y su ayuda incondicional en Tovar

Tony Cittadino (Caracas).-  Desde el año 2004 el municipio Tovar en el estado Mérida es otro. La incursión de Johan Santana en las Grandes Ligas y la obtención de su primer premio Cy Young como el mejor lanzador de la Liga Americana, catapultaron a un pueblo de apenas 32.805 habitantes (según el Censo de 2001) a sentirse orgulloso de su hijo más famoso.

Hablar de Santana en Tovar es hablar de lo mejor. Los políticos son un cero a la izquierda en comparación con el fervor y el respeto que sienten por el pelotero. El municipio tiene cuatro parroquias: San Francisco, El Amparo, Tovar y El Llano. Está situado a 75 kilómetros al suroeste de la ciudad de Mérida, con 184 kilómetros cuadrados y 925 metros de altura sobre el nivel del mar.

La ruta para llegar al poblado es estrecha y con muchísimas vallas de obras hechas o por ejecutarse del gobierno nacional. Al arribar un letrero reza “Bienvenidos a Tovar” y desde ya se respira otro ambiente. La cordialidad, amabilidad y sencillez de su gente son únicas.

A pocos metros de la entrada se encuentra la estación de bomberos, la misma que el 18 de diciembre de 2006 recibió un camión contra incendios donado por la Fundación Johan Santana.

En medio de un día con lluvia pertinaz, el sargento segundo Benigno Hernández Briceño recibió al equipo de TalCual en las instalaciones, donde resalta la imponente unidad que tiene dibujado el número 57 del estelar pitcher y que, a pesar de 20 años de data, luce como nueva.

Hernández relató con tono pausado y visiblemente orgulloso, que el camión tiene capacidad para 150 galones de agua y está equipado con sistemas de bombas y mangueras. La dimensión del vehículo es tal que adentro se puede atender entre cuatro y cinco personas lesionadas.

“La unidad está en perfectas condiciones. Considero que el señor Santana hizo un gran esfuerzo con esa donación, porque no es sólo un aporte para el Cuerpo de Bomberos, sino para la colectividad y la comunidad, que se siente muy agradecida”.

Y no es para menos, porque el único aporte que les ha dado el gobierno es dotarlos con los equipos personales. “Estas donaciones son buenas porque suplen lo que no ha hecho la parte oficial. Son muchas las personas que se han visto beneficiadas gracias a estos hechos”, señaló.

A medida que avanza la tertulia, los gestos de agradecimientos hacia el lanzador se repiten: “En todo el estado Mérida no contábamos con una unidad como esta. La Fundación de una u otra manera ha colaborado con el mantenimiento de la unidad, porque es un poco costoso”.

Añadió que Santana estuvo presente el día de la entrega. Al acto asistieron diversas autoridades municipales y estatales, además del mayor Luis Alberto Porras, comandante general del Cuerpo de Bomberos de Mérida. La unidad está operativa las 24 horas del día y se ha utilizado en combate de incendios de estructuras, de vehículos, de rescate de personas y accidentes de tránsito, que según comenta son muy frecuentes en la zona.

Siempre pendiente

Otra de las muestras de amor de Santana hacia su pueblo, es que en una ocasión se encontraban con la unidad atendiendo un incendio en un bosque de pinos y el pelotero arribó al lugar con varias personas para ayudar en las labores humanitarias y repartiendo agua a los efectivos y a la población.

“Es una persona muy humana, desinteresada y muy humilde, que aporta y ayuda. La receptividad con el pueblo ha sido excelente”, dijo el sargento. Otro integrante del cuerpo de bomberos se prestó a realzar las bondades del “Gocho”. Se trata de Edwin “Morocho” Monsalve, quien lo conoce desde su infancia.

Comentó que en principio, además del camión, serían donadas un par de ambulancias, pero no se pudieron traer al país por el trámite de los papeles. Monsalve refirió que meses antes de realizar la donación, Santana le dijo a él y a Eduardo “Lolo” Polanco, otro amigo del lanzador y quien ahora es su “mano derecha” en Estados Unidos: “Sé que ustedes están trabajando en la estación de bomberos y sé que les hace mucha falta. Lo hago porque el pueblo lo necesita, porque son mis amigos y porque si no fuese grandeliga, también hubiese sido bombero como ustedes”.

Una de las cualidades que engrandece a Santana dentro y fuera del terreno es su humildad. A Monsalve le ha repetido en diversas ocasiones que siempre recuerda cuáles fueron sus inicios y por eso ayuda con las donaciones.

“Cuando viene se olvida de que es grandeliga. Eso no le importa. Igual comparte con su gente. Trata a todos igual, como si no hubiese estado nunca en las mayores. No ha cambiado para nada gracias a Dios, no se le ha subido la plata a la cabeza”.

Desde el año 2004, todos los meses de diciembre realiza una actividad llamada el “CyYonazo”, que consta de la donación de 10 mil y 15 mil juguetes a los niños de Tovar. En el evento hay parques inflables. Monsalve contó que cuando se organizan estos espectáculos él y sus compañeros acompañan a Santana en su carro para ordenar el material.

“Con los niños es clase aparte. Gracias a Dios que ha podido hacer esas actividades porque era uno de sus deseos. Cuando viene se pone a jugar trompo con los niños. No ha dejado de ser espontáneo, de ser alegre. También ha donado material deportivo a las escuelas”, señala Monsalve.

Añade que otro de los gestos del zurdo de los Mets de Nueva York es que en todo momento está pendiente del pueblo y de los suyos. “Muchas veces llama desde el norte para saber cómo estamos nosotros y cómo está el pueblo. Siempre pregunta qué se necesita”.

Hospital dotado

El más reciente aporte que dio Santana a la comunidad fue la valiosa donación de equipos médicos para el hospital San José de Tovar, realizada en diciembre pasado; por cierto, gracias a esta entrega el centro asistencial se puso a funcionar a plenitud.

Neida Gutiérrez y Magaly Arellano fueron las encargadas de mostrar camas para los pacientes, sillas de ruedas, sillas comunes para pacientes, visitantes y el personal del hospital, incubadoras, duchas para quemados, lámparas para ver radiografías, dispensadores de suero, sábanas, batas quirúrgicas, guantes y hasta un equipo portátil de rayos x.

Algunos de estos equipos son de primera mano y hay otros que ya fueron utilizados en Estados Unidos. Aún hay aparatos que no se han podido instalar porque el hospital no tiene espacio suficiente o porque son muy sofisticados.

Según datos que no son oficiales, cerca de un 80% de los implementos está en uso. Semanalmente personeros de la Fundación verifican las condiciones de los equipos. Una de las enfermeras comentaba que antes de contar con este aporte algunos pacientes fallecieron en el camino al ser trasladados a hospitales de la capital del estado, ya que no eran suficientes los recursos que tenían.

Además, los fines de semana debían trabajar como un ambulatorio por no tener suficientes médicos e insumos. Entretanto, Arellano agregó que en sus años de servicio nunca antes el hospital había recibido una donación, ni por la empresa privada ni por el gobierno. Solamente las autoridades se limitaban a dotar el hospital con medicinas.

La promesa del estadio

Cuando Santana ganó el Cy Young en 2004, el presidente Hugo Chávez lo condecoró en el Palacio de Miraflores con la Orden del Libertador. Para ese entonces, el lanzador pidió ayuda para construir un estadio en Tovar, petición que fue aceptada por el mandatario.

Pero han transcurrido poco más de tres años y no hay obras. Mucho se ha dicho desde entonces que se robaron la plata y que todo quedó en promesas. El terreno donde se construiría el estadio se encuentra al lado de la estación de bomberos.

Inclusive, el sargento Benigno Hernández recordó que en algún momento observó al mismo Santana con una comitiva inspeccionando el lugar. Edwin Monsalve sabe qué ocurrió: “Lo que pasó fue que Johan iba a construirlo y ese era su compromiso y el de Chávez con el pueblo, pero cuando sucedió la vaguada de 2005 todo se paralizó y eso se lo preguntamos a él”.

Francisco Rodríguez, vicepresidente de la Liga de Softbol de Tovar, dijo que por ahora el estadio Julio Santana De León, el mismo donde Santana dio sus primeros pasos, es el único con el que cuenta la comunidad. “Aquí se juega softbol, kikimbol, beisbol menor y mayor. Hay campeonatos en que de 20 partidos sólo se juegan cinco porque no hay espacio para que se hagan todos al mismo tiempo”.

Nota: Este trabajo fue publicado en la edición especial del Diario TalCual del año 2007.

Foto: Andrés Rafael Marín Pérez (www.flickr.com)

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